Bastian
No es fácil comenzar a escribir en un lenguaje al que no estás acostumbrado. Sin embargo, una vez aquí, ya no hay vuelta atrás.
¿Cuál es el problema? Montones de ideas se agolpan en mente, pero no conozco las palabras que me permitan sacarlas de mi cabeza.
¿Quién podría explicar estas tres semanas? Quizá Will, que se aferra a mi brazo, con una mezcla de miedo, ilusión y vacío. Para él, esto es como un juego en el que no puede participar, aún no. Y no existe ninguna explicación comprensible de esto en el mundo para un niño que ha crecido en el mar, y ha aprendido de sus olas y corrientes. Sólo el tiempo puede ayudarnos… tal vez algunas semanas.
¿Y qué hay de Roberts? Nuestro cirujano está con la mente perdida estos últimos días, sintiendo este nuevo rumbo, al norte y al sur a un mismo tiempo, como si fuera el que ha estado buscando durante años, y al final se siente capaz de enfrentarlo. Lo veo en sus ojos.
Yo soy el capitán y el último hombre en este barco que no sabe donde está, ni qué está haciendo. ¿Qué estoy buscando? ¿Qué espero encontrar?. Estoy echando de menos a mis camaradas y a mi mismo. De todos modos, todo pirata sabe al menos una cosa: Siempre hay que continuar navegando, incluso en la más densa niebla o en el más interminable de los vacíos. ¿Mi nombre? Bastian, a secas.
Nota: Le direccion definitiva de mi blog es cartadesdemibarco.com
¿Cuál es el problema? Montones de ideas se agolpan en mente, pero no conozco las palabras que me permitan sacarlas de mi cabeza.
¿Quién podría explicar estas tres semanas? Quizá Will, que se aferra a mi brazo, con una mezcla de miedo, ilusión y vacío. Para él, esto es como un juego en el que no puede participar, aún no. Y no existe ninguna explicación comprensible de esto en el mundo para un niño que ha crecido en el mar, y ha aprendido de sus olas y corrientes. Sólo el tiempo puede ayudarnos… tal vez algunas semanas.
¿Y qué hay de Roberts? Nuestro cirujano está con la mente perdida estos últimos días, sintiendo este nuevo rumbo, al norte y al sur a un mismo tiempo, como si fuera el que ha estado buscando durante años, y al final se siente capaz de enfrentarlo. Lo veo en sus ojos.
Yo soy el capitán y el último hombre en este barco que no sabe donde está, ni qué está haciendo. ¿Qué estoy buscando? ¿Qué espero encontrar?. Estoy echando de menos a mis camaradas y a mi mismo. De todos modos, todo pirata sabe al menos una cosa: Siempre hay que continuar navegando, incluso en la más densa niebla o en el más interminable de los vacíos. ¿Mi nombre? Bastian, a secas.
Nota: Le direccion definitiva de mi blog es cartadesdemibarco.com
De nuevo en el principio
Me conozco, y no soy capaz de escribir si no es al mundo, sus vientos y mares.
El servidor donde alojaba www.unpirata.com dejó de funcionar hace ya un par de meses, y no me queda más remedio que volver a utilizar blogs.ya.com/mibarco.
Lo que escribí el mes de Junio y a principios de Julio, así como todos los comentarios, probablemente se ha perdido. Si alguien, por alguna casualidad, los guardó, por favor, que me lo haga saber en unpirata@gmail.com.
Os lo aseguro. Es un placer volver a tomar este viejo cuaderno en mis manos. Y saber que no estoy solo.
En todo este tiempo he escrito en la medida de lo posible. Y al fin puedo tenerlo en mis manos.
Lo artículos que he recuperado están en la sección ARCHIVOS
Una vez más, adelante.
El servidor donde alojaba www.unpirata.com dejó de funcionar hace ya un par de meses, y no me queda más remedio que volver a utilizar blogs.ya.com/mibarco.
Lo que escribí el mes de Junio y a principios de Julio, así como todos los comentarios, probablemente se ha perdido. Si alguien, por alguna casualidad, los guardó, por favor, que me lo haga saber en unpirata@gmail.com.
Os lo aseguro. Es un placer volver a tomar este viejo cuaderno en mis manos. Y saber que no estoy solo.
En todo este tiempo he escrito en la medida de lo posible. Y al fin puedo tenerlo en mis manos.
Lo artículos que he recuperado están en la sección ARCHIVOS
Una vez más, adelante.
Londres
Casi un mes sin escribir, por falta de todo, menos cosas que escribir y ganas de hacerlo.
Hoy llegué a Londres. Puerto, que más que puerto es un viaje continuo a mil países, mil sueños y mil culturas. En resumen, un día de emociones que por poco estallan, una semana de abrazos, ilusiones y miedos, y un mes en el que casi me ha faltado el oxígeno, y las horas de sueño.
Y hablando de sueño, me caigo. Una nueva aventura comienza mañana. O quizás esto no es más que un capítulo más de algo que ya lleva tiempo empezado. Sea como sea, hoy no puedo dormirme sin pensar en los que me han demostrado demasiado. Hay gente que no se creería que me ha descubierto un mundo. Gracias.
Hoy llegué a Londres. Puerto, que más que puerto es un viaje continuo a mil países, mil sueños y mil culturas. En resumen, un día de emociones que por poco estallan, una semana de abrazos, ilusiones y miedos, y un mes en el que casi me ha faltado el oxígeno, y las horas de sueño.
Y hablando de sueño, me caigo. Una nueva aventura comienza mañana. O quizás esto no es más que un capítulo más de algo que ya lleva tiempo empezado. Sea como sea, hoy no puedo dormirme sin pensar en los que me han demostrado demasiado. Hay gente que no se creería que me ha descubierto un mundo. Gracias.
Tan solo un viaje
Y como siempre, los incondicionales me siguen dando la vida de a poquito. Mis compañeros de viaje (Aunque quizás ellos no lo saben).
Los ojos de un niño descalzo, tiritando de frío, y negro, muy negro se clavan en mi cuaderno de bitácora mientras escribo estas líneas. Él no sabe qué estoy escribiendo. Seguramente tampoco lo sabría si escribiera en francés, o en cualquier idioma. Seguramente tampoco sabe exactamente qué es esto que tengo entre mis manos, pero no deja de mirarlo.
Y los míos se clavan de una manera muy distinta. Sé perfectamente qué es esto; mi vida. La conozco bien, por mucho que a ella le avergüence. Y frente a mi, un océano de pequeños charcos que deseo surcar, con toda la fuerza del mundo.
Quiero hacerlo, quiero saber hacerlo, y quiero tener la madurez suficiente de dejarme llevar. Sé que los miedos a los que me enfrento ahora son minúsculos retos a los que ir haciendo frente poco a poco. El horizonte siempre está lejos, pero eso no quiere decir que no vayas avanzando. Lo importante no es a donde llegas, sino lo que recorres. Y yo ya empecé un viaje que me está abriendo los ojos a lo más simple, que a veces es justo lo que pasa desapercibido, como si fuera invisible.
Escribo desde el paraíso, y me comprometo a llegar hasta el mismo infierno si es necesario. Porque todo lo que he aprendido hasta ahora no me sirve para más que para atreverme a dar nuevos pasos.
Los ojos de un niño descalzo, tiritando de frío, y negro, muy negro se clavan en mi cuaderno de bitácora mientras escribo estas líneas. Él no sabe qué estoy escribiendo. Seguramente tampoco lo sabría si escribiera en francés, o en cualquier idioma. Seguramente tampoco sabe exactamente qué es esto que tengo entre mis manos, pero no deja de mirarlo.Y los míos se clavan de una manera muy distinta. Sé perfectamente qué es esto; mi vida. La conozco bien, por mucho que a ella le avergüence. Y frente a mi, un océano de pequeños charcos que deseo surcar, con toda la fuerza del mundo.
Quiero hacerlo, quiero saber hacerlo, y quiero tener la madurez suficiente de dejarme llevar. Sé que los miedos a los que me enfrento ahora son minúsculos retos a los que ir haciendo frente poco a poco. El horizonte siempre está lejos, pero eso no quiere decir que no vayas avanzando. Lo importante no es a donde llegas, sino lo que recorres. Y yo ya empecé un viaje que me está abriendo los ojos a lo más simple, que a veces es justo lo que pasa desapercibido, como si fuera invisible.
Escribo desde el paraíso, y me comprometo a llegar hasta el mismo infierno si es necesario. Porque todo lo que he aprendido hasta ahora no me sirve para más que para atreverme a dar nuevos pasos.
Decisiones
Echo de menos las decisiones fáciles; esas que tomas casi sin pensar, casi por inercia. Pero aquello ya quedó atrás hace bastante tiempo… Ahora tomas decisiones que te hacen planteártelo todo por encima de ti mismo.
Vuelcos (2)
Vuelcos de revoluciones ansiadas.
Vuelcos de un capitán pirata.
Porque la palabra desarrollo no existe sin una palabra mucho más grande: Justicia. Y aquí, mucho antes que el desarrollo, falta la justicia.
Lukas Takoupou tiene unos cuarenta y tantos años. Es alto, delgado y de constitución fuerte. Aunque algunos miembros de su familia son ricos, gente de ciudad, él vive en una pequeña casa de bambú al lado del río. El bambú es su casa, su vida, su trabajo. Fabrica taburetes y otros muebles sencillos de bambú, y los vende a algo menos de 100 Francos (15 céntimos de euro). También cultiva calabazas, plátanos de diferentes variedades, manioc, patatas, etc.
Camina a menudo con una radio ya bastante vieja pegada al oído, y viste con ropa que debe haber pertenecido a mucha gente, después de que llegara a través de campañas internacionales de donaciones de ropa usada (Esas en las que las madres dan las camisetas de Pokemon del mercadillo ya gastadas). Me ha contado ya miles de veces que su sueño es tener un par de esposas que le cultiven el campo, y me ha preguntado otras miles de veces si sería fácil para él encontrar alguna mujer europea, aunque me ha dicho que sabe que sería difícil porque en Europa buscan a hombres inteligentes, y él casi no ha podido ir a la escuela.
Me enseña la foto de una joven, y me cuenta que está intentando hacerla su mujer. En Noviembre, conoció a un joven que venía de la ciudad y tuvo que pasar noche en Baneghang. Éste le habló de su hermana, y se la propuso como mujer. Lukas envió con el joven una carta pidiendo la mano de la chica a su padre, explicando que era campesino pero que tenía suficiente tierra como para prestarle una parcela a la mujer. En la carta incluyó un billete de mil francos (un euro y medio). La respuesta del padre fue que sólo se la daría por esposa a cambio de veinte mil francos (30 euros) y dos sacos de sal. Lukas está ahora intentando ahorrar.
De todos modos, el otro día me preguntó por mi teléfono móvil, cuando lo vio. Me ha explicado que ha visto teléfonos móviles por sólo veinte mil francos y que quiere comprarse uno. No sé por qué se decidirá finalmente.
Los cimientos de lo que está bien y mal se tambalean, sin que nadie se atreva a juzgar la causa. Aquí no se pueden determinar culpables. Sólo hay víctimas de la ausencia de una revolución que aún está por venir.
Vuelcos de un capitán pirata.
Will vuelve a bailar dulces melodías sordas bajo la lluvia. Roberts suspira con la mirada perdida en lo más lejos de los reflejos de los charcos, sin certezas, pero con el valor de enfrentarse al destino que tenga que venir a sus manos vacías. Mira a Jerad, y se descubre imaginando vivir un futuro que aún tiene que trabajarse.
Jerad es el enfermero jefe del centro de salud comunitario de Baneghang. Tiene sólo 26 años, y llegó aquí hace poco menos de un año y medio, sin hablar una palabra de francés ni Nguemba. Devoró sus miedos a no saber nada con la avidez de quien se siente capaz de todo. Es un héroe, y no por lo que él cree de si mismo. Por lo que la gente ve en él. Se ha convertido en un símbolo de superación, de lucha, una persona en la que se puede confiar, y que todavía es un niño a veces. Y eso lo hace aún más humano, más persona, mejor.
Yo continúo con una rodilla en el suelo, un brazo apoyado en la otra, y cinco yemas jugando con el agua de lo que sólo es un charco, pero que ahora se me antoja como un proceloso océano. El cielo está ahí abajo, al alcance de mis manos. Al levantar la mirada veo a mujeres que portan pesados fardos sobre sus cabezas, por un camino que atrapa los pies con un barro denso y fuerte. Me levanto, en pie, y me siento pequeño, anónimo. Aquí nadie pensaría que he cruzado mares, enfrentado dragones y librado batallas con un cuchillo entre los dientes.
Estoy rodeado de héroes que sacrifican su vida a diario, que se levantan a las 5 de la mañana con una dignidad que supera todo lo conocido, y que cambiarían el rumbo de la órbita terrestre si pudieran cortar las cadenas y los grilletes que un desgraciado les puso un día. Todos conocemos a ese desgraciado, su egoísmo, su avaricia, pobreza de todo y desprecio de todo. Un desgraciado al que sentimos más que cerca, dentro, y al que nos avergüenza mirar. Un egoísmo que le arrebata la lógica a las lágrimas de coherencia de quien descubre que sólo se puede seguir avanzando hacia dentro, y que no hay vida sin muerte. Temblar de miedo al saber algo que otros no saben, al sentir algo que otros no sienten, y al conocer el rol que debe jugar cada uno. Eso, y no otra cosa, es ser capitán. Duele, pero también libera. Para algunos, esto merece una vida, la propia.
No hablo de futuro. Todo esto está más cerca que el futuro. Está ya aquí. Ntzele.
Vuelcos (1)
Mi alma camina con pies llenos de barro, que cada vez pesan más y más. Un barro de silencios que nadie escucha o quiere escuchar, de una parcela de mi que ni yo mismo entiendo, y de sueños que tiemblan de frío.Tanto tiempo en tierra firme me hace echar de menos la soledad de mi camarote, meciéndose con calma sobre unas olas que conozco bien. Hoy hace un mes que llegué aquí, y cada día es una prueba.
En cuclillas, sobre el barro del camino, mojo la yema de los dedos en una luna que la lluvia ha puesto para mi a ras de suelo. Juego con ella y no pienso, sólo siento. Hoy no quiero pensar en nada, quiero tener la mente en blanco, y rendirle pleitesía a mis vuelcos interiores, aquellos que como dice Neruda, sacan sonrisas de los bostezos y te invitan a arrancar de un manotazo todos los puntos de las íes.
Vuelcos de quien no se comprende.
Los ojos de 4 mujeres me atravesaban esta tarde, mientras decía convencido que la situación de una mujer no va a cambiar mientras todos sigamos pensando que es imposible que cambie. Porque, en ese caso, ¿por qué enviar al colegio a una niña que su mayor aspiración en la vida puede ser casarse y tener 7 u 8 hijos?.
Las mujeres de Baneghang coinciden en que ya no consiguen que con diez años los niños varones hagan nada en la casa. Son muy "cabezotas" y sólo quieren imitar a sus hermanos mayores y a su padre, que no trabaja nada.
En Baneghang, la mujer tiene derecho a que el marido le preste una parcela de tierra para cultivar. El marido es el dueño de esa tierra, pero ella puede cultivar en ella manioc, macabó, taro, liñam, arachides, maiz, etc. Por ello, la mujer está en el campo cultivando desde las 7 de la mañana hasta las 18 de la tarde, con sus hijas. Mientras tanto, el hombre irá a alimentar a sus cerdos, a buscar su vino de bambú, y a emborracharse al cruce con el camino a Bansoa Chefferie. Y estará allí desde las 9 de la mañana y hasta las 23 de la noche.
La mujer tiene la obligación de alimentar al marido, a los hijos, de pagarles la escuela, el médico, las ropas, etc. El hombre tiene la obligación de someter a la mujer, y el derecho a pegarle y castigarle si no cumple con el trabajo que él le ordena.
Y a mi me da vergüenza mirar directamente a esos ojos que me cuestionan el por qué de mi suerte. Porque no he hecho nada por lo que me merezca mis derechos, unos derechos que ellas no tienen. Unos derechos que deben tener sus hijas.
Vuelcos de quien se maravilla por todo.
Por la mañana hacía un sol impresionante. Nadie diría que la lluvia a partir de las dos de la tarde nos impediría bajar siquiera al centro de salud, a unos 200 metros de nuestra casa. En ese momento, la ilusión de un niño. Desnudarse bajo el cielo, detrás de la casa, y sentir como lo más sencillo de entre lo más sencillo es lo que te cala hasta los huesos.
Vuelcos de silencios que nadie escucha.
¿El por qué?. No lo entiendo ni yo. Sólo lo entiende un silencio que me lo cuenta en voz baja, sin que nadie más se entere de que me siento culpable de tenerlo todo. Es la arena en un cristal, son destellos de plata, pero sobre todo, es por un miedo irracional a robarme la poca coherencia que me queda. Y descubro que si además no me doy un tiempo para escucharlos, pronto los silencios dejarán de contarme sus locuras.
Vuelcos de añoranza.
Sentirles cerca sin poder decirles ni una palabra. Aunque a veces yo mismo me tengo al lado y tampoco me hablo. Ganas de abrazarles y reir con ellos.
N'da
Y como siempre, un conglomerado de emociones…
De fondo risas de compañeros, en un círculo del que a veces quizás me siento fuera. Quizás. Debo confesar que estoy echando de menos a algunos de entre mi gente. Me queda mucho por aprender, y hay otras muchas que creo haber "desaprendido". Disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños momentos, como un niño. Y vencer el miedo a la soledad.
Por otro lado, estoy encontrando en el viento de cara algo que me llena y que me invita a subir a la arboladura y respirar profundamente un fuerte viento capaz de apagar cualquier grito.
David me ha insistido que escribiera en el tablón una frase que yo mismo he dicho: "Hay que luchar contra la enfermedad, no contra los enfermos". No imaginais el sentido que eso tiene cuando estás hablando de ETS en Baneghang.
Odile me hizo temblar de emoción cuando, en contra de la opinión inicial de 5 mujeres y un hombre, ella repitió en voz alta moviendo la cabeza enérgicamente: "Sí. Claro que sí. La mujer debe tener derecho a elegir usar condón incluso si su marido no quiere".
Pascaline, durante la sesión de ETS, repite constantemente una misma frase: "¿Y qué le vamos a hacer?".
Madeleine llega tarde a las sesiones de formación. Como todas las demás, ellas se levanta temprano por la mañana, prepara la casa y se va al campo a las 7 a trabajar, hasta el medio día, cuando vuelve a su casa, prepara la comida para los suyos, se lava, coge su carpeta y se viene hacia el centro de salud. Vive enfrente.
Y así hasta más de 21 personas que quieren luchar para mejorar la realidad en la que viven. Casi todas mujeres. Muchas escriben con dificultad sus nombres, muchas vienen con sus hijos recién nacidos a las sesiones de formación y todas, absolutamente todas, son su propio futuro.
Aquí no existe la palabra "hola". Los Bamilekes de Bansoa se saludan diciendo "N'da". Significa "coraje".
De fondo risas de compañeros, en un círculo del que a veces quizás me siento fuera. Quizás. Debo confesar que estoy echando de menos a algunos de entre mi gente. Me queda mucho por aprender, y hay otras muchas que creo haber "desaprendido". Disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños momentos, como un niño. Y vencer el miedo a la soledad.
Will va y viene, sin que yo sepa por qué. Camina jugando con todo y con todos, pero creo que sin la despreocupación que un niño debe tener. Creo que él y yo echamos de menos a alguien que nos comprenda de verdad, a alguien que entienda muchas de las cosas que ni siquiera decimos… Desde un tiempo a esta parte, incluso mucho antes de emprender este nuevo viaje, dejé de encontrar en muchos de entre los míos el reflejo de miradas cruzadas en busca de una misma ilusión. Demasiados silencios por respuesta, demasiados "prefiero callarme" y un papel difícil de interpretar que no siempre me gusta. Tengo miedo de que crezca y se olvide de quien es. Sólo se es niño una vez.
Por otro lado, estoy encontrando en el viento de cara algo que me llena y que me invita a subir a la arboladura y respirar profundamente un fuerte viento capaz de apagar cualquier grito.
David me ha insistido que escribiera en el tablón una frase que yo mismo he dicho: "Hay que luchar contra la enfermedad, no contra los enfermos". No imaginais el sentido que eso tiene cuando estás hablando de ETS en Baneghang.
Odile me hizo temblar de emoción cuando, en contra de la opinión inicial de 5 mujeres y un hombre, ella repitió en voz alta moviendo la cabeza enérgicamente: "Sí. Claro que sí. La mujer debe tener derecho a elegir usar condón incluso si su marido no quiere".
Pascaline, durante la sesión de ETS, repite constantemente una misma frase: "¿Y qué le vamos a hacer?".Madeleine llega tarde a las sesiones de formación. Como todas las demás, ellas se levanta temprano por la mañana, prepara la casa y se va al campo a las 7 a trabajar, hasta el medio día, cuando vuelve a su casa, prepara la comida para los suyos, se lava, coge su carpeta y se viene hacia el centro de salud. Vive enfrente.
Y así hasta más de 21 personas que quieren luchar para mejorar la realidad en la que viven. Casi todas mujeres. Muchas escriben con dificultad sus nombres, muchas vienen con sus hijos recién nacidos a las sesiones de formación y todas, absolutamente todas, son su propio futuro.
Aquí no existe la palabra "hola". Los Bamilekes de Bansoa se saludan diciendo "N'da". Significa "coraje".











