EL AMOR
Antes de que empeceis a hacer el ganso fingiendo arcadas delante de la pantallas, queridos míos, pensad que el tema del que hoy voy a hablar es bastante peliagudo. En un mundo donde Hollywood lo invade todo y la tele sigue su ejemplo, ya no tenemos seguridad, cuando somos pequeños, de tener nuestros modelos claros. Y surgen una serie de preguntas:
1. ¿El amor existe realmente?
2. ¿Qué es el amor?
3. ¿Qué se siente?
4. ¿Existe el amor a primera vista?
5. ¿Existe el amor para siempre?
Bueno, a la primera es fácil contestar. Efectivamente, el amor existe. Y tiene hasta su soporte teórico. Lo deduje junto con un amigo que a estas alturas, debe ser ya licenciado en filosofía, y estuvo de acuerdo conmigo. La especie humana tiene una infancia inusualmente larga, de hecho, en la sociedad actual, el joven no se puede valer por sus propios medios hasta bien entrada la veintena y no abanadona el hogar familiar hasta casi los treinta. Y la tarea de criar, ya no uno, sino varios niños, es tan absorbente que necesita de dos personas. Y esas personas deben estar juntas, a pesar de las dificultades de la convivencia, durante al menos treinta años, y si deben ejercer de abuelos, pues aún más tiempo. Y la única fuerza capaz de conseguir eso es el amor. Por tanto, hemos evolucionado para estar enamorados. Así de simple.
La pregunta del millón. ¿Qué es el amor? Hay quien habla de una fuerza sobrenatural. Hay quien habla de reacciones químicas en el cerebro. Pero eso explica en todo caso las causas del amor, pero no describe el amor. El amor es un sentimiento excluyente (sólo se puede amar a una persona), que busca el bien y la felicidad de la otra persona como si fuera el propio, ser uno mismo artífice de ese bien y velar por que nada atente contra el mismo.
A ver, cuando uno está enamorado y es correspondido se siente, ante todo, una conexión a un nivel diferente. Es como si pudierais comunicaros sólo mirandoos a los ojos, sin hablar. Al principio, el amor se caracteriza por una intensa necesidad de la otra persona. Con el tiempo se calma y se convierte en una plácida sensación de bienestar cuando la persona amada está cerca y un ligero desasosiego cuando no es así.
Cualquiera diría que para amar a la persona es preciso conocerla, y ello descartaría inicialmente el amor a primera vista. No obstante, hay ocasiones en las que la primera vez que vemos a la persona amada, podemos sentir esa conexión sin palabras de la que hablábamos antes, al igual que muchas veces sabemos a primer golpe de vista si alguien nos va a caer bien o mal. Es el lenguaje no verbal el que nos da la pista, y a veces nos da pistas inmejorables. Por tanto, sí, el amor a primera vista es posible, como también es posible el enamoramiento progresivo.
Ésta es, posiblemente, más pregunta del millón que la anterior. ¿Estamos condenados a enamorarnos y desenamorarnos contínuamente, o existe el amor que no se consume, el compañero ideal que estará con nosotros hasta que la biología elimine a uno de los dos? Yo tengo una teoría al respecto. Mi imagen mental del amor se asemeja a una planta. El amor a primera vista o el progresivo, el amor arrebatador del principio, es sólo una semilla. Caída en suelo fértil germina y da lugar a una plántula, surge el amor. Pero el hecho de que surja no significa que no haya que cultivarlo, regarlo, decirle palabras bonitas, podarlo incluso. El amor, como una planta, hay que irlo cuidando para que cada día crezca más, fuerte y sano, y se convierta en un portentoso árbol. Y ni siquiera eso nos asegura nada, porque hasta el árbol más fuerte lo arranca un huracán. Pero también hay árboles que resisten las peores tormentas cuando no queda nada a su alrededor. Como seguro que no aguantará es siendo una débil plantita.
Sirva ese post como una gotita más de agua, un poquito más de fertilizante y un rayito más de sol para nuestro arbolito, princesa.
Seguiremos informando. Un saludo.
1. ¿El amor existe realmente?
2. ¿Qué es el amor?
3. ¿Qué se siente?
4. ¿Existe el amor a primera vista?
5. ¿Existe el amor para siempre?
Bueno, a la primera es fácil contestar. Efectivamente, el amor existe. Y tiene hasta su soporte teórico. Lo deduje junto con un amigo que a estas alturas, debe ser ya licenciado en filosofía, y estuvo de acuerdo conmigo. La especie humana tiene una infancia inusualmente larga, de hecho, en la sociedad actual, el joven no se puede valer por sus propios medios hasta bien entrada la veintena y no abanadona el hogar familiar hasta casi los treinta. Y la tarea de criar, ya no uno, sino varios niños, es tan absorbente que necesita de dos personas. Y esas personas deben estar juntas, a pesar de las dificultades de la convivencia, durante al menos treinta años, y si deben ejercer de abuelos, pues aún más tiempo. Y la única fuerza capaz de conseguir eso es el amor. Por tanto, hemos evolucionado para estar enamorados. Así de simple.
La pregunta del millón. ¿Qué es el amor? Hay quien habla de una fuerza sobrenatural. Hay quien habla de reacciones químicas en el cerebro. Pero eso explica en todo caso las causas del amor, pero no describe el amor. El amor es un sentimiento excluyente (sólo se puede amar a una persona), que busca el bien y la felicidad de la otra persona como si fuera el propio, ser uno mismo artífice de ese bien y velar por que nada atente contra el mismo.
A ver, cuando uno está enamorado y es correspondido se siente, ante todo, una conexión a un nivel diferente. Es como si pudierais comunicaros sólo mirandoos a los ojos, sin hablar. Al principio, el amor se caracteriza por una intensa necesidad de la otra persona. Con el tiempo se calma y se convierte en una plácida sensación de bienestar cuando la persona amada está cerca y un ligero desasosiego cuando no es así.
Cualquiera diría que para amar a la persona es preciso conocerla, y ello descartaría inicialmente el amor a primera vista. No obstante, hay ocasiones en las que la primera vez que vemos a la persona amada, podemos sentir esa conexión sin palabras de la que hablábamos antes, al igual que muchas veces sabemos a primer golpe de vista si alguien nos va a caer bien o mal. Es el lenguaje no verbal el que nos da la pista, y a veces nos da pistas inmejorables. Por tanto, sí, el amor a primera vista es posible, como también es posible el enamoramiento progresivo.
Ésta es, posiblemente, más pregunta del millón que la anterior. ¿Estamos condenados a enamorarnos y desenamorarnos contínuamente, o existe el amor que no se consume, el compañero ideal que estará con nosotros hasta que la biología elimine a uno de los dos? Yo tengo una teoría al respecto. Mi imagen mental del amor se asemeja a una planta. El amor a primera vista o el progresivo, el amor arrebatador del principio, es sólo una semilla. Caída en suelo fértil germina y da lugar a una plántula, surge el amor. Pero el hecho de que surja no significa que no haya que cultivarlo, regarlo, decirle palabras bonitas, podarlo incluso. El amor, como una planta, hay que irlo cuidando para que cada día crezca más, fuerte y sano, y se convierta en un portentoso árbol. Y ni siquiera eso nos asegura nada, porque hasta el árbol más fuerte lo arranca un huracán. Pero también hay árboles que resisten las peores tormentas cuando no queda nada a su alrededor. Como seguro que no aguantará es siendo una débil plantita.
Sirva ese post como una gotita más de agua, un poquito más de fertilizante y un rayito más de sol para nuestro arbolito, princesa.
Seguiremos informando. Un saludo.
AQUÍ TE PILLO, AQUÍ TE MATO
Estimados lectores, estimadas lectoras. Hace ya unos días que vimos pasar ante nuestros ojos el solsticio de verano, el cual marca el inicio de la cálida estación. Hasta que el eje de la Tierra vuelva a estar completamente perpendicular a la órbita de ésta alrededor del Sol (o sea, que llegue el equinoccio de otoño), nos quedan tres meses de calor y más calor.
A pesar de las bajas latitudes en las que nací, nunca me han gustado las altas temperaturas. Siempre he preferido el frío. Y es que cuando hace frío, te abrigas y te abrigas, y llega un momento en que puede que estés inmóvil con tanta prenda encima, pero acabas entrando en calor.
En cambio, cuando la temperatura se eleva y se eleva, aun estando en bolas, es imposible salir a la calle, porque se derriten hasta las piedras.
No obstante, el calor tiene cosas buenas. Las chicas se quitan la ropa, y van más ligeritas de vestimenta por la calle, y si se da la ocasión, puedes hacer locurillas que en invierno, por el frío y por la cantidad de la ropa es imposible.
Por ejemplo, meterse mano en invierno es toda una aventura. Si os entra un calentón en la calle, y os poneis traviesillos y juguetones como si tuvierais quince años, mientras desabrochais lo justo el abrigo, meteis la mano y apartais el jersey, la camisa, la camiseta, desbrochais un botón del pantalón, retirais un poco la braga-faja, la braga y tocais "la concha", que dirían los argentinos, ya ha anochecido (porque en invierno a las 7 es ya de noche) y os habeis enfriado hace ya mucho rato.
Sin embargo en verano es mucho más fácil, y mucho más peligroso. Que si os bañais juntos en la playa o en la piscina y os dais un abrazo tierno, y aquello se pone de cualquier modo menos tierno, que si os vais al piso a ducharos y con la tontería de ducharos juntos ya la teneis liada, que si salís por la noche y en un rinconcito de la playa... "tonta, que no nos ve nadie" ¡Si es que no puede ser, que en verano vamos muy acalorados!
Y claro, llegan los ATPATM (Aquí Te Pillo, Aquí Te Mato), tan habituales en la estación estival. Y ya si la pareja es estable, y el método anticonceptivo usado no es de barrera, pues ni hablamos. Esto se presta a múltiples barbaridades, como por ejemplo, estas en la playa, alejado de la gente, con la sombrilla y las bolsas de playa puestas en una configuración estratégica, pues os abrazais de lado, y moviendo un poquito los bañadores... ¡cataplof!
O estais dentro del agua, nadando como los pececitos, luego os abrazais, tu notas que te pones contento, ella lo nota y también se pone contenta, moveis un poco los bañadores y... ¡cataplof de nuevo!
O salís por la noche a tomar algo, luego volveis dando un paseo a la orilla del mar, encontrais una caseta o cualquier otro lugar que os oculta a la vista de la gente, abrís los "conductos de salida", os juntais un poco y... ¡cataplof otra vez!
Me sigue gustando más el invierno, pero el verano tiene su cosas, ¿no creeis?
Seguiremos informando. Un saludo
A pesar de las bajas latitudes en las que nací, nunca me han gustado las altas temperaturas. Siempre he preferido el frío. Y es que cuando hace frío, te abrigas y te abrigas, y llega un momento en que puede que estés inmóvil con tanta prenda encima, pero acabas entrando en calor.
En cambio, cuando la temperatura se eleva y se eleva, aun estando en bolas, es imposible salir a la calle, porque se derriten hasta las piedras.
No obstante, el calor tiene cosas buenas. Las chicas se quitan la ropa, y van más ligeritas de vestimenta por la calle, y si se da la ocasión, puedes hacer locurillas que en invierno, por el frío y por la cantidad de la ropa es imposible.
Por ejemplo, meterse mano en invierno es toda una aventura. Si os entra un calentón en la calle, y os poneis traviesillos y juguetones como si tuvierais quince años, mientras desabrochais lo justo el abrigo, meteis la mano y apartais el jersey, la camisa, la camiseta, desbrochais un botón del pantalón, retirais un poco la braga-faja, la braga y tocais "la concha", que dirían los argentinos, ya ha anochecido (porque en invierno a las 7 es ya de noche) y os habeis enfriado hace ya mucho rato.
Sin embargo en verano es mucho más fácil, y mucho más peligroso. Que si os bañais juntos en la playa o en la piscina y os dais un abrazo tierno, y aquello se pone de cualquier modo menos tierno, que si os vais al piso a ducharos y con la tontería de ducharos juntos ya la teneis liada, que si salís por la noche y en un rinconcito de la playa... "tonta, que no nos ve nadie" ¡Si es que no puede ser, que en verano vamos muy acalorados!
Y claro, llegan los ATPATM (Aquí Te Pillo, Aquí Te Mato), tan habituales en la estación estival. Y ya si la pareja es estable, y el método anticonceptivo usado no es de barrera, pues ni hablamos. Esto se presta a múltiples barbaridades, como por ejemplo, estas en la playa, alejado de la gente, con la sombrilla y las bolsas de playa puestas en una configuración estratégica, pues os abrazais de lado, y moviendo un poquito los bañadores... ¡cataplof!
O estais dentro del agua, nadando como los pececitos, luego os abrazais, tu notas que te pones contento, ella lo nota y también se pone contenta, moveis un poco los bañadores y... ¡cataplof de nuevo!
O salís por la noche a tomar algo, luego volveis dando un paseo a la orilla del mar, encontrais una caseta o cualquier otro lugar que os oculta a la vista de la gente, abrís los "conductos de salida", os juntais un poco y... ¡cataplof otra vez!
Me sigue gustando más el invierno, pero el verano tiene su cosas, ¿no creeis?
Seguiremos informando. Un saludo
LA VELOCIDAD DEL TIEMPO
Hoy se casa una amiga mía. Y confluyen dos factores importantes en esta ceremonia a la que voy a asistir: va a ser la primera boda de un amigo cercano, y la primera para mí en la que uno de los contrayentes es más joven que yo. Y es que es alucinante cómo se acelera el tiempo a medida que te haces mayor.
Cuando yo era pequeño, el mundo era prácticamente estático. Los cumpleaños eran un momento muy singular, no sólo porque te hicieran regalos, sino porque habías vivido muy pocos, y recordabas aún menos. Claro, cada cumpleaños era un acontecimiento. De por sí, los meses ya pasaban lentos, y hasta los veranos se hacían eternos. No hay verano que dure más que los que vivimos cuando somos pequeños (además, eran veranos de tres meses (!!!)).
Del desplazamiento que tu persona realiza a través del tiempo comienzas a ser consciente cuando empiezas a alcanzar en estatura a tu madre, cuando acabas la escuela primaria y cuando te empiezan a salir los primeros pelos "donde no deben", más o menos todo eso sucede al mismo tiempo. Los meses se acortan y tu cuerpo se alarga, y cuando te das cuenta, eres un tiarrón o una tiarrona, mides más que tu madre y tu padre subidos a caballito uno sobre el otro y estás yendo a clase, donde hay profesores que son apenas unos años mayores que tú.
Pero hasta ahí va todo bien, es divertido irse haciendo mayor. El probrema empieza a aparecer a los dieciocho años. Primero viene el timo de la mayoría de edad, que no sirve para nada, salvo para votar y sacarse el carnet de conducir (bueno, que tampoco está mal).
Y luego viene cuando ves un concurso de misses o un partido de fútbol y empiezas a percatarte de que esos a los que ves por la tele son más jóvenes que tú. Porque además ya no cabe decir que son más pequeños, eso es lo realmente jodido. Antes, la gente de tu generación es "más grande" o "más pequeña" que tú. Ahora son más jóvenes o mayores. Ya eso empieza a picar.
Hay un paréntesis agradable, que es cuando descubres que tienes libertad, dinero y nada de compromisos. Pero se acaba en cuanto cumples unos años más y empiezas a echar cuentas del tipo "con mi edad, mi padre estaba casado, tenía dos hijos, un coche y un piso", "me acuerdo de mi madre cuando tenía mi edad" o "mi padre tiene ahora la edad de mi abuelo cuando me regaló el balón en mi cumpleaños". Ahora, los meses vuelan (y menos mal, porque los recibos también vienen todos los meses), el pelo se cae, la piel pierde elasticidad, y aún no tengo un trabajo en condiciones, ni un piso en propiedad...
Este año, se empiezan a casar todos mis amigos. Y dentro de poco, la gente con la que hacía el cabra en una discoteca y con la que jugábamos al strip-poker en casa de los padres de uno de ellos, me invitarán a ir al parque con ellos y con sus hijos. Me convertiré en el "Tío Melocotoncito". Dentro de poco me veo en comuniones de hijos de mis amigos, hablando de colegios, de profesores y de muebles.
Necesito irme a la playa este finde como el comer, a disfrutar de mi juventud, mientras me quede algo. ¡A hacer el indio, que soy joven! A ver cuanto me dura.
Seguiremos informando. Un saludo.
Cuando yo era pequeño, el mundo era prácticamente estático. Los cumpleaños eran un momento muy singular, no sólo porque te hicieran regalos, sino porque habías vivido muy pocos, y recordabas aún menos. Claro, cada cumpleaños era un acontecimiento. De por sí, los meses ya pasaban lentos, y hasta los veranos se hacían eternos. No hay verano que dure más que los que vivimos cuando somos pequeños (además, eran veranos de tres meses (!!!)).
Del desplazamiento que tu persona realiza a través del tiempo comienzas a ser consciente cuando empiezas a alcanzar en estatura a tu madre, cuando acabas la escuela primaria y cuando te empiezan a salir los primeros pelos "donde no deben", más o menos todo eso sucede al mismo tiempo. Los meses se acortan y tu cuerpo se alarga, y cuando te das cuenta, eres un tiarrón o una tiarrona, mides más que tu madre y tu padre subidos a caballito uno sobre el otro y estás yendo a clase, donde hay profesores que son apenas unos años mayores que tú.
Pero hasta ahí va todo bien, es divertido irse haciendo mayor. El probrema empieza a aparecer a los dieciocho años. Primero viene el timo de la mayoría de edad, que no sirve para nada, salvo para votar y sacarse el carnet de conducir (bueno, que tampoco está mal).
Y luego viene cuando ves un concurso de misses o un partido de fútbol y empiezas a percatarte de que esos a los que ves por la tele son más jóvenes que tú. Porque además ya no cabe decir que son más pequeños, eso es lo realmente jodido. Antes, la gente de tu generación es "más grande" o "más pequeña" que tú. Ahora son más jóvenes o mayores. Ya eso empieza a picar.
Hay un paréntesis agradable, que es cuando descubres que tienes libertad, dinero y nada de compromisos. Pero se acaba en cuanto cumples unos años más y empiezas a echar cuentas del tipo "con mi edad, mi padre estaba casado, tenía dos hijos, un coche y un piso", "me acuerdo de mi madre cuando tenía mi edad" o "mi padre tiene ahora la edad de mi abuelo cuando me regaló el balón en mi cumpleaños". Ahora, los meses vuelan (y menos mal, porque los recibos también vienen todos los meses), el pelo se cae, la piel pierde elasticidad, y aún no tengo un trabajo en condiciones, ni un piso en propiedad...
Este año, se empiezan a casar todos mis amigos. Y dentro de poco, la gente con la que hacía el cabra en una discoteca y con la que jugábamos al strip-poker en casa de los padres de uno de ellos, me invitarán a ir al parque con ellos y con sus hijos. Me convertiré en el "Tío Melocotoncito". Dentro de poco me veo en comuniones de hijos de mis amigos, hablando de colegios, de profesores y de muebles.
Necesito irme a la playa este finde como el comer, a disfrutar de mi juventud, mientras me quede algo. ¡A hacer el indio, que soy joven! A ver cuanto me dura.
Seguiremos informando. Un saludo.
EL ROBIN HOOD DE LA PALABRA
Queridos amiguitos, una estimada lectora y comentarista me afeaba la expresión "hembra alfa" tras leer mi texto de ayer. Por una parte, me alegré mucho de ver que hay gente que, como yo mismo, se cuestiona mucho el significado de cada expresión, porque como dice el proverbio árabe "somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras". Por otra parte, me sentí injustamente reconvenido, pues mi intención no era degradar a la mujer, a la que ya le he dedicado en éste, vuestro blog, muchos panegíricos, sino usar la misma expresión que usan los etólogos para describir el comportamiento de las hembras de cualquier especie, trasladando el ejemplo al ámbito de los homo sapiens.
Y es que es muy importante, hasta un punto que no os podeis imaginar, para un buen romántico golferas, el uso correcto de la palabra. Para el romántico golferas, la palabra es como la pluma del pavo real, o como el canto del pajarillo. Es nuestra principal arma de seducción, junto con los ojos, porque es la principal sonda de nuestro cerebro hacia el mundo.
Es tremendamente fácil realizar un mal uso del lenguaje. Por ejemplo, lo que comentábamos antes. Salvo licencias como la mía de ayer, no debe conformarse la pareja "varón/hembra" en el mismo discurso. Las parejas correctas son "macho/hembra" para los animales en general y "varón/mujer" para los seres humanos en particular. Aunque oigais mil veces decir a una madre que tiene "un varón y una hembra".
Los mensajes pagados que se insertan en los medios de comunicación para anunciar productos o servicios, son eso, "anuncios" o "publicidad". La propaganda es una cosa muy fea que inventó un señor llamado Goebbles. La publicidad intenta inducirnos a comprar, la propaganda intenta condicionar nuestros pensamientos.
Esto parece que son restos en el inconsciente colectivo de un país que tuvo una guerra civil hace setenta años, igual que hablar de los informativos como "el parte". El parte puede ser médico o de guerra.
Otras cosas que se producen son asociaciones férreas de nombres y adjetivos, generalmente epítetos. ¿Por qué la sequía siempre es "pertinaz"?
Todo esto no tiene nada que ver en principio con los románticos golferas, pero son ejemplos de usos mediocres del idioma que un trabajador del lenguaje, como es un romántico golferas en activo, debe evitar.
Un buen método para afinar la puntería con las palabras es definirlas. SI no eres capaz de definirla en tu mente, es porque en realidad no conoces su significado con exactitud. Otro ejercicio es construir frases con las palabras, para verificar su uso.
Todo esto pueden parecer chorradas, pero cuando esteis en ese momento mágico, que dura apenas una fracción de segundo en muchas ocasiones, en los que la chica os ha hecho una pregunta para la que se precisa una respuesta y sólo una respuesta, y tiene que ser ocurrente, y tiene que ser ya, os acordareis de las veces que no habeis entrenado la labia, el mayor patrimonio de un buen romántico golferas.
Y si teneis dudas, no seais melones, acudid a un diccionario, que para eso están.
Seguiremos informando de las novedades que se vayan produciendo en el mundo del hedonismo. Un saludillo a todos.
Y es que es muy importante, hasta un punto que no os podeis imaginar, para un buen romántico golferas, el uso correcto de la palabra. Para el romántico golferas, la palabra es como la pluma del pavo real, o como el canto del pajarillo. Es nuestra principal arma de seducción, junto con los ojos, porque es la principal sonda de nuestro cerebro hacia el mundo.
Es tremendamente fácil realizar un mal uso del lenguaje. Por ejemplo, lo que comentábamos antes. Salvo licencias como la mía de ayer, no debe conformarse la pareja "varón/hembra" en el mismo discurso. Las parejas correctas son "macho/hembra" para los animales en general y "varón/mujer" para los seres humanos en particular. Aunque oigais mil veces decir a una madre que tiene "un varón y una hembra".
Los mensajes pagados que se insertan en los medios de comunicación para anunciar productos o servicios, son eso, "anuncios" o "publicidad". La propaganda es una cosa muy fea que inventó un señor llamado Goebbles. La publicidad intenta inducirnos a comprar, la propaganda intenta condicionar nuestros pensamientos.
Esto parece que son restos en el inconsciente colectivo de un país que tuvo una guerra civil hace setenta años, igual que hablar de los informativos como "el parte". El parte puede ser médico o de guerra.
Otras cosas que se producen son asociaciones férreas de nombres y adjetivos, generalmente epítetos. ¿Por qué la sequía siempre es "pertinaz"?
Todo esto no tiene nada que ver en principio con los románticos golferas, pero son ejemplos de usos mediocres del idioma que un trabajador del lenguaje, como es un romántico golferas en activo, debe evitar.
Un buen método para afinar la puntería con las palabras es definirlas. SI no eres capaz de definirla en tu mente, es porque en realidad no conoces su significado con exactitud. Otro ejercicio es construir frases con las palabras, para verificar su uso.
Todo esto pueden parecer chorradas, pero cuando esteis en ese momento mágico, que dura apenas una fracción de segundo en muchas ocasiones, en los que la chica os ha hecho una pregunta para la que se precisa una respuesta y sólo una respuesta, y tiene que ser ocurrente, y tiene que ser ya, os acordareis de las veces que no habeis entrenado la labia, el mayor patrimonio de un buen romántico golferas.
Y si teneis dudas, no seais melones, acudid a un diccionario, que para eso están.
Seguiremos informando de las novedades que se vayan produciendo en el mundo del hedonismo. Un saludillo a todos.
LAS HEMBRAS ALFA
Antes que nada, he de agradecer las muestras de preocupación de algunas personas por el post de ayer, el cual he aclarado en un comentario al mismo. Lamento la innecesaria tensión.
Queridos amiguitos, hoy vamos a hablar de un pequeño y selecto grupo de mujeres. La mayoría de las mujeres, debido a la educación machista y represora que existe, suelen tener problemas más o menos apreciables a la hora de desinhibirse en cuestiones sexuales, al menos al principio de su juventud.
No obstante, por rebeldía o por mala educación (no necesariamente mala educación sexual, sino mala educación en general), puede darse el caso de que un chica, y más si es singularmente guapa o atractiva, o simplemente morbosilla, ejerza un dominio a través de su control de las relaciones con los hombres, consiguiendo en torno a sí una especie de "harén virtual" de hombres. Es lo que llamamos una "hembra alfa".
La posible hembra alfa, en un momento dado de su desarrollo, es consciente de su poder sobre el sexo opuesto. Las que usan ese poder sabiamente para encontrar una pareja estupenda, no entran en nuestra categoría, simplemente son chicas enamoradas.
El resto de las candidatas no están interesadas en tener una pareja estable. Las que cambian de pareja con la frecuancia que sea, pero lo hacen de forma ordenada y sincera, no entran en nuestra categoría, simplemente son chicas insatisfechas.
El resto de las candidatas no están interesadas en tener una pareja en particular. Las que tienen muchos amigos con derecho a roce, pero dejan claro que se trata de una amistad con derecho a roce y nada más, simplemente son chicas inteligentes.
El resto de las candidatas no quiere sólo tener amigos. Las que tienen varios pretendientes detrás de ellas (o delante, o encima, o debajo, según el caso), pero ocultan la existencia de cada uno a los demás, simplemente son chicas aprovechadas.
Las chicas que tienen pretendientes enamorados de ellas, que dejan a las claras que se lo montan con quien quieren en cada momento y que no descartan que al final escojan a un "elegido" o "consorte" de entre ellos para hacerlo su pareja definitiva, esas son "hembras alfa".
Personalmente, no me gusta participar de ningún harén. Cuando he sido golferas, no me ha importado ser un amigo más con derecho a roce, pero cuando me gusta alguien de verdad, la quiero sólo para mí.
No obstante, no critico esa forma de actuar de algunas chicas de hoy en día, porque no hacen más que lo que algunos hombres han hecho durante siglos. Las relaciones humanas del tipo que sean se basan en la libertad. Si ellas dejan claras las reglas del juego y ellos aceptan, es su problema y de nadie más.
Lo realmente divertido, el juego realmente apasionante, es intentar ser capaz de retirar a una hembra alfa. ¡Ahí está el auténtico reto!
Seguiremos informando. Un saludo.
Queridos amiguitos, hoy vamos a hablar de un pequeño y selecto grupo de mujeres. La mayoría de las mujeres, debido a la educación machista y represora que existe, suelen tener problemas más o menos apreciables a la hora de desinhibirse en cuestiones sexuales, al menos al principio de su juventud.
No obstante, por rebeldía o por mala educación (no necesariamente mala educación sexual, sino mala educación en general), puede darse el caso de que un chica, y más si es singularmente guapa o atractiva, o simplemente morbosilla, ejerza un dominio a través de su control de las relaciones con los hombres, consiguiendo en torno a sí una especie de "harén virtual" de hombres. Es lo que llamamos una "hembra alfa".
La posible hembra alfa, en un momento dado de su desarrollo, es consciente de su poder sobre el sexo opuesto. Las que usan ese poder sabiamente para encontrar una pareja estupenda, no entran en nuestra categoría, simplemente son chicas enamoradas.
El resto de las candidatas no están interesadas en tener una pareja estable. Las que cambian de pareja con la frecuancia que sea, pero lo hacen de forma ordenada y sincera, no entran en nuestra categoría, simplemente son chicas insatisfechas.
El resto de las candidatas no están interesadas en tener una pareja en particular. Las que tienen muchos amigos con derecho a roce, pero dejan claro que se trata de una amistad con derecho a roce y nada más, simplemente son chicas inteligentes.
El resto de las candidatas no quiere sólo tener amigos. Las que tienen varios pretendientes detrás de ellas (o delante, o encima, o debajo, según el caso), pero ocultan la existencia de cada uno a los demás, simplemente son chicas aprovechadas.
Las chicas que tienen pretendientes enamorados de ellas, que dejan a las claras que se lo montan con quien quieren en cada momento y que no descartan que al final escojan a un "elegido" o "consorte" de entre ellos para hacerlo su pareja definitiva, esas son "hembras alfa".
Personalmente, no me gusta participar de ningún harén. Cuando he sido golferas, no me ha importado ser un amigo más con derecho a roce, pero cuando me gusta alguien de verdad, la quiero sólo para mí.
No obstante, no critico esa forma de actuar de algunas chicas de hoy en día, porque no hacen más que lo que algunos hombres han hecho durante siglos. Las relaciones humanas del tipo que sean se basan en la libertad. Si ellas dejan claras las reglas del juego y ellos aceptan, es su problema y de nadie más.
Lo realmente divertido, el juego realmente apasionante, es intentar ser capaz de retirar a una hembra alfa. ¡Ahí está el auténtico reto!
Seguiremos informando. Un saludo.
YA NO TENGO NADA QUE ESCRIBIR
Hace tiempo que comencé este, ya más vuestro blog que mío. La intensa necesidad de escribir, de fijar las palabras que revoloteaban en mi cabeza, junto con la posibilidad de meterlas en esta especie de botella hecha de electrones que es el internet y tirarlas al mar de las IPs, los DNS y los buscadores varios, fueron los que determinaron que una lejana y larga noche de principios de noviembre me sentara a expresar a nadie en particular y a todos en general los pensamientos sin nombre que cargaban mi frente e inclinaban mi cabeza.
En un inicio fue un mero diario de sucesos y una pequeña guía de introducción a melocotoncito. Casi todo era crónica, la crónica de una vida tan normal y tan corriente como pueda serlo la de cualquiera de vosotros, no menos interesante, pero no mucho más tampoco.
Y la botella seguía surcando las olas de datos.
Con el tiempo, una vez explicado yo y mi circunstancia, empecé a plasmar la información útil que me proporcionaban mis vivencias pasadas: mis múltiples etapas golferas. Mis (nunca sabrán hasta que punto) queridos visitantes mostraban en los comentarios cómo y cuánto disfrutaban con mis historias, y se estableció un diálogo de comentarios y artículos muy gratificante para mí, y espero que para ellos. Jamás pensé en escribir para que me leyeran, pero saberte escuchado y leer una respuesta es una forma de sentirse menos solo.
Y la botella seguía su viaje por el mar de los datos.
De vez en cuando escribía algún post apartado de esa línea. Ahí hablaba el melocotoncito alternativo, el que se rebelaba ante una injusticia, o el que se maravillaba de las pequeñas cosas.
Y el mensaje más importante jamás fue escrito, porque siempre estaba detrás de cada palabra. En cada letra que salía de este teclado había una gota de mi sangre, de mi ser, de mi espíritu. El mensaje más importante era yo mismo. Con cada artículo, una pincelada dibujaba una línea más de mi auténtica imagen, esa que no vemos en una foto, sino que vemos con el corazón cuando estamos frente a una persona que conocemos.
Y la botella flotaba, y flotaba, y porfiaba por no hundirse. Y un día, alguien vio esa botella varada en su playa. Desenterró el cristal de las palabras de compromiso, sacó el corcho de las palabras vacías, extrajo la carta de las palabras verdaderas y leyó su contenido. Y no sólo lo entendió, sino que decidió responder.
Desde entonces, mi grito por la ventana se convirtió en un cruce de correspondencia. Las cartas siguen siendo cartas abiertas, pero ahora tienen una destinataria conocida.
Pero ahora, durante un tiempo, ella no tendrá playa donde recibir mis mensajes. Su mar de datos quedará seco en una temporada. Y de repente descubro que os estaré hablando a todos, pero que ella no me podrá leer.
Así pues, si la veis por la calle, si os encontrais con ella en la tienda, si hablais con ella por teléfono, decídselo. Decidle que aunque ella no esté en la playa, yo seguiré arrojando mensajes en botella al mar. Por supuesto que no con el mismo entusiasmo, pero el mensaje que yo quiero que le llegue no es ninguna palabra que yo pueda escribir.
El auténtico mensaje es la palabra que no puedo escribir, pero que me impulsa a poner las demás en el papel. Y ella sabrá que esa palabra está ahí por el simple hecho de conocer la existencia de una botella más en el mar de los electrones. Por eso debeis contarselo.
Porque sin ella, ya no tengo nada que escribir.
En un inicio fue un mero diario de sucesos y una pequeña guía de introducción a melocotoncito. Casi todo era crónica, la crónica de una vida tan normal y tan corriente como pueda serlo la de cualquiera de vosotros, no menos interesante, pero no mucho más tampoco.
Y la botella seguía surcando las olas de datos.
Con el tiempo, una vez explicado yo y mi circunstancia, empecé a plasmar la información útil que me proporcionaban mis vivencias pasadas: mis múltiples etapas golferas. Mis (nunca sabrán hasta que punto) queridos visitantes mostraban en los comentarios cómo y cuánto disfrutaban con mis historias, y se estableció un diálogo de comentarios y artículos muy gratificante para mí, y espero que para ellos. Jamás pensé en escribir para que me leyeran, pero saberte escuchado y leer una respuesta es una forma de sentirse menos solo.
Y la botella seguía su viaje por el mar de los datos.
De vez en cuando escribía algún post apartado de esa línea. Ahí hablaba el melocotoncito alternativo, el que se rebelaba ante una injusticia, o el que se maravillaba de las pequeñas cosas.
Y el mensaje más importante jamás fue escrito, porque siempre estaba detrás de cada palabra. En cada letra que salía de este teclado había una gota de mi sangre, de mi ser, de mi espíritu. El mensaje más importante era yo mismo. Con cada artículo, una pincelada dibujaba una línea más de mi auténtica imagen, esa que no vemos en una foto, sino que vemos con el corazón cuando estamos frente a una persona que conocemos.
Y la botella flotaba, y flotaba, y porfiaba por no hundirse. Y un día, alguien vio esa botella varada en su playa. Desenterró el cristal de las palabras de compromiso, sacó el corcho de las palabras vacías, extrajo la carta de las palabras verdaderas y leyó su contenido. Y no sólo lo entendió, sino que decidió responder.
Desde entonces, mi grito por la ventana se convirtió en un cruce de correspondencia. Las cartas siguen siendo cartas abiertas, pero ahora tienen una destinataria conocida.
Pero ahora, durante un tiempo, ella no tendrá playa donde recibir mis mensajes. Su mar de datos quedará seco en una temporada. Y de repente descubro que os estaré hablando a todos, pero que ella no me podrá leer.
Así pues, si la veis por la calle, si os encontrais con ella en la tienda, si hablais con ella por teléfono, decídselo. Decidle que aunque ella no esté en la playa, yo seguiré arrojando mensajes en botella al mar. Por supuesto que no con el mismo entusiasmo, pero el mensaje que yo quiero que le llegue no es ninguna palabra que yo pueda escribir.
El auténtico mensaje es la palabra que no puedo escribir, pero que me impulsa a poner las demás en el papel. Y ella sabrá que esa palabra está ahí por el simple hecho de conocer la existencia de una botella más en el mar de los electrones. Por eso debeis contarselo.
Porque sin ella, ya no tengo nada que escribir.
ESTOY A FAVOR DEL MATRIMONIO ENTRE CATÓLICOS
(Texto original de Psicobyte, publicado en su blog el día 18 de octubre de 2004. Lo pego y me abstengo de escribir por dos motivos: el escrito es para quitarse el sombrero, y además para reivindicar la autoría de un texto que ha sido copiado en más de una ocasión sin citar al autor. De esto último fui informado por Zifra y AIRON.)
Matrimonio y católicos
En línea con la actual relevancia social en torno a la modificación de la legislación española sobre los matrimonios, la postura de los católicos en ella, voy a exponer mi posición aquí, que para eso es mi blog:
Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos.
Me parece una injusticia y un error tratar de impedirselo.
El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.
Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de caracter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.
Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.
Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestrucuturadas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familas católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.
Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.
Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.
Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".
Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor problabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.
En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.
Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.
(Seguiremos informando. Un saludo.)
Matrimonio y católicos
En línea con la actual relevancia social en torno a la modificación de la legislación española sobre los matrimonios, la postura de los católicos en ella, voy a exponer mi posición aquí, que para eso es mi blog:
Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos.
Me parece una injusticia y un error tratar de impedirselo.
El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.
Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de caracter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.
Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.
Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestrucuturadas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familas católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.
Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.
Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.
Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".
Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor problabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.
En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.
Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.
(Seguiremos informando. Un saludo.)
LOS GRANDES PEDOS
Amigos míos, el proceso de crecimiento psicológico y emocional del ser humano no es más que la historia de nuestra conquista de la libertad. Cuando eres pequeñito te marcan la hora a la que te despiertas, lo que comes, a donde vas, etc. Y a medida que nos vamos haciendo mayores, tomamos cada vez más control sobre todos los aspectos de nuestra vida.
Pero claro, toda libertad conlleva una responsabilidad, y ésa es la dura lección a aprender durante nuestra maduración como personas. Y la mayor preocupación de nuestros padres es que en el proceso de aprendizaje de esta verdad inamovible no nos dañemos en exceso.
Uno de los espacios de libertad que conquista el joven es la posibilidad de administrar a su cuerpo sustancias que alteran el normal funcionamiento de sus neuronas: café, tabaco, alcohol, cannabis, y sustancias aún más peligrosas. Muchos jóvenes empiezan a consumir productos de este tipo precisamente como manera de marcar ante los demás su entrada en la juventud.
Mi caso tiene algunas peculiaridades. Como ya sabreis los que me leeis con frecuencia, odio el tabaco, así que eso no iba a suponer una tentación para mí. Era un chico bastante seguro de mí mismo, con lo que no iba a tomar preparados extraños para reafirmar mi madurez.
Pero a pesar de mi autoconfianza era (y soy) bastante tímido, con lo cual descubrí en el alcohol un aliado con el cual conjurar ese defecto. Era como una medicina milagrosa: lo tomaba y la timidez se desvanecía como por arte de magia. Podía bailar, hablar con extraños, no me ponía nervioso al dirigirme a una chica y mis chistes eran mucho más graciosos.
Pero como ya comentaba, toda libertad conlleva una responsabilidad. En este caso, aunque yo no era un borrachín, hubo al menos dos o tres noches en que sufrí enormes melopeas.
Dos de ellas fueron de whisky. Me acabé desmayando en mitad de la noche y sólo tengo vagos recuerdos de amigos intentando mantenerme vertical mientras me llevaban a casa. Era la buena acción de la noche, por suerte a mí me tocó realizarla más veces que beneficiarme de ella: llevar a un chico pedo como una cuba a su casa y dejarlo en la puerta ante la mirada atónita, aterrorizada y agradecida de sus padres.
La otra fue particularmente graciosa, y fue de cerveza. Bebí cantidades ingentes, con la cosa de que es imposible que una bebida de tan baja graduación te siente mal. Pues a mí me hizo un efecto extranísimo: me afectó al sentido del equilibrio. Llegué a mi casa normal (dentro de un cierto estado de embriaguez). Me acosté, y cuando de madrugada me entraron ganas de ir al baño, me di cuenta de que no era capaz de tenerme en pie si no me cogía a algún mueble o pared con la mano. En el momento que lo soltaba, perdía la referencia de la vertical y... al suelo. Me quedé un rato ahí abajo, partido de la risa, intentando pensar cómo podría contar eso al día siguiente a los amiguetes.
Al fin comprendí un par de cosas: que más alcohol a veces no representa más diversión, sino menos; y con el tiempo, que podía vencer mi timidez sin acudir a ayudas externas. Desde entonces, apenas bebo alcohol y me lo paso genial sin él.
Para eso es necesaria la adolescencia. Entras pensando sólo en la libertad, y sales comprendiendo que la libertad sin responsabilidad no sirve de nada. La potencia sin control no sirve de nada, como dice el anuncio de neumáticos.
Seguiremos contando chorradillas por si ustedes quieren leerlas. Un saludo.
Pero claro, toda libertad conlleva una responsabilidad, y ésa es la dura lección a aprender durante nuestra maduración como personas. Y la mayor preocupación de nuestros padres es que en el proceso de aprendizaje de esta verdad inamovible no nos dañemos en exceso.
Uno de los espacios de libertad que conquista el joven es la posibilidad de administrar a su cuerpo sustancias que alteran el normal funcionamiento de sus neuronas: café, tabaco, alcohol, cannabis, y sustancias aún más peligrosas. Muchos jóvenes empiezan a consumir productos de este tipo precisamente como manera de marcar ante los demás su entrada en la juventud.
Mi caso tiene algunas peculiaridades. Como ya sabreis los que me leeis con frecuencia, odio el tabaco, así que eso no iba a suponer una tentación para mí. Era un chico bastante seguro de mí mismo, con lo que no iba a tomar preparados extraños para reafirmar mi madurez.
Pero a pesar de mi autoconfianza era (y soy) bastante tímido, con lo cual descubrí en el alcohol un aliado con el cual conjurar ese defecto. Era como una medicina milagrosa: lo tomaba y la timidez se desvanecía como por arte de magia. Podía bailar, hablar con extraños, no me ponía nervioso al dirigirme a una chica y mis chistes eran mucho más graciosos.
Pero como ya comentaba, toda libertad conlleva una responsabilidad. En este caso, aunque yo no era un borrachín, hubo al menos dos o tres noches en que sufrí enormes melopeas.
Dos de ellas fueron de whisky. Me acabé desmayando en mitad de la noche y sólo tengo vagos recuerdos de amigos intentando mantenerme vertical mientras me llevaban a casa. Era la buena acción de la noche, por suerte a mí me tocó realizarla más veces que beneficiarme de ella: llevar a un chico pedo como una cuba a su casa y dejarlo en la puerta ante la mirada atónita, aterrorizada y agradecida de sus padres.
La otra fue particularmente graciosa, y fue de cerveza. Bebí cantidades ingentes, con la cosa de que es imposible que una bebida de tan baja graduación te siente mal. Pues a mí me hizo un efecto extranísimo: me afectó al sentido del equilibrio. Llegué a mi casa normal (dentro de un cierto estado de embriaguez). Me acosté, y cuando de madrugada me entraron ganas de ir al baño, me di cuenta de que no era capaz de tenerme en pie si no me cogía a algún mueble o pared con la mano. En el momento que lo soltaba, perdía la referencia de la vertical y... al suelo. Me quedé un rato ahí abajo, partido de la risa, intentando pensar cómo podría contar eso al día siguiente a los amiguetes.
Al fin comprendí un par de cosas: que más alcohol a veces no representa más diversión, sino menos; y con el tiempo, que podía vencer mi timidez sin acudir a ayudas externas. Desde entonces, apenas bebo alcohol y me lo paso genial sin él.
Para eso es necesaria la adolescencia. Entras pensando sólo en la libertad, y sales comprendiendo que la libertad sin responsabilidad no sirve de nada. La potencia sin control no sirve de nada, como dice el anuncio de neumáticos.
Seguiremos contando chorradillas por si ustedes quieren leerlas. Un saludo.
LOS TRABAJADORES FIJOS
Estimados lectores, estimadas lectoras, como podeis imaginar por las veces que me acuerdo de todo el árbol genealógico del caballero o dama que tuvo la maravillosa ocurrencia de crear la expresión "flexibilidad laboral", yo, como muchas personas de esta piel de toro que llamamos España, trabajo con un contratillo de esos de "trabaja como un mulo, porque en el momento que pestañees, vas a la calle" (así que os figurareis el amor que tengo a la libertad de expresión para jugarme el puesto escribiendo para vosotros).
El único obstáculo que se interpone entre mi persona y un lunes al sol en un banco del parque es la marea ingente de trabajo de la que libero a mi departamento, que si me fuera yo, a ver qué tonto lo suficientemente ingenioso iban a encontrar para capaz de hacer todo lo que hago en sólo ocho horas por la mierda de sueldo que me pagan, y encima sin quejarse.
Bueno, olvidad lo que he dicho, no me gusta autocompadercerme. Además seguro que me está leyendo gente que mataría por tener un trabajo ahora mismo, así que mejor me callo...
O mejor aún, hablemos de esos seres en gracia, que llegan al trabajo a la hora más o menos en punto, salen a la hora más o menos en punto, y se dedican la mayor parte de la jornada a ir a desayunar (una hora, al menos), a tomar café en el área de descanso charlando con los colegas y a ir de compras por el barrio, eso sí, salvo honrosísimas excepciones. Son los trabajadores fijos.
Ellos fueron contratados por la empresa en un tiempo en el que ni tú, ni yo, ni los móviles, ni los ordenadores existían. O al menos, éramos tan jóvenes que casi ni éramos nosotros. Aun teniendo unos escasos estudios, una nula experiencia, sin saber inglés o informática, sin tener empatía, movilidad funcional o geográfica. Esas cosas antes no se llevaban. Seis meses y luego fijo.
Desde entonces les pagan por asistir. Cualquier asunto resuelto es bnienvenido, pero si no, no pasa nada. Y no les pueden decir nada, porque si no, nuestros queridos amigos los sindicatos salen indignadísimos a defender los derechos del trabajador fijo. Eso sí, de los pringados con contrato por obra o servicio como yo, de esos no dicen nada, así nos parta un rayo.
Si el trabajador fijo se levanta con mal cuerpo, pide una baja. Si se siente cansado y deprimido, pide una baja. Si tiene ganas de ir a pescar, finge un dolor de cabeza y pide una baja. Nosotros, los pringados, para faltar al trabajo, debemos aparecer en la empresa perdiendo mucha sangre o con espasmos. Si no, no vale.
Algunas modalidades contractuales permiten incluso que en un puesto esté un señor que cobra dieciocho mensualidades, tiene treinta y dos días de vacaciones al año, trabajo fijo para que el banco le preste dinero y un pedazo de sueldo, haciendo lo justito para cubrir el expediente. Y justo al lado, un chico trabajando a destajo, cobrando doce mensualidades de salario según convenio, con su mes natural de vacaciones (veintidos días laborables) y un aval de su padre para poder comprarse un utilitario, porque de comprar vivienda ni hablamos. Esos eran otros tiempos, en los que la gente se confeccionaba su propia ropa e iba al trabajo en tranvía. Y con el beneplácito de los sindicatos, los políticos y la inspección (?) de trabajo. Manda huevos, que dijo uno una vez.
Y encima hay que dar las gracias, porque si les diera a los fijos por ponerse a trabajar como trabajamos los temporales, la mitad nos tenámos que ir a la calle. Así que nos pasamos todo el tiempo quitándole trabajo a los fijos, para que tomen mucho café y cuando venga el departamento de recursos humanos a preguntar qué hace tanto ETT por aquí, que les justifiquen que somos necesarios y que la obra o servicio aún no ha termnado, que están a tope de trabajo. Pero claro, los de personal dicen que la obra o servicio no puede durar eternamente...
Qué mundo más extraño estamos creando, madre... Bueno, ya me he entretenido demasiado. Me marcho corriendo a trabajar.
Seguiremos informando. Un saludo a todos.
El único obstáculo que se interpone entre mi persona y un lunes al sol en un banco del parque es la marea ingente de trabajo de la que libero a mi departamento, que si me fuera yo, a ver qué tonto lo suficientemente ingenioso iban a encontrar para capaz de hacer todo lo que hago en sólo ocho horas por la mierda de sueldo que me pagan, y encima sin quejarse.
Bueno, olvidad lo que he dicho, no me gusta autocompadercerme. Además seguro que me está leyendo gente que mataría por tener un trabajo ahora mismo, así que mejor me callo...
O mejor aún, hablemos de esos seres en gracia, que llegan al trabajo a la hora más o menos en punto, salen a la hora más o menos en punto, y se dedican la mayor parte de la jornada a ir a desayunar (una hora, al menos), a tomar café en el área de descanso charlando con los colegas y a ir de compras por el barrio, eso sí, salvo honrosísimas excepciones. Son los trabajadores fijos.
Ellos fueron contratados por la empresa en un tiempo en el que ni tú, ni yo, ni los móviles, ni los ordenadores existían. O al menos, éramos tan jóvenes que casi ni éramos nosotros. Aun teniendo unos escasos estudios, una nula experiencia, sin saber inglés o informática, sin tener empatía, movilidad funcional o geográfica. Esas cosas antes no se llevaban. Seis meses y luego fijo.
Desde entonces les pagan por asistir. Cualquier asunto resuelto es bnienvenido, pero si no, no pasa nada. Y no les pueden decir nada, porque si no, nuestros queridos amigos los sindicatos salen indignadísimos a defender los derechos del trabajador fijo. Eso sí, de los pringados con contrato por obra o servicio como yo, de esos no dicen nada, así nos parta un rayo.
Si el trabajador fijo se levanta con mal cuerpo, pide una baja. Si se siente cansado y deprimido, pide una baja. Si tiene ganas de ir a pescar, finge un dolor de cabeza y pide una baja. Nosotros, los pringados, para faltar al trabajo, debemos aparecer en la empresa perdiendo mucha sangre o con espasmos. Si no, no vale.
Algunas modalidades contractuales permiten incluso que en un puesto esté un señor que cobra dieciocho mensualidades, tiene treinta y dos días de vacaciones al año, trabajo fijo para que el banco le preste dinero y un pedazo de sueldo, haciendo lo justito para cubrir el expediente. Y justo al lado, un chico trabajando a destajo, cobrando doce mensualidades de salario según convenio, con su mes natural de vacaciones (veintidos días laborables) y un aval de su padre para poder comprarse un utilitario, porque de comprar vivienda ni hablamos. Esos eran otros tiempos, en los que la gente se confeccionaba su propia ropa e iba al trabajo en tranvía. Y con el beneplácito de los sindicatos, los políticos y la inspección (?) de trabajo. Manda huevos, que dijo uno una vez.
Y encima hay que dar las gracias, porque si les diera a los fijos por ponerse a trabajar como trabajamos los temporales, la mitad nos tenámos que ir a la calle. Así que nos pasamos todo el tiempo quitándole trabajo a los fijos, para que tomen mucho café y cuando venga el departamento de recursos humanos a preguntar qué hace tanto ETT por aquí, que les justifiquen que somos necesarios y que la obra o servicio aún no ha termnado, que están a tope de trabajo. Pero claro, los de personal dicen que la obra o servicio no puede durar eternamente...
Qué mundo más extraño estamos creando, madre... Bueno, ya me he entretenido demasiado. Me marcho corriendo a trabajar.
Seguiremos informando. Un saludo a todos.
LA FELACIÓN
Queridos niños, en este, vuestro blog, siempre se ha procurado ser didáctico sobre lo que se puede hacer para complacer a una dama. No obstante, alguna vez se me ha solicitado que hablara también de lo que nos gusta a los hombres. Yo, en mi ingenuidad, pensaba que se podían referir a cosas más genéricas.
Pero por fin, ayer caí en la cuenta que éste es un blog con un carácter golferas, y que si me piden que aclare ese tipo de cuestiones, buscan respuestas más concretas y más directas. Bueno, aunque no sé si mis conclusiones son acertadas, vamos a poner las primeras medidas en práctica.
Amigas mías (y amigos míos, que nunca se sabe...), el secreto de una buena felación básicamente consiste en reproducir las condiciones que a nuestro tiernamente agresivo amiguito le son más queridas: calor, humedad y suavidad al tacto. De aquí extraemos la primera lección de este tema: ¡¡¡Nada de dientes!!! En la vagina no hay dientes (salvo casos clínicos), por tanto, habreis de evitar todo contacto entre los dientes y el pene, a no ser que seais unas expertas en la materia y os atrevais con algún maquiavélico juego sadomasoquista.
A los caballeros he de hacerles una apreciación: si la higiene en nuestra vida cotidiana es importante, en este caso aún mucho más. Por favor, chicos, que no se tengan que ver obligadas a mandaros al bidet...
Bueno, una vez solucionados los asuntos de trámite, vamos al cogollo del asunto. En una buena felación participan no sólo la boca, sino ambas manos.
La mano izquierda (o la derecha, si la señorita es zurda) debe pasarse con suavidad entre las piernas y hacer descansar en su palma los testículos del agraciado. Esa mano puede juguetear, pero debe hacerlo CON EXTREMADA SUAVIDAD. Repito, CON EXTREMADA SUAVIDAD. Los testículos son, con mucho, la parte más delicada de la anatomía del varón, y un apretón a destiempo puede provocar el mismo efecto que un fuerte golpe en el pecho de una mujer.
La boca también puede jugar con los testículos, pero bajo las mismas condiciones. Besar con suavidad, vale. Lamer con suavidad, vale. Introducir los testículos en la boca con suavidad, vale. Mojarlos completamente de saliva con suavidad, vale. Sorberlos, pasarlos de un lado a otro de la boca como si fueran caramelos y moderlos, PROHIBIDO.
La mano derecha (o la izquierda, para las damas siniestras, jejeje) debe asir el pene del caballero por la parte conocida como cuerpos cavernosos o fuste. Debe envolverlo lo más completamente posible, pero sin apretar en exceso, al menos al comienzo. Al ser ésta una parte menos sensible, puede que no requiera tantos cuidados como las demás, conforme las sensaciones provocadas vayan in crescendo.
Esta parte del pene también se puede lamer al comienzo de la actividad, de hecho, es muy aconsejable que se haga, para el mejor discurrir de la mano y para empezar a fortalecer (si no está ya en plenitud) la incipiente erección. Pero guardad vuestras mayores reservas de saliva para el siguiente paso.
La boca deberá actuar principalmente sobre el glande. Para las chicas que no hablaban de sexo con sus padres cuando eran pequeñas, me refiero a la cabeza del pene, eso que parece el casco de Darth Vader Gay. Bueno, pues eso se pone completamente chorreando de saliva (máxima humedad, como en su hábitat natural), y sin tocar en ningún momento con los dientes (máxima suavidad), se envuelve con la boca y se recorre, sin forzar las posibilidades de la cavidad bucal, que esto no es una pelicula pornográfica, arriba y abajo. Los labios deben cerrarse por completo sobre el pene, la lengua estar en forma de U envolviendo el glande y apretándolo contra el paladar (máximo calor). Para subir aún más la temperatura, y además porque así lo recomiendan todos los expertos en medicina deportiva (al fin y al cabo, esto es un derroche de energía física), procuraremos inspirar por la nariz y exhalar por la boca.
La mano derecha estimulará el fuste del pene al compás de la boca, para generar las sensaciones más completas de placer para el varón. La izquierda sostendrá con suavidad los testículos, para dar sensación de flotar al caballero (tal y como lo oís), y la lengua puede, de vez en cuando, liberar de su marca al glande para recorrerlo con su punta, así como el resto del pene.
Ya estáis en el buen camino para la fiesta, chicas. Los fuegos artificiales... eso lo dejo a vuestra elección, hay gustos para todas :P
Espero haber sido de ayuda, y si teneis algo que aportar, usad los comentarios sin miedo, ya sabeis, escribís y botón... Seguiremos informando. Un saludo..., ¡y feliz felación!
Pero por fin, ayer caí en la cuenta que éste es un blog con un carácter golferas, y que si me piden que aclare ese tipo de cuestiones, buscan respuestas más concretas y más directas. Bueno, aunque no sé si mis conclusiones son acertadas, vamos a poner las primeras medidas en práctica.
Amigas mías (y amigos míos, que nunca se sabe...), el secreto de una buena felación básicamente consiste en reproducir las condiciones que a nuestro tiernamente agresivo amiguito le son más queridas: calor, humedad y suavidad al tacto. De aquí extraemos la primera lección de este tema: ¡¡¡Nada de dientes!!! En la vagina no hay dientes (salvo casos clínicos), por tanto, habreis de evitar todo contacto entre los dientes y el pene, a no ser que seais unas expertas en la materia y os atrevais con algún maquiavélico juego sadomasoquista.
A los caballeros he de hacerles una apreciación: si la higiene en nuestra vida cotidiana es importante, en este caso aún mucho más. Por favor, chicos, que no se tengan que ver obligadas a mandaros al bidet...
Bueno, una vez solucionados los asuntos de trámite, vamos al cogollo del asunto. En una buena felación participan no sólo la boca, sino ambas manos.
La mano izquierda (o la derecha, si la señorita es zurda) debe pasarse con suavidad entre las piernas y hacer descansar en su palma los testículos del agraciado. Esa mano puede juguetear, pero debe hacerlo CON EXTREMADA SUAVIDAD. Repito, CON EXTREMADA SUAVIDAD. Los testículos son, con mucho, la parte más delicada de la anatomía del varón, y un apretón a destiempo puede provocar el mismo efecto que un fuerte golpe en el pecho de una mujer.
La boca también puede jugar con los testículos, pero bajo las mismas condiciones. Besar con suavidad, vale. Lamer con suavidad, vale. Introducir los testículos en la boca con suavidad, vale. Mojarlos completamente de saliva con suavidad, vale. Sorberlos, pasarlos de un lado a otro de la boca como si fueran caramelos y moderlos, PROHIBIDO.
La mano derecha (o la izquierda, para las damas siniestras, jejeje) debe asir el pene del caballero por la parte conocida como cuerpos cavernosos o fuste. Debe envolverlo lo más completamente posible, pero sin apretar en exceso, al menos al comienzo. Al ser ésta una parte menos sensible, puede que no requiera tantos cuidados como las demás, conforme las sensaciones provocadas vayan in crescendo.
Esta parte del pene también se puede lamer al comienzo de la actividad, de hecho, es muy aconsejable que se haga, para el mejor discurrir de la mano y para empezar a fortalecer (si no está ya en plenitud) la incipiente erección. Pero guardad vuestras mayores reservas de saliva para el siguiente paso.
La boca deberá actuar principalmente sobre el glande. Para las chicas que no hablaban de sexo con sus padres cuando eran pequeñas, me refiero a la cabeza del pene, eso que parece el casco de Darth Vader Gay. Bueno, pues eso se pone completamente chorreando de saliva (máxima humedad, como en su hábitat natural), y sin tocar en ningún momento con los dientes (máxima suavidad), se envuelve con la boca y se recorre, sin forzar las posibilidades de la cavidad bucal, que esto no es una pelicula pornográfica, arriba y abajo. Los labios deben cerrarse por completo sobre el pene, la lengua estar en forma de U envolviendo el glande y apretándolo contra el paladar (máximo calor). Para subir aún más la temperatura, y además porque así lo recomiendan todos los expertos en medicina deportiva (al fin y al cabo, esto es un derroche de energía física), procuraremos inspirar por la nariz y exhalar por la boca.
La mano derecha estimulará el fuste del pene al compás de la boca, para generar las sensaciones más completas de placer para el varón. La izquierda sostendrá con suavidad los testículos, para dar sensación de flotar al caballero (tal y como lo oís), y la lengua puede, de vez en cuando, liberar de su marca al glande para recorrerlo con su punta, así como el resto del pene.
Ya estáis en el buen camino para la fiesta, chicas. Los fuegos artificiales... eso lo dejo a vuestra elección, hay gustos para todas :P
Espero haber sido de ayuda, y si teneis algo que aportar, usad los comentarios sin miedo, ya sabeis, escribís y botón... Seguiremos informando. Un saludo..., ¡y feliz felación!
TÁCTICAS DE LIGUE (I) - ESPERAR Y VER
Nuestra misión a mi modo de ver, en este efímero andén de metro que llamamos vida, es tratar de aprender todo lo bueno que nos puedan enseñar nuestros padres, añadir algo de nuestra cosecha e intentar transmitirlo de la mejor manera posible a nuestros hijos. Obviamente, todo esto, pasándolo bien en el proceso, si no, no tiene gracia.
En este sentido, aunque el saber que yo os pueda proporcionar lo vaya a usar poco, no debe caer en el olvido. "El trabajo de mi vida no debe perderse", como escribió Arnie Saknussen en una plomada con su sangre en el centro de la tierra para que lo pudieran leer el doctor Hindenbrook y su alumno Alec, una vez extraída de un trozo de lava (Julio Verne dixit).
El gran problema, a mi modo de ver, que tiene el arte del ligoteo, es la poca retroalimentación inherente al juego. Las reglas son sencillas: saber las intenciones del otro sin revelar las tuyas, para tener mayor margen de actuación. Claro que esto atenta contra el principio de reciprocidad propio de la comunicación humana: yo te doy datos sobre ti si tú me das datos sobre mí. Y el dato más importante a conocer es si nosotros le gustamos lo suficiente al otro para traspasar el recibidor de la amistad y entrar en el salón de las "amistades especiales", en la cocina de "los rollos", en el baño de "los polvazos" o incluso en el dormitorio principal de los "grandes amores".
La mente del ser humano es una máquina poco preparada para manejar incertidumbre. Ya lo decía Galileo: "Mide todo lo que puedas medir, y lo que no puedas, hazlo medible". Por eso, en cuanto no sabemos si la otra personas está o no está interesada en nosotros, rellenamos ese desconocimiento de la realidad interior del otro con nuestras fantasías y nuestros miedos, y de ahí vienen las pifias más sonadas a la hora de ligar: negativas, malentendidos, subestimación de las propias posibilidades... Creedme si os digo que, si algo sé de las mujeres, es porque de los errores se aprende, y yo me he equivocado hasta decir basta.
Por ello, hay un ejercicio mental, dentro de la táctica de ligue que prefiramos usar, que es conocido como "Esperar y Ver".
El método esperar y ver lo inventaron unos artistas de la negociación como son los ingleses. Estos colegas siempre se lo llevan crudo. ¿Y por qué? os preguntareis. Pues porque no se juegan un eurocent hasta que no lo ven claro. El complemento teórico de la técnica me lo dio mi tío, el más calavera, que es un artista con las chicas, pero que digo yo que con cincuenta años que tiene, debería ir pensando en sentar la cabeza. Me dijo en una ocasión: "Tomar una decisión implica renunciar a todas las opciones posibles, salvo a una. Así que asegúrate que esa opción que escoges compensa la renuncia a todas las demás".
Así pues, ante un comportamiento sospechoso de un chico o una chica que os gusta, no relleneis vuestra incertidumbre con una suposición, porque estais renunciando a que puedan ser otras mil cosas. ¿Estais seguros de que podeis descartar el resto de suposiciones? Sólo debeis hacerlo a medida que sea completamente imposible que se den. Así, no dareis pasos en falso.
Ojo, esto que digo no significa sumirnos en la cobardía más absoluta. Como decía Sherlock Holmes "Si descartamos lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser cierto". Puede ocurrir que tras esperar y ver, y eliminar las opciones que no se van a dar ni de coña, sólo quede una, y entonces debemos actuar en consecuencia. Y damos el siguiente paso, esta vez firme, hacia delante.
Espero haberos desvelado algún secreto del arte de ligar. Por supuesto, yo sólo soy un mero aprendiz, que comparto el producto de mi experiencia autodidacta con vosotros, estimados lectores. Si teneis algo que corregir, añadir o matizar, ponedlo en los comentarios para que nos enriquezcamos de espíritu todos.
Seguiremos informando. Saludos variados para todos.
En este sentido, aunque el saber que yo os pueda proporcionar lo vaya a usar poco, no debe caer en el olvido. "El trabajo de mi vida no debe perderse", como escribió Arnie Saknussen en una plomada con su sangre en el centro de la tierra para que lo pudieran leer el doctor Hindenbrook y su alumno Alec, una vez extraída de un trozo de lava (Julio Verne dixit).
El gran problema, a mi modo de ver, que tiene el arte del ligoteo, es la poca retroalimentación inherente al juego. Las reglas son sencillas: saber las intenciones del otro sin revelar las tuyas, para tener mayor margen de actuación. Claro que esto atenta contra el principio de reciprocidad propio de la comunicación humana: yo te doy datos sobre ti si tú me das datos sobre mí. Y el dato más importante a conocer es si nosotros le gustamos lo suficiente al otro para traspasar el recibidor de la amistad y entrar en el salón de las "amistades especiales", en la cocina de "los rollos", en el baño de "los polvazos" o incluso en el dormitorio principal de los "grandes amores".
La mente del ser humano es una máquina poco preparada para manejar incertidumbre. Ya lo decía Galileo: "Mide todo lo que puedas medir, y lo que no puedas, hazlo medible". Por eso, en cuanto no sabemos si la otra personas está o no está interesada en nosotros, rellenamos ese desconocimiento de la realidad interior del otro con nuestras fantasías y nuestros miedos, y de ahí vienen las pifias más sonadas a la hora de ligar: negativas, malentendidos, subestimación de las propias posibilidades... Creedme si os digo que, si algo sé de las mujeres, es porque de los errores se aprende, y yo me he equivocado hasta decir basta.
Por ello, hay un ejercicio mental, dentro de la táctica de ligue que prefiramos usar, que es conocido como "Esperar y Ver".
El método esperar y ver lo inventaron unos artistas de la negociación como son los ingleses. Estos colegas siempre se lo llevan crudo. ¿Y por qué? os preguntareis. Pues porque no se juegan un eurocent hasta que no lo ven claro. El complemento teórico de la técnica me lo dio mi tío, el más calavera, que es un artista con las chicas, pero que digo yo que con cincuenta años que tiene, debería ir pensando en sentar la cabeza. Me dijo en una ocasión: "Tomar una decisión implica renunciar a todas las opciones posibles, salvo a una. Así que asegúrate que esa opción que escoges compensa la renuncia a todas las demás".
Así pues, ante un comportamiento sospechoso de un chico o una chica que os gusta, no relleneis vuestra incertidumbre con una suposición, porque estais renunciando a que puedan ser otras mil cosas. ¿Estais seguros de que podeis descartar el resto de suposiciones? Sólo debeis hacerlo a medida que sea completamente imposible que se den. Así, no dareis pasos en falso.
Ojo, esto que digo no significa sumirnos en la cobardía más absoluta. Como decía Sherlock Holmes "Si descartamos lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser cierto". Puede ocurrir que tras esperar y ver, y eliminar las opciones que no se van a dar ni de coña, sólo quede una, y entonces debemos actuar en consecuencia. Y damos el siguiente paso, esta vez firme, hacia delante.
Espero haberos desvelado algún secreto del arte de ligar. Por supuesto, yo sólo soy un mero aprendiz, que comparto el producto de mi experiencia autodidacta con vosotros, estimados lectores. Si teneis algo que corregir, añadir o matizar, ponedlo en los comentarios para que nos enriquezcamos de espíritu todos.
Seguiremos informando. Saludos variados para todos.
RUTINA DEL MAÑANA
Despertar y ver tu espalda al otro lado de la cama.
Abrazarte y darte un beso en el cuello.
Notar como te das la vuelta, nos besamos y hacemos el amor recien despertando.
Despedirnos al ir al trabajo.
Llamarte desde el trabajo.
Llegar a casa y comer contigo. Comentar las cosas del día.
Ver una película... y no ser capaces de terminar de verla.
Salir a la calle y traerte una sorpresa.
Salir contigo de pinchos. Hacerte reir.
Compartir contigo las cargas y las alegrías. Escucharte en silencio y con una sonrisa. Darte un abrazo si me lo pides, y si no me lo pides, también.
Ir a la cama y quedarnos dormidos el uno en los brazos del otro.
Despertar y ver tu espalda al otro lado de la cama...
¿Cómo es posible recordar algo que está por venir? ¿Cómo es posible soñar contigo y vivir sin ti? ¿Cómo es posible vivir después de saber de ti como antes de conocerte?
Sguiremos informando. Un saludo a todos.
Abrazarte y darte un beso en el cuello.
Notar como te das la vuelta, nos besamos y hacemos el amor recien despertando.
Despedirnos al ir al trabajo.
Llamarte desde el trabajo.
Llegar a casa y comer contigo. Comentar las cosas del día.
Ver una película... y no ser capaces de terminar de verla.
Salir a la calle y traerte una sorpresa.
Salir contigo de pinchos. Hacerte reir.
Compartir contigo las cargas y las alegrías. Escucharte en silencio y con una sonrisa. Darte un abrazo si me lo pides, y si no me lo pides, también.
Ir a la cama y quedarnos dormidos el uno en los brazos del otro.
Despertar y ver tu espalda al otro lado de la cama...
¿Cómo es posible recordar algo que está por venir? ¿Cómo es posible soñar contigo y vivir sin ti? ¿Cómo es posible vivir después de saber de ti como antes de conocerte?
Sguiremos informando. Un saludo a todos.
LAS MUJERES TAMBIÉN SE EXCITAN (TRUCOS PARA EXCITAR A UN CHICO)
Sí, supongo que el título de mi post de hoy puede resultar sorprendente por obvio. Es evidente que las mujeres se excitan también. Pero, creedme chicas, llegar hasta este punto de conocimiento no ha sido nada fácil.
A mí desde pequeño, me han gustado las chicas. No tiene nada de extraordinario, direis. Puede ser, pero hay muchachos que desde pequeños le gustan otros chicos. Ése no era mi caso. A mí, desde pequeñito, siempre me han gustado mucho las mujeres. De hecho ése siempre ha sido mi gran problema, que me han gustado siempre mucho las mujeres.
El caso es que las niñas de mi edad no mostraban interés por los chicos. Se dedicaban todo el día a hacer el tonto con el elástico ese que saltaban, o en jugar con muñecas absurdas. Ahora pensándolo con detenimiento, me doy cuenta de que lo único que hacían era repetir patrones femeninos que veían en su casa: ignorar al estúpido varón que venía del trabajo y se sentaba a ver la tele en el sofá. Claro, así yo nunca sentí que la atracción por el género opuesto fuera mutua.
Me pasé así todo el tiempo tratando de averiguar cómo demonios se ligaba con unas chicas que no mostraban el más mínimo interés por ti. En el cine parecía fácil, pero claro, en el cine todo es fácil. Si fuera dificil, nadie iría al cine y se divertiría con su propia vida, pero bueno.
El caso es que en éstas llegó la pubertad. Y me di cuenta de que las chicas, además de haberse puesto más guapas con el tiempo (ahora la cosa va al revés), nos miraban de una manera rara a los chicos. Nosotros nos sentíamos intimidados, pero bueno, después de tantos años de ignorarnos, ¡cómo ibamos a esperar que se interesaran por nosotros! Pero el caso es que parece ser que sí, que de repente, habían descubierto que se sentían muy mujeres a nuestro lado. Y eso estaba bien.
Pasado el impacto inicial, pues ya nos dedicamos a explorar nuestras mutuas posibilidades. ¡Qué maginifca sensación la del primer pecho en la mano, qué sublime! Supongo que a las chicas les pasaría igual la primera vez que cogieron su primera erección, y notaron la dureza y el calor radiante de ese gran pene en su manita.
Y ahí descubrí el truco de cómo excitar a una chica. Y ése es el truco para excitar a un chico.
En realidad estamos hechos de la misma pasta, y nos gustan las mismas cosas. Que a ti te gusta que te pasen los labios por el cuello, pues a él también. Que a ti te gustan que te acaricien la vulva, pues a él también le gustará que le acaricies el pene.
Claro que podreis decirme: "Bueno, pero a mí no me gusta que me entren a saco, así, sin más". El caso es que a nosotros tampoco. Ésa es la gran mentira, que las chicas tienen que ser cortadillas por naturaleza, y nosotros unos animales. Y ni las chicas en realidad son tan cortadas, ni nosotros tan animales. También nos gustan que la cosa sea un poco más natural, no tan a saco. En realidad, nos parecemos más de lo que creemos.
Por eso, la regla de oro es: Todo lo que a nosotros (o vosotras) nos (os) excita, es muy probable que a el otro (o a la otra) también. Y a mí lo que más me excita es excitar, con lo cual...
Si todos andáramos excitados por la calle todo el tiempo, ¡qué bonito sería el mundo! (Perdonadme, esto ha sido un desvarío matutino). Seguiremos informando. Un saludo.
A mí desde pequeño, me han gustado las chicas. No tiene nada de extraordinario, direis. Puede ser, pero hay muchachos que desde pequeños le gustan otros chicos. Ése no era mi caso. A mí, desde pequeñito, siempre me han gustado mucho las mujeres. De hecho ése siempre ha sido mi gran problema, que me han gustado siempre mucho las mujeres.
El caso es que las niñas de mi edad no mostraban interés por los chicos. Se dedicaban todo el día a hacer el tonto con el elástico ese que saltaban, o en jugar con muñecas absurdas. Ahora pensándolo con detenimiento, me doy cuenta de que lo único que hacían era repetir patrones femeninos que veían en su casa: ignorar al estúpido varón que venía del trabajo y se sentaba a ver la tele en el sofá. Claro, así yo nunca sentí que la atracción por el género opuesto fuera mutua.
Me pasé así todo el tiempo tratando de averiguar cómo demonios se ligaba con unas chicas que no mostraban el más mínimo interés por ti. En el cine parecía fácil, pero claro, en el cine todo es fácil. Si fuera dificil, nadie iría al cine y se divertiría con su propia vida, pero bueno.
El caso es que en éstas llegó la pubertad. Y me di cuenta de que las chicas, además de haberse puesto más guapas con el tiempo (ahora la cosa va al revés), nos miraban de una manera rara a los chicos. Nosotros nos sentíamos intimidados, pero bueno, después de tantos años de ignorarnos, ¡cómo ibamos a esperar que se interesaran por nosotros! Pero el caso es que parece ser que sí, que de repente, habían descubierto que se sentían muy mujeres a nuestro lado. Y eso estaba bien.
Pasado el impacto inicial, pues ya nos dedicamos a explorar nuestras mutuas posibilidades. ¡Qué maginifca sensación la del primer pecho en la mano, qué sublime! Supongo que a las chicas les pasaría igual la primera vez que cogieron su primera erección, y notaron la dureza y el calor radiante de ese gran pene en su manita.
Y ahí descubrí el truco de cómo excitar a una chica. Y ése es el truco para excitar a un chico.
En realidad estamos hechos de la misma pasta, y nos gustan las mismas cosas. Que a ti te gusta que te pasen los labios por el cuello, pues a él también. Que a ti te gustan que te acaricien la vulva, pues a él también le gustará que le acaricies el pene.
Claro que podreis decirme: "Bueno, pero a mí no me gusta que me entren a saco, así, sin más". El caso es que a nosotros tampoco. Ésa es la gran mentira, que las chicas tienen que ser cortadillas por naturaleza, y nosotros unos animales. Y ni las chicas en realidad son tan cortadas, ni nosotros tan animales. También nos gustan que la cosa sea un poco más natural, no tan a saco. En realidad, nos parecemos más de lo que creemos.
Por eso, la regla de oro es: Todo lo que a nosotros (o vosotras) nos (os) excita, es muy probable que a el otro (o a la otra) también. Y a mí lo que más me excita es excitar, con lo cual...
Si todos andáramos excitados por la calle todo el tiempo, ¡qué bonito sería el mundo! (Perdonadme, esto ha sido un desvarío matutino). Seguiremos informando. Un saludo.
LOS TARADOS QUE VAN POR LA CARRETERA
Queridos amiguitos, reflexionando en el día de hoy sobre lo que os iba a contar, he pensado en el fantástico fin de semana que he pasado fuera de mi ciudad, y lo primero que me ha venido a la mente han sido esos terroristas del volante, que seguramente estarán detrás de la mayoría de los accidentes en nuestro país.
Yo, que ya llevo algún tiempo saliendo de viaje con mi Peach Car, he visto bastantes barbaridades en las ocasiones en que lo he hecho. Y alucino pepinillos con la absoluta falta de temor, no ya al resto de conductores, sino a la propia carretera, que como la mar, se merece su respeto.
Cuando conducía por ciudad solamente, yo siempre les decía a mis amigos, en broma, que daba la impresión de que al comprar ciertas marcas de coches, adquirías con ellas licencias especiales para hacer cosas que a otros conductores les estaban vedadas, a saber, que los propietarios de Mercedes podían aparcar prácticamente en cualquier sitio y prácticamente de cualquier manera (esto incluye la acera, por supuesto), los de BMW podían ir a la velocidad que les diera la gana, y los de Audi podían hacer la maniobra que se les antojase. Pero bueno, digamos que esas menudencias, más allá de provocar el lógico enfado en la persona que respeta las normas por el bien de todos y ve como el de enfrente se las toma a pitorreo, pues no pasa a mayores por lo general.
Pero en carretera, es distinto. Ahí fuera el peligro se palpa, chicos, en cada camión que se te cruza, en cada frenada brusca, en cada adelantamiento. Ahi fuera uno intuye, si no es consciente del todo, de que va sentado dentro de una enorme caja de acero que pesa en torno a mil kilogramos y que se desplaza a velocidades de cien kilómetros por hora, y que su única protección en caso de colisión es una bolsa de tela que se infla y una correa que le pasa sobre el pecho. No es para tomárselo a broma.
Con lo cual me asombra aún más la absoluta desfachatez con la que estos señores manejan sus vehículos, a un 50% por encima del límite de velocidad, adelantando de forma temeraria, sin guardar distancia de seguridad alguna, y algunos hasta sujetan el cinturón de seguridad con una pincita de la ropa "porque les molesta". Pues si chocas de frente y tu cuerpo sale disparado del asiento e impacta con la cinta de forma brutal, porque la pinza impedía que el cinturón se adaptara el cuerpo, y te partes la caja torácica, y no precisamente de risa, ya me contarás si te molesta eso.
Y si fueran ellos solos por la carretera, a mi me da igual lo que se hagan, viva la selección natural. Pero el caso es que vamos más personas, y yo tengo que aguantar ver como termina un adelantamiento en mis narices un coche que viene en dirección contraria directo hacia mí, o cómo detrás mía el fitipaldi de turno sale como un rayo a adelantarme y me hace frenar para que se pueda meter delante de mí, porque si no lo aplasta un camión, y así miles de cosas.
Así que, a todos aquellos que conducís como si estuvieráis en los autos de choque, jugando con y disponiendo de vuestras vidas, las de vuestros pasajeros, y las de todos los demás usuarios de la vía, compraos una videoconsola o tomaos un calmante antes de coger el coche, y si no os calmaís, lo siento bonitos, pero ojalá os estrelleis, si ese es vuestro destino, contra un árbol o contra un muro, u os despeñeis por un precipicio. Pero id solos y no os lleveis por delante a nadie, que los demás tenemos bastante interés en seguir vivos.
He dicho. Seguiremos informando. Un saludo.
Yo, que ya llevo algún tiempo saliendo de viaje con mi Peach Car, he visto bastantes barbaridades en las ocasiones en que lo he hecho. Y alucino pepinillos con la absoluta falta de temor, no ya al resto de conductores, sino a la propia carretera, que como la mar, se merece su respeto.
Cuando conducía por ciudad solamente, yo siempre les decía a mis amigos, en broma, que daba la impresión de que al comprar ciertas marcas de coches, adquirías con ellas licencias especiales para hacer cosas que a otros conductores les estaban vedadas, a saber, que los propietarios de Mercedes podían aparcar prácticamente en cualquier sitio y prácticamente de cualquier manera (esto incluye la acera, por supuesto), los de BMW podían ir a la velocidad que les diera la gana, y los de Audi podían hacer la maniobra que se les antojase. Pero bueno, digamos que esas menudencias, más allá de provocar el lógico enfado en la persona que respeta las normas por el bien de todos y ve como el de enfrente se las toma a pitorreo, pues no pasa a mayores por lo general.
Pero en carretera, es distinto. Ahí fuera el peligro se palpa, chicos, en cada camión que se te cruza, en cada frenada brusca, en cada adelantamiento. Ahi fuera uno intuye, si no es consciente del todo, de que va sentado dentro de una enorme caja de acero que pesa en torno a mil kilogramos y que se desplaza a velocidades de cien kilómetros por hora, y que su única protección en caso de colisión es una bolsa de tela que se infla y una correa que le pasa sobre el pecho. No es para tomárselo a broma.
Con lo cual me asombra aún más la absoluta desfachatez con la que estos señores manejan sus vehículos, a un 50% por encima del límite de velocidad, adelantando de forma temeraria, sin guardar distancia de seguridad alguna, y algunos hasta sujetan el cinturón de seguridad con una pincita de la ropa "porque les molesta". Pues si chocas de frente y tu cuerpo sale disparado del asiento e impacta con la cinta de forma brutal, porque la pinza impedía que el cinturón se adaptara el cuerpo, y te partes la caja torácica, y no precisamente de risa, ya me contarás si te molesta eso.
Y si fueran ellos solos por la carretera, a mi me da igual lo que se hagan, viva la selección natural. Pero el caso es que vamos más personas, y yo tengo que aguantar ver como termina un adelantamiento en mis narices un coche que viene en dirección contraria directo hacia mí, o cómo detrás mía el fitipaldi de turno sale como un rayo a adelantarme y me hace frenar para que se pueda meter delante de mí, porque si no lo aplasta un camión, y así miles de cosas.
Así que, a todos aquellos que conducís como si estuvieráis en los autos de choque, jugando con y disponiendo de vuestras vidas, las de vuestros pasajeros, y las de todos los demás usuarios de la vía, compraos una videoconsola o tomaos un calmante antes de coger el coche, y si no os calmaís, lo siento bonitos, pero ojalá os estrelleis, si ese es vuestro destino, contra un árbol o contra un muro, u os despeñeis por un precipicio. Pero id solos y no os lleveis por delante a nadie, que los demás tenemos bastante interés en seguir vivos.
He dicho. Seguiremos informando. Un saludo.
EL ARTE DE EXCITAR CON LA MENTE
Queridas damas y queridos caballeros, en este vuestro blog se ha hablado mucho de los resortes corporales y demás usos y costumbres de la anatomía del animal humano que nos soporta y nos contiene. Pero hoy vamos a tratar un tema que, desde mi punto de vista, es infinitamente más divertido, que es la capacidad de excitar sin la participación del contacto corporal.
Ante todo, hay que decir que para poder ejercer este sutil arte, es necesario que la otra persona esté relajada (bueno, y nosotros también). Es decir, que el entorno debe acompañar, lo cual no quiere decir que sea un entorno íntimo. Una cafetería a primera hora de la mañana o una empresa a mediodía pueden ser perfectamente válidas para nuestro propósito.
Yo voy a hablar desde mi punto de vista de varón intentando excitar y poner candente a una mujer, pero imagino que el proceso a la inversa es el mismo, si no más fácil. Yo sería incapaz de hacer lo que paso a contar con una perfecta desconocida, pero lo expongo por si alguien tiene el valor de hacerlo, que lo haga.
Supongamos que estamos, en ese ambiente del que estábamos hablando anteriormente, hablando con una chica, y se la ve relajada y a gusto con nuestra presencia. El tono de la conversación, aunque pueda haber empezado de manera formal, ha derivado previamente a una conversación informal.
El primer paso sería conseguir hacer un chiste ocurrente, inteligente, no muy rebuscado pero tampoco muy evidente, algo que la haga reir y relajarse aún más. Cuando digo hacer un chiste no me refiero a contar un chiste, sino a hacer una crítica ingeniosa del parecido del camarero que os atiende, por ejemplo. La idea es crear un primer sentimiento de complicidad.
Lo siguiente es manteniento el tono de broma, empezar a hacer unos sutiles dobles sentidos sobre la belleza de la dama en cuestión, o sobre lo deseable de su figura. Debe estar en el límite de lo sutil, de tal manera que para ella ese doble sentido sea como una caricia en su oído, casi que el halago implícito le llegue desde dentro de su cabeza. En el fondo no se trata más que de la habilidad del piropo hecha arte. El tono de voz debe bajarse algún tono para causar el efecto justo de interés.
Y ahora viene el golpe maestro. Si la chica nos ha seguido el juego (si no lo ha hecho, continuar es una temeridad, y tendrá sus consecuencias), e incluso si ha cotraatacado (lo cual es la mejor señal de que todo va bien), es el momento de cambiar con suavidad de táctica. Manteniendo el tono de broma, que es fundamental, las directas se harán menos sutiles y deberán ser acompañadas (y este punto es fundamental) de miradas intensas a los ojos de la señorita. Antes mandaba la voz. Ahora mandan los ojos.
Si todo va bien, podremos ver como los ojos de la señorita se abren un poco más y brillan de incipientes ramalazos de ¿deseo? ¿interés?. Eso queda para más adelante. Puede que incluso si nos fijamos (aunque ya es mucho pedir para cualquiera), observemos como su pupila se ha dilatado desde que empezasteis a hablar.
A partir de ese momento, hablar en un todo bajo con sutiles indirectas sobre su cuerpo y el nuestro, y las cosas que os gustaría hacer con ellos juntitos, y lanzar intensas miradas a los ojos, que además, pueden bajar recorriendo la figura del otro, será nuestro camino, tarde o temprano, al antiguo y noble arte de dar placer a otro ser humano.
Siempre en tono de broma, eh ;)
Seguiremos informando. Un saludo.
Ante todo, hay que decir que para poder ejercer este sutil arte, es necesario que la otra persona esté relajada (bueno, y nosotros también). Es decir, que el entorno debe acompañar, lo cual no quiere decir que sea un entorno íntimo. Una cafetería a primera hora de la mañana o una empresa a mediodía pueden ser perfectamente válidas para nuestro propósito.
Yo voy a hablar desde mi punto de vista de varón intentando excitar y poner candente a una mujer, pero imagino que el proceso a la inversa es el mismo, si no más fácil. Yo sería incapaz de hacer lo que paso a contar con una perfecta desconocida, pero lo expongo por si alguien tiene el valor de hacerlo, que lo haga.
Supongamos que estamos, en ese ambiente del que estábamos hablando anteriormente, hablando con una chica, y se la ve relajada y a gusto con nuestra presencia. El tono de la conversación, aunque pueda haber empezado de manera formal, ha derivado previamente a una conversación informal.
El primer paso sería conseguir hacer un chiste ocurrente, inteligente, no muy rebuscado pero tampoco muy evidente, algo que la haga reir y relajarse aún más. Cuando digo hacer un chiste no me refiero a contar un chiste, sino a hacer una crítica ingeniosa del parecido del camarero que os atiende, por ejemplo. La idea es crear un primer sentimiento de complicidad.
Lo siguiente es manteniento el tono de broma, empezar a hacer unos sutiles dobles sentidos sobre la belleza de la dama en cuestión, o sobre lo deseable de su figura. Debe estar en el límite de lo sutil, de tal manera que para ella ese doble sentido sea como una caricia en su oído, casi que el halago implícito le llegue desde dentro de su cabeza. En el fondo no se trata más que de la habilidad del piropo hecha arte. El tono de voz debe bajarse algún tono para causar el efecto justo de interés.
Y ahora viene el golpe maestro. Si la chica nos ha seguido el juego (si no lo ha hecho, continuar es una temeridad, y tendrá sus consecuencias), e incluso si ha cotraatacado (lo cual es la mejor señal de que todo va bien), es el momento de cambiar con suavidad de táctica. Manteniendo el tono de broma, que es fundamental, las directas se harán menos sutiles y deberán ser acompañadas (y este punto es fundamental) de miradas intensas a los ojos de la señorita. Antes mandaba la voz. Ahora mandan los ojos.
Si todo va bien, podremos ver como los ojos de la señorita se abren un poco más y brillan de incipientes ramalazos de ¿deseo? ¿interés?. Eso queda para más adelante. Puede que incluso si nos fijamos (aunque ya es mucho pedir para cualquiera), observemos como su pupila se ha dilatado desde que empezasteis a hablar.
A partir de ese momento, hablar en un todo bajo con sutiles indirectas sobre su cuerpo y el nuestro, y las cosas que os gustaría hacer con ellos juntitos, y lanzar intensas miradas a los ojos, que además, pueden bajar recorriendo la figura del otro, será nuestro camino, tarde o temprano, al antiguo y noble arte de dar placer a otro ser humano.
Siempre en tono de broma, eh ;)
Seguiremos informando. Un saludo.
LAS MUJERES (V) - LAS MUJERES Y SU ASPECTO: UNA RELACIÓN AMOR/ODIO
Amigos todos, después de largo tiempo sin aportar nuevos capítulo, aquí teneis uno más sobre el tema más apasionante del mundo, y concretamente sobre uno de los aspectos más desconcertantes y a la vez fascinantes de su comportamiento: su compleja relación con su aspecto físico.
Empecemos diciendo que aún no conozco a ninguna chica que no tenga al menos un espejo en su cuarto (y conozco bastantes). Luego podrán decir que les gusta más o menos tal o cual cosa de ellas, pero antes la han mirado cientos de veces. Las mujeres se someten a sí misma a observación constante, conscientes de que los demás también lo harán en el momento en que éstas pisen la puerta de la calle.
Algunas mujeres son muy ignorantes respecto a sus genitales y su funcionamento, ya lo comentamos alguna vez, pero todas, o al menos una inmensa mayoría, conocen perfectamente, debido al intenso escrutinio que realizan sobre ellas mismas, todos sus puntos fuertes y sus puntos débiles, todas sus imperfecciones y también todas sus pequeñas joyas anatómicas. Que no os engañen, LO SABEN.
Nos encontramos pues ante un cuerpo femenino desnudo y limpito (uhm, suena bien esto). Como si de un lienzo se tratara, ahora ellas se dedican a peinarlo, maquillarlo y cubrirlo de ropa que realce estos puntos fuertes y disimule estos puntos débiles.
Y ésta es una parte fundamental. Los hombres (al menos la mayoría) compramos ropa porque nos gusta el color o el estilo y nos la ponemos de forma más o menos conjuntada. Ellas no. Por eso buscan tanto. Ellas buscan esa prenda perfecta que hace juego con todo, al tiempo que realza sus largas piernas, pero esconde sus caderas ligeramente anchas, y que queda perfecta con esa otra que permite insinuar sus pechos al tiempo que esconde la flaccidez de los brazos.
La mujer, cuando hable de sí misma, siempre está hecha unos zorros, siempre sale mal en las fotos y siempre la pillamos en un mal día. Falso. Espera que les digamos en qué destaca. Y sabe perfectamente en qué lo hace y en qué no. Por eso no tiene objeto mentirle. Aunque diga que sus brazos son feos, si son bonitos, hay que decirselo. Pero jamás le digamos que tiene un cuello bonito si no es así, porque ella lo sabe y pensará que te burlas.
El secreto para triunfar (en este campo) con una dama es negarle lo que ella dice y decirle lo que ella sabe: que tiene bonito lo que tiene bonito. Y sobre todo, ni mencionar aquello que no tiene bonito. Por suerte, la mayoría de las chicas tienen casi todo bonito, así que es un ejercicio fácil.
Por último, el afán de algunas por buscarse defectos, las convierte en unas "anoréxicas de la imagen", es decir, en personas que se ven defectos allí donde los demás sólo ven virtudes. Esto es tremendamente cansado, porque a pesar de la abrumadora opinión en favor de muchas de sus mejores zonas, la homenajeada seguirá empeñada en que esas partes de sí misma no merecen a pena. Bueno, también hay gente que se entretiene intentando resolver cubos de Rubik. Cada cual que haga de su capa un sayo.
Sinceramente, no tengo más datos para seguir informando de este punto tan apasionante de las mujeres, pero la sección de comentarios está abierta por si habeis detectado alguna carencia en mis informaciones. Un saludete a todos.
Empecemos diciendo que aún no conozco a ninguna chica que no tenga al menos un espejo en su cuarto (y conozco bastantes). Luego podrán decir que les gusta más o menos tal o cual cosa de ellas, pero antes la han mirado cientos de veces. Las mujeres se someten a sí misma a observación constante, conscientes de que los demás también lo harán en el momento en que éstas pisen la puerta de la calle.
Algunas mujeres son muy ignorantes respecto a sus genitales y su funcionamento, ya lo comentamos alguna vez, pero todas, o al menos una inmensa mayoría, conocen perfectamente, debido al intenso escrutinio que realizan sobre ellas mismas, todos sus puntos fuertes y sus puntos débiles, todas sus imperfecciones y también todas sus pequeñas joyas anatómicas. Que no os engañen, LO SABEN.
Nos encontramos pues ante un cuerpo femenino desnudo y limpito (uhm, suena bien esto). Como si de un lienzo se tratara, ahora ellas se dedican a peinarlo, maquillarlo y cubrirlo de ropa que realce estos puntos fuertes y disimule estos puntos débiles.
Y ésta es una parte fundamental. Los hombres (al menos la mayoría) compramos ropa porque nos gusta el color o el estilo y nos la ponemos de forma más o menos conjuntada. Ellas no. Por eso buscan tanto. Ellas buscan esa prenda perfecta que hace juego con todo, al tiempo que realza sus largas piernas, pero esconde sus caderas ligeramente anchas, y que queda perfecta con esa otra que permite insinuar sus pechos al tiempo que esconde la flaccidez de los brazos.
La mujer, cuando hable de sí misma, siempre está hecha unos zorros, siempre sale mal en las fotos y siempre la pillamos en un mal día. Falso. Espera que les digamos en qué destaca. Y sabe perfectamente en qué lo hace y en qué no. Por eso no tiene objeto mentirle. Aunque diga que sus brazos son feos, si son bonitos, hay que decirselo. Pero jamás le digamos que tiene un cuello bonito si no es así, porque ella lo sabe y pensará que te burlas.
El secreto para triunfar (en este campo) con una dama es negarle lo que ella dice y decirle lo que ella sabe: que tiene bonito lo que tiene bonito. Y sobre todo, ni mencionar aquello que no tiene bonito. Por suerte, la mayoría de las chicas tienen casi todo bonito, así que es un ejercicio fácil.
Por último, el afán de algunas por buscarse defectos, las convierte en unas "anoréxicas de la imagen", es decir, en personas que se ven defectos allí donde los demás sólo ven virtudes. Esto es tremendamente cansado, porque a pesar de la abrumadora opinión en favor de muchas de sus mejores zonas, la homenajeada seguirá empeñada en que esas partes de sí misma no merecen a pena. Bueno, también hay gente que se entretiene intentando resolver cubos de Rubik. Cada cual que haga de su capa un sayo.
Sinceramente, no tengo más datos para seguir informando de este punto tan apasionante de las mujeres, pero la sección de comentarios está abierta por si habeis detectado alguna carencia en mis informaciones. Un saludete a todos.