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Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Una sombra (Amos OZ)

Hace tiempo que empecé a leer el libro "El mismo mar" de Amos Oz. Su literatura me atrapa y me inspira. También me siento identificado de alguna forma con uno de sus protagonistas. Llevo meses leyéndolo cuando podrìa acabarlo en varios dìas. Creo que me da miedo que se acabe. Quiero compartirlo, aunque sòlo sea un pedazito:

Corren por todo el mundo rumores vagos, quizá también
haya testimonios imprecisos, sobre un ser casi humano,
gigantesco, que vaga solo por las montañas del Tíbet.
Único y libre. Dos o tres veces han fotografiado sus huellas
en la nieve, en lugares remotos por los que ni siquiera
El escalador más intrépido se atrevería a pasar.
Es cierto que se trata sólo de una leyenda local:
como el monstruo del Lago Ness o el antiguo Cíclope.
Su madre, que estuvo bordando una servilleta
casi hasta la hora de su muerte,
Y su padre, reprimido y deprimido,
que se pasa las noches delante de la pantalla buscando fisuras
en las leyes fiscales, de hecho están condenados
a esperar su muerte encerrados en jaulas separadas.
También tú, con tus viajes
y tu obsesión por alejarte y acumular experiencias,
arrastras contigo tu jaula
de un extremo a otro del zoo. Cada uno tiene su propio
cautiverio. Los barrotes nos separan a unos
de otros. Si de verdad existe un solitario hombre
de las nieves, sin sexo y sin pareja,
que no nace ni se reproduce ni muere y lleva mil años
vagando por estas montañas, ligero y desnudo,
ahora pasará entre las jaulas y tal vez se ría.

Del libro "El mismo mar" de Amos Oz
 
Deuda saldada




Mi vida es como un río. Siempre es una, pero nunca la misma. Por suerte, o desgracia, la felicidad también es así.

Hace casi dos meses que dejé atrás Holanda para iniciar una nueva etapa en Italia. Más en concreto en Siena. Cómo pasa de rápido el tiempo. Parece ayer, y no es una frase hecha, cuando aquel autobús casi vacío me dejó junto a Porta Pispina, donde estaba el Panceta esperándome. Por él cambié Bologna por Siena. Y no me arrepiento de la decisión tomada.

Ayer fui a un bar para tomar el aperitivo de la sera. Es como ir de pinchos en España, pero en lugar de acompañar la caña con croquetas o tortilla de patatas, lo haces con macarrones o pizza. Allí me encontré con Valerio. Le fui a dar la mano y él me respondió con dos besos. En Italia los hombres se saludan dándose la mano; los amigos, dándose dos besos.

Quiero hacer un balance de los días que llevo en Siena, pero me resulta casi imposible. Es díficil encontrar respuestas cuando no sabes lo que estás buscando. La vida sería más fácil si nos hubieran explicado en el colegio en qué cojones consiste vivir. Pero esto es algo que uno mismo debe encontrar viviendo. ¡Maldita paradoja que me corroe las entrañas!

En la mesa del salón de mi casa hay flores amarillas y una rosa en una botella de plástico. Se nota que vivo con mujeres. Tres italianas y una australiana. Demasiada obsesión por la limpieza y por los problemas de pareja, pero me gusta haberme venido a vivir con ellas.

Las palabras de mi padre antes de despedirse de mí en la estación aún retumban en mis oídos: “No sirve de nada huir hacia delante”. Sí, lo reconozco, estoy huyendo de la realidad, hacia delante, y me he encontrado con otra realidad diferente, pero muy parecida. Y no sé si todo esto merece la pena. ¿Qué mueve al ser humano? ¿El amor? ¿El trabajo? ¿La riqueza? ¿La belleza? ¿La supervivencia?

Soy feliz de lo que estoy haciendo porque sé lo que no quiero, pero me gustaría saber qué es lo que quiero. Creo que necesito un objetivo que borre de mi cabeza tantas incertidumbres, que dé un sentido absoluto a cada mañana. Pero mientras lo encuentro, pienso hincharme con toda la belleza que me rodea. Quiero hartarme de vida. La juventud está para repetir segundo plato, con botella de vino y postre. ¡No pienso dejar nada en el plato que aún estoy en edad de crecer!

El otro día leí:
Soy el arroyo que desciende rápido, salvaje, descarado. El arroyo que se golpea constantemente, que parece no encontrar su cauce, pero que nunca se detiene. Soy incansable, ansioso, ruidoso, imparable. El arroyo que crece, que nunca deja de coger fuerzas, que no conoce obstáculos insalvables. (...)

Soy el arroyo que nace en la cima de la montaña. Miro abajo. A veces siento vértigo porque veo un acantilado demasiado profundo. Tengo miedo de despeñarme. Pero otras veces me excitó con tanta velocidad. La adrenalina hace sentirme vivo. (...)

Soy el arroyo que aspira a ser río.

Intentaré resumir mi vida sienesa. Demasiadas dudas trascendentales, demasiadas relaciones intrascendentales. Mucho italiano, pero también mucho español. Divertidas borracheras con gente divertida y, normalmente, sin tirar a la basura el día siguiente. Mucho estudiante y poco trabajo. Muchas fotos, pero con miedo a que cantidad no sea sinónimo de calidad.

Y aquí quedada saldada la deuda que tenía conmigo mismo. A partir de hoy volveré a compartir mis experiencias, mis pensamientos y mis mentiras. A fin de cuenta, mis historias.

En Siena el cielo es un escalonado río azul claro. Quizà otro dìa explicaré el porqué.