ELLA

"De Profundis" M. ANGEL PRADO
No pregunta que si barloventos o naufragios…
cómo calmar con versos lo que gemía.
Se puso una piel de palabras y detrás hay eso,
sólo palabras,
la fe de los pájaros cuando se arrojan al aire.
Mañana, espera despertar cantando…
rema y no pregunta,
ahuyentando la penuria
que no sabe o no dice
o no hace; nada.
Escribe,
antepone el pie al mar y se sumerge
sin saber
qué azota la falta de aire
a qué sabe el dolor de astillas en la boca.
Mañana espera, despertar cantando...
aunque sepa que tampoco
mañana
es el día que iba a ser
aunque arribe el susurro aventajado
y la mentira mejor dicha:
llegas tarde
no hay nada y
nadie está mirando.
BRISA INDULTADA

EN SERIO,
merezco más.
Merezco la dureza,
inmunidad a la culpa
ser la víctima exigente
tener cáscara amarga
y pretérito fuerte.
Me restregué los ojos
(tal vez más de la cuenta)
y cesó el rumor de máquinas
que teje el mar
y se dejó la alondra
caer
los harapos
de cala con rocío
y una soledad fluida, porosa
de exilio renuente,
maceró la luz con dulce metralla.
Sangré líquida oscuridad
azul
metal creció el cielo,
insaciable el páramo
durmió mi sangre.
Merezco
sí,
la caricia helada que se deja
caer
pues era la alondra,
no yo,
quien tenía el poder
de abandonarme.
PLANOS SUTILES

En un instante soy lluvia de tres días
y me diluyo
humanamente mínima.
Es el silencio más fino
gotea
tiembla, detrás de los párpados
la brisa amarilla,
la desnuda excomunión de los secretos.
Expropiaría al otoño sus esquejes dorados,
los hilillos de sangre que esconde bajo tierra.
Lo dibujaría con fuerza ajena,
emergiendo
por la puerta oblicua que acontece el canto,
entre susurros que tiemblan como hojas
de amor colmado en lugares desnudos…
como pañuelo que agita un truco doloroso,
el adiós aloque
derritiéndose en mi lengua,
sabiendo a dulce ocre
a gajo de naranja
arrancado,
en una imperdonable omisión
de lo importante.
Aunque este poema no fue pensado para la ocasión, se lo dedicado a mis padres, que cumplen mañana sus “bodas de oro”.
Eligieron el otoño, un 19 de Octubre, para entregarse la vida y 50 otoños después, siguen en el mismo empeño de hacerse felices el uno al otro. Ninguna receta especial, el amor, que por amor acierta y así… toda una vida que parece que fue ayer y sigue siendo mañana.
DE LOS BIENES MUEBLES, INMUEBLES Y MOSTRENCOS
Mira que se esforzaba, su hemisferio izquierdo, en volar
y volar
lejos
para acabar siempre viendo el mundo
en el rellano de la escalera.
Pocas veces subía al desván,
desde allí, el tragaluz
engullía un azul gramatical,
que dio en llamar…nostalgia.
Tenía una casa confortable en el tercer piso,
hasta que un día descubrió que un perro rabioso
custodiaba su cuarto,
se sintió preso tras unos ojos fríos de hielo
y dio en llamarlo… miedo.
Durante años, el silencio
se atrincheraba en su ventana,
algunos pájaros, enfermos de piedra,
se abandonaban en el quicio
empecinados en picotear lo inesperado.
Él tendía fantasías bajo la lluvia,
pensando que el déspota que lo maldecía
al menos
tenía decorada su casa de forma impecable
y dio en llamarlo… perfección.
Una mañana, se quedó encerrado en el ascensor
pulsó la alarma
nadie respondió
el edificio estaba vacío.
Pensó que nunca sabría salir…
demasiado tiempo,
observando por la mirilla de su puerta blindada
la cabeza distorsionada de un gordo (mundo)
que dio en llamar…inseguridad.
Bien podría haberse parado el ascensor- pensaba-
en el segundo piso,
la ambición, soltera,compartía piso con la voluntad,
parecía irles bien, gestando el tiempo:
su sexo
su edad
su horizonte de propiedad vertical/horizontal…
¿Qué sería de ellas? No había vuelto a verlas
desde que se instaló en el piso de al lado una ocupa
venerable
que dio en llamar…. Culpa.
Pensó que nunca sabría salir…
El ascensor se había detenido en el primer piso,
allí residía, desde hacía años, el hastío.
Fue él precisamente, el hastío,
quien lo había animado a armarse de paciencia,
un día que se quejó en una junta porque notaba
que donde ponía los pies,
le desaparecían los peldaños.
Pero el hastío, ahora lo sabía,
jamás
en todos esos años
había pagado la comunidad.

"Sueño" de R. PARKE HARRISON





