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Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
La primera vez (1)
El, 36 años, rubio con un corte de pelo casi militar, alto y bien parecido, profesor de informática, separado.
Ella, 19 años, pelo largo teñido de negro, estatura media, gordita, auxiliar administrativa y ex alumna suya, soltera...

-¿Tienes prisa?, él pregunta mientras observa como ella se pone la ropa interior. Más que una pregunta, es una llamada de atención.
- No... no tengo prisa, es viernes, no tengo que madrugar mañana, ya lo sabes.
- Ven aquí anda.,-dice. A ella le encanta cómo él hace que se sienta una niña y a la vez cómo le enseña a dejar de serlo y convertirse en toda una mujer.

Ella vuelve a la cama, se sube a cuatro patas, hasta ponerse a su lado, sentada sobre sus talones, como arrodillada. El sigue tumbado, desnudo y se incorpora hasta quedar frente a ella, en la misma postura. La mira a los ojos. Ella sonríe. -Vamos a jugar a algo, tú tienes que dejarte llevar. Ella asiente, divertida. Ese hombre, en los meses que llevan viéndose, la ha enseñado a sentir, a disfrutar, a desinhibirse... y ella quiere aprender, seguir allí. El se levanta y revuelve en un cajón de la cómoda volviendo con una tela negra en sus manos. -Cierra los ojos, voy a tapártelos,- dice. Ella ríe nerviosa y divertida a la vez. Deja que él la prive del sentido de la vista. Es curioso, él consiguió que ella no quisiese apagar la luz para hacer el amor y ahora... tapa sus ojos, no puede ver nada.

La deja en la cama, sola. Ella, a pesar de la desorientación inicial, sabe, siente, que él está en la habitación, observándola. Se queda quieta. Siente escalofríos cuando las manos de él vuelven a recorrerla, ha vuelto a su lado en silencio, ella no se había dado cuenta hasta que ha vuelto a sentirle. Todo el vello de su cuerpo se eriza sintiendo las yemas de sus dedos en la piel, deslizándose desde su cuello hasta su sexo, pasando por la curva de su redondo y respingón trasero y sus anchas caderas.El está frente a ella, que tiene sus manos para abrazarse a él. -"Espera",-la detiene tomando sus muñecas,-"hay algo más". Siente la suavidad de la tela rodeándolas. Ata sus manos juntas. -"Pero...",- se queja ella nerviosa. -"Es parte del juego preciosa, déjame hacer a mí",-quiere tranquilizarla, que se deje llevar por él. Ella asiente con un movimiento de cabeza, no dice nada más. El dice que puede deshacerse del pañuelo que ata sus manos en cualquier momento si se siente mal así, que está anudado levemente.

Hace que se tumbe boca arriba, colocando los brazos sobre su cabeza y ella nota el peso de él sobre su cuerpo. Caricias con una mezcla de ternura y deseo que la vuelven loca, está excitada, más de lo normal en ella, y cree que es debido a esa situación nueva, a la venda en los ojos y las manos atadas por primera vez. Sus respiraciones, casi a la par, son algo aceleradas, producto de la excitación, de la ansiedad del momento. El desliza su cuerpo hacia abajo, sin despegarse de ella y le quita las bragas que se había puesto antes. Vuelve a estar desnuda para él.
Sujeta sus muslos un momento para separarlos, para encontrar su sexo frente a su cara, para hundirse en él y hacerla sentir todo el placer del que él es capaz de producir. Ella gime, se acelera su respiración, mueve sus brazos hacia la cabeza de él, queriendo asir su cabeza, acariciarla, pero cuando recuerda que están atadas sus manos, vuelve a colocarlas sobre su cabeza y a quedarse quieta, dejándose hacer. Desea sentirle en su interior.

Ella está cerca del orgasmo, sus caderas se mecen a un ritmo constante y claramente indicador cuando él, aparta su rostro y la deja esperando. -"oh, vamos...",-gime ella pidiendo que continúe.
-"No, aún no",-la niega,- "no te muevas".
Se levanta de la cama y le oye salir de la habitación. Ella baja sus manos y llega a tocar su sexo... está tremendamente inflamado, mojado, deseoso de sentirse lleno. Está nerviosa. Vuelve a ponerse en la misma posición cuando siente que regresa. El se arrodilla entre las piernas de ella.

Algo frio en su piel, en su pubis. Agua que se desliza por los labios de su sexo. Un hielo. El lo restriega por su pubis, su vientre, su ombligo, mientras se derrite y el agua resbala hasta las sábanas. Es una sensación extraña para ella, pero no es desagradable, al contrario... él toma un nuevo cubito y lo pasa por sus pezones, con cuidado, sin mantenerlo mucho tiempo en el mismo lugar para no quemarla, duros al instante. Vuelve hacia su vientre, su pubis y finalmente, su sexo... ella gime y pega un pequeño brinco ante el contraste de su sexo ardiente con el hielo. El desliza el hielo por los rosados labios, que se deshace rápidamente. Luego lo acaricia con los dedos, lo lame bebiendo la mezcla de agua derretida y humedad de ella.

 
Comentario:
ay, el laismo... si es que soy mu madrileñaaaaaa
 
Comentario:
El hielo siempre me ha resultado tremendamente excitante, no así atar las manos... debe ser mi tremendo temor, en todos lo sentidos, a sentirme sujeto.

Permíteme un pequeño comentario lingüístico: vigila el laísmo, suena fatal.

Y MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TUS COMENTARIOS, de veras que sí, todo punto de vista es más que positivo.

Un beso
No