logotipo

img_google
Siempre un poco más lejos
Sólo me arrepiento de lo que no hice.
Acerca de
Este blog es clandestino. Disfrútalo así. Yo disfruto al hacerlo, y poco más. Todo está en los artículos.
 
La niebla. Nebulosa. Una historia de niebla.
Subo, nocturno, a mi azotea y una noche de niebla lo llena todo. Es menos noche que nunca porque ese polvo claro que flota lo vuelve todo luminoso. Paseo maravillado por una azotea nítida gracias a ese visillo que sube de la calle y baja del cielo. Como si flotara en el mar y alguien hubiera encendido la luz. Casi de día. Una noche así, hace ya mucho años, paseé con la petite por Varsovia.

Historia de la petite

Era 1991. El muro aún no había caido de todo ni en Polonia ni en la Union Soviética y yo iba en tren de Paris a Moscú. Las cosas habían cambiado desde el año anterior y esta vez me dió tiempo a comprar el billete en Varsovia y seguir hasta moscú en el mismo tren. En él conocí a un grupo de unas ocho o nueve francesas.Tendrian unos 18 o 19 años e iban a trabajar de voluntarias en varios proyectos. Tres de ellas iban juntas a Vladikaskaz, la capital de Ossetia del Norte; el resto a otros sitios.
Como se daba la casualidad de que también yo iba a un proyecto así -pero en Kiev- pues intercambié dos o tres frases con ellas en los dos días que pasamos en el mismo vagón.Eso sí, una vez en Moscú las chicas estaban perdidas; nadie había ido a esperarlas; ninguna hablaba ruso (en la época, casi nadie en Moscún entendía inglés), así que hice de buen samaritano y las llevé por el metro monumental hasta la sede d nuestra organización, cerca de la plaza roja.
No volví a verlas en varias semanas. Sin embargo, al terminar mi período de voluntario, justo el día en que me tocaba volver a Moscú, un grupo de generales dieron un golpe de Estado y secuestraron al presidente Gorbachov en Crimea.
La ciudad se volvió un caos. Se cerraron las fronteras. La gente se echó a la calle. Junto a un grupito de amigos conseguimos colarnos en una residencia de estudiantes y desde allí vivimos en directo la pequeña revolución de aquellos días, y participamos.
El caso es que en medio de la desorganización, uno de los días (justo cuando las primeras estatuas de Lenin y Dzerzin empezaban a caer) me encontré en nuestra misma sede con tres de las muchachas francesas. Eran las últimas del grupo que quedaban allí y se me acercaron cariñosas; como si yo fuera un viejo amigo.
Mis amigos volvían ese día a casa ( dos a Holanda y el resto a Ucrania), así que las francesas y yo nos adoptamos mutuamente. Pasamos un par de dias juntos en ese Moscú que se despertaba. Desde la primera noche en que me las traje a nuestra residencia algo hizo tilín entre una de ellas y yo. Desde entonces, es la petite. Los detalles románticos puedo obviarlos. El caso es que -siempre en grupo, con una pareja de berlineses añadidos luego- conseguimos un billete de tren de vuelta, con noche en Varsovia.
Allí cogimos dos habitaciones en el económico hotel Copérnico y dimos una vuelta turística por la ciudad. Acabamos tomando cervezas inmensas en un kiosco cerca del rio, lejos del centro. Y la petite me rozaba la pierna por debajo de la mesa, y me masajeaba el cuello. Despues de días de miradas, roces, cariños...nos tocaba dormir separados de nuevo.
En cuanto todos se acostaron, de madrugada, salimos a la calle. Había una niebla inmensa, espesa, tupida. Como la de hoy. Entre esa niebla, en un callejón de Varsovia, nos dimos nuestros primeros besos. Húmedos y larguísimos. La ciudad estaba desierta. Asustaba. Escondidos entre dos coches nos tocamo, nos rozamos, nos excitamos hasta desbordar...luego pasó alguien y nos entró miedo, y corrimos.
Llegamos a una esplanada y en mitad de la niebla apareció un panteón y dos soldados imponentes. La tumba del soldado desconocido. Parecía que en toda la ciudad sólo estabamos nosotros y esos dos soldados. Nos acercamos, abrazados, besándonos. La petite parecía aún mas lasciva que siempre... y muy sonriente. No nos atrevimos a entrar y cuando nos alejábamos, de pronto escuchamos nítidamente a nuestra espalda el ruido de un fúsil cuando lo montan. No sé si estaban cambiando de postura a las cuatro de la madrugada o de verdad lo estaban montando, peor nosotros no paramos de correr, acojonados, hasta el hotel, entre la niebla.
Al día siguiente nos emborrachamos en casa de unos amigos en Berlin. Y no había niebla.
Dos días después hicimos el amor en la litera de un tren, y tampoco había niebla.
Tampoco la había cuando fuimos a su casa en París. Y me regaló un libro.
 
 
Comentario:
La niebla me resulta inquietante, misteriorsa. No me hubiese importado que hubiese habido niebla en una borrachera en Berlín, ni al hacer el amor con un desconocido en la litera de un tren... Preciosa historia.
Voy.
No