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CRÓNICAS DE UN ROMÁNTICO GOLFERAS
Yo soy hedonista porque el mundo me ha hecho así...
Acerca de
Esta persona es un enamoradizo al que le han hecho pupa muchas veces.

No deje a esta persona al alcance de sus niñas.

No conduzca ni realice actividades peligrosas mientras consuma con esta persona, puede producir de todo menos somnolencia.

No debe tomarse nada con esta persona durante más de 15 días sin consultar a su mejor amiga, puede producir adicción.

Consulte su uso si está embarazada o cree que pudiera estarlo, no está para pasar malos ratos el muchacho.

Atención, contiene azúcar, consulte su uso si es diabética.

Ahora también en supositorios.

Las autoridades sanitarias advierten: MELOCOTONCITO PUEDE BENEFICIAR SU SALUD ERÓTICO-FESTIVA Y LA DE LAS QUE LA RODEAN.


Sindicación
 
DANA
Hace ya casi diez años que llegó a casa de mis padres (a la sazón, simplemente mi casa). Era una bolita de pelo color canela intenso, y por eso mi hermana insistió en que tenía que llamarse como la protagonista de "Expediente X". Bonito nombre para un bonito cachorro.

Creció poco, pero rápido, y su cola se irguió hasta ser la más pizpireta del barrio. El pelaje de su cuello, a modo de melena, le dio un porte de autoridad que confirmaba su nueva posición, como gobernanta del resto de los animales de la casa (otra perra y una gata). Mi abuela le enseñó, antes de que la enfermedad de nombre alemán le hiciera lo mismo que a Bastian Baltasar Bux en la Historia Interminable, a hacer piruetas para pedir comida o juego. Consiguió su lugar fijo al lado de la dueña de la casa en el sofá de las siestas...

Obviamente, nada de esto podía saber el conductor cuyo vehículo impactó mortalmente con su cabecita anoche.

Mi hermano nos interrumpió en medio de la conversación, buscándola. La vecina le había avisado de que había un perro atropellado que podía ser ella. Él no quiso creerla y empezó a llamarla. Cuando me lo contó, salté como un resorte y me fui directo a la calle, mientras por el camino, deseaba con todas mis fuerzas que todo fuera un estúpido error.

Estaba como dormida. Era Dana. Su cola estaba relajada, ya nunca se erguiría orgullosa. Su pecho quieto, sus patas quietas, su mirada fija. Sólo un hilo de sangre en un lado de la cabeza nos gritaba que no estaba dormida, que jamás despertaría, que jamás podríamos volver a jugar o dormir con ella.

Estaba bajo una fuerte impresión cuando volví a casa a por algo para poder portarla y herramientas para enterrarla. Fuimos mi padre, mis hermanos, mi cuñado y yo. Se quedaron mi madre, mi embarazada mujer, mi hijo, mi tía y mi abuela.

Todo un hombre de metro ochenta y setenta y cinco kilos de peso, mi hermano, lloraba mientras llevaba a Dana en sus brazos, cuando nos acercamos a un lugar entre unas palmeras. Allí, por turnos, empezamos a cavar.

Un nudo de lágrimas me desgarraba la garganta mientras la acaricié por última vez, era una presa a punto de desbordar. La cogí y la deposité en su lugar. Mientras la cubríamos, yo lloraba sin mesura. No sé si los demás lo hacían, casi no podía ver la tierra que mis manos deslizaban sobre su cuerpo.

Nos despedimos de la familia y nos fuimos a casa. La inocencia del pollo hacía dolorosas preguntas que debía responder, y así lo hice. Le conté cómo un animal, un ser irracional, puede convertirse en parte de tu vida, cómo puede haber crecido contigo y cómo puede dolerte el saber que no volverá a recibirte festejando cuando cruces la puerta de entrada. Ni siquiera yo imaginaba que pudiera doler tanto.

Anoche me costó dormir, mi mujer tuvo la paciencia y el amor para oirme recordar algunas cosas acerca de un diminuto animal que nos dio un poquito de felicidad durante muchos años. Y esta mañana no podía volver a dormir. Así que me he levantado y he escrito este texto, que es la forma que tengo de dejar claro ante el mundo lo que ha significado Dana para mí y lo que la recordaré. Es lo menos que se merece.

Necesito que nazca mi pequeño, necesito una alegría ya (y parece que está a punto de ocurrir). Seguiremos informando, como siempre. Un saludo.