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Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Cuenta atràs

Acabo de leer un artìculo de una conocida escritora española. Hablaba de la soledad y los domingos por la tarde. "¿Cuàl fue la ùltima vez que te sentiste perdida ?"

Ha comenzado la cuenta atràs de mi etapa en Siena. Ya han llegado las primeras despedidas. La gente se aferra a la rutina con uñas y dientes. Lo que no se ha hecho en Italia se intenta compensar con lo que se pretende hacer en España. Las miradas se vuelven a despegar del suelo para volver a observar Siena, admiràndola como los primeros dìas. Los recuerdos se deslizan disimuladamente, casi sin querer, en cada conversaciòn. Las fotografìas se revalorizan con el paso de los dìas. Todo, ya sea bueno o malo, tiene un final. Pero como dirìa aquel: ¿què màs dà? El sueño llegarà.

El sàbado me encontrè con el amanecer cuando volvìa a casa. No quiero olvidar la euforìa de los pàjaros celebrando el comienzo de un nuevo dìa, ni los colores del cielo, del azul al naranja, pasando por el transparente, ni el intenso brillo del sol que dejaba cicatriz en el reverso de los pàrpados, ni el color a cosecha de las casas… Tenìa la sensaciòn de estar viviendo un momento ùnico, irrepetible. Me hubiera gustado compartirlo con alguien.

Lancioto, el campechano y envejecido hombre que se encarga de cuidar el jardìn del hotel y realizar chapuzas en general, me ha pedido una vez màs que le ayude a buscar la llave del garage. Es miope, cansado de tanto mirar, y es incapaz de leer la letra pequeña. Seguramente èsta sea la ùltima vez que se disculpa por haberme "disturbato".

Dentro de poco el futuro se volverà a convertir en presente.

Ci sentiamo!


“En el pueblo habìa dos mudos. Y siempre estaban juntos".
 
"I Dico". Una crònica social italiana

“I Dico”, el proyecto de Ley sobre los derechos y deberes de las parejas de hecho, es uno de los debates sociales y polìticos que màs pàginas ocupan en los diarios y que màs sube el sonido ambiente de las cafeterìas en Italia desde que estoy aquì. Cuando el Gobierno de Romano Prodi presentó el texto de “I Dico” ante el Consejo de Ministros el pasado mes de febrero sabía de antemano que la polémica estaba servida. La sociedad italiana se caracteriza por una fuerte mentalidad católica y conservadora, consecuencia directa del omnipresente influjo del Vaticano, y siempre es reacia a renovar sus tradicionales patrones morales. Pero el Gobierno de Prodi no quiere dejar escapar la oportunidad de dejar a Polonia como único país de la Unión Europea que no reconoce ningún derecho a las parejas de hecho.

Nadie dudaba que al “I Dico” le surgierìan numerosos enemigos. Las voces de rechazo le llegan de todas partes: desde numerosos partidos políticos, incluso de aquellos que forman parte de la coalición gobernante, desde un amplio abanico de asociaciones y organizaciones sociales y, sobre todo, desde el Vaticano. La oposición a aceptar como parejas de hecho las formadas por personas del mismo sexo y la defensa de la concepto tradicional de familia, como ya sucedió en España con la legalización de los matrimonios entre cónyugues homosexuales, se han convertido en los pilares básicos de las críticas. También están los que critican “I Dico” por la excesiva prudencia de su texto o por dar pie a “matrimonios de Serie B”.

El Vaticano, con Benedicto XVI a la cabeza, está realizando una auténtica cruzada mediática, principalmente desde el periódico “L’Osservatore Romano”, e ideológica, desde las iglesias, en contra de “I Dico”. A consecuencia de una manifestación en Roma, el Papa lanzò un nuevo y claro mensaje a todo su entorno y, en concreto, a las fuerzas políticas católicas: “debemos presentar y sostener leyes que estén inspiradas en valores basados en la naturaleza humana”. Por tanto, Benedicto XVI deja claro que “I Dico” es una ley contra natura y, por tanto, inaceptable.

Prodi, consciente del poder de la Iglesia en Italia, tiene miedo de abrir una brecha demasiado profunda entre su Gobierno y el Vaticano. En su primera aparición en un programa de televisión del imperio mediático de Berlusconi (Mediaset) despuès de una larga temporada de divorcio y despecho, “Il Professore” tendió una mano a la Iglesia asegurando que “I Dico” no toca los principios básicos del matrimonio y, por tanto, de la familia. Y añadió: “es una ley equilibrada, que ayuda situaciones extremas y que reconoce los derechos para ofrecer un mínimo de serenidad en casos muy dolorosos”.

Al igual que hizo en su momento el Gobierno de Zapatero, Prodi y los suyos han iniciado un arriesgado pulso político y social en defensa de una realidad ignorada por la legislación de su país. Cuestión de principios. Su osadía es admirable; su precio político, imprevisible.
 
Noche de celebraciones

Cuatros años despuès, el Real Madrid le ha vuelto a dar una alegrìa a sus aficionados (un servidor entre ellos). Dicen que este equipo no jugaba bien al fùtbol, que vencìa pero no convencìa, que no seducìa. Con Capello de director de orquesta, ¿quièn se esperaba otra cosa?

Yo, bienaventurado trabajador de recepciòn, he tenido la suerte de vivir este equipo a travès del oìdo, y no de la vista. Me explico: aparte del Madrid-Sevilla, las ùltimas jornadas de Liga las he seguido por el Carrusel Deportivo, como en los tiempos de antaño, pero con un ordenador haciendo de radio. Y el oìdo no entiende de elaboradas triangulaciones en el centro del campo, ni de milimètricos pases al hueco, ni de imposibles paredes en la frontal del àrea. El oìdo sòlo entiende una palabra: gol. Lo demàs, no importa. El oìdo sòlo se fija en el resultado o, lo que es lo mismo, en las veces que se haya pronunciado esa palabra, y por eso hace tan buenas migas con un equipo de Capello. Y si el monosìlabo gol llega al final, cuando parece imposible que el comentarista vuelva a pronunciar esa tan simple gramaticalmente, pero tan compleja emocionalmente palabra, la alegrìa que produce al oìdo se eleva a la enèsima potencia.

El Real Madrid de Capello, Casillas, Sergio Ramos, Beckham, Van Nistelrooy y Raùl me dio este domingo su ùltimo gran concierto acùstico, asì que esa noche decidì ir a la Piazza del Campo a celebrarlo en silencio con un par de amigos.

Pero allì, casualidades de la vida, habìa una celebraciòn montada por todo lo alto: Mens Sana, el equipo de baloncesto de Siena, habìa conquistado esa tarde el tìtulo de Liga, el segundo de su historia. Centenares personas habìan tomado la Piazza ebrìas de euforìa y luciendo con orgullo camisetas y banderas verdiblancas con un desafiante tigre en el centro. En ellos proyectaba mis deseos de celebraciòn, observàndolos desde lejos y contagiado de su felicidad.

Particularmente "made in Italia" fue cuando decenas de "motorinos" llegaron a la Piazza y realizaron un inolvidable Palio "motorizado". Màs previsibles fueron el par de vengalas que se encendieron, tiñendo momentàneamente de verde la Piazza. Pero esto no es España, sino Siena, y la fiesta no se prolongo mucho tiempo y ni siquiera hubo baño en la fuente. Quizàs fue mejor asì porque el càntico "siamo noi, siamo noi, i campioni d'Italia siamo noi", ùnico que parecìan tener en su repertorio, ya empezaba a volverse cansino.

Ci sentiamo!
 
Horacio

El otro día en un viaje fugaz a Firenze conocí a Horacio, un argentino de 60 años, edad que solo se intuía por las canas que aclaraban su cabeza. Compartir el mismo idioma nos sacó de la soledad del mal fumado cigarrillo callejero (en Italia no se puede fumar en casi ningún bar, cafetería o restaurante).

Horacio trabaja en un restaurante argentino que se llama “Ristorante Argentino”. Curioso nombre cuando lo único argentino en ese local son el nombre de los carnes, que no las carnes en sí, y Horacio, que se encarga de fregar los platos. El dueño del restaurante es albano; el cocinero, siciliano. Un ejemplo más de infalible estrategia hostelera que basa su éxito en la ignorancia y la imperturbable felicidad de los turistas. Horacio se indigna explicándome como el cocinero siciliano prepara las carnes. Al menos, puntualiza con una maliciosa sonrisa dibujada en los labios, el cocinero siciliano no está pecando con carnes argentinas, sino brasileñas.

Horacio se vino a Italia para dejar atrás una pérdida demasiado dolorosa y, de paso, apoyar a su hijo de 24 años en su carrera como modelo en Milán. Sí, es cierto, el chaval es guapo, proporcionado y sabe llevar muy bien unas gafas de sol. Le profetizo un buen futuro en este país. Pero, hace 3 meses, padre e hijo tuvieron una dura discusión y Horacio decidió mudarse a Florencia. Dice que La Toscana le recuerda un poco a su Argentina, aunque no se parezca en nada. Y sonríe. Luego presume de su sol de invierno, del verde brillante de su campo y de la sensualidad de sus ondulantes colinas. En realidad, Horacio no habló de colinas, sino de mujeres. Pero, a fin de cuentas, ellas también son ondulantes, y mucho más bellas.

Horacio daba ansiosas caladas al cigarrillo, que se consumía en cinco bocanadas de humo. Él se justificaba: es consecuencia de la abstinencia pasada y de la que está por venir. Por eso se fumó dos cigarrillos en menos de diez minutos, antes de volver al restaurante por la puerta de atrás.

Después de pagar la cuenta e indignarme con el precio de las bebidas, entré en la cocina para despedirme de Horacio. Me tuve que hacer pasar por su sobrino “gallego”. Le prometí volver algún día y compartir otro cigarrillo, o dos. Pero él se negó a que volviera a ese restaurante y me invitó a cenar a su casa, donde se puede fumar hasta en el baño. Y, por el módico precio de una botella de vino rioja, podré comer auténtica carne argentina cocinada a la genuina manera argentina.
 
Hoy me apetece hablar de...

Hoy me apetece hablar de Roy Sesan, chamàn y lìder del pueblo bosquimano, que lleva años luchando por preservar los derechos ancestrales de su gente. Desde que en los años 80 se descubrieron los importantes yacimientos de piedras preciosas que hay en el territorio donde vive su pueblo, el gobierno de Botsuana (Africa), bajo la presiòn de poderosas empresas extranjeras, no ha dejado de perseguirles. “El Gobierno decìa que èramos salvajes, que debìamos ir a la escuela y hacer hacer trabajos normales. Pero la ùnica cosa que necesitamos es nuestra tierra, que para nosotros es escuela, fuente de comida y nuestra propia identidad”. Gracias a su entrega total a esta lucha y al apoyo de numerosas organizaciones internacionales, Roy Sesan ha conseguido que el Gobierno de Botsuana reconozco el derecho de su pueblo a seguir siendo primitivos. “Yo no sé leer, ni escribir. Pero creo que sé hablar de mi gente y de mi tierra”.

Hoy me apetece hablar de Robert Oppenheimer que en 1945 dijo a sus colegas : "Hoy me he convertido en la muerte, en el destructor de mundos". Él era un cièntifico que, segùn alguno de sus compañeros de trabajo, parecìa tratar la fìsica como una distracciòn y el psicoanàlisis como una vocaciòn. Oppenheimer fue el director del megalaboratorio de Los Alamos donde se construyeron las primeras bombas atòmicas de la Historia y està considerado “su padre cièntifico”. Con el paso de los años y el avance en el potencial destructivo de las bombas hasta llegar a la de Hidrògeno, Oppenheimer acabò convirtièndose en un crìtico de la carrera atòmica: “Podrìa convertirse en un arma genocida”. Esta postura le costò la pèrdida de privilegios polìticos y acadèmicos, llegando incluso a ser acusado de “comunista” durante la “caza de brujas” de la era McCarthy. Diez años despuès muriò por un càncer de garganta provocado por su adicciòn al tabaco.

Hoy me apetece hablar de Harry Hallowes, un vagabundo que ha dejado de serlo al obtener el tìtulo de propiedad de un terreno en el parque de Hampstead Heath, una de las zonas màs caras de Londres. La Alta Corte de la capital inglesa ha reconocido su derecho a reclamar como propia la pequeña casita que Harry lleva habitando, hasta hace poco de forma ilegal, en los ùltimos 20 años. Un èxito judicial de los abogados del Estado, que le defendieron gratuitamente, y que no hubiera llegado a producirse sin el apoyo de sus multimillonarios vecinos que testimoniaron a favor de Harry en el juicio. Ahora este inmigrante irlandès de 70 años, pensionista y sin profesiòn alguna desde hace mucho tiempo, tiene en su propiedad un terreno de 800 metros cuadrados valorados en màs de 4 millones de euros. Pero Harry no piensa venderlo. “Cuando muera le dejarè esta tierra a alguien que para mì representa un sofisticada y respetuosa actitud hacia las tradiciones y la naturaleza: la familia real britànica”. Mientras tanto, su principal proyecto a corto plazo es instalar agua corriente y electricidad en su viejo, pero nuevo legalmente, hogar.

Hoy me apetece hablar de Magdalena, una chica de 23 años de Livorno con la que comparto habitaciòn, que hace poco estuvo toda una semana en el campo bailando danzas del mundo en plena integraciòn con la naturaleza. Llegò destrozada, con los pies negros y llena de picaduras y arañazos, pero excitada por haber estado en contacto directo con unos àrboles milenarios que le hicieron sentir el poder de la vida. Magdalena es una hippie que viste ropa confeccionada con sus propias manos, que està en contra de la depilaciòn por encima de la cintura y que no come nada que haya podido sangrar. Magdalena estuvo 3 años en una escuela profesional de fotografìa de Roma, pero un dìa se agobiò y ahora ha reencontrado su vocaciòn: la Antropologìa. Ella desea viajar lejos, muy lejos, mucho màs allà de todo lo occidental, capitalista y materialista, y conocer culturas que le aporten una visiòn màs espiritual del mundo y de la vida. En la cocina de nuestra casa hay un enorme mapa geopolìtico del continente africano que ella colgò. Magdalena tiene cuatro plantas en el cuarto, entre ellas un bomsay, que las cuida con mucha atenciòn y cariño. Ella siempre està “en giro” y es extraño el fin de semana que se queda en Siena. Le vuelven loca las infusiones naturales, siempre muy intensas y aromàticas, que elige segùn su estado de ànimo. Entre sus libros hay uno que se llama Aromaterapia. Los dulces caminos hacia el bienestar. Ella cree en Dios, tiene estampitas de la Virgen pegadas en las paredes y va a misa todos los domingos. Magdalena piensa que los problemas del mundo tienen una sencilla soluciòn : la sonrisa. En la puerta del baño ella ha escrito en letras enormes: "Fai pensieri felici, ti viene meglio (Piensa cosas felices, te sienta mejor)”.

Hoy me apetece hablar de mì mismo, pero este texto se harìa demasiado largo. Lo dejaremos para otro dìa.

Ci sentiamo!
 
24 horas en Roma

Roma me dio la bienvenida con prostitutas de día, coches y más coches, carriles y más carriles, edificos de ladrillo y hormigón que no pretenden pasar a la Historia, pintadas y graffitis, y algún vagabundo con su tienda de campaña de deshechos. En Roma, como en casi toda capital del mundo, sus afueras muestran la cara más desagradable de su realidad social.

Stazione Termini: Frenética riada de gente con maletas y mochilas en la acera; río estancado de vehículos en la carretera.

En Roma las motos son una raza aparte. A veces, animales escurridizos que se cuelan por huecos imposibles (y peligrosos). Otras veces, animales que se juntan en manada delante de los semáforos o detrás de los autobuses.

Ruido, mucho ruido. Las bocinas de los vehículos, como un latido taticárdico, marcan el ritmo frenético de Roma.

En Piazza PortaMaggiore está «Enjoy Hostel – Pink Floyd». Una pequeña vivienda transformada en albergue con 3 habitaciones, saturadas de literas, una tele y una mesa en el centro, un “piccola” cocina, 2 retretes, duchas y lavabos, y una recepción incrustada en un hueco del pasillo. En la cocina hay un póster de la Mona Lisa haciendo top-less y, al lado del microondas, una foto en blanco y negro de una sensual y sonriente Marilyn Monroe. Un lugar desaliñado, sistemado a base de parches y remiendos, pero con encanto. Desde su balcón se ve una enorme, vieja y blanca puerta de piedra encajonada en un acueducto de ladrillo. También se ven vías de tranvía y gente que sale, o corre, detrás de ellos y se desperdiga en todas direcciones. Y palomas que se asustan con las bocinas. Y bancos de mármol hacer más cómoda la espera. En uno de ellos me como una porción de pizza (« ¿Te la pliego ? » « No. » Y me mira como si fuera un bicho raro) y me bebo una birra Peroni: ya estoy preparado para patearme esta ciudad.

Roma es como Madrid, aunque una es mucha más caótica, y la otra mucho más cuadriculada.

Los pasos de cebra se atraviesan como en rugbi: avanzando yardas. En ellos te juegas la vida. Quizás por ello las ancianas los atraviesan con tanto descaro.

Solamente hace falta recorrer un par de calles de Roma para darse cuenta que en esta ciudad, a diferencia de Siena, pasan cosas.

Barrio chino: repetición, una detrás de otra, de las mismas tiendas asépticas, con las mismas dependientas dentrás del mostrador y con las mismas letras en el escaparate. ¿Cómo harán para conseguir vender todas, si todas venden lo mismo?

Primera imagen conocida: el monumento a Vittorio Emanuele II. Un imponente edificio de mármol que hace de exagerado decorado para la estatua oscura de un hombre y su caballo. Para muchos romanos simboliza un doble saqueo al Foro Romano: el de su mármol y el de su panorámica desde la Piazza Venezia. Para mí, el edificio que deja atrás con el coche un Totó ya envejecido antes de enterarse de la muerte de Alfredo. A su lado, el sobrio Palazzo Venezia desde cuyo balcón Mussolini arengaba a los italianos.

En Via del Corso el tráfico está cortado por una manifestación: bálsamo para mis oídos. Caminando por caminar me encuentro el Palazzo del Parlamento. Agentes de policía y guardaespaldas con cara de pocos amigos secundan a Mantella, el Ministro de Justicia, que se para delante de un par de cámaras de televisión para ganarse sus cinco minutos de fama. ¿Estaría criticando, como de costumbre, a su propio gobierno?

Piazza di Spagna: escaleras tomadas por los turistas, una iglesia, una enorme bandera de España y un obelisco. Piazza del Popolo: más turistas, un saxofón que invita a pararse, escuchar y observar, y otro obelisco. Piazza San Pietro: columnas y estatuas envolventes, el sol poniéndose tras su poderosa cúpula, curas y monjas de todos los colores y rasgos raciales, millares de sillas de plástico, prepotente ostentosidad que va contra los principios cristianos, y otro obelisco. Roma, al igual que toda la Italia, concentra gran parte de su inmensa belleza en sus plazas.

En Piazza Venezia me reencuentro con una amiga de “Almendrale” y su novio de Sardegna: conversaciones en italiano y birra itinerante con paradas en el Campo di Fiori, la Isola del Tevere y la Piazza Santa Maria in Trastevere. Larga serata en la que dio tiempo a criticar al Vaticano, a los políticos italianos, a la obsesión por la imagen y a los que no ven ninguna ventaja en la fotografía digital. Por suerte, en otros temas sobre los que discutimos no estuvimos de acuerdo.

Un rumor de agua retumbando en las paredes: me estoy acercando a la Fontana di Trevi. Eran las 2:30, pero no me encontraba solo: un par de parejas con la sonrisa fácil, un vendedor de rosas incordiando, una joven haciendo fotos y un grupo de ruidosos y borrachos americanos. Compañía previsible a diferencia del par de ratones (no me atrevo a usar el diminutivo con uno de ellos) que salían y entraban de agujeros que circundaban la Fontana. “Mickey Mouse!” Sentado, mientras mis oídos se inundaban de agua, me di cuenta que Roma me gusta. Y mucho.

En el hostel, ni el colchón que se hundía con el peso del aire, ni los ronquidos “fondatimpani” de un compañero de habitación impedieron que durmiera a pierna suelta. Estaba agotado: mal acostumbrado a las cortas distancias y sobre dos ruedas.

Al día siguiente eché un vistazo al Coliseo antes de volver a Siena. Sus cuatro pisos de piedra ten hacen pensar en el pasado, aunque de fondo siga sonando el incasable tráfico romano. Y es que Roma es tráfico, mucho horrible tráfico; pero también es pasado, mucho imponente pasado.
 
Algunos detalles y pequeñas curiosidades de un pequeño hotel (italiano)

Casi dos meses han pasado ya desde aquel dìa que me sentè por « prima volta » detràs de esta recepciòn. En estos 60 y pico dìas he conocido de primera mano como funciona un pequeño hotel (italiano) y ahora puedo contar algunos de sus detalles y pequeñas curiosidades.

Siempre que llega un nuevo cliente, èste debe rellenar una ficha con sus datos personales. Cuando se trata de una pareja, principalmente joven, el espacio reservado a la fecha de nacimiento del compañero de habitaciòn se puede convertir en toda una crisis por el olvido de “tan importante” dato. Sonrisas forzadas y bromas tìpicas son el habitual mecanismo de auto-defensa para quitarle hierro al asunto, pero que no consiguen borrar el hilillo de indignaciòn de los ojos del companher@ (al menos, hasta llegar al cuarto).

En Italia es muy fàcil que un cliente te intente regatear el precio de la habitaciòn, sobre todo, si viene del sur. Al principio, yo siempre cedìa y les hacìa un pequeño descuento, hasta que el propietario me parò los pies. Ahora soy mucho màs duro de roer, pero, a veces, doy mi brazo a torcer porque 83 euros por una camera doppia no es ni mucho menos una ganga.

Giuliano es el encargado de hacer los turnos de noche del hotel. Al lado del comedor hay un pequeño cuarto con una pequeña cama para que èl pueda dormir cuando todos los huèspedes estèn haciendo lo mismo. Giuliano es una persona mayor, casi me triplica en edad, y tiende a quejarse. Se queja cuando alguien vuelve al hotel muy tarde o cuando alguien se levanta demasiado temprano. Pero Giuliano no se da cuenta que a èl le pagan por irse a la cama.

Hace varias semanas una pareja de cuarentones se hospedaron en una habitaciòn matrimonial. Llegaron al hotel al mediodìa y se marcharon antes de que empezara a anochecer. Salieron del aparcamiento en coches diferentes. Un hotel pequeño, con poca clientela durante la semana y situado a las afueras de la ciudad es el lugar perfecto para este tipo de encuentros “discretos”. Nosotros no registramos sus datos personales y ellos pagan religiosamente los 83 euros que cuesta una habitaciòn matrimonial (sin desayuno).

Madeleine Durban, una sudàfricana de poco màs de 60 años que se hospedò en el hotel hace unas semanas, ha viajado mucho en estos ùltimos 7 años. Las pàginas de su pasaporte estaban repletas de sellos fronterizos de un amplìsimo abanico de paìses: Mozambique, Holanda, Australia, Namibia, Canada, Botswana, Reino Unido, Zimbawe, Croacia… ¿Viajes de trabajo o de placer? Da igual, viajar siempre serà viajar sea cual sea su motivaciòn. Pero el pasaporte de Madeleine Durban no serìa muy diferente al de otros muchos clientes “trotamundos” si no fuera porque en una de sus pàginas hay un sello de un aeropuerto de New York estampado el 11 de septiembre del 2001. ¡Vaya fecha que le tocò a esta mujer para llegar en aviòn a New York! Madeleine Durban tuvo que vivir de forma especialmente personal aquel dìa que conmocionò al mundo. ¿Cuàntas llamadas telefònicas recibirìa?

Durante la semana la mayorìa de la gente que se hospeda en el hotel viene a Siena por motivos laborales. Peones de obra, comerciantes, encargados de realizar una sustituciòn, jefes de àrea, banqueros… Personas que buscan conversaciòn (“¿Sei spagnolo? Sono stato una volta nella Spagna…”) o que pasan completamente desapercibidos, que ven contigo los partidos de calcio en la recepciòn o que se van directamente a la habitaciòn con la amargura retorcièndoles la cara, que visten amplios monos llenos de barro o impecables trajes de chaqueta hechos a medida… Personas que suelen permanecer en el hotel varios dìas y que pueden volver con el paso de las semanas. Son màs huèspedes que clientes y que, por cortesìa e iniciativa propia, no les cobro un cafè o una birra. O, como las dos Silvia y Alex, que se hospedaron durante casi un mes en el hotel, son màs amigos que huèspedes, y te invitan a cenar pizza con ellos, mientros tu dejas que ellos miren internet en el ordenador de la recepciòn y, eventualmente, hagan tu propio trabajo.


Ci sentiamo!