<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[Cuaderno de viaje en Italia]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Vida y mentiras de un spagnolo en el Belpaese]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Reflexiones sobre el recuerdo y/o el olvido]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_60.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>I<br/>¿Cuántas cosas hemos vivido, que luego hemos olvidado? ¿Para qué sirve vivir algo (un hecho, una sensación, un sentimiento...) que después no recordaremos? ¿Merecen la pena esos hechos, esas sensaciones, esos sentimientos olvidados? ¿No tienen ningún valor? ¿O, en cambio, en ellos reside la esencia de nuestra existencia?<br/><br/>II<br/>Conversaciones, viajes, cuerpos, chistes, calles, sabores, películas, “polvos”, descubrimientos, frases, caras, mentiras, pesadillas, nombres, secretos, dolores, asignaturas, miradas, reflexiones, fechas, obras de arte, besos, promesas... Cientos y cientos (quizás miles o millones) de realidades que han formado parte de nuestra vida y que, irremediablemente, se pierden en la impenetrable oscuridad del olvido.<br/><br/>III<br/>¿Cuántas cosas inolvidables hemos acabado olvidando?<br/><br/>IV<br/>¿Por qué hay tanto tiempo olvidado en nuestra vida? ¿Son los recuerdos la única parte de nuestra vida que se puede considerar realmente vivida? Si es así, ¿cuánto tiempo “vivimos” las personas? ¿Cuánto es tiempo “perdido”?<br/><br/>V<br/>M. Kundera, en su libro “La Ignorancia”, apunta: “El dato fundamental es la relación numérica entre el tiempo de la vida vivida y el tiempo de la vida almacenada en la memoria. (...) Puedo suponer que, sin gran probabilidad de error, la memoria se limite a conservar una millonésima, una mil millonésima, en definitiva, un infinitésima pequeña parte de nuestra vida vivida.”<br/><br/>VI<br/>¿Por qué se olvidan las cosas? ¿Por qué existe el olvido? ¿Por falta de espacio? ¿Por falta de atención? ¿Por falta de entrenamiento? ¿Por lógica? ¿Por error? ¿Por rutina? ¿Por hacer más soportable la rutina? ¿Por aburrimiento? ¿Por dejar espacio a la sorpresa? ¿Para no perder la esperanza? ¿Para seguir deseando?<br/><br/>VII<br/>Ernesto Sábato escribe en “El Túnel”: “La frase <i>todo tiempo pasado fue mejor</i> no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que –felizmente- la gente las echa en el olvido.”<br/><br/>VIII<br/>Muchas preguntas abiertas y sólo una certeza: el olvido existe. Aceptando esta verdad irrevocable, ¿hasta que punto vivir consiste en olvidar? ¿El ser humano vive en un presente que no tendrá futuro, sino un pasado parcial, incierto, a veces oscuro, casi siempre vacío? ¿Sólo hay presente, el ahora? ¿El pasado olvidado carece de sentido?<br/><br/>IX<br/>Quizás en esta última incertidumbre (¿el pasado olvidado carece de sentido?) reside mi necesidad de escribir: para dar sentido, inmortalizándola con la palabra sobre un papel, a alguna parte de mi vida, aunque sea, en proporción, inmensamente pequeña. Escribir para dar a la existencia un significado, un peso, un valor, una seguridad, una razón de ser. Escribir para que vivir no sea una absoluta y angustiosa pérdida de memoria.<br/><br/>X<br/>Hace unos meses escribí un poema que, de forma inconsciente, emocionalmente, respondía a esta incertidumbre que ya empezaba a palpitar en mi cabeza:<br/><br/>“Porque vivir es sentir,<br/>escribo<br/>para recordar que he sentido<br/>para no olvidar que he vivido.”<br/><br/>XI<br/>Hoy es miércoles. ¿Qué pasó ayer, un martes cualquiera, un día normal y rutinario? Logro recordar a grandes rasgos dónde estuve, con quién me encontré, qué hice. Pero si intento recordar qué dije a esa persona, a qué hora entré en ese lugar, cómo hice aquello... necesito hacer un gran esfuerzo para, en el mejor de los casos, recordarlo perfectamente. Si intento recordar qué pasó el martes de la semana pasada, otro martes cualquiera, otro día normal y rutinario, hace apenas ocho días, el esfuerzo que debo realizar es mucho mayor; y el resultado, mucho más decepcionante. ¿Y el martes de hace un mes? No logro recordar nada, excepto una realidad maquillada (o inventada) con borrosas pinceladas de vida.<br/><br/>XII<br/>Es angustioso el hecho de vivir tanto, para después recordar tan poco.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[Antonio]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_59.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>En Via Petroni, una de las calles más inquieta y ruidosa de Bologna, está la lavandería “Wash&Dry”, donde siempre hago la colada. El negocio es geométrico y aséptico, de iluminación tenue que tiende al verde, en el que dos hileras de lavadoras zigzaguean por el suelo y dos hileras de secadoras se amontonan hasta el techo. Dos enormes fotos, en blanco y negro, pero coloreadas, de tiempos ya pasados, que retratan ropa tendida y mujeres lavando, y tres ramos de flores, uno azul, otro naranja y otro rosa, de colores saturados, brillantes, de plástico, decoran una de sus paredes. Al fondo, una ventana enrejada, junto a la cual se acumulan folletos publicitarios, revistas y una diminuta planta verde, sin flores y apenas alguna hoja, frágil y anónima, que crece dentro del envase de plástico de un yogurt de frutas del bosque, que pasa casi desapercibida. También al fondo, una puerta doble, con la primera puerta siempre abierta y, en la segunda, batiente, siempre cerrada, una pegatina en la que está escrito “vietato entrare”. Junto a la puerta doble y la ventana enrejada hay un “campanello” metálico, de color amarillo, oxidado, que se debe timbrar para que, con un poco de suerte, aparezca Antonio, el responsable del negocio.<br/><br/>Antonio tiene la mirada trasparente, casi inexistente, y el pelo lacio, corto, imperturbable. Su sonrisa es ancha y fija, más una imposición que una elección, que ha moldeado las profundas arrugas de su cara, como una gota de agua que ha caído en la superficie de una fuente y ha provocado un maremoto a pequeña escala. Un rostro arrugado que no es de verdad, que es de madera: una máscara de carnaval o un uniforme de trabajo que oculta al “bambino” risueño que es Antonio. Un niño bueno que, para contentar a su madre, siempre viste jerséis de colores oscuros, más sufridos, y de cuello alto, haga frío o calor, para protegerse la garganta y no pillarse un resfriado.<br/><br/>Junto a Antonio, a la altura de sus rodillas, siempre está Fina. Hacen una pareja indivisible: no hay uno sin el otro. Fina tiene un ojo grisáceo, que se ha desteñido por culpa de una catarata, que la está dejando tuerta. Su mirada es cansada, apática, de perra vieja, como su pelo, canoso y escaso. De primeras, Fina tiene muy malas pulgas, como un abuelo cascarrabias, y ladra a todo el que entra en la lavandería. Pero ella ladra por defecto, como si lo hiciera por educación o por compromiso, para saludarte. Cuando te coge confianza, se acerca a tu pierna, se refriega con el lomo y te olfatea los zapatos. Entonces, Fina te sigue mirando con cansancio, con apatía, pero ya no se pone nerviosa cuando hablas con Antonio.<br/><br/>En la ventana enrejada, pegada con papel celo, tan pequeña que parece no querer ocupar espacio, hay una estampita de la Virgen Medugorje que reza: “Se sapeste quanto vi amo piangereste de gioia.” (Si supieseis cuanto os amo, lloraríais de alegría.) A su lado, imprimido en un folio, con caracteres en color azul celeste, otro mensaje anunciado por otra virgen, Mirjana Dragiveciv Soldo, el 2 de marzo de 2007, que comienza: “Vi parlerò stamattina di quello che avete dimenticato, si tratta dell’Amore...” (Esta mañana os hablaré de aquello que habéis olvidado, se trata del Amor...) Este mensaje está escrito también en inglés.<br/><br/>A Antonio le gusta conversar. Por ello, y porque es hospitalario, siempre te ofrece un café, de máquina, o un vaso de vino, “bianco frizzante”, de la Puglia, el “tacón” de la península itálica, su región de origen. Antonio te habla de su vida, y te pregunta sobre la tuya; te habla de los vinos italianos, y te pregunta sobre los de tu país; te habla de Fina y cuando era joven, y te pregunta si te gustan los perros... Antonio es un conversador apasionado. Él habla y habla, saboreando cada palabra, disfrutando del milagro cotidiano de producir sonidos que tienen sentido, que comunican, que crean vínculos afectivos entre dos personas que, un instante antes, eran dos completos desconocidos. Su voz fluye de su boca con calma, sin prisas, encajando con precisión cada palabra, y sólo se quiebra cuando habla de los “barbones” que se pasan el día en el portal de enfrente y que, diariamente, entran en la lavandería para perder el tiempo, y hacérselo perder a él.<br/><br/>Junto a las dos hileras de secadoras, enormes, grises, de las cuales no funciona la mitad, hay un mensaje, imprimido en un folio, que avisa que está prohibido “spogliarsi, lavare o asciugare scarpe, camminare a piedi nudo y fumare”. (Desnudarse, lavar o secar zapatillas, caminar descalzo y fumar). El mensaje está escrito también en árabe, pero no en inglés.<br/><br/>El día de San Valentín, Antonio compró galletas y cruasanes rellenos, de pastelería, para ofrecerlos, junto al habitual café o vaso de vino, a los clientes que, enamorados o no, aún creían en el amor. En Navidad, Antonio compró, en el rastrillo solidario de una parroquia, un portal de Belén que, situado en una esquina, protegido detrás de un cristal, ambientó la lavandería durante un par de semanas. El portal estaba compuesto de cinco figuras obesas, como saturadas de aire, que representaban a San José, la Virgen María, el Niño Jesús, la mula y el buey. Entonces, Antonio te comenta que el portal de Belén es de origen sudamericano, como Gloria Polo, una doctora colombiana que fue la protagonista de un milagro, y te cuenta, entusiasmado, su historia. Según Antonio, la experiencia de Gloria Polo es la cosa más bonita que ha leído en su vida, que necesita ser contada en fechas navideñas. Si tú le dices que estás de acuerdo, que es realmente una historia preciosa, Antonio desaparece al otro lado de la puerta doble, escoltado por Fina, para volver a los pocos segundos con un trozo de papel en el que ha escrito, con una caligrafía limpia y pomposa, que desenmascara de nuevo al “bambino” que hay detrás de su rostro de madera, la dirección de la página web oficial de Gloria Polo, en la cual te puedes descargar, en formato “word”, su historia, contada en primera persona, y leerlo en casa.<br/><br/>En su testimonio, transcrito de una entrevista concedida a la Radio María de Colombia, Gloria Polo relata como, después del impacto de un rayo, siendo alma, deja atrás su cuerpo de carne y hueso, calcinado, y entra en un túnel blanco, aunque no es blanco porque ningún color terrenal es comparable con la luz celestial que lo ilumina. Dentro de este túnel, por todas partes, en un solo instante, se encuentra con todos sus familiares, los vivos y los muertos, y los abraza. Entonces oye la voz de su marido, que la llama, que le grita que no sea cobarde, que piense en sus hijos, y su alma regresa al mundo de los vivos y se mete, con mucho dolor, en su cuerpo. Salen como chispas de todas partes. Su cuerpo, tendido en una camilla, destrozado, casi sin carnes, le duele, al sentirlo, al verlo. Los médicos la están intentando reanimar con choques eléctricos, sacarla de su paro cardiaco, cuando de las paredes del quirófano empiezan a brotar muchísimas personas, aparentemente normales, pero con la mirada llena de odio, que se acercan a ella, que la rodean, que la quieren agarrar. Aterrorizada, ella, para escapar de estos demonios, sale de su cuerpo muerto, siendo de nuevo solo espíritu, y salta al otro lado de las paredes del quirófano, cayendo al vacío. Una infinidad de túneles, oscuros, malolientes, malditos, que van hacia abajo, que se hunden, que no parecen tener fondo. <br/><br/>Sin embargo, son finitos, y al final de ellos hay una llanura desolada, que irradia desesperación, y en cuyo suelo se abre una boca inmensa, un abismo infinito, que trata de absorberla, de engullirla. En ese momento, a ella se le queda “el ateismo en el camino” y grita: “¡Almas de purgatorio, por favor, sáquenme de aquí!”. A su alrededor, donde antes no había nada, surgen millares y millares de personas, sobre todos jóvenes, que se lamentan, que gritan, que tiritan y ella siente el rechinar de sus dientes. Gloria Polo se da cuenta que son todos aquellos que, en un segundo de desesperación, se habían suicidado y grita: “Por favor, miren, sáquenme de aquí, que yo soy católica. Pero, ¿quién se equivocó?” Entonces se escucha una voz dulce, que la estremece por dentro, que inunda el espacio de paz y amor porque es la palabra del Señor, que le dice: “Muy bien, si tú eres católica, dime los mandamientos de la ley de Dios”. Gloria Polo ve en su Libro de la Vida, cuyas páginas va pasando Dios, que, a pesar de considerarse una buena persona y una correcta católica, es una pecadora que ha incumplido todos y cada uno de los 10 mandamientos. Feminista, materialista, consumista, exhibicionista, egoísta, mentirosa... Y, sobre todo, abortista: “En el Libro de la Vida, vi como el alma de nosotros tan pronto como se tocan el espermatozoide y el óvulo se forma una chispa hermosa una luz cogida del sol de Papa Dios, el vientre de una madre tan pronto es fecundado se ilumina con el brillo de esa alma y cuando se aborta esa alma grita y gime de dolor así no tenga ojos ni carne, se escucha ese grito cuando lo están asesinando y el cielo se estremece...” <br/><br/>Al terminar de leer su Libro de la Vida, ella se siente condenada y su alma entra por una puerta, donde siente el vacío, mucho dolor, un miedo inmenso. Pero allí ve a su madre, que mueve dos dedos hacia arriba y saltan de sus ojos dos costras espantosamente dolorosas, la ceguera espiritual. Ella grita, buscando con sus palabras a Jesucristo, al que suplica compasión. Entonces Él baja y la saca de aquel vacío y le dice: "Vas a volver, vas a tener tú segunda oportunidad(...) Vas a volver pero tú no lo vas a repetir 1000 veces. Sino 1000 veces mil. Y hay de aquellos que oyéndote no cambiaron. Porque van a ser juzgados con más severidad.” Así, gracias a la misericordia de Dios, después de tres días en coma, casi clínicamente muerta, Gloria Polo volvió a la vida, para estar con los suyos, para compartir con el resto del mundo su historia<br/><br/>A veces, cuando Antonio y Fina han salido, en la lavandería hay un chico de piel tostada y sonrisa fácil, siempre impecablemente peinado, de origen paquistaní, que apenas habla italiano, que se queja de lo difícil que es encontrar trabajo en Bologna y que se ofrece a hacerte la colada por el módico precio de 10 euros (“gettoni”, detergente y suavizante incluidos). A veces, cuando Antonio y Fina han salido, en la lavandería no hay nadie y, estando abierta, es un espacio vacío.<br/><br/>En las páginas de la guía “Lonely Planet”, en su apartado dedicado a Bologna, aparece “Wash&Dry”. Gracias a esta publicidad gratuita, turistas y trotamundos extranjeros pasan diariamente por la lavandería de Antonio, a quien le gusta presumir, con infinita satisfacción, de ello. Turistas y trotamundos extranjeros que no sólo lavan su ropa sucia, sino que también tienen la posibilidad, con un poco de suerte, de conocer a Antonio y Fina, un pedacito de verdad, de fantasía y de humanidad, mucha humanidad, de Italia, de la Puglia, de Bologna.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[Viajes a los Balcanes (IV)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_58.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><b>VII. EL FIORDO MONTENEGRINO</b><br/><br/>El paisaje costero de Croacia es homogéneo e inalterable de Norte a Sur: trozos de tierra de frondosa vegetación y suaves contornos, como bosques que han sido arrastrados y amasados por el viento, que se adentran en el mar; y trozos de mar de aguas punteadas de islas solitarias y de azul que cambia de tonalidades según la brisa, el sol y las nubes, que se adentran en la tierra. Una sinuosa línea que une, o separa, Croacia y el Adriático, la tierra y el mar, con suave armonía.<br/><br/>Sin embargo, este panorama cambia radicalmente al atravesar la frontera de Montenegro. El paisaje costero es conquistado por áridas y rocosas montañas, cuya verticalidad se despeña por las laderas y se estrella violentamente contra el mar. El culpable de esta transformación radical es el fiordo que se encuentra en esta región de Montenegro, él más meridional de Europa, cuya omnipotencia y ruda grandiosidad me hizo sentirme diminuto, inmensamente insignificante. Llevaba tanto tiempo encerrado en la ciudad que había olvidado la fuerza que puede ostentar la Naturaleza, lo sublime que puede parecer en comparación con el ser humano y todo lo creado con sus manos. Me invadía violentamente una sensación de inferioridad que, sin embargo, no parecía afectar a los autóctonos de esta región que, sentados en la orilla, solos o en compañía, pescando, fumando o simplemente estando, observaban con imperturbable tranquilidad el despeñarse de las montañas contra el mar. ¿Cuál será su secreto? ¿La ignorancia? ¿O la conciencia de su inexorable mediocridad en confrontación con la Naturaleza, frente a la cual no pueden hacer nada más allá de la pasiva contemplación de su magnificencia, de la impasible admiración de su superioridad?<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[Vothy]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_57.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Esta mañana he leído el relato “Vothy”, que forma parte del libro “Hijos del Monzón” de David Jiménez. La historia que cuenta, basada en hechos reales, narrada desde el punto de vista del autor, me ha impactado profundamente. Su lectura me ha hecho sentir para, luego, forzarme a pensar. Y he pensado en Vothy, la niña camboyana que protagoniza la historia. Y he pensado en David Jiménez, escritor y corresponsal de “El Mundo” en el continente asiático. Y he pensado en mi última borrachera, disfrazado de voyeur en una fiesta de disfraces. Y he pensado en el futuro, siempre incierto. Y he pensado en la última vez que estuve enamorado, que no fue correspondido. Y he pensado en mis padres, que me han enviado una carta desde Polonia. Y he pensado en Riise, jugador del Liverpool que ayer se metió un gol en propia puerta en las semifinales de Champions League. Y he pensado en mcmcomunicazione.com, un sito-web de trabajo temporal donde tengo que entrar para actualizar mi currículo. Y he pensado en las palomas, que siempre están a la búsqueda de un pedazo de comida. Y he pensado en los niños pequeños, que siempre corren detrás de las palomas. Y he pensado en Sandra, que anoche rechazó, por primera vez, la invitación a tomarse una cerveza conmigo. Y he pensado en Antonio, el propietario de una lavandería sobre quien estoy escribiendo un relato. Y he pensado en un filete de ternera, que he sacado del congelador para poder cocinarlo al mediodía...<br/><br/>Es difícil vivir, ser consciente de ello y no sentir miedo. Ser parte de esta realidad de contradicciones, de hechos encontrados, de sensaciones incompatibles, de pensamientos antagónicos. Una existencia que combina banalidad y profundidad. Sentimientos intensos y emociones fugaces. Vidas trágicas y vidas frívolas. Amor y venganza. Experiencias inolvidables y actos rutinarios. Miradas analíticas y miradas incapaces. Suicidios y supervivientes. Políticos pragmáticos y niñas risueñas. Vasos de vino y botellas de agua. Presentes con futuro y presentes infinitos. Oídos que oyen y oídos que escuchan. Manteles rojos y sillas grises. Estómagos hambrientos y cuerpos anoréxicos. Campo y ciudad. Espíritus rebeldes y espíritus conformistas. Humor negro y lágrimas de alegría. Piel y vísceras. Manos que agarran y manos que acarician. Vejez y adolescencia. Días lluviosos y noches de luna llena. Fotografías de guerra y cuentos de hadas. Hombres y mujeres...<br/><br/>Pienso en la vida, torturándome, en mi propia ignorancia, en mi ausencia de experiencia, consciente de mi incapacidad de hallar ninguna respuesta. ¿Qué significa vivir? ¿Qué sentido tiene? Y sólo encuentro un hálito de verdad en un pensamiento: la vida consiste en vivir para, algún día, morir.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[Viaje a los Balcanes (III)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_56.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><b>V. DUBROVNIK</b><br/><br/>Después de 12 horas de viaje nocturno en autobús, de entrar y salir de Bosnia-Herzegovina, donde los conductores desayunaron una espesa sopa de verduras cuando aún estaba amaneciendo, llegamos a Dubrovnik. Conocida como “la Perla del Adriático”, esta ciudad de glorioso pasado político, comercial, cultural y artístico era la visita más deseada por mis compañeros de viaje. Para mí, una ciudad bonita más por conocer.<br/><br/>El casco viejo de Dubrovnik, amurallado, tiene un encanto especial. Sus casas de piedra blanca y sus tejados con tejas rojas, sus calles estrechas y empedradas con un mármol límpido y brillante que de noche, al reflejar la luz de las farolas, parece mojado, su robusta muralla que durante siglos ha protegido a la ciudad de los ejércitos enemigos y que, ahora, la protege del ruido y la contaminación del tráfico, sus vistas al mar Adriático, sereno y pensativo... Cada rincón de la vieja Dubrovnik es suficientemente estético para ser encuadrado y vendido como postal de recuerdo. Pero, mientras subía y bajaba sus callejuelas, me detenía en el centro de sus diminutas plazas, observa la luz que se derramaba por las fachadas de sus casas, sentía algo que me molestaba. Había algo que se escondía, que pasaba desapercibido a la mirada fugaz y poco exigente del turista, que, en silencio, mentía porque no estaba diciendo toda la verdad.<br/><br/>Horas después, en uno de los extremos de su vía principal, la tantas veces adulada por escritores y autores de guías de viaje “Placa”, un cartel que informaba sobre los bombardeos sufridos por Dubrovnik durante la guerra civil de principios de los años 90 me dio la respuesta. A causa de la crueldad de aquel conflicto bélico, la vieja Dubrovnik sufrió el impacto de alrededor de 2.000 proyectiles. El 68% de sus edificios fueron dañados por las bombas, dejándola a escasos centímetros de la ruina absoluta. Consciente de la importancia de la vieja Dubrovnik, ya sea por ser la herencia material más valiosa de un tiempo pasado, que indudablemente fue mejor, ya sea por ser fuente inagotable de turismo internacional, el Gobierno croata ha hecho todo lo posible para reconstruirla de la manera más fidedigna posible. Para esta restauración han puesto en práctica métodos de trabajo tradicionales y han usado materiales homólogos a los que se usaron en la época. Pero, a pesar de haber sustituido las tejas de todos los tejados para que tengan un color homogéneo, a pesar de haber usado piedras calcáreas de la isla de Brac, cuyo blanco tiene una tonalidad similar a las utilizadas en las viejas construcciones, que provenían de la isla de Korcula, a pesar de haber contratado a expertos en restauración que se han dedicado durante años, en exclusiva, a trabajar en la ciudad, las huellas del tiempo, el visible contraste entre el pasado y el presente, son evidentes. No hay nada más dañino a los ojos del observador que la falsa antigüedad de un edificio histórico, los monumentos de pastiche. Dubrovnik me ha dejado en los ojos un sabor agridulce.<br/><br/><br/><br/><b>VI. NICOLAO Y DIANA</b><br/><br/>Nicolao, como tantas otras personas que viven del turismo en Dubrovnik, comienza su jornada laboral en las dársenas de la estación de autobuses. Sin embargo, él no ofrece habitaciones donde pasar la noche, como la mayoría, sino que es propietario de una monovolumen con la cual realiza excursiones por los alrededores de la ciudad a precios módicos, siempre negociables. Nicolao conoce a todos sus colegas de trabajo, pero él no es fiel a ninguno. El día que llegamos a Dubrovnik ayudó a Ivor, que alquilaba habitaciones, a regatear con nosotros el precio de las camas. En cambio, a la mañana siguiente, se asoció con Slodobanka, que también alquilaba habitaciones, para trasladarnos a su casa y, después, hacer una excursión en su monovolumen a Kotor, en Montenegro. Antes de ponernos en marcha, Nicolao mantuvo una conversación con Ivor en un extremo del parking, alejados de miradas y oídos indiscretos. Ivor, seguramente, le reprocharía a Nicolao por habérsela jugado, para luego perdonarle, como tantas otras veces habrán tenido que hacer Nicolao con él. En el sector turístico, como en la guerra, no hay mejor amigo que tu peor enemigo.<br/><br/>Antes de empezar nuestra excursión a Kotor, Nicolao nos llevó a su casa para, palabras textuales, “coger una cosa”. La “cosa” en cuestión resultó ser Diana, una mujer americana, de media melena peinada con la raya en el medio, como una niña de primaria, y con la piel rugosa y punteada de manchas oscuras, como una persona de su edad. En casa de Slodobanka, donde hicimos una segunda parada para dejar las mochilas, Diana se ofreció a hacernos una breve autobiografía mientras bebíamos una café a la turca que, como de costumbre, eran posos la mitad de la taza. Con su inglés de profesora nativa de academia privada, Diana nos contó que había nacido en Boston, ciudad agradable, pero demasiado fría. Después de graduarse en la Universidad, se trasladó a Puerto Rico, donde vivió cinco años, como así hizo en La India, antes de regresar a EE.UU. para casarse y formar una familia. Así podría haber puesto el punto y final a su historia, añadiendo quizás algún comentario sobre su trabajo y/o sobre la forma de ser o física o los estudios de sus hijos, y todos hubiéramos pensado que tenía una vida feliz y tranquila. Pero Diana es ese tipo de personas que no se conforman con una vida feliz y tranquila. Ella le exige mucho más al día a día, es una revolucionaria de la rutina. Así y ahora, ella trabaja en Sarajevo como profesora de Filología Inglesa en la Universidad, después de liberarse legalmente de los compromisos matrimoniales para poder hacer las maletas y cumplir uno de sus sueños pendientes: vivir en Europa.<br/><br/>Diana ha desafiado la verdad de su edad y ahora está viviendo una segunda juventud, con una fuerza vital que, siendo demasiado inmensa para contenerla en un cuerpo tan pequeño, desbordaba su piel, en cada uno de sus gestos, inundaba su boca, en cada una de sus sonrisas.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[El resultado de las elecciones italianas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_55.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Una vez concluidas las elecciones italianas, 3 son las conclusiones fundamentales que se pueden extraer de los resultados:<br/><br/>1. Berlusconi será proclamado, por tercera vez en la historia de la democracia italiana, Presidente del Gobierno.<br/><br/>2. La Lega Nord será, con casi el 10% del total de los votos, la tercera fuerza política con más representación en el Gobierno, ya sea en el Congreso de los Diputados como en el Senado.<br/><br/>3. Ningún partido de izquierdas tendrá representación, por primera vez en la historia de la democracia italiana, en el Gobierno, ya sea en el Congreso de los Diputados como en el Senado.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[La gente se lija el cuerpo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_54.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Sandra, una chica que estudia Astronomía, dice que la gente se lija el cuerpo. Se lija la frente, se lija los brazos, se lija la espalda... Se lija poco a poco, a diario, de una forma tan sistemática que se ha convertido en una acción mecánica, casi involuntaria. La gente lo hace para poder pasar por un agujero diminuto, que todos compartimos y por el que todos, de vez en cuando, nos asomamos. Al otro lado de este agujero, está esa cosa que nadie sabe cómo definir, pero que todos llaman Felicidad.<br/><br/>Sin embargo, hay unos pocos que, en lugar de lijarse, de reducir su inmensidad, de simplificar su complejidad para poder pasar por el agujero, deciden coger un martillo y golpearlo. Lo golpean, lo golpean, lo golpean, con este martillo, que a veces es ligero como una pluma, que a veces parece pesar toneladas, para romper el agujero y moldearlo a la forma de su cuerpo. Estos pocos están convencidos de que se puede alcanzar la Felicidad caminando de pie, con la frente alta, sin tener que renunciar a un solo milímetro de ellos mismos.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[Racismo político]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_53.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>En Italia hay racismo. Desgraciadamente, este no es un hecho sorprendente, no es extraordinario. ¿Acaso existe algún país occidental en el que un porcentaje de su sociedad, ya sea alto o bajo, no sea racista, es decir, que exalte la superioridad de su propia raza frente a las demás, por las que siente rechazo, miedo, odio y/o desprecio?<br/><br/>Sin embargo, en Italia no sólo hay racismo, sino que éste se usa como reclamo ideológico para conseguir el voto del electorado italiano. Al menos, ésta es la estrategia política de Lega Nord para las próximas elecciones generales italianas, que tendrán lugar dentro de un par de semanas. Desde su fundación a finales de los años 70, Lega Nord ha basado su programa político en la autodeterminación de la Padania, que aglutinaría a todas las regiones italianas que se encuentran al norte de Roma, y, por tanto, en la disgregación con la Italia meridional, subdesarrollada y corrupta, que sobrevive gracias a los impuestos que ellos, los italianos del norte, pagan. Pero sus prioridades ideológicas han cambiado con el paso de los decenios, con el cambio de milenio, adaptándose a la nueva sociedad italiana, globalizada y multicultural, en la cual los principales culpables de los problemas del país no son los <i>terrones</i>, sino los inmigrantes. Y si existe el demonio, Umberto Bossi, líder político de Lega Nord, sabe que es de raza gitana y ha nacido en algún horrible rincón de Rumania.<br/><br/>Lega Nord defiende una ideología política que, sorprendentemente, es al mismo tiempo despreciable y cómica, como ponen de manifiesto los dos panfletos propagandístico que ayer me encontré en la puerta de casa. El primero, en el que estaba representado un indio americano, rezaba: “<i>Loro non hanno potuto mettere regole all’immigrazione. Ora vivono nelle riserve! Pensaci</i>” (Ellos no han podido poner reglas a la inmigración. ¡Ahora viven en las reservas! Piénsalo.) Y en el reverso del folleto, un listado con datos sobre la criminalidad y la situación de clandestinidad de los inmigrantes en Italia, con un apartado reservado a la inmigración rumana que, palabras textuales, deben dar las gracias al Gobierno de Prodi (especialmente los rumanos de raza gitana). <br/><br/>El segundo panfleto lo he fotografiado. Su dibujo, cuyos personajes parecen sacados de un capítulo de Los Simpsons, borrando cualquier atisbo de seriedad al mensaje, reforzando su estupidez, habla por sí solo. <br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/menevadeandose/files/LEga_Nord22_gif.gif" alt="" border="0" width="499" height="353"/><br/><br/><br/>Y en el reservo del panfleto, que me niego a fotografiar, un retrato de Umberto Bossi que mira con determinación a la cámara, mientras levanta su puño derecho. <br/><br/>Una propaganda política que el ciudadano común, el que tiene dos dedos de frente y alguna neurona en la cabeza que sirva para algo más que recordarle que tiene que ir al cuarto de baño cuando tiene ganas de mear, no puede tomarse en serio. O sí. Y preguntarse hasta qué punto es admisible que este tipo de mensajes xenófobos circulen libremente por su ciudad. Italia es un país democrático, en el que la libertad de pensamiento y de expresión son dos de sus pilares básicos, pero ¿es lícito en una democracia expresar, defender, generar y propagar el odio hacia otras personas?<br/><br/>En las elecciones generales italianas del 2006, Lega Nord obtuvo alrededor de 1.700.000 votos. Una cifra que supuso un 5% del escrutinio total y que le permitió sentar a 26 miembros de su partido en el Congreso de los Diputados. Un resultado electoral que, según las previsiones, se mantendrá en las próximas elecciones generales y que será fundamental para que Berlusconi vuelva a ser nombrado Presidente de Italia. Lega Nord y Il Popolo della Libertà, el partido de Berlusconi, están aliados para formar gobierno.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[Viaje a los Balcanes (II)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_52.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><b>III. ZAGREB</b><br/><br/>Zagreb, la capital de Croacia, nació a inicios del S. XVII de la unión de dos ciudades, situadas en lo alto de dos colinas vecinas, que fueron enemigas históricas hasta que el instinto de supervivencia, que no reside exclusivamente en animales y plantas, sino también en imperios, edificios, ciudades y tantos otros seres supuestamente inanimados, las obligó a poner fin a sus hostilidades para sobrevivir a una profunda y compartida crisis económica. Desde entonces, Zagreb ha formado parte de grandes naciones europeas, como el Imperio Austro-Húngaro y la Yugoslavia de Tito, pero siempre ha estado relegada a un puesto secundario. Un pasado histórico que le ha dejado en herencia una belleza ordinaria, sin grandes pretensiones e fácilmente olvidable, pero honesta y sorprendentemente luminosa en un día cálido de prematura primavera.<br/><br/>La guía “Lonely Planet” de Croacia, en su apartado dedicado a la cultura del país, apunta: <i>Los croatas aman la buena vida y le dan gran importancia a las apariencias. Las calles están limpias, sus trajes son elegantes y las fachadas de las casas casi siempre parecen recién pintadas. A pesar de la debilidad de su economía, la gente prefiere renunciar a cenar fuera de casa o ir al cine con tal de poder permitirse hacer un viaje a Italia, donde renovar su armario con las ultimas tendencias en moda. Teniendo en cuenta la elevada tasa de desocupación y los salarios congelados desde hace ya tantos años, muchos turistas extranjeros se preguntan cómo los croatas logran sobrevivir y por qué no hay rastros de miseria en el país. </i><br/><br/>Mi impresión de Zagreb, si bien fugaz y superficial, coincide al cien por cien con esta descripción de la sociedad croata. Calles peatonales atiborradas de terrazas que, a su vez, desde primera hora de la tarde están atiborradas de personas. Mujeres de cuerpos estilizados cuya apariencia externa es el resultado de un elaborado y costoso trabajo, en el que nada es fruto de la casualidad, y que pone en entredicho su belleza interior. Tranvías que se detienen en la Plaza Josip Jelacica, centro neurálgico de Zagreb, donde empieza diariamente el milagro de la ciudad para aquellos que viven en los barrios residenciales. En definitiva, Zagreb tiene una intensa y agitada vida de calle, característica que define cualquier capital occidental, y que, a pesar de la imagen que tenía de un país balcánico, hace que la capital croata tenga mucho más de cultura mediterránea que centro-europea.<br/><br/><br/><br/><b>IV. EMBAJADA ESPAÑOLA DE ZAGREB</b><br/><br/>Para acabar con mi incómoda situación de extranjero sin papeles y, por tanto, ilegal, fui a la embajada española de Zagreb que, situada en una calle sin placa y con una sola acera, resultó muy difícil de localizar. La embajada era una pequeña casa de paredes amarillas con jardín, que se asemejaba mucho más a un apartamento de playa que a un edificio gubernamental, y que hubiera sido imposible identificarla si no fuese por el policía que hacía guardia en la entrada y la enorme bandera roja y gualda que descansaba en su fachada.<br/><br/>Un joven desaliñado y de rostro apático me abrió la puerta y me pidió que me sentara en la “sala de espera”, que en realidad era un pasillo de apenas un metro de ancho y cuatro de largo, en el que habían dos sillas de cuero y cuatro carteles con textos en español pegados en la pared. Un espacio claustrofóbico en el que los minutos eran mucho más densos y, por tanto, el hecho de tener que esperar era mucho más molesto que de costumbre. Una mujer de mediana edad, de cabello corto y cuerpo concéntrico, me recibió sin invitarme a entrar en la habitación en la que ella se encontraba, entablando una conversación a través de una puerta abierta, desde dos espacios físicos distintos y separados. Incómodo, le explique mi situación y ella me pidió, con un español fluido y lleno de frescura, que la delataba como española de origen, que volviera a esperar mientras estudiaba que se podía hacer.<br/><br/>Para amenizar la espera, que se prometía larga, conversé con un joven croata que ocupaba la otra silla de la “sala de espera”. Tenía el pelo cortado a máquina, ligeramente más rapado por los lados, con la mayoría de los jóvenes croatas. Él estaba en la embajada para conseguir un permiso de residencia. Quería trasladarse este verano a España, donde tenía pensado buscar trabajo en la costa levantina. Ésta no sería la primera vez que lo haría: hace tres años estuvo trabajando en un hotel de la costa gaditana. Pero ahora pensaba quedarse más tiempo, quizás un año, y quería que, en esta ocasión, su situación en España fuera completamente legal. Cuando yo le comenté que vivía y trabajaba en Italia, él me hizo la pregunta que en los últimos meses me han repetido tantas veces, principalmente personas que viven o quieren vivir fuera de su país de origen: ¿por qué has cambiado Italia por España cuando la situación económica de España es mucho mejor? Es como si la gente fuera incapaz de comprender que la felicidad es un concepto demasiado humano para poder ser parangonado con la economía de un país.<br/><br/>Tras media hora de espera, la funcionaria encontró la solución a mi problema: hacerme un pasaporte temporal de tres meses. Pero, para poder expedirlo en esta embajada, tenía que declararme oficialmente como residente en Croacia. Así, mientras rellenaba una ficha con mis datos personales, le pregunté que debía escribir en el espacio reservado a mi residencia actual. “Tienes que escribir una dirección de Croacia.” “Pero yo no conozco ninguna.” “Pues, invéntatela.” “No puedo inventarme la dirección que supuestamente tengo en un país del cual no sé ni siquiera cómo se escribe la palabra calle. ¿Por qué no me dice usted alguna?” “No puedo. Esta responsabilidad es exclusivamente tuya.” A pesar de la lógica de mis argumentos, ella no dio su brazo a torcer, negándose a darme una dirección cualquiera, al azar, aunque ni siquiera existiera. Al final encontré la solución a este absurdo problema: escribir una dirección que, casualmente, tenía apuntada en un cuaderno que, casualmente, llevaba conmigo en ese momento. A partir de aquel momento, de forma oficial, vivo en el numero 10 de la calle Setaliste Kralja Zvonimira, en la ciudad de Dubrovnik. O, lo que es lo mismo, vivo en un albergue juvenil cuya existencia sólo conozco a través de internet, en el cual nunca he estado. Y, posiblemente, nunca estaré.<br/><br/>Una vez rellenado todo el papeleo, solo faltaba un detalle, pequeño pero esencial, para terminar con todo el proceso burocrático: imprimir el pasaporte. La funcionaria necesitó la ayuda de una colega y del libro de instrucciones de la fotocopiadora porque, como ella misma me confesó, hacía años que no hacían un pasaporte español en esta embajada. Después de varios intentos fallidos, consiguieron hacer mi pasaporte, que tenía el formato antiguo que desde hace varios años se dejó de utilizar en España. Entonces, la funcionaria, por primera vez relajada y visiblemente satisfecha, me dijo: “Vaya día ajetreado que hemos tenido hoy. Todos aquellos que podían haber venido a la embajada, lo han hecho esta mañana. Así no se puede trabajar. Mira qué hora es: casi las dos y media.” Sin lugar a dudas, la figura del funcionario es universal. Y ya sea croata, español o inglés, no hay nada que le de más fastidio a un funcionario que tener que hacer su trabajo un viernes por la mañana.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item><item><title><![CDATA[Viaje a los Balcanes (I)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/menevadeandose/c_51.htm]]></link><description><![CDATA[<b><br/>I. CAMBIO DE AIRES</b><br/><br/>Hace un mes me encontraba en la cumbre más alta de una inesperada crisis personal. Estaba en el paro, tenía que buscar una nueva casa, estaba pagando las facturas anímicas de una nueva derrota emocional... En aquel momento veía el futuro a través de un cristal opaco, demasiado sucio. Pero entonces me encontré con Felix, un amigo español, que me hizo una propuesta irrechazable: hacer un viaje por los Balcanes. Sin dudarlo un instante, me apunté a la expedición. Necesitaba un cambio de aires, alejarme de Bologna y de su realidad cotidiana. Un viaje improvisado, en el que todo sería improvisado, era la mejor manera de ponerle un punto y aparte a mi situación personal, de saciarme de nuevas experiencias y de poder empezar “da capo” mi vida.<br/><br/>Pero si quería hacer el viaje no podía dejar ningún cabo suelto en Bologna. Disponía de un semana para recolocar mi rutina cotidiana y me comporté como un alumno modelo de la escuela de primaria. Así, el día antes de hacer la maleta, la fortuna me compensó todas las desilusiones que había sufrido en este comienzo de año, dándome de primeras dadas un póker de ases: una nueva casa encontrada, una nueva bici regalada, un nuevo trabajo que realizar y una nueva muchacha que descubrir. Estaba en condiciones para viajar como me gusta: con la maleta ligera de equipaje y la cabeza libre de preocupaciones.<br/><br/><br/><br/><b>II. TREN BOLOGNA-ZAGREB</b><br/><br/>A las 17:30 quedé con Josu, Vanesa y Félix, mis tres compañeros de viaje, en la estación de trenes de Bologna. Félix llegó con media hora y una combinación de líneas ferroviarias de retraso, uniéndose definitivamente al grupo en Venezia. Con la expedición al completo, sólo 7 horas de tren nocturno y 2 fronteras nos separaban de nuestra primera etapa del viaje: Zagreb.<br/><br/>En un viaje nocturno en tren, a diferencia de hacerlo en bus, es imposible dormir más de 2 horas seguidas porque los revisores cumplen puntualmente su obligación de despertar a los viajeros para revisar sus billetes. Una molestia constante que se vuelve mas irritable si la ruta del tren es internacional porque al revisor se une el policía de aduana, que no solamente te despierta, sino que lo hace de forma agresiva, con sus palabras, con su mirada, como si tratase de enfatizar en cada uno de sus gestos su condición de militar y, por tanto, su supuesta superioridad ante el común de los mortales.<br/><br/>En la frontera entre Italia y Eslovenia tuvimos el primer encuentro con la policía de aduana. Allí, con la mirada nublada por el sueño robado, vi, o creí haber visto, como un agente examinaba con lupa mi pasaporte, que me devolvió sin dirigirme una sola palabra. Un detalle que hubiera carecido de importancia si no fuera porque, pocas horas después, en la frontera con Croacia, otro policía de aduana, que no necesitó examinar mi pasaporte con lupa, me pidió que le mostrase el DNI. Yo le respondí que no lo llevaba conmigo, que estaba viajando sólo con el pasaporte. Entonces él me ordenó, con un italiano de sintaxis simple, claro y conciso, que cogiera mi equipaje y lo acompañara. Yo le pregunte el porqué, y él me respondió que mi pasaporte estaba caducado. Yo no quise creerle, y él me lo mostró, sin dejarme que lo cogiera. La validez de mi pasaporte había expirado el 20 de febrero del 2008. Es decir, apenas 24 horas antes.<br/><br/>Con una sonrisa estúpida dibujada en la cara, incapaz de asimilar la gravedad de lo que estaba sucediendo (había pasado la frontera de un país, y estaba intentando atravesar otra, indocumentado), seguí al policía, en silencio. Éste se detuvo en el siguiente vagón, y yo con él, delante de un compartimento-dormitorio, para despertar y pedir la documentación a un grupo de jóvenes americanos. Utilizando ahora un inglés de sintaxis simples, claro y conciso, dijo al grupo de jóvenes americanos que no podían entrar en Croacia sin visado. Esta inesperada noticia cayó como un jarro de agua fría en sus rostros, volatilizando cualquier rastro de legañas y de pesadez en sus párpados. Entonces, el policía me miró, con una ligerísima sonrisa en los labios, y reconocí en su mirada al niño travieso que saborea la euforia de una travesura que ha salido perfecta. Se sentía orgulloso de haber metido el miedo en el cuerpo a los jóvenes americanos. Con un tono de voz descaradamente amable, me preguntó a dónde iba. “Zagreb”, le respondí. “No. Tú tienes que ir a Budapest.” “No puedo. No viajo solo y ya tengo pagada la habitación de hotel en Zagreb.” “Es mejor si vas a Budapest.” “Por favor. Yo solamente soy un turista que quiere conocer Croacia. Estaré en el país sólo 4 días. Por favor...” De nuevo, el policía dibujo una ligerísima sonrisa en sus labios, un instante antes de abrir mi pasaporte y timbrarlo con el sello de la aduana croata. “No te metas en problemas, ¿ok?” Y así entre en Croacia, con el pasaporte caducado, legalmente indocumentado.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Cinese)]]></author></item></channel></rss>
