UN DEPORTE DE RIESGO: LA MUDANZA EXPRESS
Estimados lectores de este, vuestro blog: ante todo, gracias por seguir ahí, a pesar de mi tiempo de silencio. Es una alegría inmensa reanudar esta instructiva charla que tenemos en vuestra casa o en la mía, que es como si fuera la vuestra también.
Permitidme ahora que os cuente, si teneis a bien leerlo, la epopeya en la que me vi envuelto no hace ni un mes. Para situaros, he de deciros que Melocotoncito odia el ejercicio físico convencional. Una naturaleza agradecida y un gusto innato por entretenimientos más sosegados, o por deportes poco reconocidos por el gran público (como, por ejemplo, el missionering, el sixty-nining, el horse-riding o el tiger-jumping), han hecho posible este hecho.
No obstante, la eficiencia económica hacían aconsejable aprovechar el mobiliario del que disponía mi querida Alter Ego, aun cuando se hallaba a bastante distancia. La solución pasaba por alquilar un vehículo de transporte.
Así pues, mis merecidas vacaciones comenzaron con mi persona y la de mi querido hermano sentados frente a una furgoneta de gran capacidad, yendo a la aventura y al encuentro de Alter, que se había anticipado a nosotros para ir empaquetando y preparando. Sabíamos que sería duro. Lo que no sabíamos era cuánto.
Desmontar los muebles fue divertido, si bien algunos parecían diseñados por algún primo loco de Rubik, el de los cubos de colores. Lo que ya no fue tan divertido fue bajarlos a ellos y a las cajas llenas de libros, ropa y demás enseres de un tercero sin ascensor, colocarlos en la furgoneta de tal forma que no se desplazaran y que no se rompieran los objetos más frágiles por caída, aplastamiento o zarandeo. Acabar a las dos de la mañana de cargar podía haber sido una opción, si hubieramos podido evitar meter el mastodonte aquél en un parking, con el consiguiente susto del vigilante, que veía la entrada del garaje violada literalmente por la envergadura de ese monstruo de la carretera. La verdad, no nos apetecía que un ladronzuelo se diera el bote con media casa nuestra perfectamente cargada y colocada en la trasera del bicho aquél.
Al día siguiente de la llegada a destino, nos pusimos a descargar, para lo que contamos con la inestimable ayuda de un buen amigo, que por iniciativa propia se animó a colaborar. Este asunto se sustanció mucho más cómoda y rápidamente porque aquí sí tenemos ascensor. Cuatro días después de alquilada, podía entregar la furgoneta.
Pero la diversión no había acabado todavía. Nos encontrábamos en nuestro nuevo pisito, rodeados de decenas de cajas y una multitud de tableros de madera con bolsitas de tornillos adosadas con ese precinto marrón que he aprendido a odiar. Nos esperaba una semana de montaje sin descanso. Y en este caso, me refiero a los muebles, obviamente.
Ahora posiblemente podreis empezar a entender por qué no podía mantener esta estimulante correspondencia con vosotros. La próxima vez llamo a los de la mudanza, aunque cuesten el triple (si puedo pagarlo, claro).
Seguiremos informando. Un saludo.
Permitidme ahora que os cuente, si teneis a bien leerlo, la epopeya en la que me vi envuelto no hace ni un mes. Para situaros, he de deciros que Melocotoncito odia el ejercicio físico convencional. Una naturaleza agradecida y un gusto innato por entretenimientos más sosegados, o por deportes poco reconocidos por el gran público (como, por ejemplo, el missionering, el sixty-nining, el horse-riding o el tiger-jumping), han hecho posible este hecho.
No obstante, la eficiencia económica hacían aconsejable aprovechar el mobiliario del que disponía mi querida Alter Ego, aun cuando se hallaba a bastante distancia. La solución pasaba por alquilar un vehículo de transporte.
Así pues, mis merecidas vacaciones comenzaron con mi persona y la de mi querido hermano sentados frente a una furgoneta de gran capacidad, yendo a la aventura y al encuentro de Alter, que se había anticipado a nosotros para ir empaquetando y preparando. Sabíamos que sería duro. Lo que no sabíamos era cuánto.
Desmontar los muebles fue divertido, si bien algunos parecían diseñados por algún primo loco de Rubik, el de los cubos de colores. Lo que ya no fue tan divertido fue bajarlos a ellos y a las cajas llenas de libros, ropa y demás enseres de un tercero sin ascensor, colocarlos en la furgoneta de tal forma que no se desplazaran y que no se rompieran los objetos más frágiles por caída, aplastamiento o zarandeo. Acabar a las dos de la mañana de cargar podía haber sido una opción, si hubieramos podido evitar meter el mastodonte aquél en un parking, con el consiguiente susto del vigilante, que veía la entrada del garaje violada literalmente por la envergadura de ese monstruo de la carretera. La verdad, no nos apetecía que un ladronzuelo se diera el bote con media casa nuestra perfectamente cargada y colocada en la trasera del bicho aquél.
Al día siguiente de la llegada a destino, nos pusimos a descargar, para lo que contamos con la inestimable ayuda de un buen amigo, que por iniciativa propia se animó a colaborar. Este asunto se sustanció mucho más cómoda y rápidamente porque aquí sí tenemos ascensor. Cuatro días después de alquilada, podía entregar la furgoneta.
Pero la diversión no había acabado todavía. Nos encontrábamos en nuestro nuevo pisito, rodeados de decenas de cajas y una multitud de tableros de madera con bolsitas de tornillos adosadas con ese precinto marrón que he aprendido a odiar. Nos esperaba una semana de montaje sin descanso. Y en este caso, me refiero a los muebles, obviamente.
Ahora posiblemente podreis empezar a entender por qué no podía mantener esta estimulante correspondencia con vosotros. La próxima vez llamo a los de la mudanza, aunque cuesten el triple (si puedo pagarlo, claro).
Seguiremos informando. Un saludo.
¡¡¡YA ESTOY DE VUELTA!!!
Llegó el día. Todo pasa y todo llega, que decía Machado. Se terminaron las vacaciones y toca otra vez elevar el PIB y aportar valor a la compañía (mayormente, a sus accionistas).
Ante todo, debo disculparme con vosotros, queridos lectores sufridores en casa (o en el trabajo), por la poca profusión en mis posts, pero antes de irme de vacaciones se me acumulaba el trabajo de los que sí se habían ido, y luego, de vacaciones, simplemente no se me apetecía escribir.
Para todos los interesados, las vacaciones han sido divertidas. Básicamente han consistido en la mudanza para irnos a vivir Alter Ego y yo juntos. A ver si encuentra pronto trabajo, y así tenemos más recursos en casa para poner internet y que así os pueda seguir deleitando en su blog con nuevas historias.
Lo mejor de la mudanza, conducir una furgoneta de veinte metros cúbicos a lo largo de 1.200 km. durante cuatro días, desmontando y cargando muebles, maniobrando hábilmente para que el contraperalte de la parte en obras de la M-30 y la sobrecarga del lado izquierdo del vehículo no nos hiciera volcar de ese lado.
Mi mami lo está llevando bastante bien, pero dice que voy poco a verla. Supongo que todas las madres se quejan de lo mismo cuando sus hijos se van de casa.
Bueno, el caso es que el Romántico Golferas parece entrar en una etapa diferente. Ahora habrá que buscar un nuevo estilo, el de las tribulaciones de la vida en pareja, que tiene muchas satisfacciones, pero me imagino que tendrá también su contrapunto dificultoso. Lo exploraremos juntos desde aquí.
Seguiremos informando. Un saludo, ¡y bienhallados todos, que ya tenía ganas de escribiros!
Ante todo, debo disculparme con vosotros, queridos lectores sufridores en casa (o en el trabajo), por la poca profusión en mis posts, pero antes de irme de vacaciones se me acumulaba el trabajo de los que sí se habían ido, y luego, de vacaciones, simplemente no se me apetecía escribir.
Para todos los interesados, las vacaciones han sido divertidas. Básicamente han consistido en la mudanza para irnos a vivir Alter Ego y yo juntos. A ver si encuentra pronto trabajo, y así tenemos más recursos en casa para poner internet y que así os pueda seguir deleitando en su blog con nuevas historias.
Lo mejor de la mudanza, conducir una furgoneta de veinte metros cúbicos a lo largo de 1.200 km. durante cuatro días, desmontando y cargando muebles, maniobrando hábilmente para que el contraperalte de la parte en obras de la M-30 y la sobrecarga del lado izquierdo del vehículo no nos hiciera volcar de ese lado.
Mi mami lo está llevando bastante bien, pero dice que voy poco a verla. Supongo que todas las madres se quejan de lo mismo cuando sus hijos se van de casa.
Bueno, el caso es que el Romántico Golferas parece entrar en una etapa diferente. Ahora habrá que buscar un nuevo estilo, el de las tribulaciones de la vida en pareja, que tiene muchas satisfacciones, pero me imagino que tendrá también su contrapunto dificultoso. Lo exploraremos juntos desde aquí.
Seguiremos informando. Un saludo, ¡y bienhallados todos, que ya tenía ganas de escribiros!
ESTOY DE VACACIONES...
... Pero vuelvo pronto. ¡Y tengo muchísimas cosas que contar!
Seguiremos informando. Un saludo.
Seguiremos informando. Un saludo.





