Técnicas iniciáticas básicas (y que te acompañarán toda la vida)
Uno de los más importantes protagonistas del acto masturbatorio es la imaginación. Puede parecer complicado imaginar un acto sexual si nunca has tenido ocasión de ver uno, pero lo cierto es que nuestros instintos nos bastan para disfrutar del sexo con nosotros mismos. Eso sí, primero hay que aprender.
Sujetar correctamente el pene requiere de toda una técnica. Empuñarlo simplemente podría ser una opción, pero un análisis concienzudo te demuestra que es completamente ineficiente. La parte que más placer produce se encuentra en la parte inferior del glande, punto justo en el que colocar el dedo índice. Para que os hagais una idea, el pene se sujeta como un lápiz, abarcando con el resto de los dedos lo que queda de miembro. La mayor fuerza se hace con el índice, aunque en general solo se aprieta lo justo, con toda la delicadeza posible. El movimiento de vaivén consecuente se hace al ritmo que pide el cuerpo en cada momento, normalmente rápido y con paradas en los momentos clave. El objetivo es intensificar la necesidad a la vez que incrementas la duración del acto.
Esta técnica de masturbación es la más sencilla y habitual, y se acompaña habitualmente con ciertos movimientos pélvicos que incrementan el placer. Se puede hacer sentado, tumbado o de pié, o si es posible de las tres maneras, un poco de cada una.
El lugar más habitual de los actos de este tipo es el cuarto de baño. Bien en la ducha o bien sentado en la taza, lo único necesario, además de la excitación, es tener un buen sitio en el que lanzar el semen en el momento del orgasmo.
Sentado en la taza, con una revista o algo de literatura, antes o después sientes la erección y la consiguiente necesidad de iniciar el jugueteo con tu pene. Cualquier ayuda, por mínima que sea, es válida. La foto de una chica (vestida o desnuda) en cualquier revista o periódico. Un párrafo más o menos erótico en alguna novela de literatura juvenil. O el simple recuerdo de la chica que te gusta enseñandote el secreto de la vida. También puedes cronometrar el acto, de manera que, por ejemplo, a cada minuto de vaivén siga otro minuto de descanso. Es durísimo no correrse durante el vaivén, al tiempo que es durísimo aguantar ese mismo tiempo sin hacerlo.
La eyaculación se ha de tener dentro de la taza, introduciendo en la misma el pene justo en el momento de la eyaculación. Si el orgasmo no vino en la taza, sino en la ducha, el lugar es más indiferente siempre que quede bien limpio. El semen es espeso y cuesta un poco quitar la mancha, lo cual siempre es importante cuando vives en casa de tus padres.
La ducha también aporta un amplio abanico de posibilidades masturbatorias. El calor y la humedad por todo tu cuerpo pueden ser muy satisfactorias, y el grifo aporta mucho juego. Es importante procurar no enfocar el chorro directamente sobre el glande, no solo porque el chorro puede ser demasiado fuerte, sino más bien porque hacerlo prolongadamente deja a posteriori una pequeña molestia. El mejor consejo para esto es hacerlo a una distancia mayor, dejando el grifo como si fuera una ducha en lugar de sujetarlo con las manos. También se puede hacer algo de filtro con las manos, de manera que no dé directamente.
Ayudas externas como revistas, etc. no son demasiado útiles y puede llegar a ser un engorro. En general, la ducha da tantas posibilidades que ni siquiera se hacen necesarias.
Continuará...
Sujetar correctamente el pene requiere de toda una técnica. Empuñarlo simplemente podría ser una opción, pero un análisis concienzudo te demuestra que es completamente ineficiente. La parte que más placer produce se encuentra en la parte inferior del glande, punto justo en el que colocar el dedo índice. Para que os hagais una idea, el pene se sujeta como un lápiz, abarcando con el resto de los dedos lo que queda de miembro. La mayor fuerza se hace con el índice, aunque en general solo se aprieta lo justo, con toda la delicadeza posible. El movimiento de vaivén consecuente se hace al ritmo que pide el cuerpo en cada momento, normalmente rápido y con paradas en los momentos clave. El objetivo es intensificar la necesidad a la vez que incrementas la duración del acto.
Esta técnica de masturbación es la más sencilla y habitual, y se acompaña habitualmente con ciertos movimientos pélvicos que incrementan el placer. Se puede hacer sentado, tumbado o de pié, o si es posible de las tres maneras, un poco de cada una.
El lugar más habitual de los actos de este tipo es el cuarto de baño. Bien en la ducha o bien sentado en la taza, lo único necesario, además de la excitación, es tener un buen sitio en el que lanzar el semen en el momento del orgasmo.
Sentado en la taza, con una revista o algo de literatura, antes o después sientes la erección y la consiguiente necesidad de iniciar el jugueteo con tu pene. Cualquier ayuda, por mínima que sea, es válida. La foto de una chica (vestida o desnuda) en cualquier revista o periódico. Un párrafo más o menos erótico en alguna novela de literatura juvenil. O el simple recuerdo de la chica que te gusta enseñandote el secreto de la vida. También puedes cronometrar el acto, de manera que, por ejemplo, a cada minuto de vaivén siga otro minuto de descanso. Es durísimo no correrse durante el vaivén, al tiempo que es durísimo aguantar ese mismo tiempo sin hacerlo.
La eyaculación se ha de tener dentro de la taza, introduciendo en la misma el pene justo en el momento de la eyaculación. Si el orgasmo no vino en la taza, sino en la ducha, el lugar es más indiferente siempre que quede bien limpio. El semen es espeso y cuesta un poco quitar la mancha, lo cual siempre es importante cuando vives en casa de tus padres.
La ducha también aporta un amplio abanico de posibilidades masturbatorias. El calor y la humedad por todo tu cuerpo pueden ser muy satisfactorias, y el grifo aporta mucho juego. Es importante procurar no enfocar el chorro directamente sobre el glande, no solo porque el chorro puede ser demasiado fuerte, sino más bien porque hacerlo prolongadamente deja a posteriori una pequeña molestia. El mejor consejo para esto es hacerlo a una distancia mayor, dejando el grifo como si fuera una ducha en lugar de sujetarlo con las manos. También se puede hacer algo de filtro con las manos, de manera que no dé directamente.
Ayudas externas como revistas, etc. no son demasiado útiles y puede llegar a ser un engorro. En general, la ducha da tantas posibilidades que ni siquiera se hacen necesarias.
Continuará...





