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MasturBLOG - Blog masturbación
Biografía masturbatoria de un chico corriente
Acerca de
Nombre Viktor
Lugar Hemisferio Norte
Aficiones Cine, Sexo
Cita favorita "No me masturbo cuando hace frío"

MasturBLOG es el relato de mis experiencias con la masturbación, desde la más tierna infancia hasta ayer por la mañana. Mi recomendación como autor es que lo leas desde el principio.

Contacto: masturweb@hotmail.com
Sindicación
 
Hijo de las estrellas
¡El objeto es hueco... y sigue y sigue... y... oh, Dios mío... está lleno de estrellas!
David Bowman en 2001: una Odisea espacial (Arthur C. Clarke)

Las más ardientes horas del estío empiezan estos días a hacer acto de presencia. Llegado el momento, no me queda más remedio que batir mis alas y partir en retirada.

Durante unas semanas no podré actualizar el blog, por lo que dejaré para más adelante los próximos capítulos. Mis primeros juegos masturbatorios cobrarán vida ante vuestros ojos en la segunda quincena de agosto, a mi retorno de las vacaciones.

Mientras tanto, me he animado a abrir un buzón privado en el que me hagais llegar todas vuestras dudas, comentarios y sugerencias. Prometo leer y responder a todas ellas con el mismo cariño con el que me habeis tratado hasta el momento.

masturweb@hotmail.com

El 90% de los hombres y el 70% de las mujeres se masturba. Y la mayor parte de ellos lo hacen durante toda su vida, independientemente de que mantengan o no una relación sexual activa. ¡MASTÚRBATE POR LA PAZ AHORA!

Continuará...
 
Breakfast at Tiffany’s
El cine. Nada sería de nuestras vidas sin el cine. La más bella de las artes.

Gracias a una película sentí mi primer orgasmo. Mi primer, único y nunca olvidado primer orgasmo. Un primer orgasmo que, por cierto, no vino acompañado de eyaculación. ¿No es fantástico?

Contextualizaré un poco la situación. Mi cuerpo estaba a punto de entrar en los 12 años de vida y, como ya habreis podido comprobar, las hormonas empezaban a mostrar indicios de su existencia. Me encontraba, en definitiva, justo en ese pequeño impasse en que pasamos de la infancia a la adolescencia.

En la noche de un dos de enero, el pistoletazo de salida aún no se había producido, pero quedaba poco, muy poco ya. La munición estaba cargada y el revolver empuñado. Ya solo quedaba disparar. O mejor dicho, solo quedaba saber para qué servía la pistola. Digamos que, ese día dos de enero, descubrí que existía un libro de instrucciones.

Tras la típica cena familiar, y justo antes de irnos a la cama, emitían por televisión una película (comedia, para más señas) que resultaría crucial. El argumento era el siguiente: chica es hipnotizada por chico, por algún motivo en particular. Por esta razón, ella hace todo lo que él le dice.

Pensando en aquella película, por la noche, en la cama, mi imaginación voló y voló. Poder hipnotizar a una chica habriría un infinito mundo de posibilidades. Posibilidades que provocaron que mi pene sintiera de nuevo esa erección que me acompañaba en los últimos tiempos.

Apreté mi cuerpo y, junto a él, mi pene erecto contra el colchón. Sentía algo agradable al hacerlo, así que seguí apretando un rato. Solo apretar, sin movimiento de cadera ni de ningún otro tipo. Como si mi cuerpo tuviera un peso muerto encima. No sé si me explico... Apreté y apreté hasta que... Violà!

Mi pene erecto de repente cobró vida: sus músculos ahora se contraían solos, sin que yo hiciera nada. Era increíble, me estaba pasando algo que nunca antes me había pasado y que estaba, por supuesto, muy lejos de mi imaginación.

Tal vez porque mi cuerpo también estaba aprendiendo cosas nuevas, aquel primer orgasmo no tuvo eyaculación. Es un recuerdo estupendo, porque poder masturbarse sin expulsar semen hubiera abierto multitud de nuevas puertas al placer. Siempre he pensado que los hombres somos esclavos de la eyaculación, en tanto es algo que hay que tener en cuenta desde el inicio mismo de los juegos. Sin duda, condicionan enormemente nuestro sexo. No es el momento, sin embargo, de extenderme con un tema al que quiero dedicar un capítulo completo.

Le di muchas vueltas a aquello. Era todo un descubrimiento, algo que mi cuerpo podía hacer y que, hasta entonces, nunca había hecho. Tenía, en definitiva, los primeros datos, la primera pista que haría que los acontecimientos se desecadenaran a una velocidad endiablada.

El pistoletazo de salida para mi primera paja estaba tirado.

Continuará...