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Siempre un poco más lejos
Sólo me arrepiento de lo que no hice.
Acerca de
Este blog es clandestino. Disfrútalo así. Yo disfruto al hacerlo, y poco más. Todo está en los artículos.
 
Semen
Vino a desayunar conmigo... pero venía de dormir con él. Estas cosas son siempre delicadas, aunque no se hablen porque resultan feas. No hicimos el amor. Creo que venía de hacerlo con él. Es una especie de respeto a los dos... ni estaría bien que yo entrase en ella húmeda aún de otro ni en cierto modo es repetuoso con su amor por el otro venirse a hacer el amor conmigo cuando aún están calientes sus sábanas comunes.
No me importó, ni me puso triste. Ella es espontánea y es buena. Tiene cuidado con las cosas sin por eso resistirse a dejarse llevar...
Ufff...a veces es duro, tan duro, compartir. Menos mal que ella suaviza muchas cosas...y sólo puedo amarla más. Y más.
 
sin querer el quererse ensucia el querer
Mañana te vas de viaje, por cuatro días. Ella va a dormir esa noche con el otro. ¿qué elegirías? Ella tiene un día ajetreado, difícil...pero a medianoche le roba unos minutos a su día y pasa a saludarte. Besos furtivos, caricias.¿que prefieres? Ver la ropa que ella se ha puesto para él. tocar su piel justo antes de que él la toque, la mime... Está linda, cariñosa, hermosa, adorable. Incluso divertida. Te enamoras más, como cada vez que la ves... y entonces se va. Se va corriendo en busca de él, que va a dormir con ese cuerpo, con esas risas, con el roce de tu mano todavía fresco en su cabello. ¿qué sientes? Tú eres su amor. Ella es tu amor...pero ella, sin querer, os ha convertido en amantes; vuestro amor ensuaciado. La concreción del momento, del detalle, de la ropa...saber adónde va vuelve feas esas caricias. Pero ella lo hace por amor. Y no se lo puedes decir. Es sólo un rato y la naúsea pasa pronto.
 
Osos sin dientes, obe -dientes
Los osos panda se están extinguiendo porque no les gusta hacer el amor. No se sabe si a ellas o a ellos... da igual. Les ponen películas de osas excitadas y osos decididos, los atiborran de viagra... pero son osos mimOSOS sin solución.
¿Será que son tontos? ¿será que son unos reprimidos? ¿será que están enamorados de otra?
Serían tontos si se hubieran creído la pantomima esa del amor sin sexo. Como son peluches deliciOSOS seguro que miles de niñas -de las que sueñan con princesitas y se creen que el amor son caballeros en corceles blancos que cantan bajo tu balcon y te llevan de paseo sin rozarte apenas- llevan siglos rezando por la catración del oso panda.
No creo que la causa sea esa: millones de otras niñas, más divertidas y espontáneas, duermen con sus panda de peluche y los inician en el mundo delicioso de los abrazos que se convierten en roces, gemidos, orgasmos y abrazos de nuevo.
Debe ser, entonces, que están enamorados. Que desde sus rincones de bambú salvaje o desde sus jaulas sólo piensan en osas pestosas de otras especies que les tienen el corazon robado. Cuando uno esta lleno de amor, de deseo, de felicidad...¡qué difícil es hacer el amor con otra!
 
Mañanita de carnaval
Una mañana en cadiz...hasta que llegó la lluvia:
el coro de la viña

Y la lluvia

 
CONCURSO DE FOTOGRAFIA
Voy ganando...contra mi mismo!
Estación en uso

Alambrada

Usted mismo

 
Zivot je cudo
"La vida es un milagro", dice el cartero cuando ve nacer un pollito de entre los huevos que está recogiendo del gallinero.
Se trata de la película de Kusturica, evidentemente.
Hay osos que huyen de Hravatska y llegan hasta Cacak y se comen a la gente... y los osos son la metafora de la guerra... y después llega la auténtica guerra.
Ahora parece tan obvio que Kusturica tenía que hacer alguna vez una película sobre la guerra...
La película se inicia con un letrero sobreimpreso: "Bosnia, 1992"... uff, quíen nos iba a decir a nosotros entonces que Kusturica iba a hacer una película sobre nosotros, sobre la guerra, sobre la vida de aquellos días.
Bosnia era un caos. Y croacia lo mismo. Parecía que nada funcionaba de modo normal, pero todo se arreglaba. Podías circular en coche por las vias del tranvía en Zagreb, y así alguna noche mi vida fue como la de la peli. Había autobuses a todas partes. Autobuses a Sarajevo cercada en medio de los bombardeos. Comprabas rakja recién destilada a una viejecita en una granja parada en un par de siglos antes. Buscabas noticias de un amigo que estaba en el frente y te llegaban a traves del amigo de un musico ambulante que se las habia oido a la mujer de un ingeniero que lo sabía porque se lo había contado un amigo de su hijo que venía del frente. Al final tu amigo estaba bien, o estaba prisionero, o lo habían herido hace tiempo y ya se estaba recuperando. La vida era un milagro.
Claro que los serbios vivían mejor. Y los croatas. Nosotros estabamos refugiados en un campo de idem y apenas salíamos. Algunas escapadas sí había, y algunas reviven con la peli y somos nosotros.
Un día, con Melanie -que era una voluntaria alemana, tierna, rubia y enamorada- nos fuimos a merendar en plan picnic a lo alto de uno de esos enormes montones de heno que hacen los campesinos al recoger la cosecha de los campos de eslavonja. Nos subimos al más alto y junto al palo de arriba tendimos un mantel, dos sanwichs, una lata de sardinas, dos huevos duros y una botella de vino de Djakovo. Era un atardecer del mes de marzo, templado. Acabamos jugando, peleandonos y besandonos encima de esa montaña de heno oloroso...era amor a lo grande, amor de pelicula y a lo lejos al atardecer se veia el humo de als estufas del campo y se oía alguna explosión.
Luego resultó que el dueño del heno se enfadó, porque decia que al desahacer parte de su montañita ya no era impermeable y se pasó semanas persiguiendonos y nos denunció a la policia del campo y todo.
kudo
Otro día me escapé con Pia -linda y dulce, rubita tambien- en nuestro fiat panda verde, por enmedio de los campos nevados en busca de un lado helado en el que queríamos patinar. Al final el lago no se habia congelado aun pero en el camino nos encontramos primero a una manada de ciervos que no nos dejaban apsar y despues a unos pocos soldados desordenados(seis o siete, con dos landrovers) disparando tranquilamente dos morteros hacia la lejanía. Nos saludamos en medio de los zambombazos y seguimos hasta una casa cercana en la que estaban matando a un cerdo en medio d euna fiesta a la que nos invitaron...
Y de pronto nuestra guerra en el cine. nosotros mismos. Y a uno le da vergüenza decirlo pero aprece que todos aquellos años, entre la guerra y el horror, fueron los mejores años de nuestra vida.
Éramos felices.
La vida es un milagro.
 
morado
Morado. Ella. En amor. Enamorado.
 
Blackoveja

En toda familia hay una oveja negra, que es siempre la más interesante. En las películas hay dos o tres estereotipos de perfecta oveja negra: La jovencita descarriada que tontea con las drogas y de sexo fácil, necesariamente ojerosa. El tío del que casi no se habla, que despreció a la familia y se fue con su amante a vivir en un lugar lejano, necesariamente con bigote. El hermano interesante, aspirante a protagonista, que no acepta las reglas y vive su propia ética sobre la de la familia, necesariamente se casa con la chica guapa. Yo tengo una oveja negra, que encontré casi abandonada en el cuarto de mi bichito favorito. Desde entonces los dos le tenemos mucho cariño. necesariamente, claro.


 
roturas y rupturas
En mi colegio, el jefe de estudios era Don José Zubieta: un profesor estricto, alto, facha y malencarado; antiguo combatiente de la division azul. Era él el encargado de los problemas de disciplina, y por alguna extraña analogia tambien se encargaba él de vigilar a los cinco únicos niños del colegio que no dábamos religión durante las horas de esa asignatura.
Un día en una de esas horas, mi mejor amigo y yo aprovechamos un descuido de Don José para liarnos a tortazos sonoros. Fue tan tremenda la fuerza de los bofetones que cuando entró corriendo y nos separó apenas estaba enfadado sino casi asustado. Así que aprovechó para soltarnos un sermón sobre la amistad. Y resulta que por un extraño azar de la vida, una de las frases que dijo se me quedó grabada y, aunque entonces fuera intrscendente, se me viene a menudo a la cabeza. Lo que el viejo cascarrabias intentaba explicar era que las peleas deben servir para reforzar la amistad. Y como ejemplo usó la imagen de dos piezas de barro que alguien intentara pegar: si tienen aristas y picos son más fáciles de unir que si son planas. Las peleas son, como las aristas, las que más unen a los amigos.
Siempre que recuerdo aquello me asalta una duda terrible: si la pieza nunca se hubiera roto, no haría falta pegarla.
Igual que cuando uno vuelve de un viaje nunca es la misma persona que salió de casa antes, las cosas rotas y vueltas a pegar ya nunca son tan fuertes como antes. Vale muchímo más una estatua griega intacta que otra reconstruida por los mejores restauradores.
Tal vez, pensar esto ahora sea un simple detalle de pesimismo nocturno. Debe ser eso. Pero igual que Isak Dinensen tenía una granja en África..."yo tenía un escondite de felicidad". Era como mi propio Platero: un rincón cómodo, fácil, apenas inquietante y lleno de sorpresas cotidianas...

Por cierto, odio el olor del superglue. Y detesto las gotas secas que se te quedan en las yemas y te roban tus huellas dactilares.
 
Bufandas
Hay gente a la que uno, sin mayor motivo, decide llevársela puesta. Como una bufanda. Gente que uno, de pronto, decide meter en su vida de manera inadvertida y definitiva. Yo llevo ya algunas personas así, permanentemente conmigo, para siempre.
A menudo me sorprende incluso el hecho estadístico que pienso al menos una vez al día en determinadas personas que sin embargo hace muchos años que no veo. Otras que me cruzo a diario ni siquiera pasan por mi mente.
Últimamente se me ha añadido una amiga y este invierno navideño la llevo siempre al cuello, como una bufanda.
Es una persona espectacular, no en el sentido de mujer expertacular, sino en la de personalidad brillante, impactante.
Hace tiempo hice una lista de cosas que me gustaban de ella...hoy la releo:

>>falta texto osado<<

Yo diría que son cualidades ideales para una bufanda, ¿no?

Tan ideales que, a pesar de cierto desapego que suena a creciente lejanía, miro las paredes y hasta en los grafitti la veo:


Resistente y fuerte como el ladrillo. Tan fuerte que no merece la pena preocuparme de que la pintura se descascarille y se haga polvo. Vive.
 
Regalos: listado de urgencia
La lista, urgente, de lo que me han regalado hoy. De tallada. De buena talla, quiero decir:
-Caballete grande de pintor
-Lienzo en blanco
-Caja de óleos
-Cuaderno en blanco, para los viajes
-"El viajero sedentario", libro del gran Chirbes.
-Libro de fotos de Lonely Planet
-Juego para la ducha (imaginarium, apto de 12 a 24 meses)
-Libro-puzzle de cuadros famosos
-Exprimidor de naranja con forma de... naranja!
-Dos bozer de lycra
-Patinete de aluminio
-Braga para esquiar
-Cuadro pop del hugo
-Reloj Hamilton ultraelegante
-Mensaje y email cariñosos de la osita
 
Vértigo
El hombre es un ser cobarde, por definición. Pero casi siempre lo que a uno le asusta es el vértigo: la sensación de inmensidad. Yo tuve una amante que cada vez que veía el mar, el campo o un horizonte inmenso se agobiaba y quería volver con su novio como si nunca me hubiera conocido. El vértigo de lo que no tiene fin ni principio, esa es la base de todos los miedos. Hasta de mi foba favorita, la queraunotnetopfobia, que es el nombre técnico de quienes viven acojonados por la ansiedad que les cre el temor a que les aiga encima algún artilugio espacial, algún satélite.
Y sin embargo nuestra propia vida, en los momentos de cambio, acelera y cambia y da vértigo. Pasa cuando después de un mes de enamorado uno siente que la vida le ha cambiado completamente en miles de detalles en pocos días. Y pasa con el desamor.

>>falta texto osado<<

Tarareo que marta tiene un marcapasos... la menopausia de Kafka y son sólo palabras vacias. Se ha ido. No está.
Si acaso...me mira sentada de lejos. Así:


 
La niebla. Nebulosa. Una historia de niebla.
Subo, nocturno, a mi azotea y una noche de niebla lo llena todo. Es menos noche que nunca porque ese polvo claro que flota lo vuelve todo luminoso. Paseo maravillado por una azotea nítida gracias a ese visillo que sube de la calle y baja del cielo. Como si flotara en el mar y alguien hubiera encendido la luz. Casi de día. Una noche así, hace ya mucho años, paseé con la petite por Varsovia.

Historia de la petite

Era 1991. El muro aún no había caido de todo ni en Polonia ni en la Union Soviética y yo iba en tren de Paris a Moscú. Las cosas habían cambiado desde el año anterior y esta vez me dió tiempo a comprar el billete en Varsovia y seguir hasta moscú en el mismo tren. En él conocí a un grupo de unas ocho o nueve francesas.Tendrian unos 18 o 19 años e iban a trabajar de voluntarias en varios proyectos. Tres de ellas iban juntas a Vladikaskaz, la capital de Ossetia del Norte; el resto a otros sitios.
Como se daba la casualidad de que también yo iba a un proyecto así -pero en Kiev- pues intercambié dos o tres frases con ellas en los dos días que pasamos en el mismo vagón.Eso sí, una vez en Moscú las chicas estaban perdidas; nadie había ido a esperarlas; ninguna hablaba ruso (en la época, casi nadie en Moscún entendía inglés), así que hice de buen samaritano y las llevé por el metro monumental hasta la sede d nuestra organización, cerca de la plaza roja.
No volví a verlas en varias semanas. Sin embargo, al terminar mi período de voluntario, justo el día en que me tocaba volver a Moscú, un grupo de generales dieron un golpe de Estado y secuestraron al presidente Gorbachov en Crimea.
La ciudad se volvió un caos. Se cerraron las fronteras. La gente se echó a la calle. Junto a un grupito de amigos conseguimos colarnos en una residencia de estudiantes y desde allí vivimos en directo la pequeña revolución de aquellos días, y participamos.
El caso es que en medio de la desorganización, uno de los días (justo cuando las primeras estatuas de Lenin y Dzerzin empezaban a caer) me encontré en nuestra misma sede con tres de las muchachas francesas. Eran las últimas del grupo que quedaban allí y se me acercaron cariñosas; como si yo fuera un viejo amigo.
Mis amigos volvían ese día a casa ( dos a Holanda y el resto a Ucrania), así que las francesas y yo nos adoptamos mutuamente. Pasamos un par de dias juntos en ese Moscú que se despertaba. Desde la primera noche en que me las traje a nuestra residencia algo hizo tilín entre una de ellas y yo. Desde entonces, es la petite. Los detalles románticos puedo obviarlos. El caso es que -siempre en grupo, con una pareja de berlineses añadidos luego- conseguimos un billete de tren de vuelta, con noche en Varsovia.
Allí cogimos dos habitaciones en el económico hotel Copérnico y dimos una vuelta turística por la ciudad. Acabamos tomando cervezas inmensas en un kiosco cerca del rio, lejos del centro. Y la petite me rozaba la pierna por debajo de la mesa, y me masajeaba el cuello. Despues de días de miradas, roces, cariños...nos tocaba dormir separados de nuevo.
En cuanto todos se acostaron, de madrugada, salimos a la calle. Había una niebla inmensa, espesa, tupida. Como la de hoy. Entre esa niebla, en un callejón de Varsovia, nos dimos nuestros primeros besos. Húmedos y larguísimos. La ciudad estaba desierta. Asustaba. Escondidos entre dos coches nos tocamo, nos rozamos, nos excitamos hasta desbordar...luego pasó alguien y nos entró miedo, y corrimos.
Llegamos a una esplanada y en mitad de la niebla apareció un panteón y dos soldados imponentes. La tumba del soldado desconocido. Parecía que en toda la ciudad sólo estabamos nosotros y esos dos soldados. Nos acercamos, abrazados, besándonos. La petite parecía aún mas lasciva que siempre... y muy sonriente. No nos atrevimos a entrar y cuando nos alejábamos, de pronto escuchamos nítidamente a nuestra espalda el ruido de un fúsil cuando lo montan. No sé si estaban cambiando de postura a las cuatro de la madrugada o de verdad lo estaban montando, peor nosotros no paramos de correr, acojonados, hasta el hotel, entre la niebla.
Al día siguiente nos emborrachamos en casa de unos amigos en Berlin. Y no había niebla.
Dos días después hicimos el amor en la litera de un tren, y tampoco había niebla.
Tampoco la había cuando fuimos a su casa en París. Y me regaló un libro.
 
Los nombres
Lo que no tiene nombre existe, pero existe de otra manera. Cuando mi perro Hugo arma estruendos por la azotea, justo encima de mi dormitorio, y yo lo oigo desde la cama, no me asusto... hasta que al estruendo le pongo nombre; por ejemplo el nombre "maceta volcada y rota". Entonces sí que me levanto corriendo.
Él era "el otro", su novio oficial, una persona cualquiera que no podia entrar en mi vida... hasta que un dia en una carta despechada escribí su nombre. Desde entonces su presencia cobró matices, adquirió personalidad. Tuve que respetarlo y evaluarlo. Y valorarlo. Eso me hundió.
Un día se lo dije a ella, que quería analizarlo todo: a veces los nombres destruyen. Pero ya se sabe, que como decía Bob Dylan, el hombre puso nombre a los animales. Al principio. (Man Gave Name to All the Animals. “Slow train coming”. 1979). por cierto, aqui está la versión que hizo la mandragora (Sabina y Krahe entre ellos):

El hombre puso nombre a los animales...

Al cocodrilo le llamo cocodrilo
porque en el Nilo nadaba con estilo.
Y al diplodocus le llamó diplododocus
porque ya entonces quedaban pocus.
y al que en la selva rugía feroz le puso león.

Vio a un bicho nadando por el Canal de Suez
y le puso pez, qué jilipollez.
Vio un caballo alto que no usaba gafas
y por supuesto le puso jirafa
Y al del rabo largo, chiquito y matón
le puso ratón.

A las ladilla les puso ladillas
por lo que pican cuando las pillas
Y al ornitorrinco le llamó ornitorrinco
porque no encontró un nombre mas raro
Y al que se adapta a cada situación
le puso camaleón

Vio un lagarto que iba para Barranquilla
y le puso caimán, se va el caimán
a otro que ya no puede caminar
porque le falta la patita de atrás
le dijo cucaracha te vas a llamar.

Marihuana pa fumar...




 
Una estadística, una tradición y una película
La estadística:
En Canadá, el año pasado, la cifra de personas muertas por embestida de alce duplicó a la de muertas por ataques de oso.

La tradición:
En el sur de Italia, el día de nochevieja se arrojan por la ventana los cacharros y muebles viejos que ya no se necesitan. Es para iniciar una nueva vida, pero supone un notable desprecio por las cosas antiguas.
La tradición la han copiado en sudáfrica y en algunos lugares de latinoamérica. En Dinamarca, sin embargo, se limitan a romper en la puerta de la casa todos los platos viejos.

La película
2.046. Es una película china. Entre clásica y posmoderna. Sobra la historia de la mujer con un guante, pero el resto hubiera podido escribirlo yo mismo hoy. O al menos subscribirlo. En particular la aventura onírica de ciencia ficción sesentona que da título a la peli.