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Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Piazza Aldrovandi

Piazza Aldrovandi, que no tiene forma de plaza, sino de calle más ancha, se caracteriza por su concentración de puestos de fruta y verdura. Todos estos pequeños negocios son idénticos los unos a los otros, todos de madera y pintados de verde oscuro, todos llenos de color en su interior y con la misma oferta de productos. Y yo me planteo algunas preguntas: ¿cómo consiguen todos los vendedores llegar a fin de mes? ¿No juegan con inmensa desventaja los puestos desperdigados en el centro de la plaza? ¿Los vendedores habrán llegado al acuerdo de compartir beneficios de forma comunitaria? ¿O será que todos los puestos pertenecen a la misma persona y los vendedores son simples dependientes contratados con un sueldo mensual?

Pero, en realidad, todos estos puestos de fruta y verdura no son estrictamente idénticos los unos a los otros, como he escrito al inicio, ya que comparten una importante diferencia: sus vendedores. En la Piazza Aldrovandi las apariencias engañan, y cada puesto de fruta y verdura acoge en sus entrañas personas, y posiblemente historias, únicas y muy diferentes las unas a las otras. Así, en la Piazza Aldrovandi vende frutas y verduras...

... el “terrone” de camiseta blanca sin mangas y una enorme águila tatuada en el brazo que a veces canta, y a veces da cachetes en el culo a su mujer.

... el joven aspirante a metrosexual que siempre tiene el pelo engominado y peinado de punta y que siempre usa gafas de sol sin importarle si hay sol o no.

... la mujer hindú que viste trajes que compiten en colorido con las frutas y verduras que vende y que sabe el italiano básico para no darle a un cliente una cebolla cuando ha pedido una manzana.

... el matrimonio que ha compartido toda una vida en escasos metros cuadrados, envejecido y engordado al mismo tiempo, y que viciados por la rutina están olvidando que las sonrisas y las palabras amables no están reservadas exclusivamente a los clientes.

... la señora de pelo enlacado y labios pintados de rosa que hace de la rutina una conversación ininterrumpida. Por la tarde, la falta de clientes la compensa con la compañía de dos amigas, otras dos señoras de pelo enlacado y labios pintados de rosa, que se sientan en el interior del puesto para charlar más cómodamente. Cuando la vendedora atiende a un cliente, las dos amigas permanecen en silencio y se convierten en dos sonrientes estatuas que te recorren de arriba abajo con la mirada. Cuando el cliente se marcha y la vendedora retoma su silla, ya tienen algo nuevo sobre lo que conversar.

... el matrimonio de coreanos, con los ojos rasgados horizontalmente y los rostros rasgados verticalmente, que acepta la rutina con una silenciosa resignación que solamente se atreven a interrumpir para atender en duo a los clientes.

... el viejo de nariz roja, pelo blanco y mandil verde. Sus movimientos son lentos, pero aún hace las cuentas de cabeza. Quizás quiera demostrar, o demostrarse, que la calidad no está en el continente, sino en el contenido.

Piazza Aldrovandi, que no tiene forma de plaza, sino de calle más ancha, se caracteriza por su concentración de puestos de fruta y verdura, y por ser un ejemplo práctico de la sociedad que vive en Bologna.
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