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Cuaderno de viaje en Italia
Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese
Acerca de
Nuevo paìs, nueva etapa. Espero que merezca la pena contarlo.
Sindicación
 
Viajes a los Balcanes (IV)

VII. EL FIORDO MONTENEGRINO

El paisaje costero de Croacia es homogéneo e inalterable de Norte a Sur: trozos de tierra de frondosa vegetación y suaves contornos, como bosques que han sido arrastrados y amasados por el viento, que se adentran en el mar; y trozos de mar de aguas punteadas de islas solitarias y de azul que cambia de tonalidades según la brisa, el sol y las nubes, que se adentran en la tierra. Una sinuosa línea que une, o separa, Croacia y el Adriático, la tierra y el mar, con suave armonía.

Sin embargo, este panorama cambia radicalmente al atravesar la frontera de Montenegro. El paisaje costero es conquistado por áridas y rocosas montañas, cuya verticalidad se despeña por las laderas y se estrella violentamente contra el mar. El culpable de esta transformación radical es el fiordo que se encuentra en esta región de Montenegro, él más meridional de Europa, cuya omnipotencia y ruda grandiosidad me hizo sentirme diminuto, inmensamente insignificante. Llevaba tanto tiempo encerrado en la ciudad que había olvidado la fuerza que puede ostentar la Naturaleza, lo sublime que puede parecer en comparación con el ser humano y todo lo creado con sus manos. Me invadía violentamente una sensación de inferioridad que, sin embargo, no parecía afectar a los autóctonos de esta región que, sentados en la orilla, solos o en compañía, pescando, fumando o simplemente estando, observaban con imperturbable tranquilidad el despeñarse de las montañas contra el mar. ¿Cuál será su secreto? ¿La ignorancia? ¿O la conciencia de su inexorable mediocridad en confrontación con la Naturaleza, frente a la cual no pueden hacer nada más allá de la pasiva contemplación de su magnificencia, de la impasible admiración de su superioridad?
No