Zivot je cudo
"La vida es un milagro", dice el cartero cuando ve nacer un pollito de entre los huevos que está recogiendo del gallinero.
Se trata de la película de Kusturica, evidentemente.
Hay osos que huyen de Hravatska y llegan hasta Cacak y se comen a la gente... y los osos son la metafora de la guerra... y después llega la auténtica guerra.
Ahora parece tan obvio que Kusturica tenía que hacer alguna vez una película sobre la guerra...
La película se inicia con un letrero sobreimpreso: "Bosnia, 1992"... uff, quíen nos iba a decir a nosotros entonces que Kusturica iba a hacer una película sobre nosotros, sobre la guerra, sobre la vida de aquellos días.
Bosnia era un caos. Y croacia lo mismo. Parecía que nada funcionaba de modo normal, pero todo se arreglaba. Podías circular en coche por las vias del tranvía en Zagreb, y así alguna noche mi vida fue como la de la peli. Había autobuses a todas partes. Autobuses a Sarajevo cercada en medio de los bombardeos. Comprabas rakja recién destilada a una viejecita en una granja parada en un par de siglos antes. Buscabas noticias de un amigo que estaba en el frente y te llegaban a traves del amigo de un musico ambulante que se las habia oido a la mujer de un ingeniero que lo sabía porque se lo había contado un amigo de su hijo que venía del frente. Al final tu amigo estaba bien, o estaba prisionero, o lo habían herido hace tiempo y ya se estaba recuperando. La vida era un milagro.
Claro que los serbios vivían mejor. Y los croatas. Nosotros estabamos refugiados en un campo de idem y apenas salíamos. Algunas escapadas sí había, y algunas reviven con la peli y somos nosotros.
Un día, con Melanie -que era una voluntaria alemana, tierna, rubia y enamorada- nos fuimos a merendar en plan picnic a lo alto de uno de esos enormes montones de heno que hacen los campesinos al recoger la cosecha de los campos de eslavonja. Nos subimos al más alto y junto al palo de arriba tendimos un mantel, dos sanwichs, una lata de sardinas, dos huevos duros y una botella de vino de Djakovo. Era un atardecer del mes de marzo, templado. Acabamos jugando, peleandonos y besandonos encima de esa montaña de heno oloroso...era amor a lo grande, amor de pelicula y a lo lejos al atardecer se veia el humo de als estufas del campo y se oía alguna explosión.
Luego resultó que el dueño del heno se enfadó, porque decia que al desahacer parte de su montañita ya no era impermeable y se pasó semanas persiguiendonos y nos denunció a la policia del campo y todo.

Otro día me escapé con Pia -linda y dulce, rubita tambien- en nuestro fiat panda verde, por enmedio de los campos nevados en busca de un lado helado en el que queríamos patinar. Al final el lago no se habia congelado aun pero en el camino nos encontramos primero a una manada de ciervos que no nos dejaban apsar y despues a unos pocos soldados desordenados(seis o siete, con dos landrovers) disparando tranquilamente dos morteros hacia la lejanía. Nos saludamos en medio de los zambombazos y seguimos hasta una casa cercana en la que estaban matando a un cerdo en medio d euna fiesta a la que nos invitaron...
Y de pronto nuestra guerra en el cine. nosotros mismos. Y a uno le da vergüenza decirlo pero aprece que todos aquellos años, entre la guerra y el horror, fueron los mejores años de nuestra vida.
Éramos felices.
La vida es un milagro.
Se trata de la película de Kusturica, evidentemente.
Hay osos que huyen de Hravatska y llegan hasta Cacak y se comen a la gente... y los osos son la metafora de la guerra... y después llega la auténtica guerra.
Ahora parece tan obvio que Kusturica tenía que hacer alguna vez una película sobre la guerra...
La película se inicia con un letrero sobreimpreso: "Bosnia, 1992"... uff, quíen nos iba a decir a nosotros entonces que Kusturica iba a hacer una película sobre nosotros, sobre la guerra, sobre la vida de aquellos días.
Bosnia era un caos. Y croacia lo mismo. Parecía que nada funcionaba de modo normal, pero todo se arreglaba. Podías circular en coche por las vias del tranvía en Zagreb, y así alguna noche mi vida fue como la de la peli. Había autobuses a todas partes. Autobuses a Sarajevo cercada en medio de los bombardeos. Comprabas rakja recién destilada a una viejecita en una granja parada en un par de siglos antes. Buscabas noticias de un amigo que estaba en el frente y te llegaban a traves del amigo de un musico ambulante que se las habia oido a la mujer de un ingeniero que lo sabía porque se lo había contado un amigo de su hijo que venía del frente. Al final tu amigo estaba bien, o estaba prisionero, o lo habían herido hace tiempo y ya se estaba recuperando. La vida era un milagro.
Claro que los serbios vivían mejor. Y los croatas. Nosotros estabamos refugiados en un campo de idem y apenas salíamos. Algunas escapadas sí había, y algunas reviven con la peli y somos nosotros.
Un día, con Melanie -que era una voluntaria alemana, tierna, rubia y enamorada- nos fuimos a merendar en plan picnic a lo alto de uno de esos enormes montones de heno que hacen los campesinos al recoger la cosecha de los campos de eslavonja. Nos subimos al más alto y junto al palo de arriba tendimos un mantel, dos sanwichs, una lata de sardinas, dos huevos duros y una botella de vino de Djakovo. Era un atardecer del mes de marzo, templado. Acabamos jugando, peleandonos y besandonos encima de esa montaña de heno oloroso...era amor a lo grande, amor de pelicula y a lo lejos al atardecer se veia el humo de als estufas del campo y se oía alguna explosión.
Luego resultó que el dueño del heno se enfadó, porque decia que al desahacer parte de su montañita ya no era impermeable y se pasó semanas persiguiendonos y nos denunció a la policia del campo y todo.

Otro día me escapé con Pia -linda y dulce, rubita tambien- en nuestro fiat panda verde, por enmedio de los campos nevados en busca de un lado helado en el que queríamos patinar. Al final el lago no se habia congelado aun pero en el camino nos encontramos primero a una manada de ciervos que no nos dejaban apsar y despues a unos pocos soldados desordenados(seis o siete, con dos landrovers) disparando tranquilamente dos morteros hacia la lejanía. Nos saludamos en medio de los zambombazos y seguimos hasta una casa cercana en la que estaban matando a un cerdo en medio d euna fiesta a la que nos invitaron...
Y de pronto nuestra guerra en el cine. nosotros mismos. Y a uno le da vergüenza decirlo pero aprece que todos aquellos años, entre la guerra y el horror, fueron los mejores años de nuestra vida.
Éramos felices.
La vida es un milagro.
Comentario:
Deja que te leea un poco y luego te ataco..ijiji besos