logotipo

img_google
Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Racismo político

En Italia hay racismo. Desgraciadamente, este no es un hecho sorprendente, no es extraordinario. ¿Acaso existe algún país occidental en el que un porcentaje de su sociedad, ya sea alto o bajo, no sea racista, es decir, que exalte la superioridad de su propia raza frente a las demás, por las que siente rechazo, miedo, odio y/o desprecio?

Sin embargo, en Italia no sólo hay racismo, sino que éste se usa como reclamo ideológico para conseguir el voto del electorado italiano. Al menos, ésta es la estrategia política de Lega Nord para las próximas elecciones generales italianas, que tendrán lugar dentro de un par de semanas. Desde su fundación a finales de los años 70, Lega Nord ha basado su programa político en la autodeterminación de la Padania, que aglutinaría a todas las regiones italianas que se encuentran al norte de Roma, y, por tanto, en la disgregación con la Italia meridional, subdesarrollada y corrupta, que sobrevive gracias a los impuestos que ellos, los italianos del norte, pagan. Pero sus prioridades ideológicas han cambiado con el paso de los decenios, con el cambio de milenio, adaptándose a la nueva sociedad italiana, globalizada y multicultural, en la cual los principales culpables de los problemas del país no son los terrones, sino los inmigrantes. Y si existe el demonio, Umberto Bossi, líder político de Lega Nord, sabe que es de raza gitana y ha nacido en algún horrible rincón de Rumania.

Lega Nord defiende una ideología política que, sorprendentemente, es al mismo tiempo despreciable y cómica, como ponen de manifiesto los dos panfletos propagandístico que ayer me encontré en la puerta de casa. El primero, en el que estaba representado un indio americano, rezaba: “Loro non hanno potuto mettere regole all’immigrazione. Ora vivono nelle riserve! Pensaci” (Ellos no han podido poner reglas a la inmigración. ¡Ahora viven en las reservas! Piénsalo.) Y en el reverso del folleto, un listado con datos sobre la criminalidad y la situación de clandestinidad de los inmigrantes en Italia, con un apartado reservado a la inmigración rumana que, palabras textuales, deben dar las gracias al Gobierno de Prodi (especialmente los rumanos de raza gitana).

El segundo panfleto lo he fotografiado. Su dibujo, cuyos personajes parecen sacados de un capítulo de Los Simpsons, borrando cualquier atisbo de seriedad al mensaje, reforzando su estupidez, habla por sí solo.





Y en el reservo del panfleto, que me niego a fotografiar, un retrato de Umberto Bossi que mira con determinación a la cámara, mientras levanta su puño derecho.

Una propaganda política que el ciudadano común, el que tiene dos dedos de frente y alguna neurona en la cabeza que sirva para algo más que recordarle que tiene que ir al cuarto de baño cuando tiene ganas de mear, no puede tomarse en serio. O sí. Y preguntarse hasta qué punto es admisible que este tipo de mensajes xenófobos circulen libremente por su ciudad. Italia es un país democrático, en el que la libertad de pensamiento y de expresión son dos de sus pilares básicos, pero ¿es lícito en una democracia expresar, defender, generar y propagar el odio hacia otras personas?

En las elecciones generales italianas del 2006, Lega Nord obtuvo alrededor de 1.700.000 votos. Una cifra que supuso un 5% del escrutinio total y que le permitió sentar a 26 miembros de su partido en el Congreso de los Diputados. Un resultado electoral que, según las previsiones, se mantendrá en las próximas elecciones generales y que será fundamental para que Berlusconi vuelva a ser nombrado Presidente de Italia. Lega Nord y Il Popolo della Libertà, el partido de Berlusconi, están aliados para formar gobierno.
No