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Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Podría escribir sobre Malta...

Llevo más de un mes sin aparecer por aquí. Una vez más mi distanciamiento de internet es sinónimo de felicidad. Sí, he sido feliz durante todo este tiempo porque han sido días en los que he vivido. Días en los que he estado en Malta, en Sicilia, en Siena, en Madrid, en Portugal... Días en los que he hecho nuevas amistades. Días me he reencontrado con viejas amistades, ya sean excompañeros del colegio mayor, excompañeros de universidad, excompañeros del colegio, excompañeros de la guardería, una exnovia, una prima... Días en los que me he reencontrado con la familia. En definitiva, días en los que he estado de vacaciones (aunque debo apuntar que tengo la sensación de llevar de vacaciones muchos meses más).

Hago memoria y podría escribir sobre mi semana en Malta, ese pequeño país insular en medio del Mediterráneo en el que he estado poco más de una semana. Podría escribir sobre el carácter latino de esta antigua colonia británica que tiene mucho de Marruecos y nada de Escocia. Podría escribir sobre su cielo sin nubes, la suavidad de su calor y la claridad de la piedra con la que están hechas todas sus casas. Podría escribir sobre sus carreteras hechas con asfalto de Italia y sus playas hechas con arena de Túnez. Podría escribir sobre sus autobuses naranjas que desafían al paso del tiempo con vírgenes y santos haciendo de sus ángeles de la guarda. Podría escribir sobre sus iglesias con prepotentes cúpulas de color rojo que dominan el perfil de todas sus ciudades. Podría escribir sobre sus escuelas para aprender inglés que atiborran la isla de adolescentes (y no tan adolescentes) con ganas de playa y juerga nocturna…

Si sigo haciendo memoria también podría escribir sobre Rocío, una gaditana que trabaja en un periódico de Badajoz y que conoce a mi padre porque le ha hecho un par de entrevista. Podría escribir sobre Cecilia, una italiana que me pidió que no me fuera el día de mi despedida. Podría escribir sobre Stefania, una maltesa a la que conocí durante el retraso de nuestro vuelo y que me enseñó la isla en su coche. Podría escribir sobre Alvarito y Panizo, dos amigos con los que me iría de viaje hasta el fin del mundo…

Podría escribir sobre estos y otros detalles, pero tampoco hay mucho más que contar. Porque Malta tiene el encanto de ser diferente, como cualquier país extranjero, y está bien para pasar unos días de playa y sol con buenos amigos, pero no me ha llegado a enamorar.

Pasado mañana me marcho a Candelario, un tranquilo pueblo salmantino situado en la ladera de una sierra, refugio familiar para huir del sofocante calor de Badajoz durante el mes de agosto. Si son ciertos los rumores de que el wifi ha llegado a su biblioteca municipal, volveré a pasar por aquí pronto.


Ci sentiamo!
No