He vuelto
Razones
Según mi madre, de pequeño decidí ser médico para curar a mi padre. No tenía nada grave, sólo una úlcera, pero supongo que a un niño de 4 ó 5 años le impresiona mucho ver a su padre con cara de dolor intenso. Eso instaló en mi cerebro una vocación cabezota de la que nunca pude librarme, ni siquiera cuando en COU todo el mundo intentaba convencerme para que estudiase Informática o Telecomunicaciones, y las cifras del paro en los médicos salían todos los días en los telediarios. Empiezas a estudiar y descubres que la medicina no se parece en nada a lo que habías imaginado, pero hay suerte y te gusta lo que descubres. Acabas la carrera, empiezas a trabajar y descubres que la medicina no se parece en nada a lo que has estado estudiando, pero hay suerte y te gusta lo que descubres. Y quizá, finalmente, el trabajo de un médico se parezca más a lo que imaginó un niño de 5 años.
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Último post publicado el 29 de marzo                                                                                                                                                                                                                                                    CADENAS
 
Efectos secundarios

No me he ido, es sólo que no había podido volver. Los cambios llegaron, y con ellos, horarios distintos y algo extraños. Ahora trabajo por las tardes principalmente, de 15 a 22 horas, pero las mañanas se han visto invadidas por otras tareas que me dificultan realizar dos de mis principales aficiones, dormir y escribir en mi blog. Pero no me despido, poco a poco, espero, conseguiré ajustar mis biorritmos y retomar todo lo que se está quedando pendiente, lo primero este diario.

Sólo un apunte para hoy. Este pasado sábado asistí a un curso en Barcelona. Lo que más me llamó la atención: la 4ª causa de muerte en el mundo son las reacciones adversas medicamentosas. Causa escalofríos. Realmente, en mi trabajo he asistido con relativa frecuencia a efectos secundarios farmacológicos, algunos provocados por mi actuación, otros por las de otros compañeros. Con total sinceridad os aseguro que no tengo conciencia de que alguno de mis pacientes haya llegado a tal fatal desenlace por un medicamento que yo pudiera pautarle... pero la frase asusta. Seguramente, o quizá es más una esperanza, tal afirmación esté falsamente exagerada, pero la verdad es que asusta. Un profesor mío decía que si un fármaco no hacía nada malo, entonces tampoco hacía nada bueno... pero si la afirmación es cierta, ¿sería quizá mejor que no existiésemos los médicos? Aún estoy algo conmocionado.



Besos y abrazos para todas y todos.
Por favor, no me olvidéis... yo no os olvido.



 
Papeles y ceniza


Sin duda, lo que más produzco al día, es ceniza y papel. La una viene de un mal hábito que tengo que abandonar, el otro es el medio de llevar a cabo mi trabajo. Aunque la informatización avanza en todos los ámbitos, también en la Sanidad, el principal medio de registro y comunicación sigue siendo el papel, escrito o impreso. Lo tengo ahora presente porque me he pasado el fin de semana entre papeles, ordenando mi pequeño pero inmenso caos, mientras mis dedos y labios se unían para fabricar ceniza, repartiendo una parte dentro de mi pecho y otra sobre el cenicero. Quizá estoy ante mis dos principales defectos, el desorden y el tabaquismo. El uno me acompaña desde que recuerdo, el otro desde la Universidad, cuando la fisiología del riñón se empeñó en ser aun más aburrida que incomprensible.

Ciertas cosas están cambiando en mi vida, quizá se el momento para cambiar también alguno de mis defectos. A los 18 años, nunca imaginé que fumaría. Era algo absurdo, que no entraba en mi cabeza. A los 34 llevo ya 14 años fumando, pienso que son suficientes... lo que no sé es si mis cigarrillos pensarán lo mismo.




Besos y abrazos para todas y todos.
Inauguro panel, de momento con el contador a cero.