El David de Michelangelo
Miro el David de Michelangelo y veo la mitificaciōn de la obra, el culto al cuerpo humano, el orgullo del pasado, la prepotencia de la juventud, la inmortalidad del artista.
Miro el David de Michelangelo y veo un inmenso cuerpo desnudo, que consigue expresar al mismo tiempo suavidad y virilidad, que absorbe la luz y cuyos mųsculos nacen de las sombras, que empequeņece al que lo observa. Pero tambičn veo una mirada de cristal, muerta, y una cabeza y unas manos desproporcionadas, demasiado grandes.
Miro el David de Michelangelo y veo turistas que se paran y levantan la mirada, segundos o minutos, en silencio o comentando, con admiraciōn, desinterčs o picardėa. Algunos intentan hacer fotos, algunos logran hacer mās de una. Veo un par de videocāmaras y una pantalla que muestra la imagen digitalizada de la escultura.
Miro el David de Michelangelo y veo que es posible detener el tiempo y el movimiento. Veo que la piedra puede simular la vida, que el artista puede trasladar el ānima a la materia.
Miro el David de Michelangelo y veo algo. ŋSerā čsta la definiciōn de arte: mirar y ver algo?
Reflexiones sobre la soledad (IV)
Yo me considero una persona solitaria, pero tengo pānico a la soledad.
Reflexiones sobre la soledad (III)
Las relaciones de pareja son consecuencia, ya sea directa o indirecta, ya sea consciente o inconscientemente, del miedo del ser humano a la soledad. Es cierto que, en la mayorėa de los casos, tuvieron como origen el amor, o un sentimiento de afecto parecido, pero tambičn es cierto que cuando este amor, o sentimiento de afecto parecido, se ha desvanecido, la relaciōn de pareja se mantiene -o podrėa decir que sobrevive- por miedo a reencontrarse cara a cara con la soledad.
Dicen que los personas son āngeles con un solo ala y que para llegar a volar necesitan apoyarse los unos a los otros. Segųn interpreto esta imagen, el cielo serėa una plācida felicidad, donde llegan aquellos que han encontrado la compaņia de los demās; mientras que el suelo serėa una anodina soledad, donde se quedan los que no tienen a nadie en quien apoyarse. El ser humano aspira a tocar con sus propias manos el cielo; tiene pānico a quedarse toda la vida arrastrāndose por el suelo.
Cuando una relaciōn de pareja se termina por causas que ni siquiera el miedo a reencontrarse con la soledad pueden evitarlo, el ser humano busca de nuevo el amor, o la ausencia de soledad, en otra persona o en otra compaņėa.
M., mujer de sonrisa infinita, se ha pasado la vida cambiando de pareja. Los novios siempre le han durado dos aņos, aņo arriba, aņo abajo, y a pesar de que durante los dėas siguientes a la ruptura siempre afirmaba con convicciōn que le apetecėa estar sola una temporada, estar con los pies en el suelo, se volvėa a enamorar a los escasos meses. M. se enamoraba de su nueva pareja como la primera vez, como convencičndose a sė misma que su recičn estrenado novio, o compaņėa masculina, le transportarėa para siempre al mundo de los sueņos.
C. es una mujer a la que un repentino cāncer le arrebatō su marido en un suspiro. Durante los dėas siguientes al funeral, C. se sintiō intensamente arropada por sus hijos. Ella nunca habėa sentido a la familia tan unida como aquellos dėas, nunca habėa apreciado tanto la compaņėa de sus hijos. Pero esta situaciōn fue pasajera porque la vida nos obliga a respetar una rutina diaria que ni la muerte de nuestro ser mās querido tiene derecho a romper, y sus hijos tuvieron que volver a sus respectivos hogares y trabajos. C. se hundiō en la soledad de una casa inmensamente vacėa, cuyos techos trataban de engullirla y la obligaban a recorrer sus habitaciones arrastrāndose por el suelo. Entonces C. recibiō un regalo de su vecina-mejor amiga: un cachorro de perro llamado Perro. A partir de aquel dėa, C. cuidō y mimō a Perro como si de un hijo suyo se tratara, mientras que Perro no se separaba ni un segundo de ella, entregāndole incondicionalmente todo su cariņo y compaņėa. Perro le dio fuerzas a C. para que no se hundiera en el suelo, hasta el dėa en que ella volviō a maquillarse y a sacar sus mejores vestidos del armario.
Reflexiones sobre la soledad (II)
Uno de los pilares fundamentales en los que se sustenta el čxito de las religiones es el miedo del ser humano a que la muerte sea sinōnimo de nada. Es decir, si la muerte es nada, el destino final de cada uno de nosotros y, mās en concreto de nuestro mente-alma-yoinmaterial, serėa desvanecerse y desaparecer para siempre. Si la muerte es nada, el ser humano, que centra toda su racionalidad en el hecho fundamental de ser, inevitablemente acabarā no-siendo. Esta posibilidad de una futura e inevitable inexistencia provoca un miedo irracional en el ser humano. Sin lugar a dudas, es mās consolador creer en la posibilidad de una futura existencia en un espacio ilōgico donde nuestra mente-alma-yoinmaterial permanecerā con el resto de mentes-almas-yosinmateriales por toda la eternidad.
Pero yo propongo algo mās perturbador que la muerte como sinōnimo de nada: la muerte como sinōnimo de soledad. ŋY si la existencia despučs de la muerte fuera un infinito bucle dentro de un espacio inmaterial en el que nuestra mente-alma-yoinmaterial no tuviera contacto con nada mās allā de sė misma? ŋNo serėa preferible la inexistencia antes que una soledad espiritual y material por toda la eternidad?
Yo, me quedo con la nada.
Reflexiones sobre la soledad (I)
Una habitaciōn vacėa, oscura, sin puerta ni ventanas, puede ser una imagen metafōrica de la soledad. Un sābado por la noche viendo la televisiōn con una cerveza en la mano es la imagen real de la soledad.
La soledad provoca que ante la ausencia de comunicaciōn -el hombre es un animal social y necesita el contacto fėsico y espiritual de los demās para sobrevivir- las personas se comuniquen consigo mismas. Son conversaciones silenciosas en las que uno explora su interior por medio de preguntas y respuestas que, al no tener censura por su inviolable privacidad, desvelan la genuina naturaleza de su yo verdadero. Un anālisis unidireccional que explora los rincones mās lejanos de nuestra mente-alma-yoinmaterial, sacando a la luz conceptos que, por su trascendentalidad y complejidad, se mantienen ocultos en el dėa a dėa cotidiano, demasiado rutinario y ordinario para prestar atenciōn a lo fundamental que hay en cada uno de nosotros. La soledad empuja al ser humano a conocerse a sė mismo, es decir, a preguntarse quč, quičn, cōmo, cuāndo, dōnde y por quč es. Es lōgico el pānico a afrontar este anālisis interior porque, mās allā del miedo a las posibles respuestas, estā el pānico a la inexistencia de ellas.
La soledad es una balanza cuya aguja oscila entre la satisfaciōn personal y el vacėo espiritual.
Los conceptos pasado, presente y futuro aparecen constantemente en estas conversaciones silenciosas con uno mismo. La soledad nos hace reflexionar sobre el tiempo, pero no como un tčrmino abstracto y universal, sino como algo personal. El tiempo se pasea por nuestro interior, deslizāndose como el susurro del viento, y nos invita a reencontrarnos con el pasado, a analizar el presente y a visualizar un posible futuro. Pasado-presente-futuro. Tres včrtices claramente definidos e individualizados, que dan pie a reflexiones y sensaciones separadas, pero cuyas conclusiones o motivaciones son siempre recėprocas. Todo lo que somos es consecuencia de lo que fuimos, pero sōlo un boceto de lo que seremos. ŋEs posible encontrar una definiciōn de nuestro ser interior que alcance nuestro concepto de perfecciōn personal y que se mantenga imperturbable ante el inevitable paso del tiempo? ŋUn ser que queremos ser en presente de indicativo?
El ser humano tiene pānico a naufragar en una isla desierta, como lo demuestra el vertiginoso desarrollo y čxito de Internet.
El atlas polėtico
El atlas polėtico:
Un grāfico que muestra como las fronteras han agrietado, y posiblemente acabarān destruyendo, el mundo.
Un grāfico que muestra como las fronteras han agrietado, y posiblemente acabarān destruyendo, el mundo.





