Algunos detalles y pequeñas curiosidades de un pequeño hotel (italiano)
Casi dos meses han pasado ya desde aquel dìa que me sentè por « prima volta » detràs de esta recepciòn. En estos 60 y pico dìas he conocido de primera mano como funciona un pequeño hotel (italiano) y ahora puedo contar algunos de sus detalles y pequeñas curiosidades.
Siempre que llega un nuevo cliente, èste debe rellenar una ficha con sus datos personales. Cuando se trata de una pareja, principalmente joven, el espacio reservado a la fecha de nacimiento del compañero de habitaciòn se puede convertir en toda una crisis por el olvido de “tan importante” dato. Sonrisas forzadas y bromas tìpicas son el habitual mecanismo de auto-defensa para quitarle hierro al asunto, pero que no consiguen borrar el hilillo de indignaciòn de los ojos del companher@ (al menos, hasta llegar al cuarto).
En Italia es muy fàcil que un cliente te intente regatear el precio de la habitaciòn, sobre todo, si viene del sur. Al principio, yo siempre cedìa y les hacìa un pequeño descuento, hasta que el propietario me parò los pies. Ahora soy mucho màs duro de roer, pero, a veces, doy mi brazo a torcer porque 83 euros por una camera doppia no es ni mucho menos una ganga.
Giuliano es el encargado de hacer los turnos de noche del hotel. Al lado del comedor hay un pequeño cuarto con una pequeña cama para que èl pueda dormir cuando todos los huèspedes estèn haciendo lo mismo. Giuliano es una persona mayor, casi me triplica en edad, y tiende a quejarse. Se queja cuando alguien vuelve al hotel muy tarde o cuando alguien se levanta demasiado temprano. Pero Giuliano no se da cuenta que a èl le pagan por irse a la cama.
Hace varias semanas una pareja de cuarentones se hospedaron en una habitaciòn matrimonial. Llegaron al hotel al mediodìa y se marcharon antes de que empezara a anochecer. Salieron del aparcamiento en coches diferentes. Un hotel pequeño, con poca clientela durante la semana y situado a las afueras de la ciudad es el lugar perfecto para este tipo de encuentros “discretos”. Nosotros no registramos sus datos personales y ellos pagan religiosamente los 83 euros que cuesta una habitaciòn matrimonial (sin desayuno).
Madeleine Durban, una sudàfricana de poco màs de 60 años que se hospedò en el hotel hace unas semanas, ha viajado mucho en estos ùltimos 7 años. Las pàginas de su pasaporte estaban repletas de sellos fronterizos de un amplìsimo abanico de paìses: Mozambique, Holanda, Australia, Namibia, Canada, Botswana, Reino Unido, Zimbawe, Croacia… ¿Viajes de trabajo o de placer? Da igual, viajar siempre serà viajar sea cual sea su motivaciòn. Pero el pasaporte de Madeleine Durban no serìa muy diferente al de otros muchos clientes “trotamundos” si no fuera porque en una de sus pàginas hay un sello de un aeropuerto de New York estampado el 11 de septiembre del 2001. ¡Vaya fecha que le tocò a esta mujer para llegar en aviòn a New York! Madeleine Durban tuvo que vivir de forma especialmente personal aquel dìa que conmocionò al mundo. ¿Cuàntas llamadas telefònicas recibirìa?
Durante la semana la mayorìa de la gente que se hospeda en el hotel viene a Siena por motivos laborales. Peones de obra, comerciantes, encargados de realizar una sustituciòn, jefes de àrea, banqueros… Personas que buscan conversaciòn (“¿Sei spagnolo? Sono stato una volta nella Spagna…”) o que pasan completamente desapercibidos, que ven contigo los partidos de calcio en la recepciòn o que se van directamente a la habitaciòn con la amargura retorcièndoles la cara, que visten amplios monos llenos de barro o impecables trajes de chaqueta hechos a medida… Personas que suelen permanecer en el hotel varios dìas y que pueden volver con el paso de las semanas. Son màs huèspedes que clientes y que, por cortesìa e iniciativa propia, no les cobro un cafè o una birra. O, como las dos Silvia y Alex, que se hospedaron durante casi un mes en el hotel, son màs amigos que huèspedes, y te invitan a cenar pizza con ellos, mientros tu dejas que ellos miren internet en el ordenador de la recepciòn y, eventualmente, hagan tu propio trabajo.
Ci sentiamo!





