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Miedo (Pensando en Fátima)
Me ha venido a la mente un comentario que hizo hace 20 años un profe de lingüística que tuve en la Universidad. Decía el hombre que Noam Chomsky había reparado en algo aparentemente paradójico.

Por un lado, la gente común de la antigua Unión Soviética era, a grandes rasgos, gente de considerable cultura general que podría hablar sobre literatura, música, ajedrez, etc... siempre con ganas de saber un poco más de todo, con infatigable curiosidad por cuanto la rodeaba, conciencia de sus límites personales y humildad al mostrarse ante los demás .

Por otro lado, la gente común de los Estados Unidos mostraba una ignorancia supina por cuanto pasaba en el mundo, desconocía el lugar de su país en el mapa, se desentendía de cuanto no les afectara directamente, etc... y, si tenía ocasión de salir al extranjero, esa gente o se dedicaba a ver los lugares que visitaba como las vacas al tren o se ponía prepotente con los nativos de esos sitios, con aires de cowboy paleto, presumiendo de dinero y poder.

Para Chomsky lo paradójico radicaba en que la población soviética vivía en una sociedad cerrada, controlada, censurada, reprimida... con unas fuentes de información al servicio del estado que no dejaba resquicios al libre debate ni a la libertad de información, mientras que la estadounidense vivía en un lugar de libertad plena, con todo al alcance, con posibilidades ilimitadas...

Chomsky llegaba a la conclusión de que en una sociedad reprimida la gente del común aprovecha cualquier oportunidad para romper barreras, aprovechar lo poco que se tiene, leer entre líneas, aguzar el ingenio, etc... de manera que el espíritu esté siempre ágil para captar las cosas al vuelo. Por el contrario, la sociedad USA posee tantas posibilidades de conseguirlo todo, de toda clase, a cualquier hora y a cualquier precio que no puede asimilar tanta información como recibe, una información en muchos casos baladí, contradictoria, muy interesada en sentido comercial, sin padres conocidos, etc... con lo que esa gente desarrolla una indiferencia vital, un abotargamiento espiritual que la empuja a reparar en lo inmediato, lo concreto, lo práctico... y tiende a descuidarse de lo que se puede desarrollar un poco más lejos de sus miras.

Ahí esta la madre del cordero: vivimos en la cultura de crucigramista, la de la información sesgada, interesada, parcial, contradictoria... sin ningún sentido que nos permita observar la realidad como algo global, pleno, comprensible e interpelable. Tanto dato banal, tanta estupidez, tanto mundanal ruido, etc... nos hace creer que somos muy listos, que nos podemos comer el mundo, que no somos moco de pavo, que viva la madre que nos parió y olé mis cojones o tus ovarios... pero cuando la realidad impone su terca contundencia nos sobrecoge una aterradora sensación de futilidad, de vacío, la nada... y surge el MIEDO.

¿Qué mete más miedo? ¿Tener claro que se desconoce todo de cualquier cosa o reparar en que todo cuanto te han enseñado no vale nada tras alguna experiencia demoledora? Creo que lo segundo: debes buscar la verdad tras la ingente tarea de limpiar tu mente de tanta basura acumulada. En el primer caso no se tienen esos lastres.

Ser culto no nos libra de ninguno de los males de la vida. Lo que sí nos permite es tener recursos para afrontarlos y superarlos, excelente modo de nunca dejarse asaltar por el MIEDO, que paraliza interiormente mejor que cualquier otro fenómeno psicológico.