He vuelto
Razones
Según mi madre, de pequeño decidí ser médico para curar a mi padre. No tenía nada grave, sólo una úlcera, pero supongo que a un niño de 4 ó 5 años le impresiona mucho ver a su padre con cara de dolor intenso. Eso instaló en mi cerebro una vocación cabezota de la que nunca pude librarme, ni siquiera cuando en COU todo el mundo intentaba convencerme para que estudiase Informática o Telecomunicaciones, y las cifras del paro en los médicos salían todos los días en los telediarios. Empiezas a estudiar y descubres que la medicina no se parece en nada a lo que habías imaginado, pero hay suerte y te gusta lo que descubres. Acabas la carrera, empiezas a trabajar y descubres que la medicina no se parece en nada a lo que has estado estudiando, pero hay suerte y te gusta lo que descubres. Y quizá, finalmente, el trabajo de un médico se parezca más a lo que imaginó un niño de 5 años.
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Último post publicado el 29 de marzo                                                                                                                                                                                                                                                    CADENAS
 
Dedicatoria
Prometí a Laura dedicarle este post, y la verdad es que no encuentro mejor manera para unir pasado y presente en mi blog. Desde una amiga que acabo de encontrar, hacia un amigo que perdí.

Me acordé de él ayer, mientras atendía a un paciente en la consulta. Se trataba de un chico de unos 30 años con dolor de cabeza. Nada más entrar resultó obvio que no era un chico "normal". Apenas hablaba, era su madre la que relataba los síntomas, y dejó para el final que su hijo tenía un "problema", a raiz de una vacuna que le pusieron cuando tenía 2 años. Debió tratarse de una encefalitis postvacunal, que había causado en el chico un déficit intelectivo, conducta retraída y torpeza motora. Entonces me acordé de él.

Él era el Doctor Carlos Rodríguez Barrionuevo, fallecido prematuramente (sólo tenía 59 años) y de forma repentina. Dedicó su vida a los niños, en el difícil campo de la Neuropediatría, y os aseguro que no exagero nada al afirmar que hay miles de adultos que hoy viven como personas plenas gracias a sus cuidados. Yo lo conocí cuando aprendí 3 meses junto a él como residente. Sabía ser cariñoso, divertido, amable y serio, siempre estaba estudiando, y disfrutaba con su trabajo, como uno cualquiera de los niños que atendía con la PlayStation. Repartía sin tacañería enseñanzas, bromas, medicinas y consejos. A mí me dijo una vez: "Rafa, en 3 meses no vas a aprender a ser Neurólogo Infantil, pero al menos aprenderás cómo educar a tus hijos".

Yo soy Neurólogo de adultos, y la mayoría de las veces reduzco o alivio los síntomas que entorpecen la vida de otras personas. Alguna vez ayudo a llegar a un buen resultado. Y sólo de vez en cuando, estoy cerca cuando se produce un milagro (entorpeciendo al Diablo para que deje hacer a Dios).

Carlos tendía su mano a los niños cuando eran más vulnerables, los agarraba fuerte y los rescataba del río de lava que se los llevaba hacia el limbo del daño cerebral irreversible. Su trabajo perdurará eternamente, a través de generaciones y generaciones de personas, que no habrían pisado este mundo si él no lo hubiese pisado antes.

Dios se lo llevó porque tenía los parque infantiles del Cielo más vacíos por su culpa. Ahora estará con Él, contandolé el mismo chiste que un día me contó a mí: "¿Sabes la diferencia entre un Neurólogo de adultos y Dios? Pues que Dios sí sabe que no es neurólogo?"

 
Clara pasó por aquí:
Me gustaría darle las gracias por estas palabras que ha escrito. Soy una de las hijas de Carlos Rodríguez Barrionuevo y al leer esto me ha alegrado mucho saber que lo recuerda de esta manera. Yo especialmente lo echo mucho de menos, ya que soy la más pequeña de sus hijas, pero estas palabras hacen recordar que esta entre nosotros.
Estamos en el 2006, y esto lo escribió en el 2004, no se si le llegará el comentario, pero sólo quería darle las gracias.

Un fuerte abrazo.

Clara Rodriguez Vives.
 
Coolazulb pasó por aquí:
Una historia preciosa, como siempre. Me ha recordado que tengo una amiga con una niña preciosa que tiene un grave síndrome neurológico, que no tiene cura. Ahora no me acuerdo del nombre, ya te lo diré...es su hija la mayor y lo han pasado muy mal...lo hemos pq esa niña es tan especial...y es tan duro ver que nunca tendrá una vida normal y quizá no llegue a ser mayor...

Bueno me dejo de historias tristes.
Te deseo que pases una bonita noche con los tuyos y que sepas que en la red tienes gente que no puede pasar sin visitarte ni un solo día.

Un besazo y una rosa azul.

Feliz Navidad!!
 
Chica_Llavero pasó por aquí:
Madre mia, si es que la profesión de médico es una de las más preciosas que hay!!!!!!!!!!!

Desde ayudar a un infante a salir a la luz hasta acompañar en los últimos momentos a la gente...

En serio que si yo repartiera premios, os los daba todos!!!!!!!!!!
 
Laura pasó por aquí:
Ayer Bikerin te dijo que tus artículos son difíciles de leer y yo hoy te digo que también son difíciles de comentar. Quizá por el tema que tratan, quizá por cómo están escritos (con esa increíble forma que tienes para encadenar las palabras), pero la cuestión es que yo me quedo pensando un buen rato cuando termino de leer uno de tus posts. Y eso me gusta.

Sabes... me has hecho recordar una frase que dice que la gente no muere. La gente sólo muere cuando se olvidan de ella. Así que pienso que aunque el corazón de ese doctor dejase de latir, no ha muerto del todo: Tú eres una parte de él que aún sigue viva: eres lo que te ha enseñado, lo que has aprendido con él. Y como tú dices, muchas personas que hoy viven lo hacen gracias a él.

MUCHAS GRACIAS por dedicarme el post!! No sé si me lo merezco, jeje! En cualquier caso... te regalo una sonrisa! :)
No