Bajo las escafandras
Algunas veces mi mente pinta mi realidad, en vez de mi mirada. Entonces me puedo encontrar en medio de un desierto con un horizonte mas lejano del que podria verse por la curvatura terrestre. En medio de un silencio mas sepulcral que el de un convento de clausura en un dia lluvioso. Con la tristeza revoloteando a mi alrededor en forma de pequeños pájaros negros. Con la Luna detrás de mi, clavada entre las dunas del desierto, como si se hubiera descolgado de la bóveda terrestre esta misma noche.
Algunas veces mi mente se vuelve traviesa, convirtiendo mi tristeza en morbo. En el desierto estoy casi desnuda, solo llevo unas braguitas puestas, medio raidas de tanto uso. Blancas. Los agujeros de las bragas dejan ver el color de mi piel. Ahora las tengo bajadas hasta los tobillos. De la Luna clavada en la arena salen personajes con escafandras. Me rodean con paso vacilante. Me han pillado en medio de una masturbación de deditos que me estaba haciendo con una revista porno. Pensaba que estaba sola entre tanta arena cálida. Se han puesto cachondos al verme haciendome el dedito. De sus pantalones sacan miembros descomunales. Tanto, que me estremezco con tan solo mirar. Rechazo ser penetrada por esas cosas tras el primer vistazo, pero por otra parte estoy ardiendo de deseo. Me he quedado en mitad de mi masturbación, insatisfecha. Quiero mas. Quiero esas pollas dentro de mi. Quiero ver lo que hay debajo de esas escafandras. Seguro que tú estás debajo.
Algunas veces mi mente se vuelve traviesa, convirtiendo mi tristeza en morbo. En el desierto estoy casi desnuda, solo llevo unas braguitas puestas, medio raidas de tanto uso. Blancas. Los agujeros de las bragas dejan ver el color de mi piel. Ahora las tengo bajadas hasta los tobillos. De la Luna clavada en la arena salen personajes con escafandras. Me rodean con paso vacilante. Me han pillado en medio de una masturbación de deditos que me estaba haciendo con una revista porno. Pensaba que estaba sola entre tanta arena cálida. Se han puesto cachondos al verme haciendome el dedito. De sus pantalones sacan miembros descomunales. Tanto, que me estremezco con tan solo mirar. Rechazo ser penetrada por esas cosas tras el primer vistazo, pero por otra parte estoy ardiendo de deseo. Me he quedado en mitad de mi masturbación, insatisfecha. Quiero mas. Quiero esas pollas dentro de mi. Quiero ver lo que hay debajo de esas escafandras. Seguro que tú estás debajo.
Una semana después
Vivimos entre mentiras. De pequeña, una de mis mejores amigas del pueblo, recibía los regalos por el día de Navidad, en vez del dia de los Reyes Magos, como era normal entre todos los niños de mi generación. Ahora, ya no es raro que a un niño le traiga los regalos Papá Noel. Incluso ahora eres un niño tonto si sólo los recibes para la noche del cinco al seis de Enero.
Antes era extraño cuando recibias los juguetes por el hombre regordete y rojo. Ese niño pasaba a ser casi un hereje entre todos los demás. Está bien, disfrutaba de los regalos muchos dias antes que el resto. Pero los niños que eramos fieles a los Reyes Magos sabíamos la verdad: Papá Noel no existe.
Dias antes de que Papá Noel llevara los regalos a la hereje de mi amiga, nosotros mirábamos a sus padres como si estuvieran cometiendo un grave delito. Lo peor fué cuando en una ocasión una amiga y yo vimos al padre de la hereje disfrazado de Papá Noel, saliendo de casa de un vecino nuestro, subiéndose los pantalones con una mano porque se le caian mientras con la otra llevaba un saco lleno de juguetes. El vecino propietario de la casa donde el padre de la niña se puso el trajo rojo para engañar a su hija una vez entrara en casa, era de un soltero con bastantes años, que vivia entre el alcohol y los puros. Era tan descarada la imagen del Papá Noel falso, que no llegamos a comprender cómo la niña nunca llegaba a darse cuenta de que todo era un montaje. Una puta farsa. Los Reyes Magos eran los únicos verdaderos. A su Papá Noel, le sobraba el Noel.
Incluso se lo decíamos en su cara. "Papá Noel no existe, Natalia, es tu padre". Ella siempre atacaba con un "Mentira, lo dices porque te da rabia". La verdad, tenia razón, daba rabia verla con sus juguetes mientras los demás niños nos tirábamos el resto de las vacaciones con los dientes largos hasta que venian los verdaderos: Los Reyes Magos.
Poco a poco, como en un campo de batalla, los niños fieles a los Reyes Magos fuimos cayendo en esa guerra que teniamos contra el Papá Noel falso. Al final había otra verdad: Los Reyes Magos no existen.
Y también una mentira: Nunca nos arrepentimos de haber tenido los regalos una semana después de Natalia.
Antes era extraño cuando recibias los juguetes por el hombre regordete y rojo. Ese niño pasaba a ser casi un hereje entre todos los demás. Está bien, disfrutaba de los regalos muchos dias antes que el resto. Pero los niños que eramos fieles a los Reyes Magos sabíamos la verdad: Papá Noel no existe.
Dias antes de que Papá Noel llevara los regalos a la hereje de mi amiga, nosotros mirábamos a sus padres como si estuvieran cometiendo un grave delito. Lo peor fué cuando en una ocasión una amiga y yo vimos al padre de la hereje disfrazado de Papá Noel, saliendo de casa de un vecino nuestro, subiéndose los pantalones con una mano porque se le caian mientras con la otra llevaba un saco lleno de juguetes. El vecino propietario de la casa donde el padre de la niña se puso el trajo rojo para engañar a su hija una vez entrara en casa, era de un soltero con bastantes años, que vivia entre el alcohol y los puros. Era tan descarada la imagen del Papá Noel falso, que no llegamos a comprender cómo la niña nunca llegaba a darse cuenta de que todo era un montaje. Una puta farsa. Los Reyes Magos eran los únicos verdaderos. A su Papá Noel, le sobraba el Noel.
Incluso se lo decíamos en su cara. "Papá Noel no existe, Natalia, es tu padre". Ella siempre atacaba con un "Mentira, lo dices porque te da rabia". La verdad, tenia razón, daba rabia verla con sus juguetes mientras los demás niños nos tirábamos el resto de las vacaciones con los dientes largos hasta que venian los verdaderos: Los Reyes Magos.
Poco a poco, como en un campo de batalla, los niños fieles a los Reyes Magos fuimos cayendo en esa guerra que teniamos contra el Papá Noel falso. Al final había otra verdad: Los Reyes Magos no existen.
Y también una mentira: Nunca nos arrepentimos de haber tenido los regalos una semana después de Natalia.
Yo, Adriana
La pareja que tenia al terminar el verano (el monitor del campamento) ya no la tengo. Hace semanas que terminó la relación. Fué tan fugaz como apasionada. Como un orgasmo. Cuando apenas llegamos al punto álgido, se desvaneció.
Dicen por ahí, los que siempre se empeñan en dejarte peor aún de ánimos de lo que ya estás, que lo que viene rápido, rápido se va. Y se quedan tan panchos diciéndotelo a la cara. A mi si que me entran ganas de irme en cuanto me sueltan esa frase de forma tan rápida.
Esta tarde volví del pueblo. Pasé la Nochebuena, el dia de Navidad y otros tantos dias antes del dia veinticuatro, con mi familia. El Nogal se encuentra igual que siempre. Tan imponente como respetable. Estaba lloviznando cuando lo ví, yendo en taxi hacia mi casa. Tuve que humedecer el dorso de mi mano derecha limpiando el vaho de la ventanilla derecha del taxi. La postal era idílica. Me hubiera gustado haberle dicho al taxista "Pare un momento, quiero bajarme un rato del coche", abrigarme con mi chaquetón y quedarme admirando de pie al gran árbol, sintiendo caer la fina lluvia sobre mi cara. El taxista habria empezado a encender un cigarro mientras yo, ensimismada, me habria quedado congelada ante la impetuosidad de aquél ser mudo. Pero no. Me quedé callada. El taxista ni si quiera desaceleró al pasar junto al Nogal. ¿Por qué iba a hacerlo?
Perdón por tenerte algo olvidado. Cuando escribo, lo hago porque quiero y puedo. No quiero ofender a nadie con mi silencio. Sigo estando palpitante, vivita y coleando. Sigo siendo yo, Adriana.
Feliz Navidad.
Dicen por ahí, los que siempre se empeñan en dejarte peor aún de ánimos de lo que ya estás, que lo que viene rápido, rápido se va. Y se quedan tan panchos diciéndotelo a la cara. A mi si que me entran ganas de irme en cuanto me sueltan esa frase de forma tan rápida.
Esta tarde volví del pueblo. Pasé la Nochebuena, el dia de Navidad y otros tantos dias antes del dia veinticuatro, con mi familia. El Nogal se encuentra igual que siempre. Tan imponente como respetable. Estaba lloviznando cuando lo ví, yendo en taxi hacia mi casa. Tuve que humedecer el dorso de mi mano derecha limpiando el vaho de la ventanilla derecha del taxi. La postal era idílica. Me hubiera gustado haberle dicho al taxista "Pare un momento, quiero bajarme un rato del coche", abrigarme con mi chaquetón y quedarme admirando de pie al gran árbol, sintiendo caer la fina lluvia sobre mi cara. El taxista habria empezado a encender un cigarro mientras yo, ensimismada, me habria quedado congelada ante la impetuosidad de aquél ser mudo. Pero no. Me quedé callada. El taxista ni si quiera desaceleró al pasar junto al Nogal. ¿Por qué iba a hacerlo?
Perdón por tenerte algo olvidado. Cuando escribo, lo hago porque quiero y puedo. No quiero ofender a nadie con mi silencio. Sigo estando palpitante, vivita y coleando. Sigo siendo yo, Adriana.
Feliz Navidad.