He vuelto
Razones
Según mi madre, de pequeño decidí ser médico para curar a mi padre. No tenía nada grave, sólo una úlcera, pero supongo que a un niño de 4 ó 5 años le impresiona mucho ver a su padre con cara de dolor intenso. Eso instaló en mi cerebro una vocación cabezota de la que nunca pude librarme, ni siquiera cuando en COU todo el mundo intentaba convencerme para que estudiase Informática o Telecomunicaciones, y las cifras del paro en los médicos salían todos los días en los telediarios. Empiezas a estudiar y descubres que la medicina no se parece en nada a lo que habías imaginado, pero hay suerte y te gusta lo que descubres. Acabas la carrera, empiezas a trabajar y descubres que la medicina no se parece en nada a lo que has estado estudiando, pero hay suerte y te gusta lo que descubres. Y quizá, finalmente, el trabajo de un médico se parezca más a lo que imaginó un niño de 5 años.
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Último post publicado el 29 de marzo                                                                                                                                                                                                                                                    CADENAS
 
Lágrima
La vuelta a la consulta después de los días de congreso ha sido peor de lo que esperaba (y ya la esperaba mala). En mi trabajo, no hay sustituciones, y si te vas unos días, los recuperas al volver.

Aun así, intentaré extraer lo agradable. Quizá lo mejor haya sido mi paciente más fiel. Llamémosla Lágrima (aunque estoy pensando en que si insisto en ponerle estos nombres a mis pacientes, al final no se me ocurrirá ninguno poético, sin repetir, si este diario persiste en el tiempo, que espero que sí). Quizá más adelante use iniciales o números, me lo pensaré.

Realmente, Lágrima no debería ser paciente mía, quizá amiga, pero no paciente, pues no tiene ninguna enfermedad realmente seria en lo que a mi especialidad concierne. Su principal problema es la vejez, o mejor la perdida juventud. Pero le simpatizé y no puedo dejar de darle citas. En realidad, me gusta porque me cuenta historias, sus historias de juventud, sus historias de familia... sé más de ella y su familia que de muchos de mis familiares. También supongo que me identifico con ella. Yo tampoco quiero envejecer, ver como mi pelo pierde su color, mis articulaciones y músculos se vuelven rígidos, mis huesos se empeñan en doler todos los días, mis pulmones no atrapan el aire suficiente... triste futuro. Lo malo es que tampoco quiero morirme. A veces bromeo y digo que a los 40 me suicidaré, pero luego pienso: "Joder, ya sólo quedan unos años para eso" (vale, siete), y me doy de plazo hasta los 50... me aterra la muerte, pero bueno, no iba hoy a hablar de mi.

Poco después de conocer a Lágrima, descubrí como aliviarla. Escucharla, escucharla, escucharla... y repetirle varias veces que se iba a poner mejor. Bueno, en medio de eso le cambiaba alguna pastilla menor y probaba algún tratamiento antidepresivo (yo no soy psiquiatra, pero es que su psiquiatra apenas le dedicaba 5 minutos cada 3 ó 4 meses, dejó de ir). La verdad es que se obtiene una íntima satisfacción cuando recibes a un paciente llorando y poco rato después sale de tu consulta sonriendo.

Hoy venía mejor que otras veces, a decir verdad en las últimas visitas está mejor. Su esposo está enfermo, ella le cuida y así se siente más útil. El nombre de su esposo no me provoca ninguna duda, Bondad, se le refleja en sus claros ojos azulados. El ya está reponiéndose, y ella, gracias a los avatares sufridos en la enfermedad del marido, está, y no paradójicamente, más alegre.

Supongo que el gran problema de la vejez, además del deterioro físico, es que le hemos robado a los ancianos su función de sabios o guías, y no hemos inventado otra que la sustituya.

Pues eso, a los 50 me suicido... ¿o mejor a los 55?

PD: Escuchad a los mayores, realmente no aburren, si se les da la oportunidad.
 
De vuelta
En casita, con mi pijama, mi estufa, mi ordenador, ni teclado...
Mañana, vuelta al trabajo. Dura semana, como las precedentes, no hay refugio hasta el viernes por la tarde.
Ya terminó el congreso, y con él, espero, el frío de Barcelona. Una ciudad preciosa, pero prefiero mi casa en el sur.
Confío en que mis horas se llenen de vida esta semana, intentaré traer un poco a este ricón.
Poco que decir hoy, sólo quería que supiéseis que ya vuelvo.
 
De congreso
Escribo desde un hotel de Barcelona, donde he venido por un congreso. Al menos para justificarme, por no haber podido escribir nada esta semana.
A'un no he pisado el congreso, espero ir tomorrow }}este teclado no admite la ene con palito!!!#
Un congresdo es un laberinto. Multitud de salas, con temas diversos. Elige que quieres oir, averigua la hora, mira la lista de conferenciantes, por si tienes que pedir auriculares de traduccoon simultanea *tampoco consigo poner acentos en este teclado, ni parentesis}}, y cuando ya estas sentado para atender, descubres que Manuel Fonseca *p. ej}, es un medico de Boston, que encima habla un ingles americano que no entenderian ni en Washington DC.
Bueno, espero volver a casa pronto y escribiros desde alli, con mi ordenador, con enes con palitos, acentos y todo eso.
Como diria la simpatica maniatica, sonrisas para todos.
 
Vivir y morir
Generalizando, casi ofendiendo, se podría decir que es posible calcular la experiencia de un médico sobre la base de la sensación que le produce la muerte de un paciente.

Un médico “viejo” siente fastidio. Fastidio por el papeleo burocrático al que se ve obligado, fastidio por tener que salir de la consulta al domicilio del finado, fastidio por haber sido despertado en la guardia... yo creo que el enfermo tiene tendencia a morirse de madrugada, como queriendo irse sin hacer ruido, para no molestar, pero si tras la muerte le visita un médico “viejo”, pensará que lo ha hecho para fastidiar.

Él médico “maduro” siente fracaso. Algo se ha hecho mal, o algo se podía haber hecho mejor, o algo no se ha hecho. Cuando no se acierta a encontrar un algo, el fracaso puede tornarse más social, ante la creciente costumbre de preferir morir en la aséptica frialdad de una institución sanitaria y no en el contaminado calor del hogar. Esta preferencia suele estar marcada por los familiares del finado, entendiendo por aséptico el librar al hogar del olor a la Muerte y a los fluidos que ésta no se lleve consigo, aunque se prive al desgraciado moribundo de cariño, intimidad y a veces también, respeto. Pero aún nos queda el peor fracaso, el que no sólo concierne al médico, sino también a toda persona pensante, el fracaso humano que para la vida supone la muerte. Fracaso o, al menos, incertidumbre. Cuando yo era más joven y más triste escribía: “Extraño camino es la vida, sólo hecho para ser andado” (seguía, pero me avergüenza lo torpemente que fabrico versos). Andar, y andar, y andar para, al final... dejar de andar.

El médico “joven” siente tristeza. Unas veces la tristeza es por el finado, a quien se ha podido conocer, o se cree conocer. Casi todos los moribundos dan la impresión de ser buenas personas, de no merecer morir. Mi esposa diría que nadie merece morir. Yo no sé si es cierto, pero al menos me permito pensar que sí hay quien no merece vivir. De todas formas, admito que no he visto a ningún moribundo del que pensara que merecía morir. Además, los familiares provocan en el médico “joven” tristeza. Unas veces tristeza por su inmensa tristeza, otras veces tristeza por su poca tristeza. Y también tristeza por su ingrata misión de pájaro de mal agüero.

El médico “inexperto” siente miedo. Seguro que hay algo por lo que pueden denunciarle, y reza por el fallecido... para que lo entierren pronto y comiencen a descomponerse las pruebas de su, para él, segura negligencia. O mejor, que lo incineren, si no temiera levantar sospechas él mismo se lo propondría a la familia.

Por último está el estudiante de Medicina. Aquí la cuestión se complica, el grupo se hace muy heterogéneo, supongo que en gran parte por la ausencia de responsabilidad. Sí estoy convencido de que hay dos elementos principales: la fascinación y el sobrecogimiento. Supongo que éstas son las claves para que no haya olvidado aún a las dos primeras pacientes que “se me murieron”, cuando aún era estudiante y lo único que yo hice por ellas fue leer sus historias clínicas.

Ya han pasado bastantes años, y actualmente diría que soy un “joven” con algún rasgo “maduro”, aunque sé que mi jefe me juzgaría un pretencioso si leyera esto. También es verdad que lo que escribo se basa en mis reflexiones y en el conocimiento limitado de un grupo de médicos compañeros que es necesariamente reducido. Además, en todo lo vivo se dan excepciones, pero seguro que la mayoría de mis colegas “viejos” se considerarían la oveja blanca del rebaño de ovejas negras.

Sobre mi memoria flota, como el aroma de una mujer, el recuerdo de aquellas dos primeras muertes, de aquellas dos ancianas, tan aparentemente distintas y tan similares en su desenlace. De aquellas dos vidas que rozaron mi vida, y que no he sido capaz de olvidar. Me gusta confiar en que eran buenas personas, aunque no por ello su final fuese más dulce. Morir siempre es amargo, ya seas malo, bueno o regular.

Y hace sólo unos días firmé mi último certificado de defunción. No consigo recordar quién era.
 
¡¡¡PREMIO!!!
Yo, al desnudo

Vale, vale, aquí estoy. ¿Cómo que no es lo que esperabas? Te estoy enseñando lo más íntimo de mi persona (es que me hicieron la "foto" con una cámara digital con muchísimos megapixels). Bueno, vale, algún día me publicaré con piel y todo eso, lo prometo. Espero que, al menos, os haya entretenido. A propósito, ¿no os parece que tengo un cuello muy atractivo? :)




Besos y abrazos para todas y todos. Sonreid, por favor, igual alguien os está haciendo una foto sin que lo sepáis ;)




Fumar es malo



El ejercicio es malo










 
Para empezar
Cada paciente es un mundo diferente. En la mayoría de ellos lo más importante no es la enfermedad, sino otras cosas, como el miedo, la confianza, el llanto, la risa, la duda, la seguridad... Han sido pocos esta mañana. La primera era Preocupada, la segunda Tristeza, la tercera Alegría y la última Trámite (todas han sido hoy mujeres). La mayor parte de las veces lo crucial no es lo que haces, sino lo que escuchas, tomado esto con prudencia, pues en el centro siempre tiene que estar la ciencia, aunque lo que está en el centro no debe ser necesariamente lo más importante. Esto es, no Todo es Escuchar, pero No Escuchar sí es Nada.
Para empezar este diario hablaré de Trámite. Se lo debo, pues es a la que menos he escuchado hoy. Venía sólo a una visita rutinaria y corta (en cuanto a mi labor) dentro de un Ensayo Clínico. Aunque tiene una enfermedad potencialmente grave, su estado actual es excelente, y gracias al Ensayo va a recibir un tratamiento que de otro modo, administrativamente, no sería posible darle tan pronto. Apenas la conozco, pues acabo de comenzar a atenderla, pero habrá tiempo. Se ha ido del hospital con una bolsa conteniendo miles de euros en medicación, aunque lo más normal es que cuando llegue a casa suspire aliviada porque ya ha acabado su tediosa mañana de médicos, de consulta en consulta.
Espero que la vida la trate bien. Bueno, mejor, que nos trate bien a todos.
 
No pases de largo

En lucha contra la pornografía infantil