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Siempre un poco más lejos
Sólo me arrepiento de lo que no hice.
Acerca de
Este blog es clandestino. Disfrútalo así. Yo disfruto al hacerlo, y poco más. Todo está en los artículos.
 
La historia de miedo
Un noche, hace poco, prometí una historia de miedo tumbado en mi cama junto na una amiga. No la conté porque no era lo más recomendable cuando después uno tiene que pasar la noche solo en ese dormitorio inmenso. Pero empecé a imaginarla, a partir de la idea de un antiguo y horrendo crimen en esa misma habitación.
De pronto, la historia me llega sola, por el comentario de una vecina. Y esta vez es real.
Resulta que en mi casa vivían en los años cuarenta varias familias. Una de ellas ocupaba todo el lado donde esta mi dormitorio y el de invitados. El hombre se llamaba Alfonso; tenía tres hijos y trabajaba de contable en una empresa de seguros.
Como su sueldo no le bastaba para llegar a fin de mes, montó en la azotea de la casa un taller de muñecas de cartón piedra. Alfonso recogía periódicos y cartones viejos; en un gran caldero los hervía hasta convertirlos en una pasta fina que usaba luego para rellenar unos moldes. Al secarse eran perfectas muñecas de cartón piedra que una vez pintadas se vendían fácilmente a los niños de la época.
Una tarde Alfonso se subió al taller junto a la hija más pequeña de la familia, que se entretenía jugando en la azotea. Por alguna razón el tuvo que bajar a casa y la niña, sin vigilancia, se puso a jugar con el calero donde hervían los papeles. Con tan mala suerte que se lo volcó encima.
Sufrió quemaduras horribles y aunque la llevaron al hospital urgentemente, nada se pudo hacer para salvar su vida. Murió en casa, en la cama de sus padres, entre tremendos aullidos que aún recuerdan los vecinos.
La madre se volvió loca y hasta el fin de sus días -no hace tanto de eso- se la veía en el balcón o por la calle siempre gritando como si la estuvieran hirviendo a ella misma.
Así pues, hay razones para el miedo. Y no es la única, porque otro de los hermanos también murió de una caída al patio en esta misma casa, aunque esa es otra historia, para otra noche de miedo.
 
Comentario:
No da miedo, da pena.
No