El jueves comenzó tarde, y luego no quería terminar
Suena el despertador, pero lo apago sin despertarme. Oigo la voz de Ana... "son menos 10". Salto, saltamos, prisa cuando aún tengo los ojos cerrados...ella me lleva al hospital y luego se va a su oficina.
Llego tarde, así que no entro a la sesión clínica y aprovecho para resolver unas
queries. Cuando la sesión termina, voy con los demás a la cafetería. Agua sucia de pie, las mesas están llenas de batas blancas y pijamas verdes.
Todo sale mal
La primera paciente ha venido sin cita. Sus dolores de cabeza han empeorado. Pero es que además lleva varios días con fiebre. Pero es que además tiene las defensas bajas. Pero es que además está vomitando. Pero es que además su nuca está tensa. Todos los signos de alarma me llaman. Y yo no quiero, porque la conozco. Sé cómo va a reaccionar. "Tengo que enviarte a Urgencias, puede ser una infección y hay que hacerte una punción lumbar hoy mismo". Llora... lo sabía. "Es que todo me pasa a mí". Pienso que eso lo he oído ya muchas veces antes, pero ella tiene razón. Trato de consolarla, puedo estar equivocado, pero hay que hacer la prueba. Baja a Urgencias.
Otro paciente viene por el resultado de unos análisis. Lo ví hace unos meses, con los mismos análisis, resultado
dudoso, había que repetirlos. Busco los actuales... no han llegado. Enciendo el ordenador. Conecto con la web del laboratorio. Introduzco mi clave. Introduzco sus datos. Aparecen los análisis.
La informatización es maravillosa. Los generales... normales. Los especiales, aquellos que salieron dudosos, ahora están
pendientes de completar. La informatización es maravillosa, pero
el laboratorio no. Hace más de un mes que le sacaron la sangre, tiempo más que suficiente para que estuviesen listos. Preguntas huérfanas de respuesta, espero que sólo por el momento. "Dígale a la secretaria que le cite en dos semanas. Pero llame el día antes, para asegurarse de que están ya todos los resultados"- le digo. "¿Y si no están?"- me inquiere. Pienso en decirle que yo mismo bajaré a matar al Jefe de Laboratorio, pero me contengo. Le aseguro que estarán. Espero no equivocarme. Espero también que no sea la secretaria la que me mate a mí. Ya no tiene huecos en el libro donde apuntar pacientes, y luego yo tengo el cinismo de quejarme y decirle que a tantos pacientes no los puedo ver
bien.
Otra paciente, de alta hace unos meses, quedó pendiente del resultado de otros análisis. Los busco... están. Los miro... en la mayoría de los ítems el resultado es...
plasma insuficiente, lo que significa que no hay resultado, ni lo habrá. Más preguntas huérfanas. Hay que repetirlos. Viene desde otra provincia porque confía en nosotros. Decepción. Quería que hoy le dijese que no está enferma. No le puedo precisar aún, pero sí sé que nunca le podré decir que no está enferma. Le digo que se repita los análisis en su ciudad, así se evita un viaje. Le digo que la secretaria le dé cita en un mes. Tiemblo. Luego tengo que regalarle un piropo bonito para que no me odie demasiado.
La última paciente (ha habido más, rememoro los destacados). Sufre Esclerosis Múltiple, en fase avanzada, y recibe un tratamiento agresivo, intravenoso. No quiere seguir, dice que no le hace nada, y viene desde muy lejos sólo para ponerse "los sueros". Le sonrío y le digo que se los tiene que poner, con voz cariñosa pero firme. "Lleva pocas dosis, irán funcionando"- afirmo. Las pruebas... están todas. Miro los análisis, lo patológico están en
negrita. Primer punto negro,
anemia, pero leve. No hay problema. Segundo punto negro,
plaquetas altas... muy altas. Puede ser un problema. Habrá que averiguar, repetir el análisis, pedir consulta al Hematólogo. Último gran punto negro, el ecocardiograma muestra
alteración cardíaca. Hay que suspender el tratamiento. Se lo digo a ella. No se sorprende, se alegra. Comienzo a rellenar papeles. Analítica completa. Consulta con Hematólogo. Nuevo ecocardiograma. Consulta con Nutricionista. Se va contenta, no se tiene que poner hoy el suero. Me quedo preocupado. Si no puede seguir con los sueros no voy a tener armas para combatir su enfermedad. Ahora pienso que quizá ella no quiera seguir luchando.
No hay más pacientes.
En casa
Llego a las tres. Engullo algo rapidamente y consigo pasar diez minutos con Ana. A las cuatro menos cuarto vuelvo a salir. Tengo que pasar consulta en una Clínica privada. Está a cincuenta kilómetros de mi casa. Comienzo a las cuatro y media. Lo que paga el Seguro no da para pagar hipotecas.
Otra vez tarde
Un accidente en la carretera ha provocado retenciones. En el lugar del accidente, sólo cascotes desprendidos de la mediana y un guardia civil. Debió ser hace ya un rato, pues no he visto pasar ninguna ambulancia, ni grúas. Llego tarde. Además han citado a pacientes desde media hora antes de cuando realmente comienza la consulta. Ya están impacientes. La primera se ha tenido que ir, su hijo pequeño sale del colegio a las cinco. Después vendrá.
El primero, un hombre con demasiado trabajo, asustado por el televisivo señor Alzheimer. No puede tener Alzheimer con cuarenta años. Le escucho, le exploro, le paso un test, le explico, le recomiendo... se tranquiliza. Me alegra, parece un buen hombre.
El segundo, el suegro del director de la clínica. Es un hombre mayor con más de un problema. Escucho a su hija, escucho a su esposa, y al final, me dejan escucharlo a él... pero él habla poco. Le exploro, le paso un test. Faltan algunos resultados analíticos, pero es razonable. La sangre se le sacó ayer. Miro la resonancia. Decido los diagnósticos. Les explico. Me escuchan mientras me interrumpen. Decido el tratamiento. Les explico. Espero que mejore. Su hija y su yerno me simpatizan.
Varios pacientes, menos destacables.
La penúltima es una anciana, rusa. Apenas chapurrea el castellano. Yo tampoco sé hablar ruso. Ya la ví hace unos meses. Venía con su hija, que traducía. Hoy viene sola. Le descubrí un tumor cerebral en las visitas previas. Benigno, pero tumor. La mandé al neurocirujano. A medias, consigo entender que no ha ido. No quiere operarse, no le duele nada. Intento explicarle que es necesario, pero apenas me entiende. Finalmente decido pedir una nueva resonancia, al menos para conocer el crecimiento del tumor. Le digo que cuando traiga la prueba venga con su hija. Para decidir arriesgase, debe comprender a qué se arriesga.
El último paciente va mejorando. Tiene una enfermedad de Parkinson. Hace muchas preguntas. Consigo vencer mi agotamiento y contestarlas todas. Le aumento el tratamiento. Sale de la consulta sonriendo. Recojo mis cosas. Vuelvo a casa.
El teléfono
Llego a casa. Son las diez y media. Ana está hablando por teléfono con su madre. Le exijo mi beso. Me pasa el teléfono. Mi suegra me habla de su salud. La escucho. Pregunto por mi suegro. Está mejor de su neuralgia, pero las pastillas le dan sueño. Le digo que se irá acostumbrando. Nos despedimos.
Busco un papel en mi bolsillo. Tiene un número. Lo tecleo en el teléfono. Es una paciente. Me dejó un recado para que la llamara. Tiene problemas. Un colega le ha suspendido bruscamente el tratamiento que yo le había instaurado. Se encuentra muy mal. Le digo que es normal, esas pastillas no se pueden quitar de golpe. Le indico cómo hacerlo. Me lo agradece. Me pide perdón. Me dice que cuando tiene un problema lo primero que quiere es hablar conmigo. Me dice que yo la escucho. Me agrada... y me asusta. Finalmente nos despedimos.
Cojo el teléfono fijo. Marco el número de mi madre. Le digo que ya he llegado a casa. Me cuenta sus dolores. Le pregunto por mi padre. Me dice que va mejor. Aún tiene el azúcar alta, pero ya menos. Le digo que mañana revisaré todas las cifras. Ya serán suficientes. Probablemente tendrá que tomar más pastillas. Es mi madre. Cuando le digo que no he cenado, se despide rápidamente.
Hambriento
Ceno a las once y media. En televisión está el final de
Cuéntame. Cuando Imanol Arias baila con su hija se humedecen mis ojos. Me contengo, me da vergüenza. Ana me hace cosquillas, pero no soy buen compañero esta noche. Ella se acuesta. A mí ya no me queda ni sueño. Enciendo el ordenador. Voy a mirar los blogs un rato. Me río con Laura. No creo que sea tonta. Tengo que sacar un rato para contestar a su pregunta. Ya sé como comenzaré.
Me alegra que me hagas esa pregunta. Me gustaría tener un hijo. Bueno, una niña. Si viniese ahora, la cuidaría mi madre. Esta vida... Me voy con Azul. Yo no sería capaz de levantarme más temprano para escribir en el blog. Soy más bien de noche. Aquel perro que me mordió de pequeño debía ser un vampiro disfrazado. Pienso en escribir un post. Lo prometí. Pero ya no voy a poder...
GraciasSi has leído hasta aquí, mereces que te de las gracias. Besos y abrazos para todas y todos.
