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Me acuesto con mi jefe...
... porque mi vecino es gay.
Acerca de
Hay cuatro hombres en mi vida: mi jefe, Josep. Mi vecino, Jaime. Mi ex novio, Pierre. Y mi padre, Francesc. Y cuatro mujeres: mi mejor amiga, Magalie, por quien Pierre me dejó hace poco más de un año. La mujer de mi jefe, Lorena, que no sabe que duermo muchas noches en su cama. Mi madre, Hélène. Y mi madrastra, Sandra. Y esta es mi historia: basada en hechos casi irreales.
Sindicación
 
DIX

He tenido poco tiempo para escribir porque Josep me ha puesto tanto trabajo, que a veces ni me acuerdo de que me acuesto con él y empiezo a comentar con algunas compañeras que mi jefe es un capullo.

Creo que esto lo ha hecho por venganza igual que fue por venganza todo lo que hizo el día que salí a cenar con Julián que en resumen fue fastidiarme la noche.

Julián me recogió en casa a las nueve de la noche, puntual. Se había perfumado. Me di cuenta nada más entrar en su Ibiza rojo, entré y aspiré un perfume de hombre que te recuerda que a él le gustas, ya sabemos las mujeres qué tipo de perfume es ese.

Hablamos muy poco hasta que llegamos al restaurante, un sitio pequeño y divertido, llamado La Reina, en el Borne. Me gustó que eligiera aquel restaurante para mí, porque la dueña era francesa y estuvimos hablando en francés un rato. Tanto tema francés da para el chiste fácil, pero no, Julián fue un caballero y ni francés ni nada.

Estando en el segundo plato, y con el vino ya a punto de morir, me llamó Josep. La primera vez pues simplemente cerré la llamada. La segunda contesté rápido y le dije “este es un mal momento.” La tercera ya no tuve más remedio que disculparme ante Julián y salir fuera del restaurante.

- “¿Con quién estás?”
- “Ahora no es el momento, Josep.”
- “Lulú, no me puedes hacer esto. Quiero saber con quién estás.”
- “Pues no te lo voy a decir y ahora déjame cenar tranquila.”
- “Mañana hablaremos de esto.”

De vuelta, Julián también preguntó: “¿quién era?” y yo ya me sentí un poco agobiada, así que le dije a Julián que nos tomásemos en café en otro sitio y ya está.

Pero Josep no dejó de llamar puntualmente cada media hora y hasta Julián se sintió incómodo y la noche acabó en que me dejó en casa a las dos de la mañana y ni siquiera me pidió subir.

Pues bueno, así son las cosas.

Entonces antes de entrar en casa desperté a Jaime y él me invitó a tomar una última copa en su casa y le conté lo que me había pasado y él dijo “Josep va a acabar resultando un acosador” y yo “¿qué es una acosador?” y cuando me lo contó me di un susto y me entró miedo.

Me recosté en Jaime y me quedé dormida abrazada a él y casi pensé que esa noche pasaría por fin algo, me gusta tanto como huele Jaime, podría pasarme la vida recostada en él y oliéndole, pero no, me despertó a las cinco y me dijo: “véte a casa, niña, y mañana envías a tomar por saco al jefe de mierda ese.”

El fin de semana Jaime me llevó al cine y vimos United 93 y me impresionó mucho, pero luego me dejó en casa y se fue con el abuelo mariquita, qué asco de tío, de verdad os lo digo, pero de quien hablo es del abuelo, porque Jaime está cada día más guapo.

Pues no envié a tomar por saco al jefe de mierda ese, pero no le hablo ya, y él no hace más que darme trabajo y me tiene frita, y mientras no sé nada de Julián, al menos hasta esta mañana que me ha despertado un mensaje suyo del móvil diciendo “Lulú, ¿cenamos sin móvil mañana?”

No sé qué hacer. Me gusta Julián un poco, pero estoy inquieta por Josep, porque creo que no quiero dejar de acostarme con él. Y mientras Jaime se pasa los días bajando las escaleras y poniéndome caliente, eso no se hace, no si eres gay y yo soy hetero.

En fin, me voy a ir de tiendas esta tarde si Josep no me dice que tengo que hacer un memorando en siete idiomas a las siete de la tarde, y me voy a comprar un tanga de color rosa para que Julián me desquite del mal trago que estoy pasando, ya estoy un poco harta.

Y si pasa o no, yo os lo cuento…
 
NEUF
El lunes, de regreso a la oficina, Josep me buscó casi desesperadamente. Le veía en mi Messenger a través de cientos de ventanitas con frases cada vez más insistentes: “por favor, Lulu, habla conmigo”, “Lulu, mi niña, contéstame”, “preciosa, que estás preciosa con ese vestidito blanco, no me dejes así.” Y yo seguía trabajando más o menos como podía, asaltada por su agonía.

Veía a Lorena ir y venir contándome cosas acerca del fin de semana y yo pensando en si debía o no contestar a Josep y pensando también en Jaime, porque Jaime se ha echado un nuevo novio, un tío con pinta de mariquita de esos con pluma y todo y que por lo menos le dobla la edad.

También pensaba en mi padre, que regresó de Murcia con cara de felicidad y Sandra con cara de cornuda. En quien no pensé nada fue en Rafa y sus pósters del Nacional Geographic. Pero Andrea no tardó en recordármelo: “el primo de Maite dice que le llames.”

- “Quién es el primo de Maite?”
- “Ese con el que estuviste fumando toda la noche hasta que desapareciste con él y ya no se os vio más.”

Pues pasé mucha vergüenza al darme cuenta de que Andrea se había enterado de todo y entonces le pedí que no contara nada a Papá y a Sandra y ella me dijo: “vale, pero si yo me largo con un tío a fumar porros una noche, tú te callas también.”

El martes Josep me llamó a su despacho y me pidió que llevara el portafirmas. Al entrar en el despacho cerró la puerta tras de mí.

- “Lulu, cómo puedo expresarte cuánto lo siento?”
- “No sé. Qué tal si me subes el sueldo?”
- “Lulu, hablo en serio.”
- “Yo no sé qué decir, Josep. Me sentí como una estúpida, esperándote tantas horas.”
- “Imaginas como me sentí yo? Con Lorena que no me soltaba ni un minuto, sin poder avisarte, sin poder decirte nada.”
- “Ese es tu problema, el casado eres tú.”
- “Mi niña, te quiero, te quiero como nunca he querido a nadie. Por favor, no me dejes.”

Y se puso frente a mí y me tomó la cara y me abrazó tiernamente pero yo seguía pensando que por su culpa había acabado fumando porros y acostándome con un tío que resulta que es el primo de Maite. Y quién coño es Maite? Se lo tendré que preguntar a Andrea.

Pues vale, bueno, le perdoné cuando me llevó a cenar a La Torre del Mar y luego hicimos el amor en su coche y me puso a Astor Piazzola y su Milonga del Ángel y allí en el coche con aquella impresionante canción me reconcilié con Josep y con el mundo entero.

Regresé muy de madrugada a casa y me dormí recordando los orgasmos de Josep en mi cuerpo hasta que sonó mi móvil y era Julián, el jefe de equipo que conocí en el Congreso, que le llamé Roberto pero he cambiado el nombre porque he visto que Amanda ha escrito algo de un tal Roberto y luego me decís que yo soy Amanda y yo no soy Amanda.

Pues Julián me dijo: “Y esa cena que me debes?”

Y yo: “A las ocho de la mañana?”

- “Nunca has cenado a las ocho de la mañana? Aquí en España se hace mucho. En París no?”
- “En París hace mucho frío a las ocho de la mañana.”
- “Pues ya que en París no se hace, te llevaré a cenar a las nueve de la noche, qué te parece?”
- “Que vale, pero que ya te dije que no sé si era buena idea.”
- “Pues si no lo hacemos, no lo sabremos nunca.”

Cuando Josep me dijo que durmiéramos en casa esa noche porque Lorena está en Madrid viendo locales, yo le dijo que no podía que tenía una cena.

- “Una cena? Con quién?”
- “Y a ti que te importa!”
- “No me puedo creer que después de la noche de ayer, hoy te vayas con alguien a cenar.”
- “Ayer fue muy bonito, Josep, pero hoy no me apetece dormir contigo. Hoy salgo a cenar.”

Y se quedó un poco mal, pero bueno, yo de verdad quería ir con Julián a cenar.

Y así me preparé para la cena. Me vestí con un vaquero gastado y una camiseta blanca de tirantes que me queda bastante bien. Antes de salir fui a ver a Jaime. Le conté que me iba a cenar con un chico que había conocido en Canarias y esperé que se pusiera celoso pero me preguntó que si estaba bueno y luego dijo que si a mí no me gustaba que se lo pasara, que el abuelo mariquita ya le estaba cansado.

Y así me fui a mi cena con Julián. Mi primera cena en serio con un chico soltero desde que Pierre me dejó.

Pero lo que pasó os lo cuento otro día, porque todavía estoy recuperándome…
 
HUIT

Estoy preocupada por lo que me contó Sandra acerca de papá, pero he decidido no pensar en ello hasta que no tenga la seguridad de que es del todo cierto. Pues entonces pensé que le pediría a Josep que me llevara a pasar el fin de semana juntos y él dijo “Pero Lulu, ¿te has vuelto loca?” y yo le dije “Pues loca no lo sé, pero yo quiero que me lleves a pasar el fin de semana a algún sitio.”

Lorena entró en ese momento en el despacho, porque aunque se combinan las vacaciones para poder estar cada uno de ellos un mes con los niños, ella entra y sale del trabajo como si estuviera en su casa. Esto no es del todo anormal, puesto que es la Directora de Expansión y su marido el Director Comercial.

Dejamos de hablar de aquello y yo me puse a terminar unas cuantas cosas y entonces Josep apareció en mi messenger y me preguntó que a dónde quería que me llevara y yo le dije que quería conocer Sitges y él dijo que lo organizaría todo.

El viernes preparé una maleta pequeña y puse tres o cuatro trajes de baño y dos toallas y muchos tangas que a Josep le gusta quitármelos y esperé en el portal de casa a que él viniera a recogerme a las ocho.

Pues no apareció.

Ni a las ocho ni a las nueve ni a la diez.

Llamé a su móvil y estaba apagado y le grité al móvil “vete a la mierda cabrón” pero en francés, algo así como “va te faire foutre, connard” pero esto no me ayudó mucho.

De regreso a casa, mi padre me sorprendió llorando en la habitación y no preguntó nada, sólo me dio un abrazo y luego me dio cincuenta euros y me dijo: “ve a tomarte algo con alguna amiga, anda.”

Pero yo no tengo amigas aquí.

A los diez minutos y justo cuando estaba a punto de sentarme a la mesa con todos a cenar, Andrea, la hija de Sandra pero que no es la hija de mi padre si no sólo de Sandra y de su ex marido, apareció por la puerta y me dijo: “oye, Lulu, ¿te apetece venir a una fiesta conmigo?”

Con Andrea he salido dos o tres veces, ya he contado que tiene 18 años, y sus amigos también, pero me cae bien y yo estaba sola y llorando, pues que mejor que salir un rato con mi hermanastra favorita.

Pues no sé que debió de pasar en esa fiesta, me hago una idea, entre el alcohol, los universitarios, el verano, el calor y mis ganas de enviarlo todo a la mierda.

Pero yo desperté el sábado en la cama de un tío de 26 años llamado Rafa en un apart de 30 metros cuadrados con muchos pósters de tigres, leones y safaris fotográficos y olor a incienso y a porro todo mezclado.

Regresando a las doce del mediodía, aun con mi vestido negro de fiesta empapado en olor a tabaco y a resaca y a sentimiento de culpa, desee cruzarme con Jaime y echarme a sus brazos a llorar, pero lo que me encontré fue un mail en mi pc de Josep y sólo decía: “perdóname, Lulu, no me odies por esto, no me odies por favor. Te quiero mi amor.”

Es la primera vez que Josep me dice “te quiero” y ya no sé si odiarle o echarme a llorar otra vez por sus hermosas palabras.
 
SEPT.
Mis padres se separaron cuando yo nací, por lo que está bastante claro que se casaron porque yo iba a nacer. Mi padre era entonces un recién licenciado en derecho que estudiaba su último año en París y conoció a mi madre en una fiesta y se dedicaron a hacer cosas muy bonitas pero muy guarras porque si no no se entiende que yo naciera.

No tengo ni idea de cómo ni porqué exactamente se separaron, el caso es que tuve suerte y se llevaron (y llevan) realmente bien y yo pude compartir a ambos y además a ambas ciudades (París y Barcelona.)

De mamá hablaré otro día, porque es tan largo de contar que monopolizaría el blog. Papá en cambio, es un hombre de vida parca, serena, clásica.

Regresó a Barcelona tras el divorcio y empezó a trabajar. Las cosas le fueron bien y se subió en el dólar o en el euro, en realidad se subió en la peseta hasta que la peseta murió.

Pues muchos años después se enamoró de la mujer de su socio, Enric, y se lió una gorda y Enric envió a la mierda el bufete de papá y de paso a su mujer. Mi padre volvió a empezar y no aprendió nada, porque unos años más tarde se enamoró de Sandra que era la esposa de uno de sus clientes. El cliente también le envió a la mierda, pero esto ya era menos grave.

Sea como sea, ellos se casaron y tuvieron un hijo más y un cliente menos.

Sandra tiene ahora 43 años y papá tiene 55. Mi padre sigue siendo clásico, parco y sereno. Se levanta por las mañanas, se toma un café, se va a trabajar y regresa a las nueve de la noche para cenar todos juntos.

Sandra en cambio, es un vendaval de emociones.

Se pasea por la cocina con un conjunto de la Perla negro y cuando mi padre está a punto de salir de casa con su maletín le dice: “cariño, estás seguro de que quieres irte ahora?” y esto lo hace pasándose la mano por el tirante del sujetador.

Andrea, su hija de dieciocho años, le dice: “mamá, no seas salida” y mi padre: “Sandra, no seas cruel.” Yo le tapo los ojos a Sergi.

Pues yo creo que papá que es encantador, y bueno y trabajador y todo un padrazo, es aburrido a rabiar y Sandra es encantadora y buena y trabajadora y toda una madraza, pero divertida para morirse de la risa.

Poco a poco vamos conectando, ella y yo.

Cuando le conté lo de Josep me dijo: “no te preocupes, Lulu. A mí me pasó lo mismo y me enamoré de quien no debía, porque yo ya estaba casada” y yo le dije: “pero yo no estoy enamorada de Josep, yo estoy enamorada de Jaime” y entonces ella me dijo: “pues yo te puedo aconsejar para tener al tal Josep loco por tus huesos, pero de Jaime no te puedo decir nada porque ni siquiera he tenido un amigo gay.”

Entonces dice que se quiere venir conmigo a la próxima fiesta gay, a ver si tiene algún amigo gay que todas sus amigas tienen uno y ella no.

Ayer estábamos solas las dos porque papá está de viaje con Sergi a ver a la abuela que vive en Murcia, y Andrea estaba en casa de una amiga.

Cenamos foie que me envió mi madre desde el Cap D’Antibes y un vino de Ribera del Duero llamado Condado de Haza y nos pusimos bolingas y ella venga a contarme cosas que le hace a mi padre y yo muerta de vergüenza pero tomando nota, no veas lo que sabe mi madrastra!

Y cuando íbamos a acostarnos ya me dijo de pronto:

- Lulu, tú sabes que yo quiero a tu padre por encima de todo, verdad?
Y yo:

- Claro, Sandra, por qué me dices eso ahora?

Y entonces ella se encendió un cigarrillo y dio una calada, así muy trascendente, y yo pensé “joder, ahora me va a decir que le pone los cuernos a mi padre” y ella dijo: “creo que tu padre tiene una aventura.”

Pues estoy descolocada. Será mi padre como Josep? No, eso sí que no.


 
SIX
A las seis de la tarde, llegando del trabajo, me encontré a Jaime bajando las escaleras. Yo tengo la costumbre de subir hasta mi quinto piso caminando, a pesar de que tenemos un flamante ascensor. Y Jaime tiene la costumbre de bajar desde su tercero dando esos pasitos de mariquita, a mí me hace reír porque pasa por mi lado y me dice: “has visto?, ni Norma Duval ni ná!”

No tengo ni idea de quién es Norma Duval, lo he buscado por Internet y lo único que encuentro son noticias de que se acostaba con un hombre feísimo casado y éste se divorció y ahora la ex mujer de éste le intenta sacar mucha pasta y también está el ex marido de ella que tiene 60 años y actúa como si tuviera 20. Pues imagino que Norma Duval es una diva de esas que bajaba escaleras con mucho glam.

Entonces me dice Jaime: “Lulu, preciosa, te vienes a una fiesta gay?”

Y yo: “y a mí que se me ha perdido en una fiesta gay?”

Y él: “a lo mejor conoces allí a la mujer de tu vida.”

Bueno, pues fui (pero no por lo de la mujer de mi vida, más bien para ver si Jaime se emborrachaba y acababa declarándome que, en realidad, no es gay, si no que está enamorado de mí.)

Jaime esperó a que me vistiera y me llevó a un piso cerca de la Sagrada Familia, donde nos abrió la puerta un tío con un porro en la boca y una boa de esas de star color azul al cuello. Yo pensé que me había metido en el rodaje de una película de Hollywood: en el salón había un montón de tíos fumando y bailando una música rarísima, algunos vestidos a lo Drag Queen y algunas tías con pinta de lesbianas.

Jaime se puso a charlar con un amigo y yo me quedé arrinconada. Me serví una copa de un ponche que ni idea de lo que había y me quedé media hora así, mirando y tratando de que Jaime me hiciera algo de caso.

Entonces se me acercó una tía, y yo “ya estamos. Ahora le tendré que contar que soy hetero” y entonces dijo: “Lulu, Lulu, qué haces aquí, tú también entiendes?”

Y yo pensando, “qué quiere decir eso de si entiendo” y entonces caí que era María del Mar la de Compras de mi empresa.

Pues ella muy animada y hasta contenta:

- Joder, tía, no sabes cuánto me alegro. Estoy hasta los huevos de los reprimidos de la empresa y yo sin poder contar que soy less.
- Pero yo no lo soy.
- Tranquila, no diré nada. Pero es curioso porque por la ofi todo el mundo comenta que estás liada con Josep, jajajajaja, serán tontos.

Claro, eso fue peor. Porque estuve a punto de decirle que sí, que estoy liada con Josep y no soy less o lo que sea, pero no podía, así que preferí decirle que soy less. Joder, en menuda historia me he metido.

Pues la fiesta acabó divertida y a las tres de la mañana Jaime me dijo que nos íbamos. Se había cabreado con un tío no sé por qué.

Regresamos a casa y yo iba preocupada y entonces le conté qué me había pasado y él se empezó a reír:

- Lulu, eres la tía más ingenua que he conocido en mi vida.
- Lo que soy es gilipollas.
- No digas eso: tú eres preciosa e inteligente y tienes ese punto de inocencia tan bonito, joé, no cambies nunca.
Y dicho esto me dio un beso en los labios, sin lengua, pero en los labios.

Luego se quedó en el tercero y yo subí hasta el quinto pensando “vaya mierda, ahora todo el mundo en la ofi creerá que soy less y encima Jaime me besa como si fuera su hermana pequeña.”

Llegando a casa me encontré con Sandra despierta.

Me preguntó qué tal había ido y si quería una copa.

Le conté lo que me había pasado y entonces ella me dijo:

- Si a Josep le llega eso de que también te gustan las mujeres, se va a poner como una moto y lo tendrás rendido a tus pies durante mucho más tiempo.
- No te entiendo nada.
- Lulu, Jaime tiene toda la razón: eres completamente ingenua.

No había ya Haagen Dasz, así que al tercer cubata que nos tomamos las dos, caímos rendidas.

Luego en la cama pensé en porqué estaría Sandra despierta a esas horas. No sé, creo que tiene un amante.
 
CINQ

Josep organiza la convención anual de ventas siempre antes de las vacaciones de verano. A mí me ha vuelto loca estas últimas semanas coordinando las agendas de todos los jefes regionales y los jefes de equipo y también la de los comerciales, pero con estos he tenido un poco de ayuda de las secretarias de delegación.

Después de muchas agencias visitadas, elegimos Tenerife para pasar tres días más de 300 personas juntas, repasar las ventas, fijar nuevos objetivos y aunar metodologías. Por decisión del Director General de la compañía, no estarían invitados, esta vez, las parejas de los comerciales.

Me sentí aliviada hasta que recordé que Lorena trabajaba en la empresa y era muy probable que viniera a la convención. La simple idea de pasar tres días en Tenerife sola, sabiendo que Josep estaba en otra habitación con ella me ponía enferma.

Pero no sé cómo se lo montó él, y el caso es que Lorena no vino. Ya he dicho que me gusta mucho Lorena, o sea que os podéis imaginar lo culpable que me sentí cuando me dijo: “oye, Lulu, vigila que mi marido no haga tonterías por las noches en Tenerife!”

El viaje en avión fue de lo más divertido que me ha pasado desde que llegué a España. Allí estábamos todos los de Barcelona, contando chistes, presentándonos los unos a los otros, pidiendo más vino a las azafatas, y montando todo un escándalo.

Yo no conozco a casi nadie de la empresa, a veces sólo he hablado con algunos de ellos por teléfono y es increíble que te los imagines de una manera y luego los veas y no tienen nada que ver.

El primer día fue muy cansado. Nos instalamos en nuestras habitaciones y a las doce ya estábamos en la sala que habíamos alquilado y Josep empezó a hablar y a mí me gusta mucho verle allí arriba dirigiéndose a todos porque entonces me doy cuenta de que es el hombre más guapo de la empresa y además es el jefe y eso siempre tiene un punto de morbo.

Pues luego salieron los regionales y me pareció muy simpático el de Galicia y el de Alicante, aunque la presentación que más me gustó fue la de la única directora regional que hay en la empresa que es la de Aragón.

En la cena, me senté junto a Josep y algunos regionales y cenamos muy bien, pero yo estaba ya cansada y decidí irme y no salir a tomar copas.

A las tres de la mañana Josep llamó a mi móvil. Me desperté y le abrí la puerta: estaba llamándome desde allí mismo. Entró y me desnudó aun en una duermevela calurosa. Sentía el sabor a Ginebra de sus besos pero no me importó. Deseaba tanto hacer el amor con él que en cuanto me penetró, me dejé llevar completamente hasta que tuvimos un orgasmo casi a la vez y nos quedamos dormidos.

Cuando desperté, Josep ya no estaba. Bajé a desayunar y me senté sola para tomar un té. Después salí a la terraza del hotel para fumar y me encontré con uno de los jefes de equipo, Roberto.

- ¿Cansada?
- No, ¿por qué había de estarlo?
- No sé, se te notan unas ojeras bajo los ojos grises.
- Mis ojos no son grises.
- A ver, déjame ver… sí, son grises.
- Son azules.
- Azul grises.
- Grises azules.
- Azulón grisáceo.
- Podemos pasarnos así toda la mañana.
- No, no podemos, nos espera la jornadita de marras.

Y se fue. Bueno, es guapo Roberto. Es uno con los que hablo por teléfono habitualmente pero no había visto hasta ese día. Y me sorprendió, porque me lo imaginaba muy gordo y muy mayor, y Roberto es muy joven y muy delgado.

Esa noche, Josep cenó con todos los regionales y yo me senté con algunos jefes de equipo. Luego vi que Josep se marchaba y yo me fui a mi habitación.

La escena del día anterior se repitió. Sólo que esta vez sabía a vino caro.

Al día siguiente hicimos la clausura y yo me aburrí muchísimo. Aproveché para contactar con el servicio de autobuses del hotel y organizar el regreso al aeropuerto.

No estuve con Josep en todo el tiempo. Ni siquiera en el avión de regreso. Allí la gente seguía riendo y contando anécdotas de las dos noches pasadas y yo revisaba mis notas para hacer el resumen para la revista de la empresa.

Al llegar a Barcelona, vi como a Josep venían a recogerle Lorena y sus dos hijos. Yo tomé un taxi.

Cuando estaba a punto de subir, Roberto se presentó a mi lado y me preguntó en qué dirección iba. Le dije que vivía en Sarriá. Me dijo que él vivía en Valle Hebrón, así que podíamos coger el taxi juntos.

Una vez dentro me quedé muy sorprendida porque de pronto preguntó:

- Oye, Lulu, ¿tú tienes novio?
- No.
- Ah. Yo tampoco.
- ¿No tienes novio?
- Ni novia.
- Vaya.
- Ya. Bueno, entonces si un día te invito a salir a cenar no pasará nada, verdad?
- Yo creo que no, pero no sé si estará bien salir a cenar contigo.
- Estará muy bien, ya lo verás.

Me bajé en Sarriá y cuando llegué a casa dejé la maleta y me fui a ver a Jaime. Me dijo que estaba con alguien y volviera mañana.

Me sentí muy triste.

Y luego me comí un litro de helado Haagen Dasz y ya se me pasó la tristeza.
 
QUATRE.

Yo sigo manteniendo contacto con Magalie a pesar de lo que pasó. Cuando Pierre y ella se fueron a vivir juntos, odié tanto a Magalie que pensé que pasaría toda mi vida deseándole una desgracia.

Magalie y yo nos conocimos en el Lycée, cuando teníamos catorce años. Ella es mucho más guapa que yo, es la típica chica guapa y con éxito, siempre tiene todo lo que quiere, y además es inteligente y una excelente profesional. A Magalie le he conocido tantos novios que me es imposible recordarlos. Yo en cambio soy más normal, aunque tampoco estoy mal, pero lo cierto es que mi gran éxito fue Pierre que sin duda era el hombre más divertido, guapo, sexy e inteligente que ninguna de las dos había conocido.

Magalie tiene una fuerte personalidad pero conmigo siempre ha sido como una hermana mayor: protectora y buena. Hemos hecho muchísimas cosas juntas, desde nuestras primeras salidas a discotecas, hasta acompañarnos en nuestros pequeños dramas, como cuando ella perdió a su padre en un accidente de coche hace cinco años.

Estábamos tan unidas que era habitual que ella durmiera en mi apartamento o yo durmiera en el suyo, aunque las dos viviéramos con dos hombres, Pierre y Didier.

Lo peor que le ha pasado a mi amiga es precisamente Didier, que era un cabrón. Pero un cabrón de verdad. Didier y ella se conocieron poco después de que yo conociera a Pierre y se fueron a vivir juntos enseguida, y entre otras cosas, Didier la obligó a abortar cuando se quedó encinta a los 22 años.

Él tenía veinte años más que ella y era divorciado, con mucho dinero, pero un auténtico psicópata. A ella la trataba a patadas y yo creo que Magalie cambió muchísimo desde que empezó a vivir con él, hasta el punto que se engordó y dejó de ser la niña más guapa del mundo.

Pero fue valiente y fuerte, y envió a la mierda a Didier y encima le sacó el piso que tenían frente a la Sorbonne, un magnífico apartamento de cien metros cuadrados con dos baños completos y parquet.

Entonces Magalie adelgazó y se puso preciosa otra vez y debió de ser por aquel entonces cuando se enamoró de Pierre o al menos eso me dijo cuando, hace cinco meses, me llamó.

Yo no quería escucharla, de verdad, pero ella insistió e insistió por todos los medios, a través del teléfono, de mi mail, hablando con mi padre, con mi madre, llamando al trabajo. Así estuvo tres semanas sin parar y al final decidí escucharla para que no me agobiara más y lo que me encontré fue a una mujer angustiada por perder mi amistad.

No cesaba de llorar y pedir perdón, y explicarme que nada había sido planeado, que se enamoró de Pierre y pasó años sin saber cómo manejar esa situación y al final no pudo más y cuando él le dijo que también estaba locamente enamorado y quería estar con ella para siempre, ella tuvo que elegir entre su amiga del alma y el hombre de su vida.

Pues yo no soy demasiado romántica, sinceramente, pero me pregunté qué hubiera hecho yo en su situación y no lo sé, yo nunca he estado enamorada más que de Pierre y es verdad que desde hacía un par de años las cosas no iban del todo bien.

Y después de esa conversación, Magalie siguió llamando, para preguntarme cosas de mi vida, y le conté lo de mi jefe Josep y nos reímos y luego hablamos de Jaime y nos reímos más y así van yendo las cosas, que ahora somos amigas como al principio, contándonos nuestras vidas y riendo y apoyándonos.

Sólo hay un tema del que no se habla y es Pierre. Ella nunca habla de él y yo nunca pregunto. Magalie trabaja como abogado de empresa y me llama desde su despacho y sólo sé que se compraron un apart en Pigalle (aunque Magalie mantiene el piso de La Sorbonne, yo creo que por si acaso) y un perro que han llamado Laurent y eso me hace reír mucho porque Laurent fue el primer novio de Magalie que era un idiota total.

No sé si hago bien en perdonarla, al final ella está con mi novio, mi novio de toda la vida. Me lo quitó y resulta que aun somos amigas, más o menos, pero es que la verdad es que yo la echo mucho de menos y tengo que aprender a separar lo que hizo de mi amistad por ella.

Pero por si acaso, nunca presentaré a Josep o a Jaime a Magalie, y desde luego, nunca a mi novio si es que vuelvo a tener uno.
 
TROIS.

Como ya he contado un poco, estoy loca por mi vecino, Jaime. A mí una de las cosas que más me impresionaron cuando llegué a Barcelona, es la costumbre de hablar con todo el mundo aunque no lo conozcas.

En Paris no se hace eso. Tú hablas con quien conoces, y con el resto sólo si son camareros, porque ni siquiera hablas con la pastelera o la panadera o la de la lavandería. Pero con quien menos hablas es con los vecinos. Yo vivía en un “apart” de 40 metros cuadrados, pero en el 17ème, que para Barcelona sería como vivir en el barrio del Eixample: cerca del centro. Para entrar en Paris a tu propio “apart” tienes que componer un código en la entrada de la puerta del edificio, que sólo sabes tú. No hay porteros automáticos en la mayoría de los edificios porque todos funcionan con ese código de entrada. Por lo que si te olvidas las llaves o tienes un problema, ni siquiera puedes llamar a tus vecinos desde abajo.

Aquí me quedé sin llaves la primera semana y entonces llamé al piso de abajo desde el portero automático y así fue como conocí a Jaime.

Jaime tiene un apartamento que es justo la mitad del de papá y Sandra. En la otra mitad viven sus abuelos, que él vigila y cuida, porque están muy mayores los dos. Aunque la abuela de Jaime está bastante bien y a veces la veo salir sola a comprar el pan. Pero el abuelo está en silla de ruedas y no sé bien lo que le pasa, Jaime no me lo cuenta, pero yo creo que tiene Alzheimer.

Pues el día que conocí a Jaime, me dijo que me quedara en su casa a esperar a que viniera papá o Sandra o Andrea o el hijo pequeño de los dos, o sea, mi demi-frère, que no sé si se dice medio – hermano, que se llama Sergi y tiene nueve años.

Mientras esperaba, Jaime me ofreció un té y me contó que es un experto en tés. Dijo que el té es la bebida más completa del mundo, porque tiene tal cantidad de elementos buenos para la salud que ni siquiera la química ha sido aun capaz de igualar los beneficios de esta planta. Desde entonces, tomo té en lugar de café.

Me hizo compañía. Me contó muchas cosas de su vida y me preguntó de la mía. Yo le expliqué más o menos lo de Pierre y él me dijo que él también había tenido un novio llamado Pierre y entonces supe que era gay y pensé “vaya mierda!”

Jaime tiene 37 años y es auditor o algo así. Es de Málaga y tiene un acento un poco curioso. Su madre es de Barcelona, aunque se casó y se fue a Málaga y entonces nacieron Jaime, Manuel y Belén. Cuando hace unos años los abuelos de Jaime empeoraron, su madre pensó en llevárselos de Barcelona a Málaga, pero la abuela no quiso, y propuso a Jaime regalarle la mitad del piso si venía a vivir cerca de ellos.

Buscó trabajo aquí y pasó dos años haciendo obras. Me reí mucho cuando me contó lo de las obras, parece ser que aquí en España es una aventura meterse en obras!

Desde aquel día, Jaime venía a buscarme a mi apartamento para invitarme a tomar té en su casa y luego ya empezamos a compartir películas de DVD y algún que otro desayuno cuando hacía sol en su terraza y después a salir juntos por Barcelona y total, que paso más horas con Jaime de las que pasaba incluso con Pierre.

Y así me fui enamorando. Porque Jaime es la persona más honesta que he conocido, y es bueno, y es dulce, y se interesa todo el rato por mí, y además me da morbo, porque un día me dijo que él nunca había estado con una mujer y entonces es como si yo tuviera que ser la primera, pero él está muy convencido de ser gay.

Le pregunté una vez: “y si no has estado con una mujer, cómo sabes que no te gusta?” y entonces él me hizo exactamente la misma pregunta a mí y ya lo entendí todo.

Claro que viendo los novios que ha tenido Jaime, puedo entenderle, porque es tan guapo que sale con tíos guapísimos y Sandra se ríe porque dice que esto parece el tópico de los gays, que en este edificio sólo son guapos ellos y los heteros son un asco.

Eso a papá no le hace mucha gracia, pero Sandra es así y la verdad es que yo me alegro de que estén juntos, ahora sobre todo, porque la conozco más y mejor, y porque fue ella quien eligió el apartamento de Sarrià y gracias a eso yo conozco a Jaime.