UN HOMBRE DE HONOR
Lo apresaron. Era un joven alto, rubio, apuesto y simpático. Pero era un militar del bando contrario. Lo encerraron junto a otros, en un edificio que amenazaban con incendiar, a pesar de las súplicas de las mujeres de su casa. Estaba a punto de morir.
Por suerte, la filtración de un rumor puso en fuga a los sitiadores. Y quedó libre. Poco después, como sucede muy a menudo en la vida, las tornas se invirtieron.
Llegaron los camiones. El que subía a uno de esos camiones, no volvía. Los que estuvieron a punto de convertirse en ejecutores, ahora eran ejecutados.
Era una guerra. En las guerras se cometen tremendas injusticias. En las guerras sale lo peor del ser humano.
Y en ocasiones, también sale lo mejor del ser humano.
Él, que había estado amenazado de muerte por compañeros de los que subían a los camiones, no estaba dispuesto a ver cómo moría gente inocente por el hecho de haber caído del lado perdedor. En medio de una guerra, desconocía el sentimiento de venganza. Sabía que un hombre de honor alcanza su gloria en batalla, en un combate justo, no en la venganza contra el prisionero desarmado.
Bajó a todo el que pudo de esos camiones. Salvó a hijos, a padres, a hermanos, a maridos. Salvó a madres de perder a sus pequeños, salvó a hijos de quedar huérfanos, salvó a mujeres de quedar viudas.
Setenta años después de aquellos hechos, aún le recuerdan y le quieren por lo que hizo. Un hombre que honró a sus padres, que se casó y fue feliz con una mujer durante sesenta y cinco años, que tuvo cinco hijos, que a su vez tuvieron once nietos, que a su vez tuvieron cuatro biznietos.
Un hombre de noventa y cinco años que vivió una vida plena, que murió como todos deseamos morir, de viejo, dormido y acompañado de quienes le querían.
Un hombre al que apenas conocí, pero que me emocionó con su historia. Un hombre que dio lugar a la familia que hoy es como la mía. Un hombre cuya nieta, que lo echará siempre de menos, soy dichoso de amar, y cuyos biznietos tengo la fortuna de poder acostar por las noches. Unos biznietos que tengo la esperanza de que lleguen a conocer y comprender el inmenso ejemplo de humanidad que les mostró su bisabuelo, y que espero ser capaz de transmitirles de la forma más fidedigna posible.
Escrito queda en su honor, mi coronel.
Por suerte, la filtración de un rumor puso en fuga a los sitiadores. Y quedó libre. Poco después, como sucede muy a menudo en la vida, las tornas se invirtieron.
Llegaron los camiones. El que subía a uno de esos camiones, no volvía. Los que estuvieron a punto de convertirse en ejecutores, ahora eran ejecutados.
Era una guerra. En las guerras se cometen tremendas injusticias. En las guerras sale lo peor del ser humano.
Y en ocasiones, también sale lo mejor del ser humano.
Él, que había estado amenazado de muerte por compañeros de los que subían a los camiones, no estaba dispuesto a ver cómo moría gente inocente por el hecho de haber caído del lado perdedor. En medio de una guerra, desconocía el sentimiento de venganza. Sabía que un hombre de honor alcanza su gloria en batalla, en un combate justo, no en la venganza contra el prisionero desarmado.
Bajó a todo el que pudo de esos camiones. Salvó a hijos, a padres, a hermanos, a maridos. Salvó a madres de perder a sus pequeños, salvó a hijos de quedar huérfanos, salvó a mujeres de quedar viudas.
Setenta años después de aquellos hechos, aún le recuerdan y le quieren por lo que hizo. Un hombre que honró a sus padres, que se casó y fue feliz con una mujer durante sesenta y cinco años, que tuvo cinco hijos, que a su vez tuvieron once nietos, que a su vez tuvieron cuatro biznietos.
Un hombre de noventa y cinco años que vivió una vida plena, que murió como todos deseamos morir, de viejo, dormido y acompañado de quienes le querían.
Un hombre al que apenas conocí, pero que me emocionó con su historia. Un hombre que dio lugar a la familia que hoy es como la mía. Un hombre cuya nieta, que lo echará siempre de menos, soy dichoso de amar, y cuyos biznietos tengo la fortuna de poder acostar por las noches. Unos biznietos que tengo la esperanza de que lleguen a conocer y comprender el inmenso ejemplo de humanidad que les mostró su bisabuelo, y que espero ser capaz de transmitirles de la forma más fidedigna posible.
Escrito queda en su honor, mi coronel.
Comentario:
melocotoncito,
Pues iba a comentar donde Zifra que a ti también se te echaba de menos y me ha dado por pasar por aquí a ver si habías vuelto.
Me alegro de haber venido. Es cierto que es emocionante el post: triste por la despedida, hermoso por el recuerdo.
Abrazos dispersos.
Pues iba a comentar donde Zifra que a ti también se te echaba de menos y me ha dado por pasar por aquí a ver si habías vuelto.
Me alegro de haber venido. Es cierto que es emocionante el post: triste por la despedida, hermoso por el recuerdo.
Abrazos dispersos.
Comentario:
Me ha emocionado. Gracias por esas letras tan bonitas y, por otra parte, acertadas escritas en memoria de un hombre excepcional que ciertamente las merecía... gracias





