Road to the climax
Durante años, mi hobbies fueron dos: los videojuegos y la masturbación. Mi entrada en la Universidad supuso la desaparición de uno de los dos y el clímax del otro.
Creo que llega un momento en que las necesidades vitales cambian. Sin duda, la Universidad fue mi punto de inflexión hacia una nueva vida.
En primer lugar, alejarme de casa trajo consigo un desinterés casi total por las consolas, que vino acompañado de un interés cada vez mayor por el mundo del cine. Las causas y los motivos tal vez sean ambientales: me rodeé de gente muy aficionada al mismo. A ellos les debo, tal vez, esa pasión por el séptimo arte.
Pero ese año vino acompañado de un cambio decisivo en mi vida, no solo causado por el cambio de nivel de estudios (con todo lo que eso conlleva) sino también por el hecho, novedoso, genial, de empezar a ser independiente. Ese curso cambió radicalmente mi forma de enfrentarme a la vida.
Mi sueño durante años fue llegar a gozar de libertad total para masturbarme cuándo y cómo más me apeteciera. Mi plan para ello se gestó casi inconscientemente y se confirmó con sorprendente exactitud, superando todas las expectativas.
Salir de casa por primera vez suponía dos cosas: buscar un piso compartido con gente que no conocía o entrar en una residencia universitaria. Tardé muy poco en desestimar la primera opción, al menos durante el primer año. Necesitaba vivir en un lugar que me proporcionara intimidad total y la residencia de estudiantes era ideal para ello. Allí dispondría, por un lado, de una habitación individual con cuarto de baño propio; y, por otro, de un comedor común en el que pasaría horas y horas rodeado de buena gente. Ideal.
Ese año tuve la ocasión de vivir uno de los mejores años de mi vida. Y, si a mi vida onanista se refiere, sin duda fue un año de clímax.
Mis prácticas allí empezaron desde el primer día. No sé ni por dónde empezar. Os cuento.
Continuará...
Deja aquí tus comentarios.
Más privado en: masturweb@hotmail.com
Creo que llega un momento en que las necesidades vitales cambian. Sin duda, la Universidad fue mi punto de inflexión hacia una nueva vida.
En primer lugar, alejarme de casa trajo consigo un desinterés casi total por las consolas, que vino acompañado de un interés cada vez mayor por el mundo del cine. Las causas y los motivos tal vez sean ambientales: me rodeé de gente muy aficionada al mismo. A ellos les debo, tal vez, esa pasión por el séptimo arte.
Pero ese año vino acompañado de un cambio decisivo en mi vida, no solo causado por el cambio de nivel de estudios (con todo lo que eso conlleva) sino también por el hecho, novedoso, genial, de empezar a ser independiente. Ese curso cambió radicalmente mi forma de enfrentarme a la vida.
Mi sueño durante años fue llegar a gozar de libertad total para masturbarme cuándo y cómo más me apeteciera. Mi plan para ello se gestó casi inconscientemente y se confirmó con sorprendente exactitud, superando todas las expectativas.
Salir de casa por primera vez suponía dos cosas: buscar un piso compartido con gente que no conocía o entrar en una residencia universitaria. Tardé muy poco en desestimar la primera opción, al menos durante el primer año. Necesitaba vivir en un lugar que me proporcionara intimidad total y la residencia de estudiantes era ideal para ello. Allí dispondría, por un lado, de una habitación individual con cuarto de baño propio; y, por otro, de un comedor común en el que pasaría horas y horas rodeado de buena gente. Ideal.
Ese año tuve la ocasión de vivir uno de los mejores años de mi vida. Y, si a mi vida onanista se refiere, sin duda fue un año de clímax.
Mis prácticas allí empezaron desde el primer día. No sé ni por dónde empezar. Os cuento.
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