Se acerca la Nochebuena, y creo que en los últimos posts que he publicado ha primado la tristeza, aunque estuviese rodeada de generosidad y amor, no por mí, sino por las personas de las que os he hablado. Así que, como me gustaría dejaros
sonrisas para el día de Navidad, hoy he decidido hacer memoria voluntaria sobre situaciones divertidas, que también se viven en la medicina.
Primero os contaré lo que me pasó con una de mis pacientes habituales, que llamaré Indiscreta. Donde yo trabajo somos más médicos que consultas, de modo que tenemos que utilizar cualquier espacio para atender a los pacientes. Uno de esos espacios es el dormitorio de guardia, donde hay una camilla instalada para tal fin, y donde yo había atendido a Indiscreta en varias ocasiones. Una mañana, salí a llamarla a la abarrotada sala de espera, y cuando acudió, vino hacia mí y me preguntó a viva voz (con esa voz que sólo se usa cuando en realidad uno debería susurrar):
"HOLA DOCTOR ¿HOY ME VA A LLEVAR OTRA VEZ AL DORMITORIO?" Al tiempo que me sonrojé, solté una carcajada, la tomé del brazo y me la llevé raudo de allí, lejos de las miradas atónitas de los demás pacientes y acompañantes.
Lo siguiente le sucedió a una compañera de trabajo. Ella entonces era Residente, con poca experiencia, y atendía a pacientes ingresados en Planta, con la ayuda de otro amigo y colega, en cuyo currículum figuraba el haber estado muchos años ejerciendo como médico de prisiones. Mi amiga se encontraba
informando a los familiares de un paciente ingresado. Yo pasaba junto a ellos en el mismo momento en que ella les estaba diciendo: "De verdad, no se preocupen, mi compañero
(por mi otro colega) tiene mucha experiencia, él ha estado muchos años en la cárcel" Yo me esforcé por no reir, mientras miraba por el rabillo del ojo a los boquiabiertos familiares y mi amiga les explicaba atropelladamente que se refería a que
trabajó como médico en la cárcel.
Y por último una anécdota de cuando trabajaba en Urgencias. Vino una chica de poco más de veinte años, siendo ya de madrugada. Impecablemente vestida, maquillada, la acompañaba su padre, y nos refirió que tenía taquicardia. Dado que la chica parecía recién salida de una discoteca, y que de verdad tenía una cifra de pulsaciones alta, era obligado preguntarle si había tomado algo (coca, pastillas...) que pudiera haber provocado sus síntomas. No quisimos hacerlo delante de su padre, así que un compañero y yo aprovechamos que la enfermera le estaba haciendo el electro para abordarla a solas. Realmente no había tomado nada, estaba dormida en su cama cuando la despertaron las
palpitaciones (hay personas a las que les gusta que los médicos las vean guapas). Así que mi colega y yo volvimos a la mesa de la sala, donde estaban el resto de los compañeros, y uno de ellos preguntó: "¿Cómo está la niña?", respondiendo mi amigo (os juro que no fui yo): "MÚ BUENA, TÁ MÚ BUENA", con lo que provocó la carcajada general.
Bueno, y esto es todo... por ahora. Espero que os resulten graciosas o amenas estas anécdotas, si no es así
lo siento, y no dudéis en decírmelo. Veréis, los médicos desarrollamos un sentido del humor algo raro, más bien enfermizo, y a veces nos resulta divertido lo que para otros puede ser incluso ofensivo. Si a alguien se lo parece, le ruego que me perdone, y prometo que ninguna de las personas que he mencionado ha sido dañada como consecuencia de los hechos relatados. Bueno, quizá si se dañó el prestigio de mi colega ex-médico de prisiones, del que sólo diré que es un gran psiquiatra, mejor médico y mucho mejor persona.
Besos y abrazos para todas y todos.