Apuntes de un viaje en solitario por Sicilia (I)
Consejos Turìsticos. Recièn llegado a Sicilia desde Malta, el ferry me deja en el pequeño puerto de la pequeña localidad de Pozzalo, abreviaciòn de su antiguo nombre: Pozzo al Mare. Hago auto-stop para llegar al pueblo y me recoge un coche con cuatro mujeres, dos italianas y dos venezolanas. Para romper el hielo les comento que poco o nada tengo decidido sobre mis pròximos 7 dìas de viaje, dando pie a una larga discusiòn entre ellas en italo-español. Que si debo ir a un pueblo pesquero vecino, que si Palermo es muy bonito, que si Taormina tambièn, que si a Taormina ni se me ocurra ir, que si tù què sabes sobre los gustos del muchacho... Al final no saco nada en claro, pero me dejan justo delante de la puerta de un hotel en la plaza del pueblo.
Estaciòn de Pozzalo. Estaciòn abandonada y desolada. El sol arde en el cielo y las chicharras le ponen sonido al calor. Un muchacho de piel morena està sentado a la sombra, con las piernas cruzadas. A su lado, un hombre mayor con chaqueta y sombrero fuma un cigarrillo. Empieza a sonar una campana, triste y cansada, que anuncia la llegada del tren. Suena durante cinco pastosos minutos, alargando la espera.
El tren es diminuto: un vagòn de segunda clase y la cabina del conductor. El revisor intercambia alguna palabra con el hombre mayor con chaqueta y sombrero, que no se mueve de su sombra, y a continuaciòn grita con suavidad: “Andiamo”. El tren reinicia su camino en direcciòn a Siracusa.
Chiesa di San Giovanni. Aprovechando la libertad que me da la bici que he alquilado en el “ostello” de Siracusa, me alejo de su centro històrico en busca del edificio que me ha llamado la atenciòn porque domina dictatorialmente el perfil de la ciudad: la Chiesa di Madonna delle Lagrime. Por el camino, por casualidad, me encuentro otra iglesia mucho màs humilde: San Giovanni. El color amarillo casi fosforescente de su iluminaciòn nocturna, su fachada semiderruida y su ausencia de tejado, que permite que la noche se cuele a travès de su rosetòn, me atraen visualmente y decido bajarme de la bici. Minutos despuès un grupo de teatro se reùne frente a la iglesia para realizar el ensayo de una obra clàsica. Pero lo màs interesante no son los actores, personas interpretando con exageraciòn un papel, sino el improvisado pùblico, personas que interpretan con honestidad su propia papel, que se reùne espontàneamente a su alrededor: una rolliza niña y su impasible, negro y tambièn rollizo conejo, una anciana que se disculpa por darme la espalda (en un parque) y hace de crìtica y consejera de los actores, dos parejas de venteañeros que comen hamburguesas y juegan a las cartas bajo el soportal de la iglesia (uno de ellos sin bajarse en ningùn momento de su moto), los murcièlagos... ¿Por què en todas las obras de teatro clàsico tienen que haber guerras y mujeres jugando el rol de Lady Mcbeth?
Teatro Romano de Taormina. Teatro de Romano de Taormina: entre sus restos arqueològicos se ve como se funden el azul del mar y del cielo y como una montaña escupe humo sin descanso. Teatro Romano de Taormina: un padre le pide a su hijo que se quite las gafas de sol para la foto porque “ti fa una brutta figura”.
El payaso Fernando. Fernando, un payaso argentino, me confiesa en un pequeña plaza de Taormina que estàn haciendo muy malas gorras porque a su espectàculo le falta fuerza. Bueno, todas no han sido malas, como la de aquella en una ciudad de la regiòn de Calabria donde recaudaron 150€. Fernando tambièn se queja de que la policia italiana les està haciendo mucho daño, con constantes controles, la mayorìa con perros; aunque reconoce que la culpa la tiene la furgona, que “canta” mucho porque es muy “gitana”. Una vez han acabado en el calabozo, pero no fue por su culpa. Fernando ahora està mucho màs tranquilo y con la cabeza centrada en mejorar el espectàculo. Su compañero de actuaciòn, el guitarrista, es de Valencia, pero ya no tiene acento valenciano de tanto viajar alrededor del mundo. Fernando està ya cansado de viajar y de Italia, y desea volver al pueblecito de Granada donde vive. Antes de despedirse me pide que le mande las fotos que he hecho porque, quièn sabe, en el futuro puede llegar a ser conocido y le pueden servir para algo.
Turistas. Es primera hora de la mañana en Taormina. El encargado de una tienda de deportes està montando su particular chiringuito callejero para turistas. El encargado sigue una escrupuloso orden de colocaciòn: guìas turìsticas de Sicilia, libros de cocina italiana y siciliana, camisetas falsificadas de fùtbol, toallas de Taormina, gorras y camisetas de Sicilia, pañuelos y pareos y, finalmente, una amplia colecciòn de tamaños y colores de sandalias. No es casualidad que justo cuando acaba el trabajo pasan por delante de su tienda el primer “rebaño” de turistas.





