No me he ido, es sólo que no había podido volver. Los cambios llegaron, y con ellos, horarios distintos y algo extraños. Ahora trabajo por las tardes principalmente, de 15 a 22 horas, pero las mañanas se han visto invadidas por otras tareas que me dificultan realizar dos de mis principales aficiones, dormir y escribir en mi blog. Pero no me despido, poco a poco, espero, conseguiré ajustar mis biorritmos y retomar todo lo que se está quedando pendiente, lo primero este diario.
Sólo un apunte para hoy. Este pasado sábado asistí a un curso en Barcelona. Lo que más me llamó la atención: la 4ª causa de muerte en el mundo son las reacciones adversas medicamentosas. Causa escalofríos. Realmente, en mi trabajo he asistido con relativa frecuencia a efectos secundarios farmacológicos, algunos provocados por mi actuación, otros por las de otros compañeros. Con total sinceridad os aseguro que no tengo conciencia de que alguno de mis pacientes haya llegado a tal fatal desenlace por un medicamento que yo pudiera pautarle... pero la frase asusta. Seguramente, o quizá es más una esperanza, tal afirmación esté falsamente exagerada, pero la verdad es que asusta. Un profesor mío decía que si un fármaco no hacía nada malo, entonces tampoco hacía nada bueno... pero si la afirmación es cierta, ¿sería quizá mejor que no existiésemos los médicos? Aún estoy algo conmocionado.
Besos y abrazos para todas y todos.
Por favor, no me olvidéis... yo no os olvido.