Agujeros llenos de cuentos, Cuentos llenos de agujeros.
- Ves ese agujero, ese junto a esa casa blanca y azul. Se oye el mar verdad, si te acercas. Dicen que una mujer cayó en ese agujero y nunca pudieron rescatarla. Dicen también que si vienes por las noches aún puedes oír sus alaridos.
Y ahora contemplamos esa ciudad que contiene ese agujero y esta lleno de otros. Aquí, desde el hotel. Su silueta dorada y una luna en lo alto, podía imaginar el dibujo que hacía el reflejo en mis ojos.
Fumábamos aquel hachís e intentaba recordar la última vez que había fumado, mientras se elevaba el humo y desaparecía en la inmensidad de la noche, de los grillos, de la silueta dorada de Peñíscola brillando en el fondo como una piedra de ámbar. Fue cuando recordé, lo ñoña que me ponía cuando fumaba demasiada mierda de esta, la sarta de pensamientos rimbombantes y vacíos que soltaba al aire, así que lancé el canuto en aquella inmensidad echando a perder un par de tiros y mucha filosofía barata.
Te conté que Peñíscola parecía estar llena de agujeros, me recordaba inevitablemente a Medem, era como un cuento sin final y sin principio. Caminabas y caías en un agujero entonces cambiaba el cuento, aparecías en otro y la historia continuaba en un contexto, tiempo y lugar distinto. Nunca sabías lo que te esperaba en un agujero o en otro, pero una vez dentro la marcha atrás era imposible. Yo sabía de gente que pasaba el tiempo buscando el agujero que contenía el cuento que consideraba propio. Ellos eran almas errantes, con los hombros caídos y enfermos de melancolía.
Y allí estaba yo en mi en mi cuento. Pude haber caído en la tentación de buscar otro agujero en mi cuento que me llevase a otro nuevo cuento, todo esto por haber enfermado de tristeza, alguna vez. Pero como decía Rilke, en la enfermedad de la tristeza hay que aguardar a la cura como cualquier otra enfermedad, como un dolor de muelas.
Al fin de al cabo cualquier día podía caerme en otro agujero y que me iba a espera allí ¿la muerte quizás?. No sé si me importaba, la muerte hubiera sido la última de una serie de bromas pesadas.
Todo el mundo que me conoce sabe que al final me acabo riendo hasta de las bromas pesadas, que no de la muerte, así que permanecí en mi cuento. Me quede allí mirando el mediterráneo, junto al faro de Peñíscola. La tripita blanca de las gaviotas pasaban por encima de mi cabeza mientras cantaba:
Que pena no ser ave de paso, ni proa que acuchilla siete mares......
Después baje la calle olvido y volví a casa.
Aún sigo tatareando; Una tarde de sol/ Manolo García
Y ahora contemplamos esa ciudad que contiene ese agujero y esta lleno de otros. Aquí, desde el hotel. Su silueta dorada y una luna en lo alto, podía imaginar el dibujo que hacía el reflejo en mis ojos.
Fumábamos aquel hachís e intentaba recordar la última vez que había fumado, mientras se elevaba el humo y desaparecía en la inmensidad de la noche, de los grillos, de la silueta dorada de Peñíscola brillando en el fondo como una piedra de ámbar. Fue cuando recordé, lo ñoña que me ponía cuando fumaba demasiada mierda de esta, la sarta de pensamientos rimbombantes y vacíos que soltaba al aire, así que lancé el canuto en aquella inmensidad echando a perder un par de tiros y mucha filosofía barata.
Te conté que Peñíscola parecía estar llena de agujeros, me recordaba inevitablemente a Medem, era como un cuento sin final y sin principio. Caminabas y caías en un agujero entonces cambiaba el cuento, aparecías en otro y la historia continuaba en un contexto, tiempo y lugar distinto. Nunca sabías lo que te esperaba en un agujero o en otro, pero una vez dentro la marcha atrás era imposible. Yo sabía de gente que pasaba el tiempo buscando el agujero que contenía el cuento que consideraba propio. Ellos eran almas errantes, con los hombros caídos y enfermos de melancolía.
Y allí estaba yo en mi en mi cuento. Pude haber caído en la tentación de buscar otro agujero en mi cuento que me llevase a otro nuevo cuento, todo esto por haber enfermado de tristeza, alguna vez. Pero como decía Rilke, en la enfermedad de la tristeza hay que aguardar a la cura como cualquier otra enfermedad, como un dolor de muelas.
Al fin de al cabo cualquier día podía caerme en otro agujero y que me iba a espera allí ¿la muerte quizás?. No sé si me importaba, la muerte hubiera sido la última de una serie de bromas pesadas.
Todo el mundo que me conoce sabe que al final me acabo riendo hasta de las bromas pesadas, que no de la muerte, así que permanecí en mi cuento. Me quede allí mirando el mediterráneo, junto al faro de Peñíscola. La tripita blanca de las gaviotas pasaban por encima de mi cabeza mientras cantaba:
Que pena no ser ave de paso, ni proa que acuchilla siete mares......
Después baje la calle olvido y volví a casa.
Aún sigo tatareando; Una tarde de sol/ Manolo García
Comentario:
¡Hola! Me hizo mucha ilusión tu comentario en mi blog, y decidí hacerte una visita. ¡Oye!¡Tu también escribes muy bien! Volveré de vez en cuando...
Comentario:
Oyes te echo de menosssss. Vengo a informarte de un juegecillo que ha organizado una amiga de otro blog e igual te apetece apuntarte, te dejo el enlace para que veas de que va el asunto, aunque lo pondré en mis posts de estos día para ver si se anima la gente. Un besoteeee
http://melytta.acelblog.com/vamos-a-provocar.html
http://melytta.acelblog.com/vamos-a-provocar.html
Comentario:
ummmm no me gusta los sitios profundos, huecos vacios oscuros y menos en un cuento. puedes encontrarlos en personas o lugares pero mira de no caer en ellos, por que salir lleva su dificultaz. te animo a que veas mas las escaleras que llenas de misterio y que sirven para subir y tirar hacia delante. hay mucho juego con ese tema. un abrazo
Comentario:
aysss yo intento evitar los agujeros, hay q intertar por todos los medios no caer en ellos.
Besitos salados de CHOI
Besitos salados de CHOI
Comentario:
Lo que más me gusta de los agujeros es que puedes salir de ellos. Detesto los sitios que imposibilitan movimientos... Se Peñíscola recuerdo siempre la brisa del mar cuando una se asoma levemente por las murallas. Es un respiro puedes absorber todo el Mediterraneo..
Comentario:
¿Debemos aceptar o no el cuento en el que estamos? Si está en nuestra mano poder cambiar, y así lo deseamos, ¿por qué conformarnos con uno que no nos gusta?
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
Por favorrrrr no me trates de ustedd, me hace sentirme mayor y soy joven todavía. Muchas gracias por tu comentario, me ha llegado hondo. No pienso que seas una fumeta por favor, je. Un beso. Ah laverdad es que no quería hacer un autorretrato, al menos literal, lo cierto es que fisicamente no me parezco nada, pero si en lo que sentía en esos momentos, es lógico que dejemos algo en lo que dibujamos, no dejar nada de nuestro yo es imposible.
Comentario:
Yo caí una vez en un agujero muy negro, supongo que todos tenemos agujeros, el mío fue muy oscuro y pensé por un tiempo que no saldría, no fume nada pero casi perdí la cabeza en sus profundidades. Ahora puedo mirar atrás con la cabeza alta aunque todavía no puedo reírme de aquello, espero que pronto, pero si salí fortalecido de la caída, y eso ya es algo. Un beso , me ha encantado este post, genial narrado.





