logotipo

img_google
Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Virgen tuneada


 
Siena

El pasado miércoles se celebró en Italia el sesagésimo-segundo Aniversario de la Liberación. Una fiesta nacional que conmemora la restauración de la democracia italiana o, lo que es lo mismo, la caída de su régimen fascista. Por tanto, es un día que tiene una alta carga simbólica para todos y cada uno de los italianos. Pero no todos lo celebramos. Por ejemplo, yo porque tuve que trabajar durante más horas de lo habitual. Y tampoco algunos sectores de la sociedad italiana porque, incomprensiblemente, no consideran aquel día (el 25 de abril de 1945) una liberación, sino todo lo contrario. La manifestaciones se produjeron en diferentes ciudades del país y todas con el mismo protagonista: el fascismo, ya sea para mostrarle su rechazo o su apoyo. ¿Cuándo el fascismo dejará de ser tema de actualidad, convirtiéndose en una triste mancha de nuestro pasado social?

Como comentó Chiarita en el último post, ya va siendo hora de que hable un poco de la belleza de Italia, principal razón por la que me siento muy afortunado de estar viviendo esta etapa de mi vida. Ella escribió: “Italia! la mia italia, un posto così bello, quella cadenza nel parlare tanto dolce, tanto carina, quei italini tutti belli, carini e se non sono belli sono simpatici...quelle piazze, quel cibo, quei monumenti...Amo Italia, e tu sei un spagnolo in Italia! non parlare del lavoro, parla della gente, degli aromi, dei sapori, della lingua, dei lugari...dei sentimenti quando esci dal lavoro e cammini per quelle strade...” Ahora me toca a mi hablar de lo que tengo más a mano, es decir, Siena.

Siena es una ciudad pequeña (o un pueblo grande, por motivos que van más allá de su reducido tamaño) que conserva con elegante naturalidad su pasado medieval. En ella tienes la sensación de que el tiempo se hubiera detenido o, al menos, ralentizado. El progreso social y la naturaleza destructiva del ser humano han sido respetuosos con el pasado estético de Siena. Quizás gran parte del mérito lo tenga la robusta muralla que rodea la ciudad, protegiéndola con inagotable esfuerzo durante siglos. En Siena el siglo XXI sólo se refleja en los escaparates de los negocios o en los cristales de las gafas de sol de los seneses.

Siena es un serpenteante laberinto de calles que suben y bajan, en el que el ser humano parece predestinado a ir siempre por el camino más largo (o por el que tiene las pendientes más pronunciadas). Todas sus “vias” son estrechas y verticales, en las cuales el sol apenas toca el suelo, y no hay grandes avenidas, sino calles un poco más anchas. Siena tiene el color pardo del ladrillo viejo con el que están construidas sus casas, el verde, el gris o el marrón de sus persianas de madera y el azul brillante de su cielo de primavera.

Siena huele a aire, que a veces se mezcla con el sabroso olor a horno y pan tostado o con el suave olor a colada recién hecha, pero nunca con el olor a humo. El tráfico está limitado en casi toda la ciudad, y en sus calles no hay separación física entre acera y calzada, no hay asfalto ni pasos de cebra. El ser humano ha recuperado su supremacía sobre la máquina, y el peatón impone su ritmo al automóvil. Los vehículos están obligados a esperar pacientemente a que la gente se aparte del medio de la calle, mientras los “motorinos” siempre están buscando un hueco por el que colarse. En Siena los autobuses son furgonetas dadas de sí, y el ruido de un motor es algo puntual e inesperado que se cuela con miedo entre el murmullo latente de la gente.

Siena vive a ritmo de pueblo. Sus días son pastosos y sus horas pasan poco a poco, sin estrés ni prisa. En sus calles no hay velocidad y la gente camina toda la semana a ritmo de domingo. Nadie parece preocuparse por la hora, excepto los que tienen pinta de estudiantes. Y en su Piazza del Campo siempre hay tiempo para observar como pasean las nubes o como un “bambino” desafía con descaro las leyes de la gravedad.

No se puede pretender describir Siena, sin hablar de la Piazza del Campo, su corazón física y espiritual. En ella nace la ciudad, siendo fuente de casi toda su fuerza vital. Lugar de encuentro y dejar pasar el tiempo, ya sea solo o acompañado, de día o de noche, en una de sus prohibitivas terrazas o sobre su pavimento rojizo, con un cappuccino o una birra Moretti. Una “piazza” a la que los seneses despiertan por la mañana temprano, a la que los turistas la hacen trabajar durante todo el día y a la que los universitarios no dejan dormir hasta bien entrada la madrugada. Il Campo destaca a primera vista por su original forma semicircular, de abánico que se abre, y por su ligera pendiente. Es como un enorme anfiteatro de piedra rojiza que, sin estar escalonado, invita a sentarse en él para observar con calma el inconfundible símbolo de la ciudad: la Torre del Mangia. Una torre de sencilla belleza, que se eleva con elegancia por encima del resto de edificios de la ciudad, convirtiéndose en faro, guardia y señor (o, mejor dicho, señora) de Siena.

Ya son las 7 de la tarde y el sol lleva tiempo cayéndose del cielo. Pronto pintará de amarillo cerveza la terraza del hotel, donde me paso gran parte de la tarde. Es un lujo trabajar así: trabajando sin trabajar. Estar leyendo, fumando, mirando las hormigas o estar escribiendo sobre Siena. Y que encima te paguen por ello. Sin duda he encontrado un trabajo hecho a medida y, a pesar de no sentirme realizado al final de cada jornada, me siento afortunado.


Ciao!

PD. Pachucho, “menevadeandose” es un juego con la expresión “me ne vado”, que significa “me largo”. Es de las típicas cosas que aprendes nada más llegar a Italia y que, a parte de que me gusta como suena, me gusta más lo que implica.
 
Pequenhos hechos que provocan grandes reacciones

La vida es un cùmulo de inesperadas casualidades que dirigen nuestro destino. Hechos que, aùn pareciendo insignificantes, tienen el poder de cambiar la existencia de una persona. Pequenhas acciones que provocan grandes reacciones. Y cuando te esfuerzas en vivir con la mayor libertad posible, invertiendo en incertidumbre y vendiendo tus acciones en estabilidad, tu existencia depende en gran parte de estas inesperadas casualidades y, en aparencia, insignificantes hechos. Mi situaciòn actual lo demuestra con dos claros ejemplos:

Primer ejemplo. Cuando decidì venirme a Italia, yo ya tenìa elegido mi primer “campamento base”: Bologna. Apenas conocìa la ciudad y no tenìa ningùn amigo-conocido allì, pero desde que hace un anho estuve allì siento una atracciòn irracional hacia ella. Con todo decidido en mi cabeza y una reserva de albergue hecha para los primeros dìas, mandè un mail colectivo a varios amigos para ponerles al corriente de mis planes. Este mail, hecho insignificante e prescindible, cambiò por completo todo lo que tenìa decidido cuando el Panceta, un amigo de toda la vida, me respondiò instantànemeante contàndome que èl estaba estudiando en Siena. Un mail que podìa no haber escrito o haberlo hecho una vez ya asentado en Bologna, que podìa no haber enviado al Panceta con el que, obviamente, hacìa mucho tiempo que no mantenìa contacto, un mail que se me ocurriò escribir por casualidad, respondiendo a un impulso momentàneo y que podìa no haber escrito nunca, cambiò por completo mi presente. Un mail que provocò que ahora estè en Siena, y no en Bologna.

Segundo ejemplo. Hace 4 semanas encontrè mi primer trabajo en Italia, despuès de casi dos meses sacàndome pelusas del ombligo. Siena no es Amsterdam ni Bristol, y conseguir un “lavoro” es una tarea complicada. El empleo era de camarero de desayunos en un pequenho hotel. Un trabajo monòtono, aburrido, con un turno de solamente 15 horas semanales y de forma temporal, pero era un trabajo. Necesitaba alimentar mi cuenta corriente, que tenìa un aspecto lamentable despuès de tanta huelga de hambre voluntaria. Despuès de 2 semanas trabajando en el hotel, la patrona del hotel me comentò la posibilidad de contratarme como fijo. Yo no estaba muy convencido, pero no podìa rechazar semejante oportunidad.

Pero la noche antes de firmar el contrato, despuès de un excesivo nùmero de vasos de sangrìa, intercalados con otros tantos de whisky-cola, se me ocurriò una brillante idea: cambiar durante 24 horas mi mòvil con una muchacha. Era una forma absurda de protestar activamente contra nuestra dependencia generacional a estar constantemente comunicados. Pero aquella muchacha no me aviso de un importante detalle de su mòvil: que, a veces, la opciòn despertador no funciona correctamente. A la manhana siguiente no sonò la alarma y lleguè tarde al trabajo. La patrona, como es lògico, se negò a hacerme el contrato.

Despuès de 2 horas ponièndome verde y de recuperar mi mòvil, decidì plantarle cara a mi vuelta al paro cogiendo un taco de curriculums fotocopiados y lanzàndome a la calle. Entonces entrè en un restaurante, que estaba al lado de otro restaurante en el cual erròneamente me habìan dicho que buscaban personal, donde me concertaron una entrevista con el propietario de un hotel esa misma tarde. Antes de que anocheciera, ya habìa encontrado un nuevo curro mucho màs fàcil, màs entretenido y con contrato fijo. Ahora, por mi primera vez en mi vida, trabajo de recepcionista y todo a causa de aquella absurda idea de cambiarme el mòvil con una muchacha (a la que, por cierto, le acabè robando un beso aquella noche, y algunas noches posteriores).

Dos pequenhos ejemplos de algo que nos ha sucedido a todos. Y luego habrà alguien que tenga la osadìa de proclamar que el destino de las personas està escrito de ante mano. Anda ya!