Reflexiones sobre la masturbación
Me masturbo porque me gusta y quien no lo haga que tire la primera piedra. Me gusta hacerlo, contarlo, verlo, hablar sobre ello... Me pone cachondo que ellas lo hagan también. Siento un placer excepcional sintiendo entre mis manos mi erguida verga como lo siento acariciando con mis dedos el húmedo clítoris de mi pareja.
Mis fantasías son, en su mayor parte, masturbatorias. La última y más vibrante masturbarme delante de una desconocida mientras ella lo hace también mientras me mira. Sin tocarnos.
No es la única. Las tengo mucho más irrealizables como aquella en la que, invisible, entro en la habitación de alguna amiga mientras ella despliega todo su arte. Ella se masturba durante largo rato hasta que tiene un intenso, húmedo y prolongado orgasmo. Sin percatarse nunca de mi presencia, claro.
La sensación de masturbarme mientras otros lo hacen me cautiva. Sobre todo si son mujeres. Sueño con masturbarme escandalosamente en la intimidad de mi cuarto mientras una chica lo hace en el de al lado. Nunca nos vemos, nunca hablamos, pero el hecho de saber lo que hacemos nos excita mutuamente y nos une mucho más allá que espiritualmente. Casi nos amamos.
La masturbación es el gran tabú de nuestros días, si bien lo es de manera diferente para ellos y para ellas. Ellos lo proclaman a los cuatro vientos y se jactan de ello ante sus amigos del alma. Nunca ha sido mi caso. Ellas lo hacen sin que nadie se entere, sigilosas, en silencio, pero lo viven mucho más intensamente que nosotros. Estoy seguro de ello. En este sentido, mi espíritu femenino está más acusado que el masculino.
Soy un poco exhibicionista. Declaro que he enseñado mi acto por Internet a chicos y a chicas. Son como pajas asistidas. Ellas nunca me lo enseñaron a mi. Las comprendo y las apoyo: yo tampoco lo haría. Internet está lleno de vídeos grabados por desgraciados sin respeto ni empatía alguna hacia el ser humano. Les deploro.
Todos hemos hecho cosas y experimentado juegos masturbatorios que no declararíamos ni locos. Aún así, los repetimos e, incluso los superamos.
Me quiero masturbar. Estoy solo y no vendrá nadie hasta la noche. Disfruto de mi cuerpo porque es mío, porque puedo y porque quiero. Esta vez quiero prolongarlo. Me siento poderoso, seguro, tranquilo. Mi indumentaria, los calcetines y una camiseta. Lo haré solo porque no tengo compañía pero soñando en ellas. Tal y como antes he descrito. Me dais morbo. Lástima que la realidad supere siempre a la ficción...
Mis fantasías son, en su mayor parte, masturbatorias. La última y más vibrante masturbarme delante de una desconocida mientras ella lo hace también mientras me mira. Sin tocarnos.
No es la única. Las tengo mucho más irrealizables como aquella en la que, invisible, entro en la habitación de alguna amiga mientras ella despliega todo su arte. Ella se masturba durante largo rato hasta que tiene un intenso, húmedo y prolongado orgasmo. Sin percatarse nunca de mi presencia, claro.
La sensación de masturbarme mientras otros lo hacen me cautiva. Sobre todo si son mujeres. Sueño con masturbarme escandalosamente en la intimidad de mi cuarto mientras una chica lo hace en el de al lado. Nunca nos vemos, nunca hablamos, pero el hecho de saber lo que hacemos nos excita mutuamente y nos une mucho más allá que espiritualmente. Casi nos amamos.
La masturbación es el gran tabú de nuestros días, si bien lo es de manera diferente para ellos y para ellas. Ellos lo proclaman a los cuatro vientos y se jactan de ello ante sus amigos del alma. Nunca ha sido mi caso. Ellas lo hacen sin que nadie se entere, sigilosas, en silencio, pero lo viven mucho más intensamente que nosotros. Estoy seguro de ello. En este sentido, mi espíritu femenino está más acusado que el masculino.
Soy un poco exhibicionista. Declaro que he enseñado mi acto por Internet a chicos y a chicas. Son como pajas asistidas. Ellas nunca me lo enseñaron a mi. Las comprendo y las apoyo: yo tampoco lo haría. Internet está lleno de vídeos grabados por desgraciados sin respeto ni empatía alguna hacia el ser humano. Les deploro.
Todos hemos hecho cosas y experimentado juegos masturbatorios que no declararíamos ni locos. Aún así, los repetimos e, incluso los superamos.
Me quiero masturbar. Estoy solo y no vendrá nadie hasta la noche. Disfruto de mi cuerpo porque es mío, porque puedo y porque quiero. Esta vez quiero prolongarlo. Me siento poderoso, seguro, tranquilo. Mi indumentaria, los calcetines y una camiseta. Lo haré solo porque no tengo compañía pero soñando en ellas. Tal y como antes he descrito. Me dais morbo. Lástima que la realidad supere siempre a la ficción...





