Dalibor
Esta noche atormentada he soñado con Dalibor. Dalibor era un niño del norte de Bosnia que llegó en 1993 a nuestro campo de refugiados, a Gasinci. Venía de Derventa, donde durante un bombardeo aéreo una bomba había penetrado, atravesando su casa, hasta el sótano en el que su familia estaba escondida. Murieron todos y él quedó extrañamente ileso.
Dalibor, de once años, vivió en el campo como huérfano, acogido provisionalmente por una buena familia. Parecía loco: aunque sonreía a menudo, apenas hablaba; se pasaba el día sumergido en la enorme cuba que recogía la basura de los cinco mil refugiados; de vez en cuando chillaba lastimosamente.
Su madre de acogida -una mujer musulmana, grandota, peinada con rulos a la rusa y que tenía otros tres hijos- hizo de psicóloga improvisada y frente a las constantes pesadillas de Dalibor, le pidió que dibujara en folios los sueños que tenía. Muy pronto todo el barracón de la familia pasó a estar recubierto de los dibujos de dalibor, pegados en la pared.
El protagonista de la mayoría de dibujos era un montruo extraño y peludo. La señora le puso un nombre al monstruo y en el barracón todos hablaban de él como de un personaje de comic cuyas nuevas aventuras presentaba Dalibor cada mañana. Así se fue aciendo cotidiano y la intensidad de las pesadillas descendió notablemente.
Al cabo de un año, un día de pronto se presentó a la policía croata de la puerta del campo una niña prácticamente idéntica a Dalibor. Resultó ser una desconocida hermana gemela suya que se había escapado de Zagreb y había hecho por su cuenta los doscientos kilómetros de guerra hasta el campo. Así descubriumos que en verdad Dalibor no era totalmente huérfano. Sus padres se habían separado muchos años antes, dividiéndose la custodia de los gemelos: uno para cada uno. Aunque en el bombardeo habían muerto su madre, hermanos y padrastro, en Zagreb vivía aún su padre biológico.
El descubrimiento le dio una nueva trascendencia a las pesadillas de Dalibor. La hermana se quedó unos meses a vivir en el campo, y se volvieron inseparables. Me acostumbré a cruzarme con los dos gemelos juntos deambulando por los caminos del campo. Una piscóloga de alguna ONG que vinó entonces y conoció el caso se atrevió a aventurar que el monstruo de las pesadillas no era "la muerte" como todos pensábamos, sino la figura de su padre, del que nunca habló.
Hoy he vuelto a soñar con toda la historia, y en mi sueño el mosntruo era asombrosamente parecido a ese alien que muchos llevamos dentro y salta cuando menos lo deseamos, estropeándonos.
Dalibor, de once años, vivió en el campo como huérfano, acogido provisionalmente por una buena familia. Parecía loco: aunque sonreía a menudo, apenas hablaba; se pasaba el día sumergido en la enorme cuba que recogía la basura de los cinco mil refugiados; de vez en cuando chillaba lastimosamente.
Su madre de acogida -una mujer musulmana, grandota, peinada con rulos a la rusa y que tenía otros tres hijos- hizo de psicóloga improvisada y frente a las constantes pesadillas de Dalibor, le pidió que dibujara en folios los sueños que tenía. Muy pronto todo el barracón de la familia pasó a estar recubierto de los dibujos de dalibor, pegados en la pared.
El protagonista de la mayoría de dibujos era un montruo extraño y peludo. La señora le puso un nombre al monstruo y en el barracón todos hablaban de él como de un personaje de comic cuyas nuevas aventuras presentaba Dalibor cada mañana. Así se fue aciendo cotidiano y la intensidad de las pesadillas descendió notablemente.
Al cabo de un año, un día de pronto se presentó a la policía croata de la puerta del campo una niña prácticamente idéntica a Dalibor. Resultó ser una desconocida hermana gemela suya que se había escapado de Zagreb y había hecho por su cuenta los doscientos kilómetros de guerra hasta el campo. Así descubriumos que en verdad Dalibor no era totalmente huérfano. Sus padres se habían separado muchos años antes, dividiéndose la custodia de los gemelos: uno para cada uno. Aunque en el bombardeo habían muerto su madre, hermanos y padrastro, en Zagreb vivía aún su padre biológico.
El descubrimiento le dio una nueva trascendencia a las pesadillas de Dalibor. La hermana se quedó unos meses a vivir en el campo, y se volvieron inseparables. Me acostumbré a cruzarme con los dos gemelos juntos deambulando por los caminos del campo. Una piscóloga de alguna ONG que vinó entonces y conoció el caso se atrevió a aventurar que el monstruo de las pesadillas no era "la muerte" como todos pensábamos, sino la figura de su padre, del que nunca habló.
Hoy he vuelto a soñar con toda la historia, y en mi sueño el mosntruo era asombrosamente parecido a ese alien que muchos llevamos dentro y salta cuando menos lo deseamos, estropeándonos.