Curiosidad
El fluir del tiempo no tiene tregua. Hace casi diez meses empecé con mi gran relato existencial. Horas y horas dedicadas al ejercicio sexual, en su mayor parte en soledad, que ahora he compartido con vosotros.
Aún tengo muchas cosas que contar.
El tiempo que medió entre el fin de mi virgo sexual y el máximo apogeo cibernético fue de una intensidad irreductible. Completamente conocedor de todas mis posibilidades individuales, toda mi curiosidad se concentró en conocer todos los detalles del sexo en las mujeres. Cómo lo viven, cómo lo sienten, cómo reacciona su cuerpo ante el sexo, la masturbación y el orgasmo. Grandes incógnitas que mi mente aún tenía y que necesitaba saciar.
Hice grandes amigas por Internet. Con todas (o con casi todas) compartí todas mis intimidades, en la misma medida en que ellas compartían conmigo las suyas. Con alguna estuve hablando más de dos años, siempre con un tono muy caliente, aprendiendo muchas cosas y soñando con algún día hacer realidad nuestros siempre inconfesables deseos. A ninguna la llegué a conocer en persona. Relaciones que mantuve hasta que ellas quisieron, siempre dentro del respeto y del deseo mutuo.
Con el tiempo fueron apareciendo unas y desapareciendo otras. A alguna aún la echo de menos.
Mi más íntima relación la tuve con Ana. No solo me enseñó cosas maravillosas, sino que también me demostró que una mujer puede tener deseos aún más intensos que los nuestros. En todos los sentidos, incluso incestuosos. Nunca la conocí, y un día desapareció de mi vida totalmente, sin dejar rastro.
Otra chica que dejó huella fue Claudia, con quien tuve una breve pero satisfactoria relación. El hecho más destacado fue compartir por teléfono, sin mediar palabra, su masturbación y orgasmo. En su caso fue el sentimiento de culpa lo que hizo que un buen día decidiera dar fin a nuestro secreto.
Mis grandes temas de conversación eran la masturbación femenina y la pérdida de la virginidad. Mi gran curiosidad, el orgasmo en la mujer y la humedad que genera. Su tacto, su olor, su sabor... La vagina en general era y es mi gran pasión. Mi morbo más inconfesable: la eyaculación femenina.
En definitiva, horas y horas de conversaciones cibernéticas que dieron luz sobre un mundo que nunca tiene la luz suficiente.
Continuará...
Aún tengo muchas cosas que contar.
El tiempo que medió entre el fin de mi virgo sexual y el máximo apogeo cibernético fue de una intensidad irreductible. Completamente conocedor de todas mis posibilidades individuales, toda mi curiosidad se concentró en conocer todos los detalles del sexo en las mujeres. Cómo lo viven, cómo lo sienten, cómo reacciona su cuerpo ante el sexo, la masturbación y el orgasmo. Grandes incógnitas que mi mente aún tenía y que necesitaba saciar.
Hice grandes amigas por Internet. Con todas (o con casi todas) compartí todas mis intimidades, en la misma medida en que ellas compartían conmigo las suyas. Con alguna estuve hablando más de dos años, siempre con un tono muy caliente, aprendiendo muchas cosas y soñando con algún día hacer realidad nuestros siempre inconfesables deseos. A ninguna la llegué a conocer en persona. Relaciones que mantuve hasta que ellas quisieron, siempre dentro del respeto y del deseo mutuo.
Con el tiempo fueron apareciendo unas y desapareciendo otras. A alguna aún la echo de menos.
Mi más íntima relación la tuve con Ana. No solo me enseñó cosas maravillosas, sino que también me demostró que una mujer puede tener deseos aún más intensos que los nuestros. En todos los sentidos, incluso incestuosos. Nunca la conocí, y un día desapareció de mi vida totalmente, sin dejar rastro.
Otra chica que dejó huella fue Claudia, con quien tuve una breve pero satisfactoria relación. El hecho más destacado fue compartir por teléfono, sin mediar palabra, su masturbación y orgasmo. En su caso fue el sentimiento de culpa lo que hizo que un buen día decidiera dar fin a nuestro secreto.
Mis grandes temas de conversación eran la masturbación femenina y la pérdida de la virginidad. Mi gran curiosidad, el orgasmo en la mujer y la humedad que genera. Su tacto, su olor, su sabor... La vagina en general era y es mi gran pasión. Mi morbo más inconfesable: la eyaculación femenina.
En definitiva, horas y horas de conversaciones cibernéticas que dieron luz sobre un mundo que nunca tiene la luz suficiente.
Continuará...





