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Homenaje a Mónica
Mónica llegó a mi vida hace cinco años. Me la encontré en clase de 1º de francés, una presencia magnética ataviada de negro perpetuo y con mirada inquisitiva...

Empezamos a hablar a las pocas semanas y fue un "flechazo" recíproco. No, pues no... nada romántico hay que entender. Hay que tener en cuenta que ella estaba ( y está ) casada. Ocurre que ella halló en mí a alguien paciente y de conversación todoterreno y yo encontré con quién hablar de cosas interesantes, convergencia difícil de hallar hoy día, tiempo de un vacío llamado "pensamiento débil".

Desde entonces fuimos compartiendo nuestros momentos de charla después de clase, los regresos a casa, el relax ante un café... Aquel 1er año sólo pasamos de curso otro chico, ella y yo... de 28 alumnos. Aún alucino con aquello.

Pasaron los meses, pasaron los cursos... Estábamos tan a gusto juntos que decidimos apuntarnos a los cursos sucesivos en los mismos grupos, a las mismas horas. En ese tiempo pudimos ir conociéndonos mucho mejor: hallé en ella a una mujer intensa, con la que no caben las medias tintas, muchas veces impaciente, en otras encantadora... Cuando se cabreaba conmigo me costaba sudores encajar las acometidas de semejante Miura negro zaino... Cuando tenía el día dulce, las más de las veces, podía ser un beso de Dios en mi mejilla.

Así fue hasta llegar a 4º

Ese año ella y su marido ( un angelote rubio al que por mucho que me fije no he llegado a verle las alas en la espalda... aún ) adoptaron a tres hermanos etíopes. Nunca entendí que pudiendo tener hijos propios renunciaran a ello para embarcarse en semejante aventura pero les felicité por su valentía. El caso es que sus esquemas vitales se trastocaron con la llegada de tres torbellinos de color café... y tuvo que renunciar a seguir en francés. Para mí fue un pequeño dolor personal superado por la satisfacción de sentir volar su alma.

Desde entonces apenas nos hemos podido ver en carne mortal, aunque sigamos en contacto por teléfono. Muchas veces la he notado abatida y exhausta al no haber sido la de sus hijos una adaptación fácil pero ella no se rinde.

Ahora parece que todo está en calma dentro de su familia y de su alma. Acabará sus estudios de odontología, seguirá con los de historia, ha aprobado 4º de francés, se afana con sus hijos... Es un portento de mujer.

Ya queda menos para volverla a ver. Será este jueves...

Un íntimo motivo de alegría.

Los milagros existen.


 
Otra vez de vuelta
Acabó el verano y la vida vuelve a su ser habitual. Este razonamiento, bastante desolador como si la vida del verano no fuera una vida auténtica, nos pide que dejemos atrás lo que acabamos de afrontar y nos centremos en lo que nos espera...

La vuelta a lo cotidiano es de momento tranquila: alumnos con la mente revuelta, sin concentración en los estudios, muchos de ellos con evidente nulidad académica al hacer los primeros ejercicios... Si todo continúa así auguro un curso sin neuras pero muy aburrido, algo que quizá sea preferible a uno lleno de aventura y novedades si se tiene en cuenta qué tipo de alumnos se puede llegar a congregar en las aulas.

Lo que no queda claro es qué futuro sentimental me acecha. Tanta sequía previa y ahora se me rifan... Y no precisamente mujeres que me digan algo. ¿Qué las daré yo?

Siento que nunca hay sintonía entre mis ilusiones, mis logros y las ilusiones ajenas dirigidas hacia mí.

Paciencia. Es quizá algo sufrido de sobrellevar pero es lo más justo y decente.