El dolor y la conciencia
Un viejo indio definía así la conciencia:
"Dentro de mi corazón tengo un pincho afilado. Si me porto bien, se quedará ahí quieto y no me molestará. Si me porto mal, empezará a moverse y me hará daño por dentro: así sabré que he hecho mal.
Si mi costumbre es hacer el bien, el pincho ahí quedará, tranquilo, sin incomodarme y si me hace daño sabré entonces que algo habré hecho mal y podré enmendarlo. Pero si me acostumbro a hacer el mal, ese pincho me hará mucho daño al principio y tanto se chocará contra mis entrañas que acabará por desgastarse y perderá su filo. Entonces llegará el día en que por mucho que se agite no sienta ningún dolor y entonces ya no sabré cuándo he hecho mal y ni siquiera me importará... y entonces estaré perdido para siempre."
"Dentro de mi corazón tengo un pincho afilado. Si me porto bien, se quedará ahí quieto y no me molestará. Si me porto mal, empezará a moverse y me hará daño por dentro: así sabré que he hecho mal.
Si mi costumbre es hacer el bien, el pincho ahí quedará, tranquilo, sin incomodarme y si me hace daño sabré entonces que algo habré hecho mal y podré enmendarlo. Pero si me acostumbro a hacer el mal, ese pincho me hará mucho daño al principio y tanto se chocará contra mis entrañas que acabará por desgastarse y perderá su filo. Entonces llegará el día en que por mucho que se agite no sienta ningún dolor y entonces ya no sabré cuándo he hecho mal y ni siquiera me importará... y entonces estaré perdido para siempre."





