Lanacencia II
-No pué ser más- me ijo- vaite, vaite
con la burra pal pueblo
y güervete de prisa con l´agüela,
la comadre o le méico.
Y bajo de la burrapoco a poco,
s´arrellanó en el suelo,
juntó las manos y miró p´arriba,
pa los bruñios nubarrones recios.

¡Dirme, dejagla sola,
dejagla sola com´un perro,
en metá de la jesa,
una legua del pueblo...
eso no! De la rama
d´arriba de un guapero,
con sus ojos reondos
me miraba un mochuelo,
un mochuelo con ojos vedriaos
como los ojos de los muertos...
¡No tengo juerzas para dejagla sola,
pero yo de qué sirvo si me queo!
la burra que roía los tomillos
floridos del lindero,
careaba las moscas con el rabo,
y dejaba el careo,
levantaba el jocico, me miraba
y seguía royendo.
¡Qué pensará la burra
si es que las burras tienen pensamiento!
Me juí junt´a mi Juana,
me jinqué de röillas en el suelo,
jice po recrdá las oraciones
que me enseñaron cuando nuevo.
No tenía paciencia
p´hacé memoria de los rezos...
¡Quién podrá socorregla si me voy!
¡Quién va po la comadre si me queo!
Aturdio del to gorví los ojos
pa los ojos reondos del mochuelo
y aquellos ojos verdes
tan grandes tan abiertos,
qu´otras veces me daban risa,
hora me daban mieo.
¡Qué mirarán tan fijos
los ojos del mochuelo!
No cantaban las ranas,
los grillos no cantaban a lo lejos,
las bocanás del aire s´aplacaron,
s´asomaron la luna y el lucero,
no llegaba, roando, de las sierras
el dolondón de los cencerros...
¡Daba tanta quietú mucha congoja!
¿Daba yo no sé qué tanto silencio!
M´arrimé mas pa ella;
lábrasaba el aliento,
le temblaban las manos,
tiritaba su cuerpo...
y a la lus de la luna eran sus ojos
mas grandes y mas negros.
Yo sentí que los mios chorreaban
lagrimeos de fuego.
Uno, cayó roando,
y, prendió d´un pelo,
en metá de su frente
se queó reluciendo.
¡Qué bonita y que güena,
quién pudiera ser méico!
Señó, tú que lo sabes
lo mucho que la quiero.
Tú que sabes qu´estamos bien casaos,
Señó tú que eres güeno;
tú que jaces que broten las simientes
qu´echamos en el suelo,
tú que jaces que granen espigas
cuando llega su tiempo,
tú que jaces que paran ovejas
sin comadres ni méicos...
¿Por qué Señó, se va a morí mi Juana,
con lo que yo la quiero,
siendo yo tan honrao
y siendo tú tan güeno?
¡Ay! qué noche mas larga
de tanto sufrimiento:
¡qué cosas pasarían
que decilas no pueo!
Jizo Dios un milagro
¿no podía por menos!
CONTINUARÁ.........
con la burra pal pueblo
y güervete de prisa con l´agüela,
la comadre o le méico.
Y bajo de la burrapoco a poco,
s´arrellanó en el suelo,
juntó las manos y miró p´arriba,
pa los bruñios nubarrones recios.

¡Dirme, dejagla sola,
dejagla sola com´un perro,
en metá de la jesa,
una legua del pueblo...
eso no! De la rama
d´arriba de un guapero,
con sus ojos reondos
me miraba un mochuelo,
un mochuelo con ojos vedriaos
como los ojos de los muertos...
¡No tengo juerzas para dejagla sola,
pero yo de qué sirvo si me queo!
la burra que roía los tomillos
floridos del lindero,
careaba las moscas con el rabo,
y dejaba el careo,
levantaba el jocico, me miraba
y seguía royendo.
¡Qué pensará la burra
si es que las burras tienen pensamiento!
Me juí junt´a mi Juana,
me jinqué de röillas en el suelo,
jice po recrdá las oraciones
que me enseñaron cuando nuevo.
No tenía paciencia
p´hacé memoria de los rezos...
¡Quién podrá socorregla si me voy!
¡Quién va po la comadre si me queo!
Aturdio del to gorví los ojos
pa los ojos reondos del mochuelo
y aquellos ojos verdes
tan grandes tan abiertos,
qu´otras veces me daban risa,
hora me daban mieo.
¡Qué mirarán tan fijos
los ojos del mochuelo!
No cantaban las ranas,
los grillos no cantaban a lo lejos,
las bocanás del aire s´aplacaron,
s´asomaron la luna y el lucero,
no llegaba, roando, de las sierras
el dolondón de los cencerros...
¡Daba tanta quietú mucha congoja!
¿Daba yo no sé qué tanto silencio!
M´arrimé mas pa ella;
lábrasaba el aliento,
le temblaban las manos,
tiritaba su cuerpo...
y a la lus de la luna eran sus ojos
mas grandes y mas negros.
Yo sentí que los mios chorreaban
lagrimeos de fuego.
Uno, cayó roando,
y, prendió d´un pelo,
en metá de su frente
se queó reluciendo.
¡Qué bonita y que güena,
quién pudiera ser méico!
Señó, tú que lo sabes
lo mucho que la quiero.
Tú que sabes qu´estamos bien casaos,
Señó tú que eres güeno;
tú que jaces que broten las simientes
qu´echamos en el suelo,
tú que jaces que granen espigas
cuando llega su tiempo,
tú que jaces que paran ovejas
sin comadres ni méicos...
¿Por qué Señó, se va a morí mi Juana,
con lo que yo la quiero,
siendo yo tan honrao
y siendo tú tan güeno?
¡Ay! qué noche mas larga
de tanto sufrimiento:
¡qué cosas pasarían
que decilas no pueo!
Jizo Dios un milagro
¿no podía por menos!
CONTINUARÁ.........
Comentario:
Comentario:
Por favor no tardes tanto en escribir que quiero saber como termina.
Saludos
Saludos






