LOS PEQUEÑOS DETALLES
Ayer fue uno de esos días que cuando un recuerda, no sabe muy bien como seguía vivo al ponerse el sol.
La jornada empieza como todas, a las 6 de la mañana. Duchita, desayuno y al coche a atravesar la ciudad para llegar a la empresa. Trabajando desde las 7 de la mañana, mil tareas por las que me pagan una miseria, ya que la empresa me tiene subcontratado a otra o no sé que flautas, con una paradita de media hora para desayunar. Vamos, que trabajo como el que más y cobro como el que menos.
Después salgo a las 3, como un bocadillo por ahí, porque no me da tiempo a volver a casa, porque tengo clase en la facultad a las 4 y media. Luchando contra el sopor (lo que daría por una siestecita) hasta media tarde, y seguimos con las clases hasta las 9. Llego a mi casa y prepararme la cena, y un poquito de internet, noticias, correo y algunos blogs interesantes, que se supone que uno también tiene que vivir (!).
En días así son en los que más aprecio los pequeños detalles, como que un programa despertador te haga reir mientras lo escuchas camino del trabajo, hacer bromas con los compañeros en el desayuno, mirar como te mira esa muchacha que te pone nerviosito durante el almuerzo... Incluso algo tan tonto como que en un dia frío como el de ayer, de repente, andando de un sitio a otro, encuentres una zona de la calle donde el sol da de lleno, caminar sobre ella, y sentir como te caliente, incluso eso, se agradece y nos hace recordar que estamos vivos.
Una de las cosas que me hizo reir ayer fue que le recordé a una compañera que estaba a punto de cumplir una ya respetable edad. Ella empezó a indignarse en broma y yo, para hacer como que lo arreglaba le dije algo que no olvido jamás.
Le dije "Cumplir años no está tan mal si lo comparas con su alternativa". ¡Viva la vida, carajo!
La jornada empieza como todas, a las 6 de la mañana. Duchita, desayuno y al coche a atravesar la ciudad para llegar a la empresa. Trabajando desde las 7 de la mañana, mil tareas por las que me pagan una miseria, ya que la empresa me tiene subcontratado a otra o no sé que flautas, con una paradita de media hora para desayunar. Vamos, que trabajo como el que más y cobro como el que menos.
Después salgo a las 3, como un bocadillo por ahí, porque no me da tiempo a volver a casa, porque tengo clase en la facultad a las 4 y media. Luchando contra el sopor (lo que daría por una siestecita) hasta media tarde, y seguimos con las clases hasta las 9. Llego a mi casa y prepararme la cena, y un poquito de internet, noticias, correo y algunos blogs interesantes, que se supone que uno también tiene que vivir (!).
En días así son en los que más aprecio los pequeños detalles, como que un programa despertador te haga reir mientras lo escuchas camino del trabajo, hacer bromas con los compañeros en el desayuno, mirar como te mira esa muchacha que te pone nerviosito durante el almuerzo... Incluso algo tan tonto como que en un dia frío como el de ayer, de repente, andando de un sitio a otro, encuentres una zona de la calle donde el sol da de lleno, caminar sobre ella, y sentir como te caliente, incluso eso, se agradece y nos hace recordar que estamos vivos.
Una de las cosas que me hizo reir ayer fue que le recordé a una compañera que estaba a punto de cumplir una ya respetable edad. Ella empezó a indignarse en broma y yo, para hacer como que lo arreglaba le dije algo que no olvido jamás.
Le dije "Cumplir años no está tan mal si lo comparas con su alternativa". ¡Viva la vida, carajo!





