De dónde he heredado algunas de mis manías...
Pues ya que no ha habido novedades en mi vida (bueno, si las ha habido, pero no las puedo contar aquí...todavía), haremos como en la televisión...no pasaremos un capítulo repetido, pero en esta ocasión el argumento se centrará en un personaje muy importante en mi vida (y ya se darán cuenta de donde he heredado varias características), así es... se trata de mi abuela materna, llamada cariñosamente por sus nietos como "Mamá Candita".
Candelaria Morales tiene como 65 años (años mari, por supuesto, en la realidad tiene 80) y es todo un personaje. Nació, sigue viviendo y seguramente verá la luz de su último día en su bien amada Tonalá, Chiapas.
Mamá Candita, por no dejar, es mi abuela materna y dentro de su entorno pueblerino es bien conocida y respetada por su comunidad, la cual tiene ese aire de sencillez y desparpajo que nada tiene qué ver con lo mundano.
Si a las 5:00 a.m. asistes al único y antiquísimo mercado que está en la calle detrás de la plaza principal, verás a Mamá Candita, comprando verduras y legumbres mientras se pelea y regatea los productos con la vendedora.
Mamá Candita no está sorda (sobre todo cuando así le conviene) pero por alguna desconocida razón, si uno quiere entablar conversación con ella, no hay otro modo más que a gritos y sombrerazos, lo cuál se vuelve en ocasiones muy divertido, ya que por su falta de verguenza, habla a gritos sin que le preocupe en lo más mínimo la opinión pública (ahora ya saben de quien heredé lo de hablar fuerte).
Un día, que la acompañé al mercado (a las 7 de la mañana ¡por Dios!) Mamá Candita observa a un señor sentado en el puesto de las quesadillas.
- Ya viste a ese gordo? Qué manera de comer! En lo que llevo aquí se ha tragado 3 quesadillas, 2 sopes y 3 cochinitos de pan! Qué bárbaro, jijo de la mañana! Yo nomás sigo aquí comprando para verlo tragar.
- ¡Shhhh! Cállate Mamá Candita, que te van a oir, no ves que está sentado aquí al ladito!!
El gordo en cuestión, se da por aludido y mientras se come el cuarto cochinito de pan, nos lanza miradas mortales.
- Qué?? Quien?? Yo puedo gritar lo que se me venga en gana, que al cabo aquí nadie me mantiene. Faltaba más!
- Si, nomás que el gordo es sobrino de Doña Eduviges - le dije en voz baja
- A dió?? Es sobrino de Viges Peña?? La que fue compañera mía de la primaria??
- Si, la misma.
- A dió?? Oyes y ya se murió Viges?
- Que no la saludaste ayer en la Plaza! Andaba paseando a sus bisnietos.
- Me llevan los pingos!! Pos dices bien, si ayer la vi. Pero si no me acuerdo de lo que hice hace rato, menos de lo que hice ayer - y me dice tomándome del brazo - Bien haiga que tu estás nueva para que me lo recuerdes, mija.
- Ya ves, calladita te ves más bonita. Andale, deja de pelear por el precio de las guayabas y vámonos.
Después de pagar las verduras, nos encaminamos hacia el final del mercado, pasando frente al puesto de quecas, no sin antes que Mamá Candita se dirija a la vendedora de las fritangas y le diga a grito abierto:
- Y usté! Ya no le de de tragar a ese gordo qué le va a dar un infarto!
- Y tú ... (dirigiéndose al gordo que a ésas alturas se estaba atragantando con una gordita de requesón)...salúdame a tu tía Viges, qué caray!
Los demás nos ven entre risas nerviosas y todos se despiden de Mamá Candita, menos el gordo indignado, por supuesto.
- Adiós Cande, que tenga buen día...Adiós Doña Candelaria, me saluda a Don Gilberto (que es mi abuelo)...Ah que Candita!...Adiós!
Mi abuela se despide de todos sintiéndose el Presidente Municipal. Yo sufro de pena.
También podrás encontrar a Mamá Candita por las mañanas en su casa, lavando, barriendo y trapeando mientras canta “allá en el rancho grande...”. Mi abuelo (Papá Gil), ya que es un jubilado ferrocarrilero, le ayuda en las faenas diarias y tiene más o menos su misma edad.
- Qué pasó, Gil?? No has barrido el patio??
- Pos no Cande, no ves que estoy deshierbando primero??
- Ah, que Gil tan lento! Pos apriétale el paso, porque en una de ésas nos morimos de viejos y tu no acabas de quitar la hierba.
- Ah que Cande tan acelerada!
- Qué dijistes, Gil?
- Que también hay que hacer el pozo!
- Cuál pozo, tú?
- El pozo para plantar el naranjito nuevo (porque en el patio tienen árboles de mango, tamarindo, nanche, limones, y demás)
- Ah sí, dices bien.
- Oye Cande, no he visto a los perros.
- Cuáles perros?
- Pos los perros callejeros, cuáles van a ser? (han de saber que en casa de mi abuela se les da de comer a perros o gatos que se llegan a colar al patio)
- Ahhhh! Los colgué del pescuezo a los jijos de su pelona. Allá están colgados de una viga, camino al limonero.
- Pero cómo, Cande?? Que ocurrencias y por qué los matastes?
- Porque no dejaban de tragar los desgraciados y me mataban las gallinas.
- Ah, que Candita tan ca**ona!
- Qué dijistes, Gil?
- Que hace mucho calor!…
- Ahora si te oí, Gil...se te va a secar el hocico por retobón!
- Ni hablar, de qué la perra es brava...hasta a los de la casa muerde! Jaja, ah que Candita tan canija!
Cuando hay fiestas en la casa, y Mamá Candita está en la cocina, sus "ahijados" corren alrededor de ella (por que habrán de saber que en el pueblo, todos son compadres y comadres) tiene tantos "ahijados" que no acierta a saber qué niño es de qué compadre, mucho menos sabe los nombres.
Mamá Candita observa a un pequeñín jugando con un carrito. El infantín grita desaforado mientras da vueltas en círculos en torno a Mamá Candita que sigue cocinando, quien a éstas alturas, se encuentra mareada con tanto movimiento.
- Juan...Pedr...Martín...Chucho...Ricar....tú, niño ca**ón! Ven pa’ca!
- Qué pasó Mamá Candita? - le digo viendo su apuración.
- Quien es este niño que trae chincuales en la cola?... no ha parado de correr en toda la tarde! Estoy que me lleva la que me trajo!
- Es Marcelito, el de tu compadre Juan Carlos.
- Pues será el sereno, pero a mí ya me marió el móndrigo escuincle!
- Pues es un niño, tiene que andar jugando y corriendo por ahí.
- Además, esta re-feo! Si nomás le falta el plátano a la criatura para parecer chango.
- Cállate Mamá Candita! No te vaya a oir y se le haga trauma al niño.
- Dices bien! Bastante tiene con estar feo. Que siga feo pero seguro de si mismo...(Mamá Candita poniéndose los lentes)...Pos ora que lo veo bien, no está tan feo, mija, nomás se pasó un poco de tueste.
Marcelito se acerca a Mamá Candita y le da un carrito invitándola a jugar. Mamá Candita sonrie y le alborota el pelo con su mano arrugada.
- Bien haiga, mijo! Andele, vámos a jugar...cómo te digo que no si me sonries con esa mazorca de dientes?? Jaja, ah que muchacho tan canijo! Igual que mi compadre!...
- ¡A que Mamá Candita !!!
Tu amigocha Maricela.
Comentario:
jajajaja.
¿Ahijados? noooo, ninguno.
Eso de ser madrina allá en el pueblo, es casi ser como la segunda madre del niño.
Mmmmm, ahora que si el futuro compadre esta guapote...pues igual me animo.
Tu amigocha Maricela
¿Ahijados? noooo, ninguno.
Eso de ser madrina allá en el pueblo, es casi ser como la segunda madre del niño.
Mmmmm, ahora que si el futuro compadre esta guapote...pues igual me animo.
Tu amigocha Maricela
Comentario:
¿Y cuántos ahijaditos tienes tú entonces?
Muy agradable relato.
Muy agradable relato.





