Placer, bonita palabra
Soy un autodidacta de la masturbación. Me forjé en soledad. Sin nadie que me diera indicaciones.
En el principio de los tiempos mi padre me explicó una cosa sorprendente, que no es otra que el proceso que siguen los humanos para procrear. “El pene se introduce en la vagina, y se siente un intenso placer”. Curiosas declaraciones. Siempre había pensado que los espermatozoides accedían al cuerpo de la mujer a través de los besos. Va en serio.
¿Qué placer sería ese? Sabía perfectamente qué significaba esa palabra. Placer. Bonita palabra. Pero lo cierto es que nunca había sentido nada con lo que pudiera expresarla. Al menos, no de una manera tan amplia como para poder utilizarla. Mi mente de niño que deja la pubertad para incorporarse a la adolescencia empezó a darle vueltas a aquella palabra. Placer. Yo quería placer.
Uno de mis primeros juegos sexuales consistió en introducir papel higiénico en el interior de los slips hasta crearme un enorme paquete y un enorme trasero. Después de ducharme, me paseaba así por toda mi casa. Con los pantalones puestos para disimularlo, eso sí. Una de aquellas veces, sentí "algo". Salí corriendo para el baño. Me quité todo el papel. Había sentido "algo". No. No fue mi primer orgasmo. Eso vendría después. Fue, simple y llanamente, un prematuro indicio de placer sexual.
Pero el gran momento llegó una feliz noche de un 2 de enero de hace nada más y nada menos que 13 años. Es curioso que sea la única fecha que recuerdo con toda seguridad.
Continuará...
En el principio de los tiempos mi padre me explicó una cosa sorprendente, que no es otra que el proceso que siguen los humanos para procrear. “El pene se introduce en la vagina, y se siente un intenso placer”. Curiosas declaraciones. Siempre había pensado que los espermatozoides accedían al cuerpo de la mujer a través de los besos. Va en serio.
¿Qué placer sería ese? Sabía perfectamente qué significaba esa palabra. Placer. Bonita palabra. Pero lo cierto es que nunca había sentido nada con lo que pudiera expresarla. Al menos, no de una manera tan amplia como para poder utilizarla. Mi mente de niño que deja la pubertad para incorporarse a la adolescencia empezó a darle vueltas a aquella palabra. Placer. Yo quería placer.
Uno de mis primeros juegos sexuales consistió en introducir papel higiénico en el interior de los slips hasta crearme un enorme paquete y un enorme trasero. Después de ducharme, me paseaba así por toda mi casa. Con los pantalones puestos para disimularlo, eso sí. Una de aquellas veces, sentí "algo". Salí corriendo para el baño. Me quité todo el papel. Había sentido "algo". No. No fue mi primer orgasmo. Eso vendría después. Fue, simple y llanamente, un prematuro indicio de placer sexual.
Pero el gran momento llegó una feliz noche de un 2 de enero de hace nada más y nada menos que 13 años. Es curioso que sea la única fecha que recuerdo con toda seguridad.
Continuará...
Precedentes y otros recuerdos de la infancia
El sexo está en nuestro subconsciente desde niños. Lo que cambia cuando crecemos son dos cosas: somos conscientes de él y nos obsesionamos con ello. De niño bien recuerdo haber visto gente desnuda. También recuerdo haber visto a gente besándose. ¿Quién no ha visto a sus padres besándose? No me atraían. En la naturaleza de las personas está la desnudez. Está el amor y están los besos.
De niño mientras me bañaba, recuerdo ponerme unos vasos como si fueran tetas de mujer. ¿Iniciación de juego sexual? También recuerdo desnudarme entero cuando estaba en la cama, y sentir por unos minutos el intenso placer de las sábanas sobre mi piel. Son recuerdos muy lejanos, era muy niño, pero precedentes de muchas cosas que más adelante trabajaría más a fondo.
Con diez u once años nuestro cuerpo y nuestra mirada ya empiezan a ensuciarse. El cambio fisiológico ya casi está llegando y las hormonas empiezan a preparar nuestro cuerpo para su fin fundamental: la reproducción.
Muy inocentemente, me empezó a interesar el cuerpo femenino. Conocía muy bien cómo era mi pene, pero ¿cómo era su vagina? Aún con esa edad todos nos hacemos una idea de cómo es. Como ya he dicho, todos hemos visto cuerpos desnudos desde la infancia. Pero mi idea era demasiado superficial. Ese interés se fue incrementando con el tiempo hasta convertirse en toda una obsesión. Aún hoy, sigue siendo un gran misterio. Un misterio fenomenal.
A esa edad empecé a sentir las primeras erecciones. Era sorprendente, mi repentina curiosidad por la vagina de la mujer, unida a ese placer que sentía cuando estaba desnudo en la ducha o en la cama, ahora tenía un efecto físico visible. Incluso, aprendí a provocarme esa erección.
Estamos retrotrayéndonos a una época de pura y simple inocencia e ignorancia. Y una época en la que aprendes cosas a una velocidad tan acelerada, que sin apenas darte cuenta, de repente, te estás masturbando compulsivamente como si lo hubieras hecho toda tu vida.
Continuará...
De niño mientras me bañaba, recuerdo ponerme unos vasos como si fueran tetas de mujer. ¿Iniciación de juego sexual? También recuerdo desnudarme entero cuando estaba en la cama, y sentir por unos minutos el intenso placer de las sábanas sobre mi piel. Son recuerdos muy lejanos, era muy niño, pero precedentes de muchas cosas que más adelante trabajaría más a fondo.
Con diez u once años nuestro cuerpo y nuestra mirada ya empiezan a ensuciarse. El cambio fisiológico ya casi está llegando y las hormonas empiezan a preparar nuestro cuerpo para su fin fundamental: la reproducción.
Muy inocentemente, me empezó a interesar el cuerpo femenino. Conocía muy bien cómo era mi pene, pero ¿cómo era su vagina? Aún con esa edad todos nos hacemos una idea de cómo es. Como ya he dicho, todos hemos visto cuerpos desnudos desde la infancia. Pero mi idea era demasiado superficial. Ese interés se fue incrementando con el tiempo hasta convertirse en toda una obsesión. Aún hoy, sigue siendo un gran misterio. Un misterio fenomenal.
A esa edad empecé a sentir las primeras erecciones. Era sorprendente, mi repentina curiosidad por la vagina de la mujer, unida a ese placer que sentía cuando estaba desnudo en la ducha o en la cama, ahora tenía un efecto físico visible. Incluso, aprendí a provocarme esa erección.
Estamos retrotrayéndonos a una época de pura y simple inocencia e ignorancia. Y una época en la que aprendes cosas a una velocidad tan acelerada, que sin apenas darte cuenta, de repente, te estás masturbando compulsivamente como si lo hubieras hecho toda tu vida.
Continuará...
Desde lo más profundo de mi ser
Hablar de algo tan íntimo y tan maravilloso como la masturbación puede acarrear, no lo dudo, controversia. En primer lugar, incomprensión. Todo el mundo presume siempre del tamaño de sus atributos sexuales, de sus buenas dotas amatorias, de lo satisfechas que dejan a sus parejas... Hablan y presumen, en definitiva, de su “buen follar”. Yo no voy a hablar de eso.
He follado, follo y follaré. Es un placer mágico. Pero ahora eso no me interesa. Voy a hablar de algo mucho más íntimo y personal. Algo de lo que apenas hay bibliografía y de lo que apenas se pueden encontrar referencias en vídeo, DVD o Internet. Voy a hablar de la masturbación. De mi masturbación.
Me he masturbado, me masturbo y me masturbaré. De eso no me cabe duda. Y lo he hecho desde hace más de 13 años. Es decir, más de la mitad de mi vida. La he vivido y la he disfrutado como no he disfrutado nada más. Y, en muchos momentos de mi vida (lejanos, eso sí), he vivido por y para ella.
Por ser el tema que es, puedo dar cierta impresión ególatra. O puedo aparentar un gran orgullo narcisista. Nada más lejos de la realidad. Fomento la masturbación de mi actual pareja, hablamos de ello con cierta asiduidad, e incluso la incito a mejorar sus juegos comprándole de cuando en cuando aparatos que solo ella puede utilizar. Tal vez suene grandilocuente, pero mis deseos son, ante todo, humanistas. En todos sus aspectos.
No quiero, en definitiva, aparentar lo que no soy, sino más bien mostrar lo más profundo de lo que soy. Y soy, en mi más profundo ser, nada más y nada menos, igual que todo el mundo.
Continuará
He follado, follo y follaré. Es un placer mágico. Pero ahora eso no me interesa. Voy a hablar de algo mucho más íntimo y personal. Algo de lo que apenas hay bibliografía y de lo que apenas se pueden encontrar referencias en vídeo, DVD o Internet. Voy a hablar de la masturbación. De mi masturbación.
Me he masturbado, me masturbo y me masturbaré. De eso no me cabe duda. Y lo he hecho desde hace más de 13 años. Es decir, más de la mitad de mi vida. La he vivido y la he disfrutado como no he disfrutado nada más. Y, en muchos momentos de mi vida (lejanos, eso sí), he vivido por y para ella.
Por ser el tema que es, puedo dar cierta impresión ególatra. O puedo aparentar un gran orgullo narcisista. Nada más lejos de la realidad. Fomento la masturbación de mi actual pareja, hablamos de ello con cierta asiduidad, e incluso la incito a mejorar sus juegos comprándole de cuando en cuando aparatos que solo ella puede utilizar. Tal vez suene grandilocuente, pero mis deseos son, ante todo, humanistas. En todos sus aspectos.
No quiero, en definitiva, aparentar lo que no soy, sino más bien mostrar lo más profundo de lo que soy. Y soy, en mi más profundo ser, nada más y nada menos, igual que todo el mundo.
Continuará
Hoy empieza una nueva vida
Chicos y chicas de todas las edades se masturban con frecuencia en todo el mundo. La masturbación es algo saludable, divertido y, sobre todo, que nos concede largas sesiones de placer.
Hay muchas y muy diferentes formas de masturbarse, todas ellas con un objetivo maravilloso: disfrutar de un orgasmo solitario pero de la mayor intensidad posible. Gracias a la masturbación aprendemos a disfrutar de nuestro cuerpo, a conocernos a nosotros mismos y a hacernos como personas. Y nos entretiene: ¿qué hay mejor cuando no tenemos nada que hacer que pasar un buen rato tocándonos e imaginando cosas bonitas?
Durante los próximos días haremos un repaso por mis 13 años disfrutando del placer del sexo y, especialmente, a mi gran afición y la de todos nosotros: la masturbación. Espero que os guste.
Hay muchas y muy diferentes formas de masturbarse, todas ellas con un objetivo maravilloso: disfrutar de un orgasmo solitario pero de la mayor intensidad posible. Gracias a la masturbación aprendemos a disfrutar de nuestro cuerpo, a conocernos a nosotros mismos y a hacernos como personas. Y nos entretiene: ¿qué hay mejor cuando no tenemos nada que hacer que pasar un buen rato tocándonos e imaginando cosas bonitas?
Durante los próximos días haremos un repaso por mis 13 años disfrutando del placer del sexo y, especialmente, a mi gran afición y la de todos nosotros: la masturbación. Espero que os guste.





