Crash en Bologna

Bologna me atrae desde hace varios años por muchas razones, entre las cuales se encuentra en posiciòn destacada su merecida fama de ser una ciudad activa y comprometida con la situaciòn social y polìtica de Italia. Sede de la universidad màs antigua de Europa, Bologna ha crecido a lo largo de los siglos con la responsabilidad de ser referente intelectual, ideològico y artìstico de su paìs, con sus profesores y estudiantes universitarios desarrollando siempre un papel protagonista. Una ciudad que en el transcurso del siglo XX se ha decantado por la defensa de los valores polìticos de la izquierda; valores polìticos que han calado con fuerza en un grupo social eternamente joven e idealista que cree, manifiesta y lucha por una libertad, una justicia y una igualdad que no parecen posibles en la sociedad existente. Un inconformismo ideològico que en Bologna ha sido representado de diferentes maneras con el paso del tiempo, con diversas intensidades, nombres, rostros y acontecimientos, y que en la historia de Italia siempre girarà en torno a las revueltas estudiantiles del 77 y la muerte de Franceso Lorusso.
La "ciudad roja" de hoy en dìa ya no es la "ciudad roja" de antaño; al igual que los jòvenes de ahora ya no son los jòvenes de entonces. La juventud italiana del S.XXI, al igual que en el resto de paìses desarrollados, se ha vuelto conformista y egoìsta, y en su apretada agenda de quehaceres diarios no parece quedar espacio para la lucha por los valores y los ideales sociales. Los jòvenes han aceptado la sociedad en la que viven, les guste o no, y ya estàn suficientemente atareados resolviendo sus problemas personales como para preocuparse por lo que sucede màs allà de su estrecho espacio vital. Pero en Bologna perdura aùn el espìritu luchador e inconformista de antes, sin la misma intensidad, pero que resiste a extinguirse, como las brasas de lo que fue antes una gran hoguera, y que lo materializan sus decenas de colectivos estudiantiles y grupos sociales.
"Crash", uno de los grupos sociales de izquierdas màs conocidos de Bologna, convocò una manifestaciòn el pasado sàbado. El motivo del encuentro era protestar contra el desalojo policial que sufrieron en su antiguo centro social, un polìgono que pertenece al ayuntamiento y que el colectivo habìa decidido okupar ante su prolongado estado de abandono. Una manifestaciòn que, despuès de un par de meses de infructuosas negociaciones con las instituciones pùblicas para una reubicaciòn legal de su centro social, acabarìa con la okupaciòn de un nuevo espacio. “Si el ayuntamiento nos ignora, nosotros actuamos”, podrìa haber sido el lema de la marcha, màs allà de los habituales clichès que rezaban sus pancartas, generalmente agresivos y vacìos de contenido, como: “Màs poder, màs sangre”. Que la fecha de la manifestaciòn coincidiera con el 40° aniversario de la muerte del Ché no fue una curiosa coincidencia.
En Via Independenzia, una de las principales arterias de Bologna, se convocaron los manifestantes, aproximadamente 3500 (punto medio entre los 2000 que calculò la policia y los 5000 que calcularon los organizadores), ante la tensa mirada de los carabinieri, situados en el otro extremo de la avenida. La marcha estaba a punto de comenzar (las pancartas preparadas, los rostros tapados y las primas filas firmes, juntas y con los brazos entrelazados) cuando se desencadenò un terrible aguacero que obligò a los manifestantes a protegerse bajo los soportales. Sòlo el animador, que no parò en toda la tarde de lanzar gritos de ànimo y proclamas polìticas desde su “tuneado” remolque, y una decena de personas, que se protegìa malamente de la lluvia bajo una pancarta roja, aguantaron estoicamente el chaparròn. Pocos minutos despuès la intensidad de la lluvia bajò, una persona se lanzò a la calle con una bandera y una vengala roja encendida y el grueso de la manifestaciòn saliò de los soportales para volver “a tomar sus calles”. La lluvia acompañò durante todo su recorrido a la marcha y, con el apoyo del frìo y el viento, le dio unos ligeros tintes de heroismo y de color, por la apariciòn de decenas de paraguas, a la manifestaciòn.

La convocatoria de la manifestaciòn y la llegada de cientos de integrantes de diferentes grupos de la izquierda “radical” de toda Italia para apoyar la protesta generò una atmòsfera de tensiòn y miedo en la ciudad, alimentada por las instituciones y medios de comunicaciòn local y constatada por el amplio despliegue numèrico de miembros de la policia. Era como si la violencia fuera inevitable, una consecuencia lògica en un encuentro reivindicativo organizado por este tipo de organizaciones sociales. Nada màs lejos de la realidad. Con las fuerzas del orden mantenièndose a una distancia prudencial y dedicàndose ùnicamente a cortar el tràfico, los ùnicos amagos de violencia se producieron en las colas de las pequeñas tiendas donde los manifestantes se paraban para comprar birra y los màs graves ataques a la propiedad prùblica fueron las diversas pintadas en paredes, señales y paradas de autobùs.
Un pacifismo y una tranquilidad que se mantuvieron tambièn en el acto final de la manifestaciòn, lo cual sì me parece justo considerarlo como inesperado, porque incluìa la premeditada y anunciada a los cuatro vientos okupaciòn de una nave industrial. Pero ningùn policia apareciò por allì para hacer frente a los manifestantes e impedir que invadieran aquella propiedad privada que pertenecìa, segùn los comentarios generalizados, a la empresa Nestlè. Los miles de integrantes de aquella marcha y, por tanto, okupas al menos por un dìa, entraron en aquella nave industrial como quien entra por la puerta de su casa. Fue una okupaciòn contradictoriamente “light”, y de nada sirviò que algunas personas pretendieran “espectaculizar” aquel momento encendiendo vengalas y abriendo botes de humo. Mientras el animador subiò el volumen de la mùsica: habìa que celebrar que la okupaciòn habìa sido un èxito rotundo. El resto de la tarde-noche fue una improvisada fiesta de inauguraciòn del nuevo espacio, mientras la gente-okupa lo recorrìa, lo conocìa, lo personalizaba y lo aromatizaba.
Al dìa de hoy, el llamado “Laboratorio Occupato. Crash! 6.0” ya està en pleno funcionamiento con una agenda de eventos musicales y lùdico-reivindicativos-festivos, ademàs de encuentros para debatir la organizaciòn y actual situaciòn del colectivo. Yo no he vuelto a pasar por allì desde su okupaciòn, pero tengo curiosidad por saber còmo han transformado esa frìa y asèptica nave industrial en un centro social.
Ci sentiamo!






