A VECES, UNA TARDE CUALQUIERA...

"Dama escribiendo una carta con su criada "(1670)
Johannes Vermeer
Te escribo por una tontería:
Hoy ha amanecido como de costumbre,
esperaban las calles el trajín
tapizadas de ligera humedad,
como de costumbre,
la luz recién parida medía su fuerza de primeriza
apoyándose en las paredes, paseando su triunfo
por todos los rincones de la casa.
Yo la seguía, haciendo las camas,
arrastrando vocales húmedas
amasando el pan de mañana.
Repaso un poema en la taza del desayuno,
pero los poemas ocurren pocas veces
escribo
acaso porque lo escrito
es el único rostro
que no se ausenta.
Te escribo por una tontería:
Ayer escuché
el canto envenenado de la resignación
Y me preguntaba
¿Vendrá por fin su voz llamando desde el fondo de los días?
Dicen del lugar, del amor, de los besos
dicen tanto
nada sobre un ritual de futuro
ni de sortear enjambres en cada decisión.
Vuelvo a tomar el mapa de las horas
como quien interpreta un fósil entre las manos,
he hecho el camino tantas veces
y lo poco que tengo es la certeza
impregnada de altura,
alguien llegó primero
alguien tembló primero...
no importa,
yo ya me iba.
MUSGO

“HAY AZULES QUE SE CAEN DE MORADOS” (Pellicer)

Qué oficio este de rastrear hielo,
atento el paladar a un soplo de silencio
pecando de silencio,
irredenta la voz que permanece…
¿Y dónde estás tú? criatura del fondo,
densidad de bisel con alas de cristal líbico,
desmemoriada y sutil codicia de las aguas,
dónde los peces son más fríos.
Cómo alimentarte cada mañana
bajo esa dulzura abismada
disolviéndose en la boca…
si la voz es cristal,
que al pronunciar cristal
se quiebra.





