La estatua y la doncella
Inevitable.
El hombre va disfrazado de estatua; y ejerce de estatua. Encima de un cubilete, en mitad de la calle. A cada moneda que le cae en el platillo cambia su posición por otra aún más verosimil. A cada nueva postura retorcida mayor es la concentración necesaria para permanecer inmóvil.
Y enfrente ella. Tiene apenas diecisiete años. Rubia. jenas y camiseta blanca. Cara traviesa. Lo mira fijamente, a los ojos, sin perder la media sonrisa. Lo mira fijamente, y con deseo. Con deseo descarado.
Parece un duelo. Ella no disimula ni se inmuta, él cada vez está más nervioso.
El hombre va disfrazado de estatua; y ejerce de estatua. Encima de un cubilete, en mitad de la calle. A cada moneda que le cae en el platillo cambia su posición por otra aún más verosimil. A cada nueva postura retorcida mayor es la concentración necesaria para permanecer inmóvil.
Y enfrente ella. Tiene apenas diecisiete años. Rubia. jenas y camiseta blanca. Cara traviesa. Lo mira fijamente, a los ojos, sin perder la media sonrisa. Lo mira fijamente, y con deseo. Con deseo descarado.
Parece un duelo. Ella no disimula ni se inmuta, él cada vez está más nervioso.