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Me busco y no me encuentro
eh?
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en eso estamos, en describirme. Treintaañera en plena crisis, ahora mismo es lo más sincero que puedo decir de mi.
Sindicación
 
presentando a Wilde
Uno de los trabajos que he considerado como futura dedicación es la de redactora de solapas, contrasolapas y otros textos de presentación y relleno que aparecen en los libros. Es una ocupación un poco friki pero me encantaría poder dedicarme a ello, y por eso siempre me fijo en este tipo de textos. No estoy hablando de introducciones hechas por profesionales y gente sabia, si no a los pequeños textos que cuentan en seis líneas por qué debes leerte el libro; siempre son textos sencillos, claros y a veces incluso entretenidos pero siempre te destripan el final así que hay que ir con cuidado...
Hace unos días vi una introducción que me puso los pelos de punta, fue en un libro del año 1962 que reúne 5 autores bajo el título “Maestros Ingleses”, una edición de Planeta que me llevé de casa de mis padres hace años con la excusa que sólo me había leído 4 de los 5 maestros. Cada maestro tiene una presentación biográfica, como un mini acercamiento al autor y a su obra, y entre los 5 ingleses han puesto a Oscar Wilde (quizás no conocían a 4 irlandeses más para hacer otro tomo...)
Lo impresionante de la presentación de Wilde son algunas frases que dice el señor Sebastián Juan Arbó. Entiendo que era otra época, pero aun así aluciné mucho, ahí van las frases:

Oscar Fingal O’Flahertie Villy Wilde, como se llamaba, nació en Dublín el 16 de octubre de 1854
Su padre era un famoso cirujano de Dublín cuya fama traspasó los límites de su patria. [...] La madre de Wilde era una mujer rara y extravagante Tanto ella como su esposo eran conocidos en la sociedad de Dublín sobre todo, por su orgullo y sus extravagancias, daban fiestas que “querían ser elegantes”, como se ha dicho pero que tenían su punto de ridículo. [...]
Tal vez con esta conducta podía hallarse la explicación, cuando menos en parte, a la conducta que habría de observar con el tiempo el futuro escritor y causa al fin de su ruina.
[...] La educación del poeta en sus primeros años corrió a cargo de su madre, que lo hizo lo peor que supo. No fue, en efecto, para el escritor ninguna suerte; y no sin razón, a las torpezas de esta educación, se ha atribuido, en gran parte, la desviación sexual de que había de ser víctima su hijo.
Jane Francesca Elgee había puesto su ilusión en tener una hija; para compensar en algo la desilusión, empezó a vestir a su hijo con trajes de niña y a tratarlo como si lo fuese; lo mantuvo así hasta los diez años y así aparece Wilde en todos los retratos de aquel tiempo, con los cabellos largos y su traje de niña. [...]

La introducción sigue 14 páginas más y aunque por supuesto también habla del estilo de Wilde y de sus obras, toda la presentación tiene un tonillo Jorge-Ja que me deja sin habla.
Cl.