Calor y masturbación en verano
Hace bastante tiempo que no actualizo el blog. Mea culpa. Tal vez el haberme aproximado al presente me ha hecho perder la linealidad en el relato, yendo más herrático de lo esperado, perdiendo el entusiasmo de los inicios. La llegada del verano, del calor, del hastío estival, ha devuelto mi vida a prácticas del pasado, a situaciones que me hicieron ser grande en el mundo de la masturbación. Mi mente se ha vuelto a llenar de planes de futuro, de fantasías realizables, de sensaciones que quiero probar y alcanzar.
Estoy de vacaciones. Horas y horas de tiempo libre que aprovecho para ver películas, leer libros, navegar, charlar, salir con los amigos... Y para mi hobby favorito. Sigo siendo un adicto. Me encanta masturbarme.
Tal vez en los últimos posts habreis visto reflejada mi rutina masturbatoria. Durante los últimos meses, he tenido tardes enteras de soledad en mi casa, tardes que, por supuesto, he aprovechado vaciando mis testículos de ponzoñosos hungüentos, pero con una rutina que pudo llegar a ser el principio del fin. Ahora lo veo claro. Debería de haberme dado cuenta antes. La innovación, la búsqueda de nuevas metas es algo fundamental en el sexo, no solo en pareja, sino también en lo que autosatisfacción se refiere.
El verano, las vacaciones, los nuevos horarios, los nuevos entornos me han devuelto a viejas y mejores etapas. Tiempos en los que masturbarme era cada día un arte. Momentos en los que era el cuerpo el que me decía el momento más adecuado y satisfactorio y no viceversa. Lo carnal sobre el tiempo y no el tiempo sobre lo carnal. Tener horarios de soledad ha sido siempre mi sueño pero, una vez cumplido, me doy cuenta del mal que puede hacer.
En definitiva, las vacaciones me han dado fuerzas y nuevas ideas para tener un retorno a la vida diaria en el que planifico plena intensidad pajillera. Toquemos madera.
La luz, hace unos días. O mejor dicho, hace unas noches. Hice el descubrimiento de la temporada.
Corría el mes de diciembre cuando os contaba que, hace muchos años, utilizaba un adaptador para ver la televisión a través de mi videoconsola portatil. El motivo que me llevó a comprar dicho adaptador: ver las películas porno que los sábados se emitían por las cadenas locales de mi zona. Sin que nadie se enterara.
La Game Gear hace años que fue jubilada, pero ahora ha hecho acto de presentación en mi vida la PSP de Sony. La consola no es nueva. Hace casi un año que la tengo. Pero, como venia diciendo, hace unas noches descubrí un nuevo uso, genial y de gran futuro.
Para los que no me conozcais os digo que vivo en un piso alquilado con unos compañeros. Actualmente estoy pasando unos días en casa de mis padres, lugar en el que estoy pasando gran parte de las vacaciones. La intimidad es aquí prácticamente inexistente. Tras años sin verme en esta situación, mi mente vuelve a tener que volar para encontrar momentos y lugares en los que satisfacerme sin levantar sospechas. Os remito a la lectura de toda mi época pre-universitaria para guiaros en este tema.
La PSP, de repente, se alzó como la solución. De madrugada, en mi caluroso cuarto, ventana abierta de par en par, recién apagada la luz, escasa ropa... Y caliente, muy caliente, por dentro. No podía evitarlo, necesitaba meneármel. Desesperado, miré a mi alrededor... Y allí estaba. La encendí. A oscuras y en silencio, como antaño hiciera con la Game Gear. Solo que esta vez, estuve navegando por Internet por páginas que tengo en mi mente grabadas a fuego.
Fue espectacular. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien yo solo. Cerca de dos horas masturbándome, mirando cuerpos de infarto, leyendo relatos ardientes. Genial.
Un nuevo mundo se vino a mi mente. No solo tengo que esperar a la silenciosa noche, sino que también me la puedo llevar al cuarto de baño y navegar allí con ella. Mi próximo objetivo: cargar de imágenes y de vídeos la memoria de la consola para disfrutar de ella también en mis viajes a lo largo del año.
Esto es todo por ahora. De aquí a que termine las vacaciones, prometo actualizar al menos otra vez más. Mientras tanto, y para no parar el ritmo por nuevas faltas de ideas, me presento voluntario a que me inundeis a preguntas, sobre mí mismo y sobre mi masturbación claro. Las responderé en próximos posts.
Continuará...
Estoy de vacaciones. Horas y horas de tiempo libre que aprovecho para ver películas, leer libros, navegar, charlar, salir con los amigos... Y para mi hobby favorito. Sigo siendo un adicto. Me encanta masturbarme.
Tal vez en los últimos posts habreis visto reflejada mi rutina masturbatoria. Durante los últimos meses, he tenido tardes enteras de soledad en mi casa, tardes que, por supuesto, he aprovechado vaciando mis testículos de ponzoñosos hungüentos, pero con una rutina que pudo llegar a ser el principio del fin. Ahora lo veo claro. Debería de haberme dado cuenta antes. La innovación, la búsqueda de nuevas metas es algo fundamental en el sexo, no solo en pareja, sino también en lo que autosatisfacción se refiere.
El verano, las vacaciones, los nuevos horarios, los nuevos entornos me han devuelto a viejas y mejores etapas. Tiempos en los que masturbarme era cada día un arte. Momentos en los que era el cuerpo el que me decía el momento más adecuado y satisfactorio y no viceversa. Lo carnal sobre el tiempo y no el tiempo sobre lo carnal. Tener horarios de soledad ha sido siempre mi sueño pero, una vez cumplido, me doy cuenta del mal que puede hacer.
En definitiva, las vacaciones me han dado fuerzas y nuevas ideas para tener un retorno a la vida diaria en el que planifico plena intensidad pajillera. Toquemos madera.
La luz, hace unos días. O mejor dicho, hace unas noches. Hice el descubrimiento de la temporada.
Corría el mes de diciembre cuando os contaba que, hace muchos años, utilizaba un adaptador para ver la televisión a través de mi videoconsola portatil. El motivo que me llevó a comprar dicho adaptador: ver las películas porno que los sábados se emitían por las cadenas locales de mi zona. Sin que nadie se enterara.
La Game Gear hace años que fue jubilada, pero ahora ha hecho acto de presentación en mi vida la PSP de Sony. La consola no es nueva. Hace casi un año que la tengo. Pero, como venia diciendo, hace unas noches descubrí un nuevo uso, genial y de gran futuro.
Para los que no me conozcais os digo que vivo en un piso alquilado con unos compañeros. Actualmente estoy pasando unos días en casa de mis padres, lugar en el que estoy pasando gran parte de las vacaciones. La intimidad es aquí prácticamente inexistente. Tras años sin verme en esta situación, mi mente vuelve a tener que volar para encontrar momentos y lugares en los que satisfacerme sin levantar sospechas. Os remito a la lectura de toda mi época pre-universitaria para guiaros en este tema.
La PSP, de repente, se alzó como la solución. De madrugada, en mi caluroso cuarto, ventana abierta de par en par, recién apagada la luz, escasa ropa... Y caliente, muy caliente, por dentro. No podía evitarlo, necesitaba meneármel. Desesperado, miré a mi alrededor... Y allí estaba. La encendí. A oscuras y en silencio, como antaño hiciera con la Game Gear. Solo que esta vez, estuve navegando por Internet por páginas que tengo en mi mente grabadas a fuego.
Fue espectacular. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien yo solo. Cerca de dos horas masturbándome, mirando cuerpos de infarto, leyendo relatos ardientes. Genial.
Un nuevo mundo se vino a mi mente. No solo tengo que esperar a la silenciosa noche, sino que también me la puedo llevar al cuarto de baño y navegar allí con ella. Mi próximo objetivo: cargar de imágenes y de vídeos la memoria de la consola para disfrutar de ella también en mis viajes a lo largo del año.
Esto es todo por ahora. De aquí a que termine las vacaciones, prometo actualizar al menos otra vez más. Mientras tanto, y para no parar el ritmo por nuevas faltas de ideas, me presento voluntario a que me inundeis a preguntas, sobre mí mismo y sobre mi masturbación claro. Las responderé en próximos posts.
Continuará...





