Cogiendo experiencia
Me siento de nuevo ante la pantalla de mi ordenador para seguir relatando mi vida sexual, relatada en clave personal. Para los que aún no me conozcan, mi blog es una autobiografía masturbatoria, fruto de mi deseo de compartir con vosotros mi experiencia. La masturbación es una de las actividades más satisfactorias y libres que existen. No te reprimas, y practícala siempre que te lo pida el cuerpo.
Hasta ahora he relatado mis primeros seis meses de experiencia, y dado algún retazo de lo que vendría y aprendería después. Para ello me he estado remontando muchos años atrás, unos trece para ser más exactos.
Han venido a mi mente sensaciones y recuerdos que hace tiempo que tenía olvidados. He vuelto a experimentar placeres que antaño fueron protagonistas diarios de mi vida, y he revivido fantasías que en el pasado me obsesionaban felizmente. Aún así no creo haber sabido expresaros lo que quería con toda la intensidad que se merece.
El número de visitas a mi blog ha caído en picado. Tal vez mi falta de tiempo para actualizar más a menudo sea una de las causas. Pero a parte de eso hay un factor fundamental: mi posición en los buscadores es deprimente.
Si alguien sigue ahí, me animaría bastante tener vuestro feed-back en un comentario del blog, o bien en la dirección privada de Hotmail que dejé en alguno de los posts antiguos.
Tras seis meses aprendiendo a masturbarme, mi cuerpo empezó a optimizar los recursos que me rodeaban con vistas a tener nuevas experiencias que mejoraran el placer que sentía. Paralelamente, mi mente iba estando cada vez más salida, lo que provocaba una búsqueda permanente de situaciones y momentos en los que gozar de mi cuerpo en tranquila soledad.
No es lo mismo tener unos minutos para gozar encerrado en el baño que disponer de toda tu casa durante una tarde o incluso durante un día entero. Las miniorgias masturbatorias de los cinco metros cuadrados de tu cuarto se convierten en megasesiones de placer cuando dispones de toda una vivienda para dar rienda suelta a tus instintos. Máxime si, además, los prejucios que puede provocar tener a tus padres o tu hermana al otro lado de la pared desaparecen por completo.
Con 13 años no solo mis duchas multiplicaron su duración por cinco, sino que también dejé de salir los fines de semana a pasear con mis padres. Un discreto cambio de actitud que desconozco cómo sería interpretado por ellos, pero que tenía por mi parte un claro objetivo.
Los siguientes cinco años de mi vida estuvieron protagonizados por innumerables pajillas rápidas, pero también por sesiones mucho más largas en las que me masturbaba sin descanso durante jornadas maratonianas.
En los próximos capítulos relataré mi vida sexual durante esos cinco años de mi vida.
Continuará...
Hasta ahora he relatado mis primeros seis meses de experiencia, y dado algún retazo de lo que vendría y aprendería después. Para ello me he estado remontando muchos años atrás, unos trece para ser más exactos.
Han venido a mi mente sensaciones y recuerdos que hace tiempo que tenía olvidados. He vuelto a experimentar placeres que antaño fueron protagonistas diarios de mi vida, y he revivido fantasías que en el pasado me obsesionaban felizmente. Aún así no creo haber sabido expresaros lo que quería con toda la intensidad que se merece.
El número de visitas a mi blog ha caído en picado. Tal vez mi falta de tiempo para actualizar más a menudo sea una de las causas. Pero a parte de eso hay un factor fundamental: mi posición en los buscadores es deprimente.
Si alguien sigue ahí, me animaría bastante tener vuestro feed-back en un comentario del blog, o bien en la dirección privada de Hotmail que dejé en alguno de los posts antiguos.
Tras seis meses aprendiendo a masturbarme, mi cuerpo empezó a optimizar los recursos que me rodeaban con vistas a tener nuevas experiencias que mejoraran el placer que sentía. Paralelamente, mi mente iba estando cada vez más salida, lo que provocaba una búsqueda permanente de situaciones y momentos en los que gozar de mi cuerpo en tranquila soledad.
No es lo mismo tener unos minutos para gozar encerrado en el baño que disponer de toda tu casa durante una tarde o incluso durante un día entero. Las miniorgias masturbatorias de los cinco metros cuadrados de tu cuarto se convierten en megasesiones de placer cuando dispones de toda una vivienda para dar rienda suelta a tus instintos. Máxime si, además, los prejucios que puede provocar tener a tus padres o tu hermana al otro lado de la pared desaparecen por completo.
Con 13 años no solo mis duchas multiplicaron su duración por cinco, sino que también dejé de salir los fines de semana a pasear con mis padres. Un discreto cambio de actitud que desconozco cómo sería interpretado por ellos, pero que tenía por mi parte un claro objetivo.
Los siguientes cinco años de mi vida estuvieron protagonizados por innumerables pajillas rápidas, pero también por sesiones mucho más largas en las que me masturbaba sin descanso durante jornadas maratonianas.
En los próximos capítulos relataré mi vida sexual durante esos cinco años de mi vida.
Continuará...
Comentario:
Hombre, piensa que la gente es normal que se aburra de la página si entra varias veces y la encuentra igual. Y no siempre hay cosas que poner en los comentarios.
En mí caso, yo también dejé de salir a pasear con mis padres. Eso es algo que creo qeu hemos hecho todos. Masturbarnos con toda la casa a nuestra disposición da un morbillo especial a esa edad.
En mí caso, yo también dejé de salir a pasear con mis padres. Eso es algo que creo qeu hemos hecho todos. Masturbarnos con toda la casa a nuestra disposición da un morbillo especial a esa edad.





