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Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Ibiza

Ricardo està cerca de los 40, pero anìmicamente acaba de cumplir los 20. Sus anchas patillas de rockero inmortal, su larga y desgreñada melena y sus informales corbatas de vistosos colores le delatan. Ricardo es hiperactivo, no puede estar màs de un segundo quieto, como un niño que rebosa energìa y necesita desprenderse de ella. Su cuerpo tambièn acaba de cumplir los 20 (excepto por la amenazante calvicie que apenas puede disimular su larga melena). Quizàs por esta razòn, por llevarle la contraria a su documento nacional de identidad, Ricardo ha montado su propio bar: asì invierte sus recursos fìsicos y anìmicos en su propio beneficio. Ricardo ya estaba cansado de que su inagotable fuente de energìa fuera explotada por los demàs.

¿De dònde saca Ricardo tan fuerza vital? El nunca te lo confesarà, pero tras conocer su biografìa vital he llegado a una conclusiòn: Ricardo encontrò el elixir de la eterna juventud en Ibiza. En la venerada isla del Mediterràneo, que atrae con el mismo entusiasmo a vampiros aspirantes a farmaceùticos, a guiris de urbanizaciones en cadena y sangrìa de teta-brick y a hippies que van en procesiòn a la playa para asegurarse que dìa tras dìa se pone el sol, Ricardo estuvo viviendo tres años. No sè si llegò con la intenciòn de convertirse en el conde Dràcula o en un devoto del Dios Sol (descarto la opciòn guiri) porque Ricardo no realizò aquel viaje “para ir a Ibiza”, sino “para huir de Italia”. El querìa dejar atràs la vida que llevaba hasta entonces. Demasiadas prisas, demasiadas preocupaciones en forma de nùmeros, demasiado espacio intangible entre el pasado y el futuro. Ricardo buscaba otro ritmo de vida, otra visiòn del dìa a dìa, y en Ibiza lo encontrò. En aquel trozo de tierra rodeado de Mediterràneo estuvo tres años, pero rejuveneciò muchos màs.

Ricardo dice que se hubiera quedado a vivir allì toda la vida, pero en su idìlica relaciòn con Ibiza se interpuso una mujer. Era cubana, alcohòlica, no tenìa papeles, pero sì tenìa un hijo. Ella le devolviò a la realidad, despuès de haber hecho una bola de papel con su poco habituado corazòn, e Ibiza dejò de ser el paraìso en tierra, para convertirse en una càrcel en medio del mar. Ricardo volviò a Italia con ella, màs en concreto a Bologna, donde un familiar suyo tenìa una empresa. El consiguiò un trabajo estable, pero ella no conseguìa los papeles y cada dìa bebìa màs. En menos de un año decidieron seguir cada por su propio lado, cansados de tanta discusiòn y tanto odio acumulado.

Ahora, 3 años despuès, Ricardo ha inaugurado su propio bar. Se llama Ibiza. Ricardo, consciente de que ya nunca volverà a vivir en la isla, se la ha traido lo màs cerca posible de su casa. En este Ibiza no hay mar ni playa, està hipotecada y su existencia depende de que a final de mes cuadren las cuentas, pero al menos Ricardo puede permitirse el lujo de imponer su propio ritmo de vida, su particular visiòn del dìa a dìa. Una pequeña isla en medio de tanto mar donde, mientras sigan pasando los años, quizàs Ricardo siga rejuveneciendo.



Ci sentiamo!

PD. Hace unos dìas llegò una patera a los costas de esta Ibiza “a la bolognesa”. En la patera habìa un inmigrante español que buscaba desesperadamente trabajo para pagar el “affitto” de su casa. Ricardo sabìa mejor que nadie lo que era ser un fugitivo y decidiò darle una oportunidad. Para probar su coraje (y desesperaciòn) lo llevò consigo la noche del sàbado a travès de la jungla de los canibales italianos y sus còcteles de mezclas inconcebibles. El inmigrante español sobreviviò y quizàs le vuelva a dar otra oportunidad. Pero el inmigrante español tiene que seguir buscando empleo...
 
Basilica di San Petronio

Basilica di San Petronio:
Una novia que se ha pisado el vestido de boda.
 
Ataques de invisibilidad y Giovanna

Durante los primeros dìas en Bologna, recorriendo de punta a punta la ciudad en busca de "stanza" y "lavoro", me he cruzado con mucha gente por la calle. Mi mirada se encontraba continuamente con ojos desconocidos, con rostros anònimos e indiferentes. Nadie me saludaba, nadie parecìa darse cuenta de que existìa.

Por momentos lleguè a pensar que quizàs me estaba volviendo invisible. Pero entonces me devolvìa a la realidad algùn vendedor ambulante de pañuelos y calcetines. Ellos sì me saludaban. Era un saludo interesado, un mecànico intercambio de frases con un indudable objetivo comercial, pero al menos ellos me preguntaban còmo me iba el dìa y compartìan conmigo una fugaz sonrisa.

Desde que encontrè una "stanza", Giovanna, una de mis nuevas compañeras de piso, se ha convertido en el remedio perfecto contra mis ataques de invisibilidad. A cambio yo he aceptado convertirme en el atento oyente que satisface sus ansias irrefrenables de conversaciòn. Ella se ahorra unos euros en mòvil, mientras yo voy adaptando mi oreja al italiano. Nuestra relaciòn dibuja una perfecta curva de la oferta y la demanda. Estoy convencido de que nos vamos a llevar muy bien.

Por cierto, aùn sigo buscando "lavoro". Por suerte soy una persona extremadamente optimista y me mantengo en un estado de relajada felicidad. Si fuera un poco màs pesimista, ahora podrìa tener una depresiòn de caballo (y si tienes la discografìa de Los Planetas en el mp3, las posibilidades aumentan).


Ci sentiamo!
 
Buscando piso en Bologna

Llevo 3 dìas en Bologna buscando piso y he llegado a una conclusiòn: el capò de los coches en realidad se diseñò para apoyar los callejeros de ciudad.

Ci sentiamo!